Una auténtica navidad – Angela bennet

Mirad chicos, no soy buena reseñando romántica, asumiendo que se me de bien hacerlo con algún otro género… pero tenía que traeros esta novelita por varias razones:

1.- Porque ha sido capaz de enternecer mi corazón de Grinch.

2.- Porque está muy, pero que muy bien escrita.

3.- Porque es como ver una teleserie navideña de Hallmark, de esas que no eliges, pero cuando te encuentras con ellas en la pantalla por casualidad sigues viéndola porque, en tiempos de cinismo y maldad es como salir al balcón y respirar un poco de aire limpio tras estar mucho tiempo en una habitación cargada. Te devuelve al corazón ingenuo de la infancia, a cuando creías en el género humano.

4.- Porque pasa en uno de esos pueblos yanquis entre montañas que parecen vivir en una eterna navidad, donde, aunque sea en los libros, no se ha olvidado el espíritu de comunidad.

5.- Porque la historia de amor es bonita sin excesos, lógica y creíble. Y no es tóxica (¡oh, milagroooo navideño!)

6.- Porque hay una niña encantadora nada repelente.

7.- Porque tiene magia navideña de la que puedes creerte.

8.- Porque hay una casa victoriana que se cae a trozos pero ah… promete y a mi me encantan las novelas que hablan de construir o reparar algo bonito.

9.- Porque a este guiso literario no le falta ni le sobra azúcar. Está en su punto.

Y qué demonios, porque es Navidad y me ha gustado. Gracias Kate, Lucy, Chris, y a ti Angela por crearlos.

Lamento la imagen chapucera, pero se adecua al estado que me ha provocado la novela. No me regañes mucho Rebeca, no quería darte trabajo de más.

Kate y su hija Lucy acaban de llegar a Telluride, un pueblo situado en las montañas de Colorado, en busca de un nuevo comienzo.

Chris, bombero de profesión, vive centrado en su trabajo y volcado en su pueblo. Arrastra un pasado doloroso y no busca tener una relación.

Sus caminos se cruzan, lo que surge entre ambos es inesperado y cambiará sus vidas.

Un pueblo encantador, un entorno idílico y una casa que supondrá un gran reto.

¿Conseguirán Kate y Chris superar sus miedos? ¿Podrán Kate y Lucy tener al fin una auténtica Navidad?

Sinopsis de Amazon

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Tres Centímetros

TRES CENTÍMETROS

A mi tío Vicen, que en paz descanse.

Gracias por enseñarme que los ángeles no tienen por qué tener alas ni ser perfectos.

Los ángeles solo aman…

Tres centímetros. Nunca un número había marcado tanto su vida. Había nacido un tres, del tercer mes, de un año acabado en tres. Esa misma cifra había pasado fugaz entre sus manos en varias ocasiones como si el destino lo hubiera marcado con un número en lugar de un nombre.

Se frotó las manos para entrar en calor, aunque la lluvia seguía calándole hasta los huesos. Miró hacia abajo y contempló sus pies desnudos bajo el aguacero. ¿En qué momento había perdido los zapatos? Iba a enfermar. Se rio.

La barba de varios días se había convertido en un confortable abrigo para las bajas temperaturas y el revuelto cabello también, aunque el peso del agua lo hubiera pegado a su rostro y gotas desperdigadas le resbalaran por la piel.

Lloraba, pero las lágrimas se confundían con la lluvia y dotaban a sus ojos claros de un brillo sobrenatural. Nunca le había gustado expresar demasiado sus emociones, como si pudieran herir esa secreta fragilidad interior, que intentaba disimular para el resto del mundo. Una coraza para que nadie lo viera jamás dudar, vulnerable, expuesto. Sin embargo, ahora que esos tres centímetros marcaban a fuego su vida, no le quedaba más opción que reírse de todas sus costumbres, porque ocultarse a uno mismo no dejaba de ser un ritual. Abrirse no era sencillo cuando se había pasado la vida huyendo de todo lo que dolía, ajeno a las entrañas que devoraban a los demás en silencio. Nunca se preguntaba si los demás sufrían, a pesar de que él mismo escondía sus emociones hasta un punto enfermizo. Y ahora todo se desbordaba como el caudal de un río seco anegado por el torrente. ¿Y ahora qué?

La noche había caído hacía un par de horas, pero ni siquiera se había fijado en ello. Su reflejo en un escaparte de juguetes le recordó la hora que era. No se inmutó. Nadie lo esperaba allí fuera, ni dentro de ningún hogar. Se había encargado bien de que sus relaciones fueran cortas y superficiales, sin llegar a la raíz donde se forjan las amistades y el amor. No tenía a nadie ni ningún hombro sobre el que llorar.

La Navidad estaba a la vuelta de la esquina y las tiendas resplandecían de luces y música. Se preguntó por qué no lucían tan atrayentes el resto del año. Quizás había alguna magia extraña que impelía a los comercios a derrochar fantasía solo en aquella época, dejando para otros momentos la monotonía y el gris deslucido del pavimento.

Lo odiaba todo. Odiaba las luces, las canciones navideñas, las risas… Y había descubierto que la felicidad le causaba pavor. Siempre huyendo de todo lo que merecía la pena, como si esa vieja y aprendida carrera de fondo fuera una meta alternativa que solo él conocía. Porque en realidad, nunca había querido ser feliz, le aterraba serlo y despertar una mañana y darse cuenta de que lo había perdido todo.

La traidora memoria le recordó el único tesoro que guardaba muy adentro, lo único que había conseguido penetrar en el muro infranqueable de su coraza y latía al son de su guerrero corazón. La imagen de sus padres decorando un viejo y destartalado abeto, sus sonrisas, los dulces, los villancicos, los abrazos, los besos… sus recuerdos siempre se interrumpían en la parte dolorosa, eran el límite para no escarbar más adentro de donde puede que no existiera forma de regresar. Como si el dique de contención se rompiera y todo lo que él creía ser fuera arrastrado por una marea negra y espesa.

