Debate: Los límites del escritor: ¿don innato, voluntad o perseverancia?

Pues otro mes que ha pasado y aquí me tenéis de nuevo poniendo orden en esta panda de… maravillosas y locas, muy locas personas, que no cambiaría por nada del mundo. Creía que al llegar al tercer debate la cosa iba a fluir más y sería más fácil, pues os diré que NO ha sido así. Menos mal que me autobauticé como Ordenadora del caos de El Redondal, así que voy a intentar hacer un poco de magia para darle algo de sentido a todo el copy-paste del chat en el que hemos organizado el debate y la charla escritoril.

Esta vez hablaremos de escritores, de libros y de qué mínimos deberían tener estas obras para que cuando caigan en nuestras manos como lectores no nos sintamos estafados. Nos vamos a centrar sobre todo en los autopublicados porque es el terreno que pisamos cada día y conocemos en profundidad. Pero, por desgracia, este tema no afecta únicamente a los autopublicados, que es lo que la mayoría podríamos pensar. Algunas editoriales tradicionales, de autoediciones o de coediciones, tampoco cumplen estos mínimos. Es de suponer que creen que el lector no es importante y reducen sus costes, sacrificando la corrección y revisión de los manuscritos. ¿De verdad piensan que los lectores somos tontos? En fin, que paren el carrusel que servidora se baja. No sé si os pasa también a vosotros, pero yo cada día entiendo menos al mundo.

Empecemos por el principio. Para vosotros, ¿quién es un escritor? ¿El que escribe o el que pública?

Diana: Ser escritor es una profesión y hay que aprender a serlo. La ejecución requiere un aprendizaje previo, una práctica. La experiencia se gana con el tiempo, pero hay que estar abierto a mejorar. No todos los que escriben son escritores, pero merecen la misma oportunidad. No tienes que publicar para ser escritor, pero es una condición importante para visibilizarte en el mundo literario. Para mí la prueba de fuego empieza cuando publicas, antes es difícil que tú mismo sepas si estás al nivel.

Rubén: Yo aquí veo las dos posturas. Al final creo que puedes ser escritor sin publicar y puedes publicar sin llegar a ser escritor. Al final todo depende del compromiso que tengas con esta profesión. Discrepo de lo que ha dicho Diana en que no creo que publicar sea la única manera de saber tu nivel. Reconozco que no es fácil, pero puedes hacer autocrítica leyendo a otra gente e investigando un poco y buscar consejo y feedback para saber cuándo tu obra está madura como para poder publicarla. Por poner un ejemplo, Sanderson comenzó a publicar cuando llevaba escritas siete u ocho novelas, porque consideraba que no eran suficientemente buenas. Y Sanderson escribe como los ángeles, en eso estamos todos de acuerdo xD. Si yo hubiese publicado la primera versión de La primavera ausente, que lo acabé allá por 2015 o así, el libro sería mucho peor.

¿Son escritores los Youtubers que sacan un libro? Para mí no lo son porque les falta el compromiso mínimo con la profesión y el libro se convierte en un mero producto de marketing. ¿Es escritor el que escribe un libro sin molestarse ni siquiera en saber cuál es la forma correcta de puntuar y representar un diálogo? Probablemente sí, pero sin duda es uno pésimo.  

Jessica: ¿Se puede considerar a toda aquella persona que publique un libro como un escritor? Buf, complicado. Tal vez se pueda considerar un mal escritor si la historia no es buena (algo muy subjetivo) o si está plagada de faltas, carente de una buena estructura en la redacción y en definitiva, no es un buen texto desde parámetros objetivos. Ahora, si consideramos como escritor todo el que escribe, pues independientemente de si publica o no, lo sería.

La Eremita: Escritor es el que escribe. De hecho, me remito El Péndulo de Foucault de Umberto Ecco aunque no pueda hacer spoilers, aquello que resultó ser la nota que encontraron…. quien sepa de lo que hablo tiene la respuesta. Yo puedo publicar mañana una reseña y no soy escritora, pero publico. La escritura es creación, sí, pero bien escrita, valga la redundancia, que mi sobrino en la ESO también escribe redacciones. Recordad que hace un tiempo publiqué la Biblioteca de los Horrores donde os contaba justo eso, lo horrores con los que me habia cruzado en mi afán de leer.

Nuebo acecino en serie suerto. ¡Cuidado!
Mata lentamente haciéndote sangrar por los ojos.

Entonces, como lectores, ¿qué mínimos esperáis encontrar en un libro para considerarlo como tal?

Diana: Como autora siento empatía por otros, me pongo en su situación y puedo entender algunos fallos. Creo que la calidad se mide un poco en todo, cuando fallan la corrección, el estilo, el mensaje… no te apetece seguir leyendo. Cuando las obras no hay por donde cogerlas me parecen más un timo que un esfuerzo verdadero por mejorar. Me gusta que la historia esté bien hilada y sea original, después me fijo en la ortografía y el estilo. Obviamente, todo debería tener un sentido.

Rubén: Mis mínimos:

Más allá de que la historia me guste, que es subjetivo, espero que al menos parezca que se ha intentado corregir. Soy comprensivo con que haya faltas, más en un autopublicado que en un libro de editorial, pero espero ver un esfuerzo por parte del autor por corregir su libro. Si no tengo la impresión de que me está respetando como lector cierro el libro, por muy buena que sea la historia.

Otro mínimo:

Entiendo que el estilo se pule con el tiempo y escribiendo. Los primeros libros tienen un estilo poco maduro que se suele percibir enseguida. No hay problema; todos debemos empezar por algún sitio. Pero si el estilo parece el de un niño de 10 años, si no hay nada que brille en él, nada que se pueda salvar, otra vez lo mismo. Next.

La Eremita: Yo soy exigente: si quieres ser escritor has de saber escribir, lo que implica redactar correctamente y tener una ortografía impoluta. Puedo admitir algunos fallitos que intuya que son fallos de edición, pero no más allá. Para mi un escritor tiene que pasar la prueba del vello, que no es fácil. Cuando alguien escribe que se le pone el bello de punta ya la hemos fastidiado. Puedo empatizar con cierta inmadurez narrativa, pero recalco el “cierta”. De hecho, me agrada cuando noto evolución en la segunda obra de un autor. Me fascina.

Pongo un ejemplo con lo escritores aquí presentes, para los que me seguís ya sabéis que nunca digo algo por decir, que cuando lo digo es porque realmente creo en ello. La narrativa de Diana ha sido madura desde siempre. En cambio, en Jessica, que ya va bien desde principios, llega a cotas increíbles en obras siguientes. Por eso soy fan. Rubén ya presentó una narrativa madura en la Primavera, pero en la Corona era impecable, con una evolución más que notable. Para mí el primer mandamiento de la ley del escritor es: antes de escribir, lee por favor. Lee mucho. Y luego ya escribes si quieres.

Jessica: Más o menos estoy de acuerdo con lo dicho por mis compañeros, pero también me puede la empatía con el escritor. Lo que solicito, como lectora, por encima de cualquier otra circunstancia, es que la historia me atrape y me enamore. Me he dado cuenta de que soy capaz de obviar cosas gordas en la redacción de una novela, pero hay un límite y si llega un punto en el que piensas que no hay derecho y que algunos, deberían pulir antes de lanzarse. Aprendemos escribiendo, está claro, pero hay unos mínimos.

Es cierto que los errores de un autopublicado, quizás, se perdonan un poco más que el de libros editorializados. Es algo lógico porque los segundos pasan, o deberían pasar por unos filtros que lo primeros no lo hacen. Cada uno tiene un umbral de tolerancia diferente, pero todos coincidimos en que hay unos mínimos, que no pueden ser vulnerados. No hay nada peor que abrir un libro y sentirte engañado.

Lo siento, pero alguien te lo tiene que decir: nunca serás un unicornio

          

Personalmente creo que los escritores nacen con una sensibilidad especial para unir letras y hacernos disfrutar con sus creaciones al resto de los mortales. Pero es una predisposición innata hasta cierto punto, para que esta habilidad brille en todo su esplendor, y nos atrapen en sus historias, deberán sacrificarse, crecer, mejorar y evolucionar. Vamos, como todo en la vida, ya sabéis eso de “a dios rogando y con el mazo dando”.

¿Opináis que basta con tener un sueño para poder cumplirlo? ¿Querer ser escritor, te convierte en ello?

