La vida ausente

«Cuando el vampiro entró en el bar, yo llevaba años esperándole»

Muerto hasta el anochecer

Charlaine Harris

Ahora que entra el otoño y se caen las hojas, que los días se acortan y el frío nos recuerda la crueldad de la vida, es cuando recuerdo que Halloween está a la vuelta de la esquina y que a modo de avatar cibernético, tengo que decantarme por un personaje de ficción terrorífica. Así que me coloco la capa de murciélago, los colmillos de plástico, la sangre falsa y me pinto una mordedura en el cuello para que todos sepan del porqué de tan oscuro y conocido disfraz. No hace falta que me presente porque todo el mundo conoce al vampiro, adorados y odiados a partes iguales, su presencia no puede desligarse de esa noche de mágica fantasía ni de la literatura. Nos guste o no, los no-muertos han venido para quedarse y saborear las mieles del éxito.

Cuando decidí enfrentarme a esta nueva entrada, estaba hechizada por la creación de mi tercer libro de la saga Canción de Vampiro y me pregunté por qué estas criaturas eran tan atrayentes. ¿Qué posee el vampiro que nos produce tanta curiosidad?

No nos engañemos, nos gusta la oscuridad. Este personaje clásico se ha convertido en un icono de las historias más oscuras y perversas, y se encuentra ya en todo tipo de géneros literarios, no solo en fantasía clásica. Por lo que su expansión y colonización de la literaria ha sido un abordaje de éxito rotundo.

Un ser a medias entre la vida y la muerte, con poderes sobrenaturales, capaz de absorber la esencia vital de las personas a través de su sangre y con todo un abanico de capacidades mágicas inquietantes. Romántico o sangriento, sensual o terrorífico, más terrenal o puramente demoníaco, melancólico o letal. O quizás todo a la vez, porque no olvidemos que las criaturas de la noche tienen esa polaridad extraña que los hace balancearse entre el bien y el mal, son héroes y villanos, matan y devuelven la vida… y eso da mucho juego en el arte de la creación.

Creando al personaje

Pero, ¿cómo se ha introducido este fenómeno vampírico en la literatura? Su transformación en el tiempo ha sido inevitable, pues los vampiros permanecen en nuestros mitos y leyendas y evolucionan con nosotros. Primero como un personaje diabólico y misterioso, para ir humanizándose lentamente, hasta ser perseguido por un ejército de adolescentes (y no tan jóvenes) e incluso, erotizar cada uno de sus movimientos creando nuevo público. Ya hablaban de seres que se alimentaban de sangre en los comienzos bíblicos y algunos atribuyen a Lilith, la primera esposa de Adán según los hebreos, este macabro cometido. En las antiguas mitologías de todo el mundo hay dioses o seres del inframundo capaces de saciar su sed con la sangre humana. En época medieval, el este de Europa se vio invadido por un ejército de vampiros al que todos recurrían cuando no tenían explicación para muertes repentinas, enfermedades o incluso plagas. Hoy en día no deja de ser una leyenda enraizada en el folclore más tradicional como las brujas o los hombres-lobo. Superados los miedos de antaño, nuestra sociedad ensalza la figura de estas criaturas de la noche dotándolos de misticismo, seducción y magia, en un ideal casi romántico y bello, desdibujando las terroríficas historias que se contaban sobre ellos. La literatura lo deja claro: desde Drácula de Bram Stoker, pasando por Entrevista con el Vampiro de Anne Rice, deteniéndonos en los vampiros modernos de Crepúsculo de Stephenie Meyer o los eróticos de Sokkie Stackhouse (True Blood) de Charlaine Harris. Lazos de sangre de Amanda Hocking, La casa de la noche de P.C.Cast/Kirsten Cast, las Crónicas Vampíricas de L.J. Smith, la saga Medianoche de Claudia Gray, Blood Magic de Tessa Gratton, La Sociedad de la Sangre de Susan Hubbard… y un largo etcétera. Sin olvidarnos de todos los libros que hablan de los orígenes de los vampiros remontándose a Vlad Dracul (Vlad Tepes) y los confines de la Historia, como Vlad de C.C. Humphreys.