Gritó, pero el ímpetu de la música navideña era tan potente que nadie lo escuchó. La risa de los niños era un poder superior que enmascaraba toda tristeza. Se dio media vuelta, intentando alejarse de aquella parte recargada de la ciudad, necesitaba escapar y recuperar el anhelado silencio. Echó a correr y topó de bruces con una mujer.

La joven rubia posó su mirada de asombro en su rostro mientras lo cubría con su propio paraguas, después observó sus pies desnudos y comprendió que algo no estaba bien en él. Sin embargo, no le preguntó nada. Cogió su mano y él la miró sorprendido a su vez. La desconocida la colocó en el mango del paraguas, regalándoselo. Le guiñó un ojo, se echó la capucha del abrigo sobre la cabeza y desapareció corriendo bajo la lluvia.

Vincent se quedó muy quieto, temblando. Después de todas aquellas horas desafiando al destino y a la muerte, una sola persona había conseguido que volviera a sentir frío y miedo, fragilidad. Era un tirano de los sentimientos y aquel paraguas había sido el arma definitiva para arrancarle el corazón sangrante.

Caminó, ahora sin mojarse el torso, con el lindo paraguas rosa creando coloridas formas sobre su cabello húmedo. Había dejado de importarle lo que pensaran de él. Tres centímetros, eso era todo lo que importaba ahora.

Consiguió escapar de la calle principal y las farolas titilaron para que supiera que lo habían visto. Todo estaba plagado de mensajes divinos a los que nunca prestaba atención. Todas las almas elegían a sus padres al nacer y él siempre lo había tenido claro. Se había enfrentado a todos por ellos y había escogido a aquella pareja no por casualidad, eran increíbles. Aunque los había perdido con suma facilidad. La vida le había enseñado aquella primera lección dolorosa: todo lo bueno es efímero.

Era curioso como los demás no podían recordar la razón por la que eligieron sus cuerpos, ignorando las razones que los habían llevado a soñar con vivir. Porque esto era a lo que aspiraban todas las cúspides celestiales y los coros de ángeles, a poder llegar a sentirse vivos.

Él recordaba cada palmo de su existencia y los motivos que lo habían llevado a querer gastar su única vida en la Tierra. Sin embargo, la realidad era muy distinta a lo soñado. Sentir era tan maravilloso como cruel y doloroso.

Lentamente, había deseado no haber nacido, haber podido retractarse de su deseo y seguir siendo un ángel cualquiera. La vida era para una clase de valientes a los que no podría nunca más que elogiar. Todo le había salido al revés y se había vuelto introvertido y oscuro, banal y oculto para el mundo con el que un día se había atrevido a soñar.

Un gato negro se paró enfrente y Vincent dio un respingo al escuchar una voz muy poco felina.

—Tienes que volver.

—¡De ningún modo! —exclamó el hombre malhumorado.

—No has aprovechado tu vida como prometiste.

—¿Por qué no? ¿De qué hablas?

—Miedo. Te has vuelto un cobarde que vive escudado en el miedo a sentir nada.

—Conozco mayores traiciones al Cielo.

—No hay mayor traición que mentirse a uno mismo.

—Yo…

—Lo quisiste todo y comprendiste que la vida dolía, muchos aprenden la lección como tú, pero no creas que todos son tan necios como para no valorar el regalo que se les ha dado. Has fracasado, Astart.

—¡No me llames así!

—El hijo pródigo vuelve a casa —canturreó el gato alejándose de él en otra dirección.

Vincent maldijo en silencio. Toda la eternidad esperando y después de todo el sufrimiento, su futuro lo decidirían tres centímetros. Los mismos que iban creciendo en el interior de su pulmón izquierdo, bajo el corazón, como si la vida y la muerte se engendraran siempre en lo profundo e interior del ser humano. Como si en las entrañas estuviera el origen y el fin de la vida y a él le tocara aquella clase de suerte siniestra.

Se volteó rápidamente y localizó al gato escabulléndose calle abajo, plegó el paraguas y apuntó en su dirección. Una ráfaga de luz cruzó la distancia que los separaba y alcanzó al felino justo en la cola. Maulló contrariado y salió huyendo echando humo. Pero, ¿era el paraguas un arma divina?

Lo observó con detenimiento y recordó quién se lo había regalado. Levantó la vista al frente, sobrecogido por un presentimiento siniestro y ahí la encontró.

La joven rubia ladeó la cabeza para inspeccionarlo, luego una sonrisa afloró a sus labios. No se había fijado la primera vez, pero tenía una expresión rígida en su rostro, imposible de modificar. Era una de ellos, una elfa. A diferencia de los ángeles, los elfos no tenían que reencarnarse para sentir como humanos, eran almas errantes atraídas por la luz. Los Ancestros contaban que aquellos míticos seres solo se presentaban en vísperas de la Navidad. Que llegaban a la Tierra para traer luz en mitad del invierno, guiar a los extraviados y luchar contra la oscuridad. Era hermosa. La forma nunca había sido un obstáculo para las misiones del Cielo y él parecía un caso perdido.

—¿Qué queréis de mí? —bramó Vincent consternado. Era consciente de que su tiempo se acababa.

—¿Recuerdas por qué quisiste vivir? —demandó la elfa que ahora sujetaba un báculo dorado sobre sus manos.

—Sí, claro. Quería, quería sentir.

—¿Y qué más?

—Y ser amado. —La contundencia de sus propias palabras le heló la sangre. Después de sus padres, ¿lo había amado alguien más? La coraza se le cayó a los pies y gimió herido. Había fracasado en su cometido terrenal y ahora ya era demasiado tiempo para volver atrás. Tantos años perdidos fingiendo que era feliz, tantas horas desperdiciadas pensando que vivir solo consistía en respirar.

Se miró los mismos pies desnudos y manchados de barro. La lluvia había amainado y se sintió perdido sin la cortina de agua, ahora sus lágrimas dibujarían surcos sobre su piel, como viejos tatuajes visibles para todos.