Jessica: No, no basta. Tener un sueño puede ponerte en el camino, pero el equipaje y los recursos para empezar a andarlo son cosa de cada uno. A medida que avanzas aprendes, y ese equipaje se hace más rico, aunque no más pesado. Pero si tú único fin es llegar y te da igual cómo o de qué manera, probablemente acabes dándote cuenta de que te faltaban muchas cosas. Querer es poder, pero no por arte de magia, sino de trabajo (mucho), de constancia, de esfuerzo y de un continuo aprendizaje.

Diana: Si nos pasamos la vida soñando con cosas imposibles, nos frustraremos y no avanzaremos porque la magia, aunque no os lo creáis, no existe XD. Por eso, lo ideal es tener sueños alcanzables o posibles y luego trabajarlos como todo en esta vida. Hay que marcarse objetivos porque es la única forma de avanzar y aprender, pero hay muchísimo trabajo detrás y es la única forma real de alcanzar tus sueños. Perseverancia, paciencia y constancia. Querer es poder, siempre que te impliques con el alma y desees mejorar continuamente.

La Eremita: Entiendo lo de querer cumplir los sueños, pero soy firmemente partidaria de aquello de que mi libertad empieza donde acaba la de otro. No quiero leer diarios personales ni redacciones infantiles cuando tomo un libro: quiero perderme en la historia sin distracciones innecesarias. Una mala redacción o una falta son distracciones que me enfadan más allá del límite tolerable.

Rubén: En esto estoy con La Eremita. Lo de cumplir un sueño y escribir está muy bien, tienes derecho. Lo que no tienes derecho es a pretender cobrar y engañar a un lector si no das el nivel para publicar y no te tomas en serio tu “profesión”.

Para aquellos que no estéis metidos en este mundo o no conviváis con escritores quería mostraros esta parcela que no se ve. La cantidad de horas que dedican a escribir, reescribir, revisar, corregir, maquetar y mover las RRSS, es ingente. Sin olvidar que la mayoría también tienen trabajos “mundanos” para poder subsistir. Y familias a las que dedicar parte de su tiempo, claro. A veces nos creemos que escribir un buen libro no es para tanto, pero os aseguro que todas esas horas son horas sin salir de casa, sin quedar con nadie, sin descansar, sin vacaciones y una larga lista de sacrificios que estos chicos hacen para perseguir su sueño y ofrecernos a los demás historias en las que sumergirnos y soñar.

Contadnos, como autores, ¿qué supone querer sacar vuestros proyectos adelante?

Jessica: Estar aquí es un ejercicio de amor a la literatura, siempre lo digo: horas y más horas que le rascas a un tiempo que no tienes. Llega un punto en el que escribes de cualquiera manera, con ruido, con interrupciones, con sueño, enferma. ¡Da igual! Y a eso hay que sumarle las horas de corrección (a las que somos desastrosas se nos nota menos, pero juro que las hay). Luego alguno cuestiona que seas capaz de escribir una novela en X tiempo, pero no piensan en que las horas que ellos pasan haciendo el gamba en redes, de vacaciones, de cenas o de lo que sea, tú te las pasas escribiendo y corrigiendo. Maquetar y todo lo que hay que preparar para la publicación es agotador. He llorado mucho (literalmente) publicando novelas.

Diana: Lo peor para mí es cuando ya he terminado y me enfrento a esa tormenta que he creado casi sin respirar. La corrección, en todos los sentidos, y retocar mil veces lo que no acaba de cuadrar. Maquetar también es un horror. Y no se acaba ahí, porque también corrijo después de la publicación. Es lo mínimo que podemos hacer por los lectores.

Rubén: No hay mucho más que añadir a lo que ya han dicho Jess y Diana. Yo, por mi parte, me he llegado a pasar dos años reescribiendo y corrigiendo una novela xD, debido a mi afán de perfeccionismo y mi miedo a publicar por primera vez. Y con las dos, tras publicarlas, me he pasado casi tres meses sin escribir nada más, tan solo releyéndolas para seguir corrigiendo los fallos o las cosas que no me acababan de convencer. No es necesario llegar a tanto, pero creo que hay que tratar a cada novela como si fuera la última o la única que vas a escribir.

Y hasta aquí el debate de este mes. Como resumen podríamos decir que un escritor se construye a sí mismo a base de horas y horas de trabajo. También subrayar lo importante que es leer mucho antes de publicar, ser autocrítico y respetar a todos aquellos que te leerán en algún momento de su vida.

Y ahora contadnos vuestra opinión sobre el debate de hoy. ¿Tenéis alguna opinión diferente o creéis que nos hemos dejado algo en el tintero?

¡Don Juan, Don Juan, yo lo imploro, tráeme un puré de calabaza!

Me van a disculpar Lady Dark Diana y Lady Dirty Jess, así como Lord y Lady Bloody Rubeca*, pero llega el turno de la señora Doña María del Pilar de Querencia y Luis y olé, españoleando en vuestro Halloween que es mi Todos los Santos. Bueno vale, la Toussaint y Sahmain también, pero eso hacéis como que no lo leéis. Es mi respuesta a los Susurros de Dark Diana y a los adoradores de las sajonadas. Que vamos a ver, almas de cántaro ¡tanto jalogüin tanto jalogüin! Tanto “truco o trato” con voz de flautín y vestidos de mamarracho para que os den una bola de palomitas peguntosas, o unos cuantos caramelos…

¡Caramelos! Si es que hoy los tiempos no son como antaño. Antes, que te diera caramelos un extraño sí que daba miedo… ¿no os lo decía mamá, que no comierais nada que os ofrecieran en la calle? Si es que me dan ganas de tener unos cuantos rellenos de cicuta, que sabe a almendras y no debe de notarse, para cuando los mamarrachos llamen a mi puerta…

Vamos, molestar al vecindario para pedir caramelos… que me dan ganas de salir cual Gorgona furiosa a ver quién asusta a quién. Eso sí que es un disfraz. Caramelos… de leche les daba yo pero en plural. ¡Truco! ¡Elijo truco, que vais a saber lo que es un truco!

Mirad, jovenzuelos, me vais a comparar a mí unos caramelitos sobaos con los dulces de Todos los Santos de toda la vida de Dios:

Sí, son huesos de santo y buñuelos rellenos de crema, nata, chocolate, trufa, y esos de cabello de ángel y batata que nadie quiere nunca pero que hay que poner, porque así lo manda la tradición. Ja. Caramelitos. Venga ya.

Encima de casa en casa, que decoran con telarañas como si no hubieran quitado el polvo en veinte años y que se pegan a todo. ¿Eso da miedo? Eso lo que da es un asquete que te pasas… Con lo bien que se estaba en el sofá viendo ese Don Juan Tenorio que siempre daban esa noche en lo que era Televisión Española.

¡Cómo! ¿Que no conocéis a Don Juan Tenorio de Don José Zorrilla?. El de Johnny Depp no, que os veo venir. Digo el de Zorrilla.

Igual no sabéis por qué al ligón de turno, a ese que va cada día con una le dicen que es un Don Juan. Pues para eso estoy yo aquí con todo este paripé, para contaros de qué va así como quien no quiere la cosa. Bueno no, mentira, siií quiero cosas. Me mandáis un ciberbuñuelo en los comentarios por lo que os guste. Y si no os gusta un hueso de santo (os confieso que no puedo con ellos pero no se lo digáis a nadie, que no queda bien cuando estoy aquí españoleando tanto).

Veréis, hay algunos personajes más, pero nos vamos a centrar en los principales o la entrada nos dura hasta el próximo Jalogüin y no quiero, Si estamos aquí en tan largo plazo igual cambio de idea y el año que viene, en Halloween, os hablo de Sleepy Hollow. Y os pido caramelos vestida de Drusilla la de Spike (si no sabéis quiénes son no me hablo con vosotros). Vamos al lío.

El caso es que la cosa – cosa que es una obra de teatro escrita por José Zorrilla durante el Romanticismo español, o sea, siglo XIX, el de Bécquer y Espronceda con sus cañones por banda – empieza hablando de una apuesta que un tal Don Luis Mejía y otro tal Don Juan Tenorio – que son algo así como pijos sevillanos metrosexuales del XVIII – hicieron el año anterior en una taberna.

Básicamente se apostaron su reputación a ver quién era más capullo, hideputa que dirían antes, de los dos. Al cabo del año se encuentran en el bareto y se cuentan las cabronad… estooo… sus oscuras hazañas:

JUAN: La apuesta fue…

LUIS: Porque un día
dije que en España entera
no habría nadie que hiciera
lo que hiciera Luis Mejía.

JUAN: Y siendo contradictorio
al vuestro mi parecer,
yo os dije: Nadie ha de hacer
lo que hará don Juan Tenorio.
¿No es así?