Imagen de ana carla en Pixabay

La llamada del vampiro

Pero, ¿qué es lo que atrae realmente de estos seres?

Como humanos tenemos el tiempo justo para vivir, dejar descendencia o amar. Tememos decir adiós para siempre. La idea de la inmortalidad es un dulce pecado al que muchos desearían aferrarse para no morir jamás. Combatir la enfermedad o la vejez a cambio de beber la sangre de otros, una especie de pacto con el diablo que proporcionaría eternas noches y ningún día soleado. Renunciar a la luz en pos de la oscuridad, renunciar a la vida por una muerte eterna, un limbo terrenal en el que drenar la esencia vital hasta convertirla en una sed incontenible, una adicción más poderosa que regirse por una sola ley: la inconsistencia humana.

Odiamos ser fugaces, frugales, banales. Queremos permanecer en el tiempo, que nos recuerden, que nos teman si hace falta, pero que no se extinga la obra de nuestra vida por la que tanto hemos luchado. Por ello renunciaríamos a todo por un poco de inmortalidad. Que no nos recuerden como una sombra, sino convertirnos en ella y pervivir por los siglos de los siglos.

Lejos de este ideal romántico sobre una criatura perniciosa para la raza humana, existen infinidad de leyendas que ya hablaban sobre ellos hace varios siglos. Nada nuevo que no sepáis ya, demonios que causaban enfermedades y que volvían de la muerte matando a sus vecinos para sembrar el terror. Os puedo asegurar que en mis viajes por Rumanía, cada vez que observaba un banco de niebla acercarse sobre los maizales se me ponía un nudo en la garganta. Y es que hay paisajes que evocan esa aura oscura que representa al vampiro, también me sucedió con las gárgolas de algunos edificios de Budapest. La oscuridad, el mal retorciéndose en todas sus formas y de repente, una figura humana. Una criatura tan parecida a nosotros que puede llegar a tener sentimientos humanos. ¿Una ilusión? ¿No utiliza el cazador cualquier recurso para atraer a su presa?

No olvidemos que no se refleja en los espejos, por lo que carece de alma y que en lo único en lo que nos parecemos es en su misión terrenal: sobrevivir al paso del tiempo.

¿Por qué escribir sobre ellos?

Cuando decidí escribir sobre vampiros me encontraba en una encrucijada en mi vida nada fácil de solucionar. Soñaba con vampiros de noche y lo escribía al despertar. Estos seres terroríficos personificaban la enfermedad que se estaba comiendo mi vida y que no me dejaba avanzar. Para mí siempre fueron seres místicos y fuertes, lobos con piel de cordero capaces de todo por seguir en este mundo. Sin embargo, habían sido humanos alguna vez y comprendí que la nostalgia debía rodear sus figuras con un halo de misterio y dolor insoportables. ¿Os imagináis sobrevivir a todos los vuestros? Yo no. Por muchos sentimientos que te arranque esa no-muerte, algo debe quedar ahí, aunque sea en el recuerdo, que te convierta en un ser desdichado. En resumen, melancolía y poder.

No sé si existen o no, no me toca a mí descifrar ese enigma, pero su leyenda ha trascendido hasta nosotros con la certeza de la inmortalidad. Nosotros caeremos o venceremos, pero los vampiros seguirán pasando de generación en generación, oscuros, únicos, temidos, eternos

Preparad los ajos, el crucifijo y la estaca, que si el viento va a favor llegaré a vuestras moradas de madrugada. Me he permitido unos versos:

Toda oscuridad es ausencia,

de vida con la que soñar;

a cada paso la muerte acecha,

como si fuéramos su rival...

Publicado por

Diana Buitrago

Escritora de fantasía juvenil. Autopublicada en Amazon. Carpe Diem, lucha por tus sueños!

