¿Debate? Juvenil Vs. Adulta

¿Ya ha pasado un mes desde el último debate? Eso parece, el tiempo no espera por nadie así que va tocando subirse al atril, encender los micrófonos y comenzar a defender nuestras posturas en el segundo debate escritoril-iterario del Redondal. En esta ocasión hablaremos de las etiquetas —las literarias, no las que cuelgan de las prendas del Bershka— centrándonos en aquella que cataloga a una obra como juvenil o adulta. Nos ponemos el casco, por si llueven piedras metafóricas, y bajamos al barro, pues.

Ya estamos con la etiquetitas… y luego ni caso a las de la comida y la ropa.

Antes de comenzar quiero contaros que los componentes del Redondal odiamos las “etiquetas” ya que creemos que no es más que una limitación y en muchos casos desembocan en prejuicios. Y nos negamos a meternos en los corsés que ha creado la sociedad para tratarnos como estereotipos y no como personas individuales y completas. Dicho esto, hay que aclarar que esta semana a pesar de tener una ideas similares sí que hemos conseguido una mayor diferencia entre las perspectivas de cada uno.

Desde vuestro punto de vista: ¿qué diferencia hay entre juvenil y adulta?

Jessica: Para mí, la “etiqueta” (cosa que odio, por cierto), la marca la edad de los protagonistas. Única diferencia para novelas adultas y novelas juveniles. Obviamente esto conlleva comportamientos, caracteres y formas de afrontar las cosas distintas a la edad adulta. Nada más. Para mí en una novela juvenil hay personajes adultos, pero estos no son los protagonistas.

Diana: La edad de los personajes, porque en juvenil creen que todo es posible, a medio camino entre la ilusión infantil y la rebeldía de enfrentarse a lo nuevo. En adulta los personajes han vivido lo suficiente, tienen experiencia como para no cometer ciertos errores, para explorar menos y no sentirse dioses de su pequeño mundo (normalmente XD).

La Eremita discrepa de las chicas respecto a que esté definida únicamente por la edad de los personajes. Nos pone un gran ejemplo, IT de Stephen King la protagonizan niños y no es infantil ni juvenil; nadie osaría calificarla así.

Rubén: Para mí es un poco de todo. Para empezar la etiqueta de juvenil para su obra la suele adoptar el propio autor para seleccionar el público a la que va dirigida, normalmente edades de 16 a 30 años, a brocha gorda. Evidentemente, siempre se trata de obras protagonizadas por adolescentes o adultos muy jóvenes. Y los temas pueden ser tan complejos como los de la literatura más adulta, pero creo que la forma de tratarlos no es igual. Esa para mí es la principal diferencia. No sé si es profundidad, verosimilitud, atmósfera o qué, pero hay una diferencia ahí en el cómo, no en el qué.

La Eremita dice entre dientes que Rubén le ha plagiado la respuesta y que justo ella iba a decir lo mismo. Nos cuenta una teoría científica sobre la creencia que tiene de que cuando era niña le clonaron una pequeña parte del cerebro y que se la insertaron a Rubén…

De esto a una teoría conspiranoica no hay ni medio paso

Desde luego por aquí la imaginación no nos falta, y aunque yo soy más de ciencia, centrémonos, que hemos venido a hablar de literatura.

Entonces, ¿qué marca la etiqueta de juvenil? ¿La edad a quien va dirigida la historia? ¿La edad de los personajes? ¿La trama?

Diana: En cierto sentido, también lo marca la intención de la novela. En una infantil no puedes explicar la historia de la misma forma. Quizás en juvenil lo marca el aire rebelde y pasional, de que todo es posible. Y la adulta es más dura y real, cuando ya estamos más acostumbrados a sufrir y resistir en esta vida

Rubén: Quizá en la adulta haya más desencanto, Diana. Pero bueno, hay novelas adultas muy buen rolleras. Es decir, que no es solo eso, pero algo de eso hay. Pero insisto, no es tanto lo que pasa: cosas duras, muertes, tragedias, apocalipsis varios, sino la forma de contarlo la que las diferencia, en mi opinión. Creo que es un error etiquetarse a uno mismo y lo que escribe. Evidentemente escribes fantasía, sobre personajes de cierta edad, y sobre unos temas determinados, los que a mí me inquietan, pero yo dejaría que lo catalogasen los lectores. Para mí es cerrarse puertas.

Etiquetar algo ajeno es complicado, pero autoetiquetarse uno mismo aún es más difícil ya que al final todo es tan subjetivos como seres humanos hay en el mundo, y lo que a uno le parece blanco, el otro lo ve negro y muchos otros se quedan en el gris. Quizás como autor definas tu obra en unos términos que muchos autores redefinan luego a su manera. Todos coinciden que en ocasiones una etiqueta o una portada algo más “infantil” pueden crear prejuicios y hacerte descartar historias que si les dieses la oportunidad te harían borrar todos los prejuicios de un plumazo.