LUIS: Sin duda alguna:
y vinimos a apostar
quién de ambos sabría obrar
peor, con mejor fortuna,
en el término de un año;
juntándonos aquí hoy
a probarlo

JUAN: Y aquí estoy.

Copa (jarra de vino) va, copa viene, van fardando de que no hay una que no se hayan tir… digo que haya caído ni pelea que no hayan ganado matando a todo lo que se menea sin cortarse un pelo

«Aquí está don Juan Tenorio,
y no hay hombre para él .
Desde la princesa altiva
a la que pesca en ruin barca,
no hay hembra a quien no suscriba;
y a cualquier empresa abarca,
si en oro o valor estriba.
Búsquenle los reñidores;
cérquenle los jugadores;
quien se precie que le ataje,
a ver si hay quien le aventaje
en juego, en lid o en amores.»
Esto escribí; y en medio año
que mi presencia gozó
Nápoles, no hay lance extraño,
no hay escándalo ni engaño
en que no me hallara yo.
Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.
Ni reconocí sagrado,
ni hubo ocasión ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar.
A quien quise provoqué,
con quien quiso me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté.

Total, que comprueban que en número de muertos y conquistas, gana de largo Don Juan. Pero no les basta con tanta tropelía, qué va. Don Luis reta a Don Juan a conquistar a una novicia inconquistable (ya os podéis imaginar que es Doña Inés). Acepta, pero añade que además va a conquistar a Ana de Pantoja, la prometida de Don Luis, y entre “Venga ya fantasma, tú de qué vas” pero a lo dieciochesco, y “¿que no? sujétame el cubata” pero a lo dieciochesco también, cierran la apuesta, que pa chulo Don Juan:

JUAN: Desde una princesa real
a la hija de un pescador,
¡oh!, ha recorrido mi amor
toda la escala social.
¿Tenéis algo que tachar?

LUIS: Sólo una os falta en justicia.

JUAN: ¿Me la podéis señalar?

LUIS: Sí, por cierto: una novicia
que esté para profesar.

JUAN: ¡Bah! Pues yo os complaceré
doblemente, porque os digo
que a la novicia uniré
la dama de algún amigo
que para casarse esté.

LUIS: ¡Pardiez, que sois atrevido!

JUAN: Yo os lo apuesto si queréis.

LUIS: Digo que acepto el partido.
Para darlo por perdido,
¿queréis veinte días?

JUAN: Seis.

LUIS: ¡Por Dios, que sois hombre extraño!
¿cuántos días empleáis
en cada mujer que amáis?

JUAN: Partid los días del año
entre las que ahí encontráis.
Uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas
y una hora para olvidarlas.
Pero, la verdad a hablaros,
pedir más no se me antoja,
porque, pues vais a casaros,
mañana pienso quitaros
a doña Ana de Pantoja.

Pero resulta que dos pares de oídos escuchaban la conversación de Luis y Juan: Don Gonzalo, el padre de Doña Inés, y Don Diego, el propio padre de Don Juan. Y claro, al escucharles se cabrean bastante y recriminan a Don Juan. Don Gonzalo, el Comendador, le espeta a Don Juan que había acordado con Don Diego que se casara con su hija Inés que está en un convento, pero vamos, que ahora ni de broma la toca, y Don Diego llama de todo a su hijo y anula el compromiso.

Don Juan viene a contestar que a él no le metan en sus marrones que el vive muy bien haciendo lo que le place, y que ya veremos si toca o no toca… Y vaya si la toca. Primero se liga a doña Ana Pantoja y después va al convento en el que está Doña Inés y la rapta. Por supuesto, la seduce. Peeeero…. ah, se enamora también. Y esta escena, la famosa escena del sofá, de la declaración de amor, seguro que os suena a todos, en su versión buena o en otra que habla de morcilla (madre mía). Que os lo cuenten Paco Rabal y Concha Velasco (no son los mejores Don Juan Y Doña Inés pero no he encontrado otros)

Don Gonzalo les encuentra y se pelean. Don Juan le mata y para que no le pillen tiene que huir a Italia.

Al cabo de cinco años vuelve a Sevilla. Por alguna razón visita el cementerio y se entera que que la pobre Inés murió de amor tras su abandono. Allí están las tumbas de casi todos, vamos, de TODOS los personajes importantes menos la suya: El Comendador padre de Doña Inés, Don Diego el padre de Don Juan, Don Luis Mejía y Doña Inés. No queda títere con cabeza. Es de noche. Tras una charla con el escultor de las estatuas de las tumbas, que le pone al dia de lo que ocurrió en Sevilla con sus allegados mientras no estaba, se queda solo. Y las estatuas de las tumbas empiezan a moverse….(y os lo juro, en esta escena es cuando yo empezaba a acojo.. digo acongojarme pero de verdad)

Sí, sí; ¡sus bustos oscilan,
su vago contorno medra…!
Pero don Juan no se arredra
¡alzaos, fantasmas vanos,
y os volveré con mis manos
a vuestros lechos de piedra!
No, no me causan pavor
vuestros semblantes esquivos;
jamás, ni muertos ni vivos,
humillaréis mi valor.
Yo soy vuestro matador
como al mundo es bien notorio;
si en vuestro alcázar mortuorio
me aprestáis venganza fiera,
daos prisa; aquí os espera
otra vez don Juan Tenorio.

Parece que sigue todo bravucón ¿verdad? Pues no. Llega Avellaneda, su ayudante, y le encuentra con el semblante demudado y tembloroso, pero lo cierto es que vuelve a sacar esa chulería que le caracteriza al ver que Avellaneda se ríe un poco de él, y se atreve a invitar a cenar a los muertos para intentar demostrar que no tiene miedo. Hasta al Comendador, que os juro que en todos los Don Juanes que he visto siempre da mucho miedo. La escena es digna de un maestro del terror. Y a Don Juan también, aunque lo niegue:

CAPITÁN CENTELLAS Don Juan,
dejad tranquilos yacer
a los que con Dios están.

JUAN: ¡Hola! ¿Parece que vos
sois ahora el que teméis,
y mala cara ponéis
a los muertos? Mas, ¡por Dios
que ya que de mí os burlasteis
cuando me visteis así,
en lo que penda de mí
os mostraré cuánto errasteis!
Por mí, pues, no ha de quedar
y a poder ser, estad ciertos
que cenaréis con los muertos,
y os los voy a convidar.

AVELLANEDA:  Dejaos de esas quimeras.

JUAN: ¿Duda en mi valor ponerme,
cuando hombre soy para
hacerme
platos de sus calaveras?
Yo, a nada tengo pavor.

(Dirigiéndose a la estatua de DON GONZALO, que es la que tiene más cerca.)

Tú eres el más ofendido;
mas si quieres, te convido
a cenar comendador.
Que no lo puedas hacer
creo, y es lo que me pesa;
mas, por mi parte, en la mesa
te haré un cubierto poner.
Y a fe que favor me harás,
pues podré saber de ti
si hay más mundo que el de
aquí,
Y otra vida, en que jamás,
a decir verdad, creí.

CAPITÁN CENTELLAS: Don Juan, eso no es valor;
locura, delirio es.

JUAN: Como lo juzguéis mejor:
yo cumplo así. Vamos, pues.
Lo dicho, comendador.

Para no alargarlo más, aunque confío en que leáis o veáis la obra si tenéis ocasión: El Comendador aparece, claro, y se quiere llevar a Don Juan al Infierno. La escena es de verdad terrorífica. Pero aparece Doña Inés, que también ha hecho una apuesta con su padre: Don Juan la llora y entiende que la ama de verdad a pesar de haberla abandonado. Por ella recapacita y se arrepiente de sus pecados. Dios le perdona, así es que irá al cielo.

Hala, podéis llamarme de todo por haberme metido con Halloween, pero yo os contestaré finalizando como empieza el tenorio, declamando a voz en cuello:

¡Cuál gritan esos malditos!
Pero, ¡mal rayo me parta
si en concluyendo la carta
no pagan caros sus gritos!

¡Mi señor Don Juan Tenorio!

Si no os gusta este jolgorio

que aquí montan en Octubre

Usad como disuasorio

de tan nefasta costumbre

Una espada para hacer

un puré de calabaza!

¡Don Juan, Don Juan, yo lo imploro

de tu hidalga condición

acaba con el follón

o te quitarán la plaza!

(Iba a firmar como la Eremita Zorrilla pero mejor no. Queda un poco raro ¿no? Pero vamos, que es una coplilla de las mías tuneando un poco a Doña Inés)

Y ahora dejadme que os diga que todo es un postureo para contaros el Tenorio, que Halloween me hace mucha gracia, porque tan español como el Tenorio es, como dice mi cuñada Yaque, que es cubana, apuntarse a todas las fiestas. Hasta a Halloween.