15 respuestas a “La vida ausente

  1. Vas a poner los colmillos largos a los vampiros con este articulazo Diana. Impresionante.
    ¿Sabes lo que me pasó a mi en el Castillo de Bran? (aparte de bajar los Cárpatos en un microbus sin frenos, la experiencia más acojonante de mi vida) Cuando lo ví me pareció poco más que una mansión grande campestre muy bonita, pese al precioso cementerio a los pies del cerro donde está. La sorpresa llegó cuando una vez en Madrid revelé las fotos. No tenían nada, pero nada que ver con lo que fotografié. Eran verdaderamente terroríficas, como sacadas de una película de miedo. Es algo que me tiene aún hoy día muy intrigada la verdad. Y en Poiana Brasov, la ciudad cercana, es cierto que se respira un aire peculiar… No creo en vampiros pero a fé que por aquella zona hay energías cuanto menos raras…

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  2. Cada vez tengo más ganas de leer más. No se he leído mucha literatura sobre vampiros pero lo mucho o poco a de Anne Rice ya me atrae. Nunca he estado en Transilvania pero he visto fotografías y tienen un halo de místico que no se lo quita nadie. Voy a seguir leyendo más a ver si puedo hacerme con más que atraer a esta curiosa lectora que tenéis por aquí.

    Muy interesante, elaborado, bien redactado.
    Un saludo!! (Me ha gustado mucho)

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  3. Qué buen artículo. No hay nada como escribir sobre algo a lo que uno esta conectado de alguna manera. ¿Verdad, Diana Tepes? 😁 Los vampiros han sido muy maltratados por la moda, que es como una plaga de langostas que todo lo arrasa, aunque por suerte siempre deja brotes atrás. La esencia de lo vampírico, la fascinación que nos provoca, sigue intacta y estoy seguro de que el futuro nos deparará muchísimas historias de calidad en la que ellos serán los verdaderos protagonistas.

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  4. He encontrado muy interesante tu artículo, en especial porque a mí me gusta escribir sobre los vampiros, aunque dándoles un toque… distinto. Es interesante la forma en como desmenuzas el porqué de nuestra fascinación con estos seres de oscuridad y, francamente siento que has dado en el clavo. Como dicen en España, enhorabuena.

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    1. ¡Muchas gracias! Siempre me han fascinado los vampiros, algo tienen que los hace especiales ante mis ojos. Seguramente, habrá más motivos por los que despiertan nuestro interés y que no he reflejado en este artículo, sin embargo, quería profundizar y no quedarme sólo con el físico envidiable y los rasgos más bellos con los que nos ha malacostumbrado el cine y la literatura.

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  5. Fantástico artículo! No sé por qué los vampiros siempre nos han atraído tanto, aunque en los últimos años se los ha maltratado un poco. Pero incluso así, ejercen cierta fascinación.
    Enhorabuena por la magnífica entrada.
    Besotes!!!

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  6. Cómo se comenta más arriba, un artículo muy interesante, Diana. Me ha llamado poderosamente la atención la reflexión que haces al respecto de nuestro anheloo de inmortalidad como germen de esas leyendas que se enraizan casi en los orígenes del ser humano.
    Me vas a permitir un apunte, aunque igual ya tienes conocimiento: la primera referencia literaria no la debemos a Stocker, sino a Polidori, el médico personal de lord Byron. De hecho, hay toda una historia detrás. Hace poco publiqué un relato breve en Cruce de caminos donde se esboza, pero hay películas y artículos que lo detallan a la perfección.
    Un saludo.

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  7. A quien le interese el tema, echadle un ojo al libro de historia de los vampiros de Nick Groom que se acaba de publicar. Se llama El vampiro, una nueva historia. La cosa es más compleja y empieza mucho antes que con Polidori.

    Abrazo.

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    1. ¡Esto se anima! Creo que realmente todo empezó mucho antes, en todas las culturas hay seres parecidos a los vampiros, la sangre siempre ha sido nuestro regalo y condena. Otra cosa es quién creó la primera historia con ellos. Me apunto el título, muchas gracias por tu contribución 🙂

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