Tres centímetros…

—No todo está perdido, Vincent.

—¿Por qué estás aquí?

—Para que cumplas tus sueños.

—No era esta la vida que yo quería.

—La vida es neutra, nosotros le damos valor. Perder a los que amas duele, pero mucho peor es no haberlos tenido jamás. Amar es un avenida de dos sentidos, amas y te aman, incluso cuando ya no están. ¿Por qué escondes el dolor?

Vincent sintió sus mejillas húmedas y tembló. Siempre se había sentido seguro de sí mismo, fuerte, capaz de afrontar cualquier cosa y ahora se hallaba frente a una elfa de la Navidad, abriéndole su corazón a una extraña.

—¿Podré recuperar el tiempo perdido?

—Oh, Vincent, tú sabes que el tiempo solo discurre en una dirección. Lo pasado, pasado está. Solo importa lo que sientes ahora, eso es lo que te da valor. Solo importa este momento, este instante. ¿Sientes cómo te desborda la emoción?

El hombre se colocó la mano sobre el pecho y sintió el corazón latirle con fuerza, era un dragón que llameaba en sus entrañas, esas que ya estaban dañadas de tanto aguantar la marea. El amor era un sentimiento tan fuerte que lo creaba y destruía todo a su paso, un huracán.

Se quedó plantado con la palma de la mano regocijándose del alborotado interior. Amar dolía y era tan agradable como volar. Un solo minuto de una vida plena no podía compararse a toda una vida vacía.

La elfa alargó la mano y Vincent la tomó lentamente. El báculo dorado se agitó y el hombre volvió a volar por el cielo, el viento secando sus cabellos, la etérea sensación de ingravidez, la luna coronando el firmamento y la falsa convicción de que todo había sido un sueño.

Un golpe contra el suelo le recordó quién era. ¿Cómo había llegado allí? Se sentía sucio y destemplado. Tiritando de frío se levantó aturdido y se llevó la mano al pecho, el corazón le latía muy deprisa y le gustaba aquella sensación. Un recuerdo surgió en su mente y lo estrujó para darse el valor que le faltaba a veces, era un guerrero, iba a luchar hasta el final. El tres siempre había sido su número de la suerte…

Imagen de Susan Cipriano en Pixabay

©Diana Buitrago

TRILOGÍA SEXTO INFIERNO – AMAYA FELICES

Vosotros, gentes del Redondal, que no tenéis memoria de pez como una servidora, recordaréis que hace nada os hablaba de sagas de seres sobrenaturales detectives, cazarrecompensas, etc… ligeritas de leer, de esas para no pensar, y me comprometía a traeros unas cuantas.

Pues da la casualidad de que he descubierto una nueva, leída de una sentada, y me lo he pasado cual niña viendo una Cabalgata de Reyes, ya que estamos en la época. Esta vez se trata de Violeta, o Klinyt´Atz traducido a “demoniano”, una semisúcubo rubia platino, nieta del Rey del Sexto Infierno, que dice no ser tonta y, muy pero que muy bestia. En eso estamos de acuerdo.

Lo de que no es una rubia tonta… puede que no del todo, pero esa tendencia suya a meterse en cualquier berenjenal que se le cruce, aun sabiendo que no saldrá muy bien parada, o la tendencia a vivir al son de sus amantes pues… hace que lo dudemos un poquito. Aun así es una chica dura e implacable, con buen sentido del humor, tozuda como ella sola, y que no dice no a una buena pelea, así es que se lo perdonamos.

La trilogía se llama Sexto Infierno y nos la trae Amaya Felices, una profesora e ingeniero madre de dos niños que encontró su voz y su forma de expresarse ante los avatares de la vida mediante la escritura.

Se trata de fantasía urbana pura y dura, con toques juveniles, pero de esos con los que los adultos comulgamos sin demasiado problema. De lectura fácil y ligera, Amaya nos lleva de la mano de Violeta, a conocer a los seres sobrenaturales que conviven con nosotros en las sombras; vampiros, licántropos, brujas negras y demonios. Y cuando unos alquimistas ambiciosos amenazan con salir del anonimato y llevar al mundo al Armagedón mediante seres mutados en un laboratorio, los sobrenaturales han de tomar partido y prepararse para librar la madre de todas las batallas.

Pensé que encontraría mucho de romance paranormal, pero aunque subyace en el eje de la trama y está muy presente en las acciones de la protagonista, tiene mucho más de combate, aventura y acción trepidante que de amor y sexo, pese a que nos movamos entre bellísimos íncubos y súcubos.

Si bien los mundos de la novela no son complejos, me ha sorprendido para muy bien la estructura de las sociedades de seres sobrenaturales que crea la autora, particularmente la de las brujas y hechiceras, con jerarquías y costumbres brillantemente descritas.

Para no perderse el segundo libro, donde nuestra protagonista infernal debe robar un objeto sagrado en El Vaticano. He disfrutado especialmente ese tomo en el que se nos describen las defensas antidemonios de la Ciudad de San Pedro, y las órdenes ultrasecretas que lo protegen (Me acordé mucho de la serie “La Monja Guerrera” y me encantó)

Si queréis echar un par de tardes con esta trilogía, pasaréis muy buenos ratos. Yo repetiré con la autora, ya que he visto que es bastante prolija.

La imagen base de esta entrada es de Enrique Meseguer en Pixabay

Súcubo, transgresora, letal.

Nacida para ser perfecta, con un cuerpo capaz de hacer que cualquiera entregue su alma a cambio de poseerlo. Criada sin más alegrías que sus clases de lucha. Creyéndose maldita por un corazón cuyo dolor no entiende. Alimentada a través de la carne. Diseñada para ser el segundo ser más poderoso del mundo aunque ella misma piense que su vida no vale nada.
Pero cuando se acerca la noche de su quincuagésimo quinto cumpleaños, la mayoría de edad para los suyos, descubre una antigua venganza que debe completar. Se da cuenta de que es un peón importante en una guerra que lleva siglos fraguándose y duda de lo que siempre ha creído ser.
Cazarrecompensas, de madre asesinada y padre ejecutado, sarcástica y transgresora, protegida del único vampiro al que no desea estacar con sus tacones… por sus venas corre la sangre demoníaca más seductora y peligrosa. Así como el potencial para acceder al poder del pozo de todas las almas.