Venga. Que no paséis mucho miedo. O sí si es lo que os gusta

*Es que en El Redondal somos así de glamourosos, que si Hollywood tiene Brangelina (Brad y Angelina) nosotros tenemos Rubeca (Rubén y Rebeca)

Susurros de medianoche

«Después de discursos tales,

llenos de frases sinceras;

se fueron las calaveras,

a sus urnas sepulcrales»

Calaverita literaria

Arturo Espinoza

ALL HALLOWS EVE

El otoño llega con su imperecedera máscara marchita y los paisajes se cubren de dorados y grises. Un cambio de hora a destiempo, lluvia centrifugando las calles y el calor que se escapa de la tierra en suspiros de agonía. ¿Os suena?

Sofá, mantita, un libro entre las manos y… ¡un zombi en la ventana! Podría ser el inicio de una novela de terror, aunque en estos tiempos inciertos todo sea posible ya. Sin embargo, los susurros de medianoche siguen invadiendo las calles de una de las noches más famosas del año. Una fiesta que nos llega desde la cultura anglosajona y cada vez se celebra con más ímpetu. Este 2020, en cambio, parece que la vivimos todos los días y que de festejar nada de nada. Así que quedémonos con el arte literario y honremos a la muerte de la mejor manera posible: leyendo terror.

Sin duda, la llegada del frío no deja indiferente, pero Halloween tampoco. A estas alturas no necesitáis que os explique de qué se trata. Una fiesta pagana derivada del antiguo Samhain celta. Su último día del año, la fiesta de la cosecha donde se despedían del dios Lugh, dios del sol. En esa noche tan especial creían que los espíritus de los muertos regresaban para visitar a los vivos y por ello les colmaban de dulces fuera de sus casas a modo de ofrenda. También se dejaban velas encendidas para ayudar a esas almas perdidas a encontrar el camino hacia la luz de Lugh. Sin embargo, también tenía su parte oscura. Temiendo que los vivos pudieran ser poseídos, se vestían de negro para evitar ser foco de atención. El «truco o trato» derivado de una vieja tradición cristiana del día de los difuntos en la que se mendigaba pasteles, casa por casa. O la calabaza, el farol con el que Jack vagaba, según la tradición irlandesa, tras haber engañado al diablo y haber pecado demasiadas veces como para ir al cielo.

La parte oscura siempre es la más fascinante, ¿por qué será? Tal vez, porque en ese lado de la verdad es donde se esconden los misterios, los secretos, los mitos. Fundir una fiesta dedicada al sol, a la vida, a lo nuevo que está por venir; con la oscuridad de la muerte y sus terribles secretos. El velo de lo invisible en su recorrido inverso, provocando que el antagonismo del universo se asome al espejo y devuelva una terrible mirada.

Desafiar a la muerte disfrazando a los más inocentes, aquellos que apenas comienzan su largo camino en la vida, con el aspecto de abominables monstruos y seres espectrales. Desterrar el dolor y la perdida y rendirle culto mostrando su más oscuro rostro.

3D Animation Production Company

LITERATURA OSCURA

Y una vez más, la literatura no ha estado exenta de mostrarnos a todas estas temibles criaturas. Desde Moby Dick hasta Frankenstein, Drácula y el Hombre Lobo, fantasmas, zombis, brujas…

El Minotauro, la Hidra, el can Cerbero, Gorgona… los griegos y otras civilizaciones antiguas ya contaban con su propia cantera de monstruos terroríficos, que no dudaron en transmitir a generaciones futuras. Rudimentarias sombras de lo que hoy conocemos, transformadas por la modernidad.

Frankenstein de Mary Shelley. Novela gótica que nos habla de la muerte y de la vida, de los humanos que creyéndose dioses creen que pueden desafiar a la muerte y jugar con ella. El moderno Prometeo, que en lugar de robar el fuego a los dioses, esta vez se atreve con la propia vida sin miedo a un castigo divino. (Pienso en él cada vez que me tienen que dar puntos…).

Drácula de Bram Stoker. De cuando Transilvania aún pertenecía a Hungría y su sagrada tierra era necesaria para trasladar al conde Drácula allá donde fuera. Su historia hizo famosos a los vampiros y contribuyó a que estos olvidados seres volviesen de entre las brumas de los tiempos para quedarse. Mordeduras, a veces letales, que pretenden succionar la esencia vital contenida en la sangre. También llamados no-muertos, por lo que no podían faltar en una noche de Halloween. (Ya lo dije en la anterior entrada, me fascinan).

La marca de la bestia de Rudyard Kipling. Un sacrilegio con una estatua sagrada hindú termina con un mordisco en el pecho por parte de un misterioso leproso, llamado Hombre de Plata. La herida provoca una paulatina transformación en hombre lobo como fruto de una maldición. También llamados licántropos. (Eso de los mordiscos contagiosos no apetece mucho en estos momentos…).

El fantasma de Canterville de Óscar Wilde, sir Simon de Canterville habita como fantasma en el castillo donde asesinó a su esposa. La familia americana que se establece en su antiguo hogar no temen al misterioso ente, se ríen de él e incluso le ayudan a buscar la paz. También llamados espíritus, almas perdidas. (Probablemente los que den más miedo en víspera de Todos los santos).

Las brujas de Salem de Arthur Miller, habla sobre este pueblo estadounidense y de la cacería de brujas que se produjo en él con paralelismos con la que hubo siglos atrás en la vieja Europa. También llamadas hechiceras, magas. (La parte de la magia siempre me ha encantado, yo soy de bruja con escoba, caldero y sombrero picudo).

Autores como Lovecraft, E. A. Poe, M. Shelley, Stephen King, W. Irving… perfectos para una noche de brujas.

Todas las culturas han creado sus monstruos y los han soltado para aterrarnos, aunque una noche al año la barrera del miedo se rompa y nos camuflemos bajo la mismísima piel del diablo. En la literatura universal podemos celebrar Halloween todas las noches, encerrarnos en nuestro dormitorio bajo la atenta luz de una vela y devorar libros terroríficos, metamorfoseándonos en criaturas imposibles y desafiar al miedo una vez más.

makunin en Pixabay

BAJO LA PIEL DEL DIABLO

La pérdida y el recuerdo que persiguen al Día de Todos Los Santos se celebra con el desafío a la muerte y la diversión de una noche única. Como si pudiéramos olvidar por un instante que todo se termina y festejar por que todo empiece de nuevo. Amar la vida a través de sus terrores y conocer nuestra parte más oscura. Desterrar nuestros temores y formar parte de ellos, pues no hay mayor miedo que desconocer nuestra propia oscuridad.

¿Cuánto tiempo nos queda? ¿A cuántos hemos dejado marchar ya? La muerte es una parte de la vida, desconocida, intimidante y dolorosa; por ello la mayoría de los monstruos están relacionados con ella. Ya sea porque la provoquen o porque surgen de sus entrañas. Es un miedo enraizado en muchas culturas y el imaginario colectivo le ha dado muchas formas. Luchar contra nuestros demonios particulares, contra lo invisible… y sobrevivir a ello. Un disfraz, una máscara, y en lugar de vestirnos de superhéroes, atacar desde dentro, desde la mismísima oscuridad.

Adéntrate en lo desconocido; lee novela de terror, fantasía oscura, thriller psicológico… porque los peores monstruos surgen de la imaginación y nos devoran de dentro hacia fuera, aunque existan en la vida horrores que superen a las temibles pesadillas.

Fuentes:

www.wikipedia.com

www.ngenespanol.com

www.sobrehistoria.com

www.libroos.co

El Nombre de Dios – José Zoilo Hernández

¿Quién podrá, pues, narrar tan grandes peligros? ¿Quién podrá enumerar desastres tan lamentables? Pues aunque todos sus miembros se convirtiesen en lengua, no podría de ninguna manera la naturaleza humana referir la ruina de Hispania ni tantos ni tan grandes males como esta soportó.

Crónica Mozárabe 754


El Nombre de Dios

Si alguien puede, es José Zoilo Hernández. Ya nos contó lo que ocurría en esa Hispania barbarizada tras la retirada de Roma de la Península Ibérica, a través de las vicisitudes de Attax, un alano aculturizado, en su fantástica trilogía Las Cenizas de Hispania.

Vuelve con El Nombre de Dios para narrarnos, mediante una didáctica y brillante ficción histórica, las postrimerías del reinado visigodo y la invasión musulmana. No lo hace con la aridez de un libro lleno de fechas y acontecimientos, difíciles de encajar y retener. Es con ese estilo tan suyo que convierte la Historia en una novela de aventuras y batallas, mientras el lector va haciéndose su composición de lugar sobre lo que ocurrió de forma fidedigna, casi sin darse cuenta, como un gato al que se da una comida deliciosa que lleva camuflada una pastillita.