Todos: Hay que desterrar los prejuicios de la literatura

Yo iría aún más lejos: hay que luchar contra los prejuicios, así en general no solo en la literatura. Nos perdemos historias, personas y experiencias maravillosas por esas ideas preconcebidas y lo peor de todo es que la mayoría ni siquiera son nuestras, sino introyectos de la sociedad.

¿Condicionáis vuestra lectura al hecho de que sea juvenil o adulta?

La Eremita: Solo condiciono mis lecturas a que me llame el argumento, no sus etiquetas. Lo siento, es que no tengo ni idea, yo leo de todo y si me parece muy “juvenil” abandono. Y la razón es que a veces es como si leyera lo que dicen las conversaciones adolescentes de una sobrina que no están en mi longitud de onda. Si lo están, me importa un bledo la edad. No lo puedo decir más técnico, no me sale, lo siento. Pero también abandono literatura adulta por parecerme demasiado simple.

Jessica: Yo solo condiciono mi lectura a que me llame la historia

¿Un adulto puede leer novelas juveniles y un joven novelas de adultos?

Jessica: Por supuesto, ambos pueden leer tipos de novela no “tipificados” para ellos por su edad.

Diana: es que el público es muy complejo porque cada uno lee lo que quiere. A mí me encanta leer juvenil y adulta a veces XD y tengo mis años.

¡Ay Dios mío! cierro esta cadeneta y subo de lvl

Entonces, ¿estamos todos de acuerdo en que los temas a tratar en juvenil y adulta pueden ser los mismos o hay algunos adonde una u otra no llegan?

Jessica: yo sí, creo que los temas son los mismos (o pueden serlo, vaya).

Diana: yo creo que se pueden tratar todos los temas por igual.

Rubén: Yo pienso que sí, los temas pueden ser los mismos y más en los últimos años que la literatura juvenil de fantasía se ha vuelto más oscura. Ojo, más oscura no necesariamente quiere decir más seria o adulta.

Por último, autores ¿cómo enfocáis este tema?

Diana: Me gusta escribir fantasía juvenil por la ambientación irreal y las emociones desbordantes de los personajes. Cuando eres joven sientes que puedes con todo, los miedos aún no se han alojado en tu interior y eres capaz de cualquier cosa, el corazón aún no se ha roto en mil pedazos y la rebeldía se impone como un idioma natural ante las amenazas del mundo. Esto se pierde con la edad. Quizás por eso me he autocatalogado como escritora de literatura juvenil, por los personajes que componen mis obras y por la intención de transmitir esos valores que vamos olvidando mientras la madurez nos impone responsabilidades y la experiencia coarta nuestra libertad. Me pongo en su piel e intento sentirme como una adolescente, porque a fin de cuentas, todos hemos sido más jóvenes e inexpertos, rebeldes, inconformistas, pasionales y libres. Leer juvenil es volver a la edad de las emociones a flor de piel, las dudas, el inicio del conocimiento de uno mismo y la lucha entre el instinto y las normas sociales.

Jessica: Personalmente considero que lo único que delimita lo que es novela juvenil de la que no es juvenil es, tan solo, la edad de los personajes. Disfruto creando personajes adolescente o jóvenes porque puede ser alguien que aún no esté desengañado, que se crea en posibilidad de ‘comerse el mundo’, que aún tiene que aprender a caerse y es bonito vivir todo ese proceso con él o con ella. Y así es como me gustan los personajes: humanos, con mil defectos, con ideales que la trama premiará o abofeteará; pasionales, emocionales, que te permiten pausar la acción más trepidante y darle parcela al sentimiento, a las emociones, a reír, a llorar.

Rubén: No me gustan las etiquetas, aunque entiendo la necesidad de usarlas. En mis obras hay elementos que podríamos catalogar como típicos de la literatura juvenil: edad de los protagonistas, su visión del mundo, una pizca de salseo adolescente, pero no creo que pueda englobarla dentro de esa etiqueta. Pero. En mi caso, me cuesta decidir si lo que escribo es fantasía épica, oscura a grimdark. Atiendo poco a ese tipo de cosas y procuro escribir sobre aquello que siento, me obsesiona o me surge. Ya vendrán luego los lectores a decidir qué están leyendo.

Y ahora visitantes del Redondal, contarnos para vosotros ¿qué marca la etiqueta de juvenil? ¿La edad a quien va dirigida la historia? ¿La edad de los personajes? ¿La trama?

Por último, recordad las grandes historias, al igual que las personas, no entienden de edades y perduran en el alma de aquellos que las leyeron y las amaron. El cerrar la última página de un libro no supone ponerle un punto y final, sino que lo leído y aprendido conviva para siempre con nosotros.