Link : El Pozo de todas las almas

La guerra ha llegado. Violeta es ahora uno de los generales de los ejércitos demoníacos del sexto infierno y, como tal, debe conquistar el primer plano. Sin embargo su amiga Marta, la bruja moon-wolf, la necesita para recuperar un antiguo grimorio de su clan, uno que sobrevivió a la Inquisición. El problema es que el libro está guardado nada menos que en la sede del poder de la Iglesia: el Vaticano.
Con el vampiro Casio hecho prisionero y Lucas embarcado en una misión secreta, el único que puede ayudar a Violeta es uno de los guardias personales íncubos de su abuelo.

Más acción, más magia, más sangre. El grimorio de la luna llena es el segundo libro de la saga Sexto infierno.

Link : El Grimorio de la Luna Llena

El fin del mundo está a punto de llegar.
El padre Bruno tiene que pasar las pruebas de un arcángel si quiere ser digno de impedirlo. Las brujas snake están intentando despertar una magia antigua y prohibida. Marta desafía a su matrona por el mando de la casa de la luna llena y tiene una visión de una mujer y un niño pequeño a los que debe ayudar. Arianhrod observa los posibles futuros y se da cuenta de que algo muy malo está acercándose.
El fin del mundo.
El día del juicio final.
El despertar de los antiguos dioses.
Sin embargo, tan solo un cura cristiano y un puñado de brujas y demonios estarán allí para impedirlo.
Sigue la acción, la magia y la sangre. El día del juicio final es el tercer libro de la saga Sexto infierno.

Link: El día del Juicio Final

UNA DE DETECTIVES SOBRENATURALES – VARIOS AUTORES

¿Habéis pasado por una de esas etapas en las que vuestra cabeza no asimila lectura seria ninguna, y aún así os apetece leer? Yo suelo tener varias al año, y a lo largo de mi vida las he ido solventando con maratones de series, que no está mal, o novelitas pseudovictorianas de corte rosa, con la esperanza de encontrar a la reencarnación de Jane Austen en el siglo XXl, que me dejaban rebozada en almíbar cual pastelito borracho, con ganas enormes de darle a mi cerebro café amargo en dosis insanas, y la piel tan peguntosa que me convertía durante meses en una hater y hasta troll del amor… no fuera que se me acercaran y se me quedaran adheridos cual pegatina de Hello Kitty, con lo caros que están los divorcios por muy express que sean. Que no era para mí vaya.

(Y ya que estamos, consejo no solicitado del día : queridas mías, queridos míos, ya habéis oído lo que destiñen los príncipes azules y las princesas rosas. Buscad mejor un/a buen/a plebeyo/a que ya vienen desteñidos de serie y hay pocas sorpresas desagradables en la colada. Y para Reinas nosotras/os. Funciona, creedme. Os lo dice Mamá Eremita que sabe más por vieja que por diabla, que también)

Y entonces, cuando me estaba planteando seriamente no leer y sentarme a ver spaghetti westerns de sobremesa con mi padre o mi chico, por aquello de que me suele gustar más una bala que una flecha al corazón, qué le voy a hacer, cayó en mis manos el primer libro de la Saga Los Hollows protagonizada por la bruja Rachel Morgan.

¡Ostras! Monísima protagonista femenina – todas y todos están muy buenos en este género, porque oye, ya puestos, no está tan mal que les doten de un arma más que les acarree tantos problemas como ayudas en los que ya tienen – bruja, patosa y especialista en meterse en líos de los que se resuelven a leches de las buenas. Con tramas sorprendentes dignas de la mejor novela de detectives, pero en fantasía. Secundarios adorables como el pixie Jenks, la vampira Yvy, y protas masculinos, objetivo amoroso de Rachel, que van desde vampiros hasta elfos, con más sangre y pimienta que azúcar y flores, y más golpes que besos.

Y así descubrí este género ligero y entretenido, englobado por lo general en Fantasía Urbana, protagonizado por seres de toda índole paranormal, cazarrecompensas, detectives, o involuntariamente arrastrados a arreglar situaciones que escapan al alcance humano o apocalípticas, con muchas dosis de humor, violencia y hasta romance del bueno. Para pasar amenísimos ratos sin más, y a veces, hasta para aprender más sobre ellos. Ya quisieran muchos libros “serios” estar a la altura de este fantástico entretenimiento.

Entre nuestros mágicos detectives encontraréis brujas y brujos, vampiros, lobos, súcubos e íncubos, otros demonios no identificados, druidas… todo lo que podáis desear rebuscando un poquito. Os dejo mis favoritas, además de la ya mencionada:

Crónicas del Druida de Hierro de Kevin Hearne: Atticus O´Sullivan es un druida de tropecientosmil años que tiene una librería en Arizona nada menos. Comienza sus andanzas impulsado, o más bien chantajeado por la Morrigan, de la mitología irlandesa y los Thuata De Danáan o Hadas. Trepidante, con un sentido del humor excelso y con una visión muy iconoclasta de la mitología celta.

Anita Blake de Laurell K. Hamilton: El don de Anita es levantar muertos. En este caso va de vampiros y zombies. Son más conocidos los comics, aunque los libros no tienen desperdicio alguno.

Harry Dresden de Jim Butcher: En ésta el prota es un mago. Si conocéis la serie de TV The Dresden Files, poco más puedo añadir. Solo que vale la pena.

Con tiempo os iré hablando de cada saga por separado. Si buceáis un poquito en El Redondal podéis ver alguna muestra. Hoy sólo os traigo un aperitivo ligerito pero intenso como este tipo de lecturas.