José Zoilo Hernández

No es historiador. Es biólogo. Sabéis que me gusta fisgar las webs de los autores, y me he encontrado con este curioso texto del que os copio un extracto. Podéis leerlo completo en Letras con Historia .

¿Un biólogo escribiendo novela histórica?

Pues sí, soy biólogo, aunque me dedico profesionalmente a temas relacionados con el desarrollo rural y la agricultura. Pero, desde siempre, me ha apasionado todo lo que tuviera que ver con la historia. (…)


Durante algún tiempo, escribir fue solo un asunto personal, que compartía apenas con mi círculo más cercano. Hasta que, en verano de 2016, me decidí a dar un paso más: aprovechando la oportunidad que me ofrecía el tercer concurso de escritores Indie organizado por Amazon y El Mundo, presenté “El Alano: las cenizas de Hispania”, el primer volumen de mi trilogía sobre la Hispania tardorromana.

La acogida por parte de los lectores superó todas mis expectativas, y El Alano se convirtió en una de las novelas más populares del concurso, llegando a asentarse en el Top10 entre las más de dos mil obras presentadas, a pesar de que no la respaldé con promoción alguna, y que en ese momento mi presencia en redes era nula. Aquel fue mi primer paso, la autopublicación.

Pero las aventuras de Attax no acabaron ahí, ni mucho menos. Este mismo año, una editorial tan importante como Ediciones B, referente nacional e internacional en el ámbito de la novela histórica, decidió apostar fuerte por la trilogía: “Las cenizas de Hispania”. Las alegrías que me ha dado Attax no han cesado en ningún momento; así, en el mes de febrero de 2020, mi primera novela, El Alano, resultó galardonada con el primer Premio de Novela Histórica de Pozuelo de Alarcón y la Asociación Escritores con la Historia, como mejor debut del año 2019 en nuestro país.”

Creedme, lo que os cuento en esta sección no es más que una ínfima parte de lo que sucede. Son tan solo hechos históricos que la mayoría conocemos antes de abrir el libro, y alguna línea maestra de la ficción; no temáis a los spoilers pese a lo que pueda parecer, pues lo que aquí escribo no restará un ápice de interés a la novela. Solo quiero situaros con algo más que la sinopsis para despertar en vosotros un interés que de sobras merece.

Con una angustiada carta de Sinderedo, Obispo de Toletum, a su amigo Bonifacio, un sabio religioso, comienza esta fabulosa novela histórica.

Hermano, el instante que tan largamente hemos temido parece haber llegado. Esta misma mañana he recibido noticias del desembarco de una tropa bereber en las orillas de la Bética.

El Rey Roderico (Rodrigo), de vuelta de una de sus múltiples campañas contra los vascones, se apresta con sus huestes a hacer frente a la tropa de salvajes saqueadores llegados del sur. Lo que prevé como una invasión fácil de repeler no es visto como tal por Sinderedo, que conmina a su amigo Bonifacio a llevar a cabo la misión de entregar al rey una reliquia sagrada que le garantizará la victoria ante el Infiel: una trompa que Roderico personalmente debe hacer sonar en el combate.

Y así, con las peripecias de Bonifacio para encontrar a Roderico en el campo de la batalla que un poco más adelante identificaremos como la de Guadalete, comienza el Libro I, El Rey Maldito. En el camino, recluta a un joven pastor como asistente, Hermigio, un personaje puntal de la novela.

En aquella disputa trascendental para el reino, no solo habían competido por el trono la familia del difunto Witiza y Roderico. También Agila, dux de la Tarraconense y la Septimania, reclamó el trono para sí.

El Reino visigodo está dividido. Roderico ha llegado al poder con el apoyo del clero y el manejo de extorsiones y chantajes. Los herederos del difunto Witiza, Oppas y Sisberto, no ven su reinado con buenos ojos. Los nobles han de acudir al llamado de Roderico a la guerra… En el Noreste, Agila se ha proclamado Rey… Se vislumbra la desunión, la falta de previsión, la arrogancia de un pueblo conquistador asentado que se cree invencible…

Ademar, Comes o Señor de Astigi (Écija), un Noble guerrero visigodo de madre hispana, se despide de su esposa y su ciudad para acudir con sus tropas al requerimiento del Rey junto con sus leales Witerico y Alberico. Formarán parte de la poderosa caballería que les otorgaría una ventaja considerable en batalla.

Yussuf Ibn Tabbit se sentía incapaz de apartar la mirada de lo que acontecía en la playa. Allí, las mismas naves que habían servido para llevarlos a aquella tierra alejada de sus hogares ardían varadas sobre la arena blanca, consumiéndose poco a poco.

Tariq había demostrado con este gesto que su intención, más allá del saqueo, era la de hacerse con cuanto territorio fueran capaces de ocupar. Destruidas las naves, la única opción que les quedaba era la de avanzar, venciendo cualquier oposición que se encontraran. La suerte estaba echada.

Tariq Ibn Ziyab comanda las tropas bereberes. Han cruzado el estrecho y quemado naves con la intención de avanzar. Llega la hora del combate. Las fuerzas están igualadas, pero cuando Roderico ordena cargar a la caballería, muchos de los nobles godos desobedecen la orden y vuelven grupas. Oppas, familiar de Witiza y Obispo de Hispalis, ha conspirado con los invasores a fin de derrocar a Rodrigo y ocupar el trono. La suerte está echada. Ni la reliquia, que finalmente hace sonar Bonifacio impide una calamitosa derrota de Roderico y sus huestes.

Tras la victoria, el enemigo avanza hacia Astigi. La ciudad cae tras una enconada resistencia de Ademar y los suyos, que son hechos prisioneros junto con Bonifacio, Hermigio y la reliquia que portan.

Ragnarico, cruel visigodo partidario de Oppas y medio hermano de Ademar, ha unido su camino al de Tariq, confiado en la promesa de Oppas de darle Astigi, a la que cree tener derecho por herencia dado que su hermano es “mestizo”. Es sin dudas el gran villano de la novela.

El norteño Señor de Calagurris (No es Invernalia lectores, es Calahorra) Argimiro, aliado en principio del traidor Oppas, uno de los nobles que rehusó pelear a favor de Roderico llegado el momento, cambia de parecer y ayuda al rescate de los prisioneros del campamento musulmán. Juntos inician un periplo que les llevará a Toletum y Cesaraugusta.

Bonifacio, bajo tortura, ha confesado al Invasor la existencia de una reliquia que dará el mundo entero, el poder absoluto, a quien la posea, y quiere impedir a toda costa que caiga en manos indeseadas…

Con este caldo de cultivo se inicia un peregrinaje por la Península entre persecuciones, batallas y acogidas, mientras vamos conociendo a todos los personajes que formarán parte de esta trepidante aventura histórica, como la pelirroja Elvia, única superviviente de una aldea arrasada con sadismo por el infausto Ragnarico, a la que rescatan.

Sin tregua, llenos de sobresaltos, como si fuéramos uno de los aldeanos que seguimos a la comitiva de guerreros visigodos en busca de refugio, continuamos por las páginas amando, admirando y odiando a sus personajes mientras participamos de sus cuitas y alegrías y observamos de la mano maestra de Zoilo cómo cae una cultura.

Y comienza el Libro II, Más Allá de las Montañas, pues dejamos Hispania para atravesar los Pirineos y pasamos a vivir la acción en la Galia y hasta en Roma, donde la reliquia, deseada por todo aquel mandatario que conoce su poder, ha de ser puesta a salvo a cualquier coste.

En el transcurso, conocemos a los francos y sus disputas, a los lombardos, y asistimos a la caída definitiva del reino visigodo. Sabemos qué fué de una Roma que dominó el mundo y los inicios de lo que posteriormente será La Ciudad de El Vaticano.

Han pasado unos diez años desde el comienzo, y aunque conocemos el desenlace histórico de los hechos narrados, no así el ficticio, que nos mantiene en vilo hasta el final.

Voy a dejar una cita de la nota final del libro con las reflexiones del autor, que me parece muy aclaratoria no sólo de nuestra historia, sino de cualquier ficción histórica.

Como en la mayor parte de las novelas del género, en las páginas anteriores coexisten personajes reales con otros ficticios. Entre los primeros podemos mencionar a Roderico, el último rey visigodo, conocido como Rodrigo; también a quien lo derrotó en la batalla, Tariq Ibn Ziyab, y al superior de éste, el gobernador de Ifriquiya, Musa ibn Nusayr y su hijo Adb-al-Aziz. Asimismo son personajes reales el prelado Sinderedo, metropolitano de la Ciudad de Toledo en el momento de la llegada de los musulmanes y que, como en la novela, huyó de Hispania para refugiarse en la ciudad de Roma (…); otros reyes visigodos, como Agila o Ardo, y también Eudes (llamado igualmente Odón o Eudón), dux de Aquitania, y Gregorio, el segundo papa de ese nombre. En cuanto a los personajes ficticios, son mayoría en la novela. Ademar, Argimiro, Hermigio, Bonifacio, Elvia, Witerico, ragnarico o Yussuf Ibn Tabbit son solo los más relevantes.

Nota Histórica. El Nombre de Dios

Una vez más, Don José Zoilo Hernández, pese a mis difíciles circunstancias personales, ha conseguido tenerme pegada a su historia de la Historia. Seiscientas treinta y nueve páginas, notas, prólogo, mapa y glosario, qué detalle – aprended, autores de fantasía, y no miro a nadie, ejem – incluídos. Y no quitaría ni una sola.

Leer la descripción de una batalla del autor es entrar en ella. Creedme, las grandes gestas, esas que nos mantienen en vilo, haciéndonos querer guiar el brazo del guerrero junto con su espada para impulsarle y ayudarle en su victoria, no se dan solo en el género fantástico o en una gran producción cinematográfica. Ya me asombré en El Alano al leer la crudeza real de un combate, pero en mi opinión lo ha superado en El Nombre de Dios. De hecho, os copio mis reacciones durante la Lectura simultánea que hicimos en Twitter con Soy Yincanera:

No es la batalla de Morannon a las puertas de Mordor. Es la de Guadalete (?) en el 711. No huyen en la noche los hijos de Elrond de los orcos, sino los godos derrotados de los musulmanes y otros traidores godos

Enseguida les llegaron las voces de aquellos hombres llamando para localizarse unos a otros en la negrura, y por último comenzó un peculiar ulular que habría helado la sangre al mismísimo demonio. Los mauri y sus señores oscuros buscaban a los guerreros godos entre la maleza como si se tratara de una siniestra partida de caza.

Y es que podría estar leyendo ambos géneros y no habría gran diferencia. Así de impactantes son las abundantes “escenas de acción” de la novela. Te hacen retener el aliento en todo su desarrollo.

A veces, cuando leo Historia no se si estoy leyendo Fantasía. A veces, cuando leo Fantasía no se si estoy leyendo Historia.”

Hemos sido llamados para llevar a cabo una misión divina. Y somos la última esperanza de nuestro mundo; si fracasamos, la oscuridad se cernirá sin remedio sobre todo cuanto hemos conocido

Destacables también los personajes, en los que encontramos héroes de verdad, anónimos pero capaces de dar la vida por su tierra y sus gentes. Los adoraremos, tanto como odiaremos a los villanos, aunque, como de costumbre a José no le duelan prendas en rompernos el corazón.

Ademar, señor de Astigi, un godo mestizo con honor cuando otros perdieron un reino con deshonor. Rodrigo/Roderico ha desaparecido, tal vez ha muerto

Que aquellos bastardos supieran quién era el señor de Astigi, aquel que, vencido su rey, se atrevía a defender su tierra.

Por último, no os perdáis la Nota Histórica al final del libro. No tiene desperdicio. Si la novela es didáctica, las poquitas páginas de tal nota no le van a la zaga. Sabía de las versiones de la historia, pero no había leído sobre ello y me ha resultado especialmente aclaratorio.

En definitiva, voy a hacer lo que dicen que nunca se hace en una reseña (Ah, se siente, ya os insistía en que yo no reseñaba, muajajajaja, o sea, onomatopeya de risa siniestra), decir que ME HA ENCANTADO no, LO SIGUIENTE. Hacedme caso Redondaleros, que me vais a dar las gracias. Que no os tire “p´atrás” el grosor; no sobra una sola página.

Venga, cuidaos y seguid leyéndome porfa. Sé que soy vehemente, pero solo me emociono con lo que me gusta y eso quiero transmitiros, con mayor o menor fortuna pero con la mejor de las intenciones. Porque ya que me pongo a ello, me pongo con ganas, pues no es por no ir, pero ir pa ná es tontería, y voy bastantes más veces de las que vengo aquí a contároslo, porque puede que no considere que valga ni la pena ni vuestro tiempo que os lo cuente. Quien quiera entender, que entienda, que dice la Biblia. Ah, y no intentéis levantar un espadón como los del libro, que eso solo lo hacían los de antes. Ya no nos fabrican igual.

  • Título: El nombre de Dios
  • Autor (es): José Zoilo Hernández
  • Traductor:  
  • Sello: EDICIONES B
  • Precio sin IVA: 20.10 €
  • Precio con IVA: 20.90 €
  • Fecha publicación: 09/2020
  • Idioma: Español
  • Formato, páginas: Tapa dura con sobrecubierta, 640
  • Medidas: 166 X 236 mm
  • ISBN: 9788466668453
  • EAN: 9788466668453
  • Temáticas: Novela histórica
  • Colección: Histórica

Hablemos de literatura con Adella Brac

El tiempo es uno de esos ‘amigos’ que logra mitigar sensaciones con su discurrir, tanto las buenas como las malas. Por eso, hoy templo un poco cada una de las percepciones que me embargaba cuando empecé a preparar esta entrevista. No han sido unos días fáciles para ‘Desde El Redondal’, especialmente para la patrona de este barco de sueños literarios que un día nos invitó a subir a bordo y al que unos cuantos ya hemos convertido en nuestra casa. Lo que, además, consiguen personas como ella, tan cercana y sencilla, es un lazo de empatía más allá de la distancia que hace tuyo su dolor y también tuyas sus risas.

El destino suele enviarnos guiños en mil formas diferentes y, que en unos momentos así, fuera Adella Brac la autora a entrevistar me parece muy significativo. Porque Adella es una de esas autoras capaces de llegar al corazón de quien la lee, de tocar el alma y de la que guardo, casi tatuada, una frase que viene muy al cuento aplicar para esta ocasión: “Todos estamos rotos; la vida consiste en unir esos pedazos”. A veces el puzzle se hace complejo y hay piezas que parecen no encajar en ninguna parte porque son demasiado pequeñas, demasiado grandes, de complejas formas o porque la ‘rotura’ es significativa. Pero tienen su lugar, seguro. Lo acabamos encontrando, encaja y seguimos avanzando en esa nueva realidad. Pilar lo hará algún día, estoy segura.

Y ahora, como todos sabemos, la literatura es balsámica, leyendo, escribiendo, en todas sus vertientes, así que un poco de cura mediante una autora que, como decía, es diferente, algo que puede captarse en todas y cada una de sus novelas: Adella Brac. Lo resumo en una frase: he leído todo lo que ha escrito y seguiré haciéndolo porque Adella tiene una sensibilidad especial y hoy me apetece acercárosla un poco más. De inicio y como hago siempre, me encantaría que fuera ella quien se presente:

Soy escritora de fantasía juvenil. Amo las historias de personajes que buscan su lugar en el mundo y ayudo a la gente a escribir más y mejor con mis retos.

»En los últimos años me he ido formando en varios aspectos relacionados con el mundo editorial y ofrezco servicios de informe de lectura, maquetación y consultoría.

Foto de Adella Brac en Redes sociales

¡Ahí es nada! Supongo que es inevitable que cuando un mundo te apasiona (el literario en este caso), personas inquietas como Adella busquen ahondar en él en todas sus facetas y en este caso, mediante su generosidad, no solo el aprendizaje la ayuda a ella a que sus obras sean cada vez mejores, sino que pone su conocimiento al servicio de los demás. Buscadla si la necesitáis, no os vais a arrepentir.

La autora ya se nos ha presentado, pero yo soy de las que piensa que nada mejor que una obra para hablar de quien la creó porque ponemos mucho de nosotros en esas letras. Por eso me gustaría compartir con vosotros un fragmento elegido por la propia autora para que podáis conocer un poquito más, en este caso, ‘La Historia de Tilansia’. (Lo confieso, la favorita de entre las novelas de Adella).

—¡Vaya una manera de conocer a alguien! —dijo tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse—. Por cierto, gracias. Me llamo Boje, pero puedes llamarme Bo.

—Yo me llamo Tilansia, pero no puedes llamarme Ti —contestó de malos modos.

Rechazó su mano y se levantó con torpeza.

Su chaqueta empezó a chorrear agua.