Inconveniente: por alguna razón sólo unas pocas están en español o catalogadas en editoriales, con lo cual en este caso sí estaría justificado buscar donde se suelen buscar estas cosas (pero solo en estos casos por favor, que rascarse el bolsillo con los que nos dejan su alma en el papel bien vale unos euritos, no me seáis piratas)

No salgáis sin guantes y bufanda que hace un frío que pela (Hasta con gorro. He descubierto que me encantan gorros y boinas. Y que tapándose la cabeza se tiene menos frío. Estoy por ir por cada con los caperuzos esos de borla, júrolo)

(Imagen de Rebeca Egea @Bekiesser para el Redondal)

Hablamos de literatura juvenil con francisco rosell del río

Encaramos ya las fiestas navideñas y me parece una ocasión propicia para acercaros un poquito más al autor que os traigo: Francisco Rosell Del Río. Algunos lo conoceréis y otros, seguramente no. ¿Y qué tiene que ver Francisco con la Navidad? Pues con la Navidad en sí, poco, pero en una época que, tradicionalmente se asocia con la generosidad, los regalos y una serie de valores altruistas, tener aquí a Francisco es lo más parecido. Porque, además de escribir sus propias historias, es alguien que se vuelca en la ayuda a otros autores. Desde su cuenta de Instagram nos habla de manera asidua de otras novelas, de otros autores, nos hace sus recomendaciones y está siempre dispuesto a ayudar a muchos autopublicados y autores de todo tipo. Pocos más entregados que él en este mundillo que, a veces, aparenta un compañerismo lejos de la realidad.

Como siempre, toca pedirle presentación al autor. ¿Quién mejor que uno mismo para definirse? Así pues: ¿Quién es Francisco Rosell Del Río?

Un loco. También un soñador y alguien que no sabe darse por vencido, uno de esos extraños personajes que prefieren vivir en la esperanza y narrar historias que permitan a los demás vivir en ellas. 

Lo digo siempre: bendita locura. Parece que hay que adolecer un poco de ella para lanzarse a este mundillo de la escritura y traernos historias a los demás. Y bendita, también, esa osadía, esa lucha por los sueños de las que habla Francisco y su voluntad por regalarnos mundos e historias en los que disfrutar. (Servidora lo ha hecho ya en su novela y he de deciros que no tiene desperdicio). De esta, precisamente, vamos a hablar, de la que, hasta el momento, es su única novela publicada.

Queremos saber de qué está hecha, cuáles son los ingredientes, qué encontraremos ene ella?; en definitiva, ¿qué contiene un libro ‘made in Francisco’?

FANTASÍA. Así, con mayúsculas. Yo, no solo soy un gran fan de la literatura fantástica en todos sus repertorios, también es que me encanta crear mundos, romper con los imposibles y responder a las preguntas de ¿Y sí…? Creando con ello algo que sorprenda; así que la magia, lo irracional y sobre todo los sueños que todos tenemos desde nuestra infancia, cuando empiezan a narrarnos cuentos de hadas, están siempre en mis historias. 

También, para que negarlo, hay amoríos. Soy de los que piensa que un buen romance puede ser la guinda del pastel de toda historia. Que le voy a hacer, soy un romántico.

Comefreak (pixabay).

Francisco es de los míos. Y desde luego, los elementos que compondrían cualquiera de sus libros son un reclamo más que considerable. No me perdería un libro con todo eso y estoy segura de que muchos de vosotros, tampoco.

Ahora, como buenos escritores, antes del nudo y el desenlace, vamos a la introducción, los orígenes, los albores, los inicios: ¿Cómo empezaste en el mundo de la literatura? Háblanos del momento en el que decidiste dar el paso y publicar.

Lo creas o no, por la insistencia de un compañero escritor. Yo llevo escribiendo desde hace mucho tiempo, pero lo hacía por diversión, muchas veces simplemente para regalar historias a mis amigos, o como forma de desestresarme. Un día, mi amigo Valentín, me dijo que por qué no me animaba a publicar. Yo no estaba muy decidido, no conocía nada del mundo de la publicación y demás, pero al final él terminó por convencerme y aquí estoy, preparando la publicación de mi segundo libro.


¡Sí, señor! Le debemos una buena a Valentín. Como dices, estás preparando -me consta- la publicación de tu segunda novela, la que seguirá a ‘La Ciudad Cambiante’, con la que te presentas ante el público. Ahora que ya sabemos qué caracteriza a un libro tuyo, ¿nos desgranas un poco más acerca de esta primera novela?

La Ciudad Cambiante es un sueño, una historia que tenía en la cabeza desde hacía muchísimo tiempo y tenía que contar. 

En ella nos encontramos con Alicia, su protagonista. Una adolescente soñadora que simplemente vive la vida que le ha tocado, sin preocuparse por nada más, al menos hasta una fatídica noche, donde todo su mundo cambiará. Será atacada por criaturas que parecen salidas de las historias de terror y entonces, conocerá a un misterioso chico que le enseñará que la magia es real, que los cuentos de hadas no son invenciones y sobre todo, que no existen los imposibles. 


Una novela que se lee con rapidez, que va de menos a más y que nos atrapa en un mundo con un sistema de magia muy bien definido y trabajado. Recomendada, palabrita. Y para los que ya hemos tenido la suerte de adentrarnos en el mundo de Alicia y sin desvelar nada a aquellos que aún no lo han hecho, ¿qué nos cuentas de la novela en la que trabajas actualmente? ¿Qué habrá de nuevo en esta segunda parte?

Que tendrá un toque algo más adulto que la primera parte y muchísima más acción. Todo los personajes están ya en el tablero y ahora veremos hasta dónde pueden llegar y qué destino aguarda al mundo.


Intrigada me dejas. La verdad es que no se me ocurre por dónde pueden ir ahora los tiros. En todo caso tocará esperar. Hemos hablado ya de los elementos que caracterizan tus novelas. Centrémonos en lo personajes. ¿Cómo te gusta que sean aquellos que nos guiarán a través de las aventuras y desventuras de tus páginas?