—¿Tú eres Tilansia? Te estaba buscando. —Su mirada subió desde los pies hasta sus ojos, inspeccionándola. Arrugó el rostro como si hubiese olido algo en mal estado—. ¡Pareces un pirata!

Ella levantó una ceja.

—Y tú pareces un maleducado. ¡No, espera! Creo que lo eres.


Fresco, ágil y llamativo. Hay mucho de eso en los libros de Adella Brac y si queréis saber qué más podréis encontrar en ellos, nadie mejor que la propia Adella para contarnos de qué están impregnadas sus páginas:

Magia, aventuras y un poco de amor. Me gusta cuidar mucho la redacción porque estoy enamorada de las palabras, pero nunca permito que el estilo desvíe la atención del lector. Las palabras deben ser una herramienta para contar una historia, no una manera de presumir de vocabulario.


Y es que el literario es un camino muy largo de constante mejora y aprendizaje, un camino que en el caso de Adella tuvo uno (o dos ) inicios muy especiales. La autora gallega nos habla de sus orígenes literarios así:

El primero, con once años, cuando decidí que quería ser escritora. Un tiempo después, cuando llegó el momento de escoger mi futuro profesional, asumí que nunca iba a llegar a ser tan buena como aquellos a los que admiraba, que nunca podría ganarme la vida como escritora, así que elegí otra profesión y aparqué la escritura.

»El segundo llegó veinte años después, cuando me di cuenta que no necesito ser una virtuosa de las letras para tocar el corazón de los lectores con mis palabras.

»Costó entenderlo, pero cuando lo hice, prometí no volver a cerrarle nunca más la puerta a mi sueño.

El largo camino del aprendizaje en la escritura – Imagen: mathey (Pixabay).

Adella tiene libros mágicos llenos de pasajes que enamoran, personaje que te conquistarán y mundos de ensueño, pero es que leyéndola no es difícil hacerse una idea. Dos mensajes importantísimos aquí: No necesitas ser el mejor para tocar el corazón de un lector, e importante la promesa: “no cerrarle nunca más la puerta a un sueño”. ¿Qué es la vida sin sueños? Más fáciles o más difíciles, son nuestro motor y es fantástico hacer de ellos el camino y no la meta (aportación personal, si se me permite).

Los orígenes, el camino, el fin. Como decía, aprendizaje constante y un continuo intento por mejorar, evolucionar y plasmarlo en las letras. A eso nos ayudan nuestros grandes referentes. Le he preguntado a Adella por algo así, un libro especial, inspiración, una luz guía en este complejo y apasionante mundillo:

Tengo varios que han sido especiales en distintos momentos de mi vida, pero puestos a escoger solo uno me quedo con «Robinson Crusoe», de Daniel Dafoe. Cuando acabé de leerlo pensé: «yo quiero hacer esto». Es importante porque fue el libro con el que supe que quería ser escritora.

Una de las ediciones de Robinson Crusoe

¿Y qué son las historias sin personajes? Pues nada, claro y en el caso de Adella, como os digo, ninguno de los suyos pasa inadvertido. Todos son capaces de llegarte mediante caracteres muy variopintos y marcados, directos al corazón. Así son los personajes de Adella Brac:

Como lectora y como escritora, amo las historias de personajes un poco rotos, un poco perdidos. Cada uno de mis protagonistas tiene algo que aprender.

»Y también algo que enseñarme, por eso les tengo especial cariño a todos.

Lola me enseñó que podía escribir sin presiones, solo por el placer de hacerlo. Bellasombra que podía publicar, que había opciones más allá del sistema tradicional. Tilansia me enseñó que podía hacer de escribir una profesión. Y Keera me demostró que podía dejar a un lado el ego para crecer como escritora creando una historia a cuatro manos.


Curioso y a la vez mágico lo que los personajes pueden enseñar, no solo a los lectores, sino especialmente al propio escritor, a aquel que los creó, pero doy fe de que son capaces de darnos auténticas lecciones y eso es un plus en las novelas que escribimos y leemos.

Una vez llegados a este punto, necesitamos saber más. Ya nos ha quedado claro que no es necesario exigirse ser el número uno para hacer disfrutar a los lectores (nos exigimos el máximo, claro que sí pero sin perder de vista el suelo). Ahora bien, en esa línea, me gustaría saber cuáles son las aspiraciones literarias de Adella Brac:

Escribir cada día un poquito mejor. Y publicar al menos un libro al año.


Claro y conciso. Y en esta línea futura, planteo: Adella tiene cuatro libros publicados (me llena de orgullo y satisfacción decir que uno de ellos, escrito a cuatro manos con una servidora – SPAM: La Biblioteca de los Libros Olvidados -CIERRO SPAM), pero como una aquí ya se los ha leído todos, necesito saber qué hay por delante, cuáles son los futuros proyectos de Adella Brac:

En un futuro inmediato; lanzar una plataforma de retos de escritura y publicar un libro con 365 disparadores creativos para tener ideas para escribir cada día durante un año.

»A medio plazo, primavera de 2021, publicar nueva novela de fantasía juvenil, #proyectoCantharella.


¡Casi nada! Dientes largos. Ya lo veis, tendremos libro pronto y, por si eso fuera poco, también plataforma de retos. Y es que Adella ya nos desafía cada mes en su blog con el reto 5 Líneas. Si no lo conocéis os sugiero que os paséis a echarle un ojo porque es genial para mantener despierto el gusanillo creativo. Y es que, como os decía al principio, Adella no se limita solo a escribiir sus propias novelas, sino a fomentar la creatividad, la imaginación y la escritura en todos nosotros.

Reto 5 Líneas de Adella Bac

Dos cuestiones inamovibles e innegociales antes de ponerle punto y final a esta entrevista. No puedo hacerlo sin preguntarle a Adella por su iniciativa #DiAlgoBonitoAUnaEscritora. Esta tuvo lugar hará ya unos pocos años y la respuesta en las redes sociales (concretamente en Twitter) fue tan abrumadora que llegó a convertirse en TT nacional durante varias horas, algo con un mérito incontable si tenemos en cuenta que le despelleje ajeno suele triunfar muy mucho sobre el elogio. ¿Cómo se te ocurrió esta iniciativa?

El oficio de escritor es solitario. Pasamos demasiado tiempo a solas con nuestros fantasmas y es fácil caer en la autocrítica feroz. Me di cuenta de que muchos damos más valor a las cosas malas que nos dicen de nuestros libros que a las buenas. Creo que porque lo bueno lo damos por sentado.

»Pero los comentarios positivos de nuestros lectores son muy valiosos, energía pura. Por eso lancé esa propuesta, #DiAlgoBonitoAUnaEscritora. Mi intención era repartir algo de luz y el resultado fue deslumbrante.


¿Es o no es Adella un ser de luz? Lo es, os lo dice una que, además de conocer a la escritora, conoce también a la persona. Entusiasta, inquieta, dulce y tranquila; un lujo para el mundo literario y para la parcela personal, en mi caso, al tenerla como amiga.

Por último y en consonancia con la particular cruzada en este blog de acercarle al mundo la literatura juvenil autopublicada, ¿quién mejor que una autora que consigue cosas tan potentes con sus novelas como Adella Brac para cubrir de argumentos a esos reacios reticentes a hincarle el colmillo a una novela juvenil solo por los (injustos) prejuicios que la rodean? ¿Y si encima es autopublicada? ¡Escuchadla! (Bueno, leedla).

Es cierto que todavía hay muchos prejuicios entorno a la literatura juvenil y especialmente, con la autopublicada.

»Creo que el camino es el que ya hemos tomado muchos compañeros; invertir tiempo y dinero para publicar nuestras novelas con calidad editorial.

»Confío en que en algún momento aquellos que tienen reparos se den cuenta de que la literatura juvenil no es exclusiva para jóvenes. Y de que pueden encontrar historias maravillosas en cualquier género.


Pues ya la habéis oído. Poco más que añadir. Espero que hayáis disfrutado de esta entrevista y, sobre todo, que os haya servido para descubrir -si no la conocíais aún- a otra pedazo de escritora de fantasía juvenil, autopublicada y con todas esas etiquetas que tanto recelo generan y ante la que solo teneís que rendiros para sucumbir a su ‘pluma’.

Aquí os dejo sus redes sociales para que podáis seguirla si os apetece:

Twitter: @adellabrac

Instagram: @adellabrac

Novelas publicadas por la autora gallega Adella Brac

Adella también tiene disponibles dos libros gratuitos en Lektu, un relato de fantasía y un libro que compila los microrrelatos de los usuarios que han ido participando en su reto literario 5 Líneas con motivo de su quinto aniversario.