Los grises. Detesto a los personajes planos. Eso malos que lo son sin explicación alguna, o los héroes que todo lo pueden por que sí, me aburren sobremanera. Los personajes que se mueven en el punto intermedio, que tienen un gran trasfondo y un objetivo, esos son los que me encantan.

Luces y sombras. Ciertamente son los más creíbles y los más ‘humanos’, personajes imperfectos con sus virtudes, defectos y motivaciones, que ya dicen que los extremos no son buenos.


Una de mis partes favoritas de la entrevista. Fragmentos, fragmentos, fragmentos. Me encanta que sea el autor el que nos hable de su obra ¿quién si no iba a ser? Pero cuando es el propio libro el que, de alguna manera abre sus páginas y comienza a hablar, exponiéndonos sus argumentos para que apostemos por él, es sencillamente maravilloso. En este caso, Francsico nos regala dos extractos des u novela (si cuando digo que es todo generosidad…). Vamos con ellos:

“La Ciudad Cambiante no está en ninguna parte. Está situada entre el tic y el tac de los relojes, en el espacio en blanco que hay entre las páginas de los libros, dentro del mundo real. Pero a la vez tan alejado de este que es imposible que ambos se toquen.”


“No terminó la frase. Se giró hacia mí y se quedó blanco. Vi miedo en la expresión de su rostro, estaba asustado. No sé qué fue lo que vio exactamente cuando me miró, yo solo podía sonreír. Él estaba vivo. Le había salvado la vida. Los ojos se me nublaban, los párpados me pesaban. Apenas podía ver. Intenté levantar la mano. Quería tocarle.–Estás a salvo –fue lo último que dije antes de perder el conocimiento.”

Una vez que hemos profundizado en la obra de Francisco, me gustaría saber por qué ha apostado él por la autopublicación:

Por la libertad. No dispongo de mucho tiempo libre al día y la autopublicación me da la libertad de controlarlo todo sobre mi obra, de poder decidir qué hacer en cada momento y qué me parece lo mejor para ella y eso me encanta.


Otro autor que nos confirma lo que ya deberíamos empezar a naturalizar: que la autopublicación es una opción más, un camino, como lo es la edición tradicional o la coedición para llegar a los lectores y, ciertamente, ofrece una libertad total que hace fácil entender su elección una vez que el autor ha sopesado pros y contras.

Mohamed Hassan – (Pixabay).

Y para poner el punto y final a la entrevista, me gustaría que Francisco diera algún consejillo a las personas que estén empezando en este mundo que no es sencillo, que se plantean la posibilidad de escribir o que dudan ante el paso de la publicación.

Que ignoren lo que les digan los demás, sobre todo si lo que les dicen es malo o no encaja con ellos. Muchos dirán que es un sueño imposible, o incluso una perdida de tiempo, que escribir no da para comer o yo que sé, mil idioteces del estilo. Que todas esas cosas no sirvan para desanimarlos, que busquen su propio camino y lo sigan, por que al final son ellos quienes tiene que hacer frente a todo y si se esfuerzan, sin duda lo conseguirán. Además, después de esto, les diría que se dejen llevar por sus historias, ya que estas a menudo nos dicen más a nosotros de lo que nosotros podemos decirles a ellas.


Pues ya lo sabéis, pocos consejos mejores que los que sugiere Francisco. Y en lo que a mí respecta, solo me queda darle las gracias por el tiempo concedido y por su amabilidad y , de paso, dejaros el enlace a su novela, así como a sus redes sociales para que, si os apetece, podáis seguirlo. ‘La Ciudad Cambiante’ es un fantástico regalo para estas navidades, ya lo sabéis, así que… ¡felices fiestas y cautela!

Enlace a la novela

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LAS RUNAS DEL ALMA II: SANGRE DE REYES – ELIAS SAAVEDRA

Aunque es duro dejar atrás a los nuestros, al fin y al cabo ellos son por los que luchamos, en el fondo necesitábamos volver a sentir el fuego de la aventura recorriendo nuestras venas. Cualquiera que no comprenda el sentir de un verdadero guerrero, diría que estamos ansiosos por hallar la muerte.

Saavedra, Elías. Las Runas del Alma II: Sangre de reyes (Spanish Edition) (p. 563). Edición de Kindle.

Saludos, gentes del Redondal. Andábamos Rubén y yo enfrascados en uno de nuestros múltiples debates, de esos que empiezan con “tú eres un…” y acaban con  “y tú más”, pero de buen rollito, de forma algo más ingeniosa o eso espero.

Esta vez discutíamos quién reseñaría el segundo gran texto del insigne Eliam de Savaaz, conocido fuera de las fronteras de Maurania y Atalantia como Elías Saavedra,  continuación de la Saga de Las Runas del Alma, esta vez titulado Sangre de Reyes:

Venga, cuelg… digo hazla túuuu
No tonta, cuelg.. digo hazla túuu
Que no, que túuuu

Aquí ya Rebeca e Inda empiezan a mirarnos un poco mal. Y Rubén, que es algo así como el Mcgyver  arreglabucles infinitos, me dice:

  • Oye, ¿y por qué no la hacemos entre los dos?

Glubs (Onomatopeya de tragar con dificultad y pensar ¡ay Dios!) Escribir con un maestro de la Alta Fantasía hispana sobre otro. Escritor y aficionada.  En fin, ¿quién dijo miedo? Y aquí va la inconsciente que quedará a la altura del betún pero oigan, una hará lo que pueda.

Han pasado unos diez años desde que Jeth Farga y los chicos de la Arena de Rucan acabaron con la amenaza de Ebon, poseedor del Orbe Dominum, y los diablos grises. Se han asentado, algunos se han casado y hasta han tenido hijos. No os diré quiénes. Tan solo que dos de ellos, los pequeños Sanara y Ralus, de nueve años, junto con Servin Kalmar, son los grandes y entrañables protagonistas de esta segunda entrega. Ya se vislumbra su rol trascendente en la saga, puesto que como todo héroe que se precie, emprenden en Sangre de Reyes su pequeño gran viaje iniciático acompañados de Servin Kalmar. Y aquí cedo la pluma a Don Rubén H. Ernand, que espero me deje retomarla un poco más adelante.