De igual manera cabe destacar que la novela ‘La Leyenda de Bellasombra’ está disponible en inglés.

De titiriteros y marionetas anarquistas

Time flies, que decía aquel, y de nuevo me toca pergeñar un artículo para mi casa virtual, el Redondal. En esta ocasión me tomaré la libertad de desdeñar lo audiovisual y centrarme en algo más concreto, y que tiene que ver con la segunda profesión que ostento y que es el nexo común entre todos los que formamos parte de esta web y los que venís aquí buscando lecturas o información: la escritura. Por supuesto, La Eremita, caracterizada en esta ocasión como la diosa Amentet, me dio su bendición para escribir este artículo del cual, por cierto, no tiene ni la menor idea de su contenido xD. Pero dejémosla sonreír desde su árbol al final del desierto a aquellos que se van a internar en la Casa de las Puertas, tras un fuerte y merecido abrazo, y entremos en materia.

Seré sincero. No tenía muy claro sobre qué tema escribir en esta ocasión, pero como suele suceder, Twitter vino en mi auxilio. Hace unos días hubo una polémica en dicha red sobre los personajes literarios de los escritores brújula y su tendencia a tomar el control de sus propias vidas, por así decirlo, y cambiar su destino y parte de la trama que el autor tenía planeada. Una polemista autora y reseñadora lanzó un tuit en forma de anzuelo en el que muchos picaron. Venía a decir que los autores que dicen que sus personajes están vivos sólo quieren casito, que eso es una chorrada y que el destino de los personajes lo decidimos sus autores. Como podréis suponer, los autores se armaron de picas y espadas y corrieron al asalto en contra de dicha tuitera. Lo cual acabó en decenas de bloqueos por parte de la susodicha, muy dada a silenciar a quien no se inclina ante su sapiencia, de la cual prefiero no dar el nombre para no darle publicidad y no fomentar la polémica. ¡No nos gustan las polémicas en el Redondal! 🙄

Yo nunca le llevaría la contraria a alguien que necesita a Frank de la Jungla para peinarse.

Ahora bien, ¿qué hay de cierto y qué de artificial en esa polémica? ¿Pueden los autores crear vida? Y no me refiero a dejar unos risketos durante meses bajo el teclado, sino a vida inteligente y autónoma en sus personajes. Y por último, ¿saben en Twitter lo que es una metáfora? Yo, como uno de esos autores que a menudo consulta más la brújula que su mapa hecho con tres trazos de brocha gorda, me veo capacitado para intentar responder esas preguntas.

Lo primero es acotar un poco lo que significa ser un escritor brújula. Hay definiciones para todos los gustos, pero podríamos decir que es aquel que toma una idea o premisa inicial de su historia y la desarrolla con un nulo o mínimo trabajo de planificación. Es decir, que confía en la inspiración y no tanto en la planificación para escribir su novela. En cualquiera de los dos casos, él es quien escribe la historia y quien decide hacia dónde va, solo que en el primer caso se deja llevar por la corriente y en el segundo construye presas y diques para dirigirla de una forma más consciente. Por supuesto, siempre hay excepciones o peros. Existe la psicoescritura, una suerte de escritura terapéutica que se basa en dejar fluir la pluma de forma incontrolada para que a través de los escritos afloren nuestros traumas, o la escritura automática, que ya entra un poco en el tema de lo esotérico. Por experiencia propia puedo decir que funciona, pero en mi caso lo achaco más a una forma de aflorar el subconsciente que no a que el arcángel Miguel hable a la humanidad a través de mí. Otra opción es la de consumir LSD y ponernos a escribir; probablemente no hay nada más brújula que eso 😅 .

A muchos autores nos encanta ver a nuestros personajes como entes vivos y autónomos, pero lo cierto es que sin nosotros no existirían. Son un ente simbiótico que se une a nosotros mientras dure la escritura de nuestra novela, y a menudo hasta mucho tiempo después. Nos necesitan para existir, al menos hasta que lleguen a los incautos lectores y comiencen a colonizar sus mentes. Son la expresión de nuestro subconsciente, de nuestros anhelos, traumas y de nuestro estado anímico. Y, por supuesto, en un plano más evidente, son lo que necesita la historia para llegar a buen puerto. El músculo que la mueve. Pero es un músculo que flexionamos y alimentamos nosotros, los autores.

Los escritores somos pequeños dioses que regimos sus destinos. Apuntamos un dedo, y un rayo los fulmina. Lanzamos unas flechas, y dos de ellos caen rendidos ante el amor. Cabalgamos con nuestro corcel negro junto a ellos, y les contagiamos la enfermedad y la desesperación. Si es menester, exigimos su sacrificio en lo alto de nuestro zigurat sin despeinarnos. Todo ello es tan cierto como que nuestros designios son ley en nuestros mundos. Pero… ellos también influyen en nosotros. A veces el personaje se desarrolla de tal forma que vemos una nueva posibilidad donde antes solo había certeza. Quizá ese personaje que estaba destinado a morir en el capítulo doce merezca ser salvado y ganar un protagonismo que antes no tenía. Quizá otro nos empiece a estorbar y su cabeza deba rodar al final del libro. Es la bendición y a la vez la maldición de ser brújula: es indispensable ser flexible, como un junco.

La vida es sueño… o un Reality chusco y nuestros personajes lo saben.

Decir que tus personajes deciden por sí mismos es una evidente exageración, pero no es más que una metáfora bienintencionada y comprensible si eres un escritor. Nuestra cabeza es un imperio, un mundo por derecho propio, y lo que sucede ahí dentro tiene sus propias reglas ajenas a lo externo. Los personajes son parte de esa cacofonía interna y si no están sujetos por las cadenas de la planificación, a menudo lucharán para librarse del destino a la que su dios particular quiere someterlos. Si no sujetamos con fuerza los hilos, pueden convertirse en un Pinocho punki y anarquista. En un hijo díscolo y rebelde. En revolucionarios, supervivientes y seres volubles, tal y como podemos serlo nosotros mismos. Y, recordemos: la literatura es la mentira más cierta que leeremos nunca.

Así que no, nuestros personajes no están vivos, pero sin duda son los zombis con mejor aspecto que he visto nunca.

Perdonen que no me lo calle

El pasado 25 de Septiembre falleció mi madre. Tenía alzheimer y llevaba unos 5 años cuidándola 24 horas al día 7 días a la semana con algún fin de semana libre. “Tienes que vivir” me decían. Siempre contesté: “Vivo”. Porque para mí la parte fundamental de la vida es el amor, y el amor es estar cuando te necesitan. Cuidé porque amaba, porque amo, porque la vida no es ver el Taj Majal o tomarse una caña con los amigos; eso solo es un cierto hedonismo que en algunos momentos deja de ser básico.

Ha sido duro, agotador, desesperante en muchos momentos. Para ambas. Ojalá no hubiera pasado, pero pasó, y repetiría cada minuto, hora, día, semana o año a su lado si me necesitara. Si no cuido a quien amo hasta donde me alcancen las fuerzas… ¿De verdad pensáis que hubiera vivido? ¿Habría vivido porque me pude pasear por la Gran Manzana o porque os dije que no podía ir a aquella cena y fiesta increíble que habíais montado, o a tal exposición? Eso no es Vida señores, es lo que nos han vendido los grandes almacenes o instituciones desubicadas que, las más de las veces, nos alejan de nuestra esencia. La vida se vive como viene, no se escapa de ella por estar más cómodos.

He viajado. Mucho. He salido. Mucho. He cuidado. Mucho. Y en los tres casos, he vivido. Mucho.

Debería callarme por no incomodar de más al personal. Pero no quiero. En el Redondal he dejado pedacitos de alma, y por esa razón también quiero contarlo cuando se me ha roto. Sanará, aunque quede cicatriz. Estoy en mi proceso de duelo, y por eso, dado que este blog se presupone literario o parecido, quiero compartir dos cosas: La bellísima Elegía de Miguel Hernández cantada por Serrat, y otra canción, en este caso de un poeta de Úbeda más famoso por cantante que por poeta, aunque es más poeta que cantante, Don Joaquín Sabina, que canta exactamente cómo me siento en estos momentos.

Va por tí y por mí mamá. Que duermas bien. Te amo hasta mi muerte. Ahora pasearé por La Gran Manzana cuando el COVID me deje, iré a cenas, bautizos, bodas y comuniones… pero no cambiaré un solo minuto en que dejé de hacerlo por pasarlo contigo.

Elegía a Ramón Sijé – Miguel Hernández cantado por Serrat
Así estoy yo sin tí – Sabina