Y yo tomo el relevo, en forma de pluma estilográfica metafórica, y continúo donde lo ha dejado La Eremita. Pero antes, dejadme que esboce una media sonrisa, de esas incrédulas y sardónicas, al escuchar cómo La Eremita me llama “Maestro de la Alta Fantasía Hispana”. Haré que impriman un montón de tarjetas con mi nombre y ese cargo debajo y las quemaré todas en una pira por la profunda vergüenza que sentiré al verlas 😂. Pero ¿dónde nos habíamos quedado? Ah, sí, junto a Servin, Ralus y Sanara. Tres grandes personajes, con sus más y sus menos, pero que acaban por robarte el corazón porque son, sin duda, los más sólidos, honestos y entrañables de todo el libro. Un trío genial y que acaba por volverse inseparable, aunque sólo el tiempo dirá si es así. Pero no son los únicos, desde luego, y los viejos protagonistas de El legado de los safir tienen su lugar y su cuota de páginas.

Desgranado ya el argumento del libro, ¿qué aporta este nuevo libro sobre el primero? En la entrevista que le hice hace algo más de un mes a su autor, Elías Saavedra (gran escritor y mejor comensal, como ya sabréis los que la habéis leído), le comenté que había notado una evidente mejora en su estilo, que ya era bueno en su primer libro. Y es así. Se percibe una nueva madurez en su forma de escribir y en el tratamiento de la historia. Y no es que Elías escatime en momentos divertidos, chascarrillos y en usar a algunos personajes para proporcionar ese alivio cómico tan de agradecer en obras que, por lo demás, cuentan una historia épica o dramática. Los niños, el mago Julius, el propio Servin o los piratas nos dan momentos de distensión que son de agradecer y que el autor sabe usar a la perfección. En pocas palabras, Elías es un cachondo y tiene un gran sentido del humor, por suerte para nosotros, sus lectores. Pero la historia, sin duda, es más oscura que la de El legado de los safir, el comienzo del libro ya lo deja claro, y eso es así no tanto por el qué ocurre sino por el cómo.

Imagen del afamado herrero Ernand trabajando en su forja. Sin duda, el mejor personaje del libro 😎 .

Más allá del tono, el estilo también ha madurado. Sigue siendo como a mí me gusta: ágil, con las descripciones justas y necesarias, entrando en la mente de los personajes cuando debe hacerlo y, en definitiva, con un buen equilibrio entre diálogo, acción y descripción. A ello contribuye una edición impoluta, tanto en errores ortotipográficos como en su maquetación, francamente indistinguible de un libro editado por una editorial tradicional cualquiera. No sé a vosotros, pero a mí, como lector y también como escritor, me encanta ver esa progresión en un autor porque significa que se mueve, aprende, progresa y, en definitiva, es mejor en su trabajo.

Si tuviese que elegir un único aspecto a destacar en este Sangre de Reyes ese sería, tal y como ocurría con su predecesor, su elenco de personajes. Y eso que, como he dicho, la historia ha ganado en complejidad e interés. Pero los personajes llevan el peso de la trama, son muy carismáticos, verosímiles y a la que nos descuidemos comenzarán a hacernos ojitos y tocarnos la patatilla. Advertidos estáis. Tal y como pasaba en la primera parte, los personajes tienen alma y eso se nota porque al poco de comenzar esta segunda parte volverás a empatizar con ellos, incluso, como me pasó a mí, tras los casi cinco años pasados desde mi lectura de El legado de los safir. Y cuando sientes que te encantaría compartir una jarra de cerveza (¡y un buen plato de jamón! 🤤) con ellos es que te tienen en sus redes y se han convertido en inolvidables. La magia de la literatura en acción.

Y va siendo hora de pasar a las conclusiones, así que… ¡Ugh! ¡Vale! Ya te cedo el testigo, Eremita, no era necesario pisarme el dedo gordo del pie. Ella, como maestra de ceremonias, tiene más soltura bajando telones que yo.

Toma ya ¿Y ahora qué le queda a esta Eremita por decir? Solo una cosita: Así como el Legado de los Safir podría considerarse autoconclusivo, no ocurre lo mismo con Sangre de Reyes. La historia no ha alcanzado el clímax ni de lejos; esperamos que Elías se esté empleando a fondo y llegue pronto la tercera entrega, no nos vaya a salir como un Rothfuss cualquiera. Si llego a saberlo… le hubiera leído igualmente pese a mi frágil promesa de no leer sagas inconclusas tras mi experiencia Rothfuss-Martin. Porque os puedo asegurar que al igual que Rubén (al que por cierto, me encanta pisar el callo – onomatopeya de risa malévola – ) he disfrutado cada línea, y esa manera que tiene el autor de hacerme sentir fascinación por el que parece – es que no quiero creer que lo sea aunque todo indique lo contrario – el Gran Villano de la historia. Con villanos así, no me des buenos, gracias. Aunque los buenos de Sangre de Reyes sean y estén tan buenos que den ganas de comérselos (Al herrero Ernand no que igual resulta algo indigesto o Rebeca me cruje, y no se cuál de las dos opciones es la menos deseable).

Leedlo y disfrutadlo buenas gentes del Redondal. Las malas también, que aquí somos inclusivos. Os dejamos el link a kindle Unlimited : Sangre de reyes

Id por el Sol esta vez, que hace un frío que pela.

Versión digital:

  • Tamaño del archivo : 2450 KB
  • Word Wise : No activado
  • Longitud de impresión : 572 páginas
  • Tipografía mejorada : Activado
  • Lector de pantalla : Compatibles
  • Idioma: : Español
  • ASIN : B08GQ9L57P
  • Texto a voz : Activado
  • Versión impresa:
  • Tapa blanda : 563 páginas
  • ISBN-13 : 979-8676962760
  • Dimensiones : 15.6 x 3.58 x 23.39 cm
  • Editorial : Independently published (28 agosto 2020)
  • Idioma: : Español
  • ASIN : B08GVGCK1J

Por un puñado de beskar: The mandalorian

El Redondal me llama y yo respondo, como Rohan ante Gondor, un alumno ante su profesor o un político cuando recibe la llamada de sus amigos del Ibex-35. Y es que toca pergeñar un nuevo artículo, para solaz de la Eremita que habita en lo profundo del desierto de Tattooine, como jefaza de los jawas, y en esta ocasión vuelvo a revisitar mis raíces audiovisuales. Hoy vengo a hablaros de una serie que estoy viendo ahora mismo, junto a unos cuantos millones de espectadores más, y que no es otra que The Mandalorian. Sí, he dicho The Mandalorian porque de un tiempo a esta parte las plataformas de streaming ya ni se molestan en traducir los nombres de las series porque pa qué…

Hablar de The Mandalorian es hablar de Star Wars. La primera película de la saga fue estrenada un poco después de mi concepción (aproximadamente, los detalles exactos no los sé ni quiero saberlos xD), pero no sería hasta casi los 90 cuando pude verla. De hecho, visioné antes a la competencia, Star Trek, que no a las películas de George Lucas. Eso sí, cuando por fin pude verlas siendo un pipiolo de 13-14 años, me volaron la cabeza. Y es que en Star Wars encontré dos de mis, hasta hoy, grandes pasiones: la astronomía y la fantasía. ¿Que qué tiene que ver la astronomía con Star Wars, te preguntas? Pues no mucho, el realismo científico no es el fuerte de esta saga, pero sale un planeta llamado Alderaan que tiene un curioso parecido con el nombre de la estrella Aldebarán. And that´s all, folks xD Ah, no, que te preguntas por qué he dicho que Star Wars es fantasía. Bueno, es más que evidente, pero para eso no hay nada mejor que remitirme a las palabras de un personaje de The Mandalorian: “Los jedi son una antigua orden de hechiceros”. Y mejor no hablo del viaje del héroe…

Pero centrémonos en The Mandalorian. Con su segunda temporada a punto de acabar, se ha convertido, de facto, en el mejor producto de Star Wars de la era Disney y, me atrevo a decir que el mejor desde El retorno del jedi. Y es que las precuelas, los episodios 1 a 3, fueron una pequeña decepción en su momento. Y de la nueva trilogía sólo he sido capaz de ver el episodio 7. En pocas palabras, no era para mí y no lo sentí como parte de Star Wars. Pero, ¿cómo ha conseguido una serie tal hazaña? ¿Con efectos especiales? ¿Con un guion enrevesado? ¿Con personajes complejos? En absoluto, el arma supersecreta usada por su director y guionistas es…

Tan feliz como un perrete sacando la cabeza por la ventanilla.

Sí, Baby Yoda, El Niño, o Redacted, es en buena medida el culpable de ese éxito. Un personaje entrañable, genial y que nos hace esbozar una sonrisa a quienes recordamos a Yoda por las similitudes, y especialmente por las diferencias, con aquel. Hasta yo, que soy más flemático que un inglés puesto a tranquimazines, tengo ganas de comprarme uno de los peluches de B.Y. y estrujarlo un poco. Pero él no es el único acierto, desde luego. Acción y efectos especiales con una calidad similar a la de cualquier blockbuster, un sentido del humor agudo pero dosificado, aire de western y de libro de aventuras añejo, capítulos enlazados por una trama interesante pero no omnipresente y conexiones evidentes con el lore de Star Wars, incluidas sus series de animación que cada vez me resultan más tentadoras. Dave Filoni, el director de The Mandalorian y de dichas series de animación, ha dado con la tecla que consigue volver a emocionar a los viejos fans de la saga y congregar a las nuevas generaciones en torno a la pantalla. Y, creedme, amigos, no es nada fácil conseguir tal cosa. Lo sé de buena tinta porque mi mujer, que siempre ha detestado todo lo relacionado con la saga, tenía más ganas de que empezara la segunda temporada que yo 😅.

Y por cierto, ¿cuál es el argumento de la serie? Sin entrar en detalle y en mis propias palabras, cuenta la historia de un Clint Eastwood espacial que trabaja como mercenario y carece de demasiados escrúpulos. Antiguo huérfano acogido por los legendarios mandalorianos como uno de ellos, se verá ante un desacostumbrado conflicto moral cuando un cliente exmiembro del antiguo imperio le pague una suma asombrosa por secuestrar y entregarle nada más y nada menos que a un niño pequeño.

Lo cierto es que a la serie no le sobra nada. Ni el omnipresente casco de Din Djarin (aunque es llamado Mando de forma coloquial), interpretado por Pedro Pascal, ni esos planos largos en los que vemos a la pareja protagonista viajando, ya sea por el espacio a bordo de la Razorcrest, o en speeders o motos gravitacionales por el desierto. Como he dicho, The Mandalorian tiene mucho de novela ajada del far west o incluso de las novelas de aventuras de los 50 ambientadas en continentes extraños y salvajes. Hay referencias constantes a esos géneros que he comentado y a las viejas películas de samuráis de Kurosawa; es decir, a todo lo que inspiró en su momento a George Lucas para crear Star Wars.

Aunque lo parezca, no es un selfie de la muerte. Pero también os digo que el tusken en primer plano acaba en la morgue.

Desde luego tampoco echa en falta el exceso de dramatismo y de épica, a menudo impostados e inefectivos, de las últimas películas. Aquí no encontraremos dobleces: es el viaje de un hombre lacónico envuelto en metal y un niño, que por muy verde que sea actúa como tal, creando un evidente contraste con el mandaloriano. Y ya está. La fórmula funciona, ¡vaya si funciona! Y nos mantiene deseando que llegue el viernes para ver otro y comprobar qué nuevas conexiones, o referencias a la saga, salen a la luz. O simplemente para ver al mandaloriano aterrizar en un nuevo planeta y visitar un pueblo que parece sacado de la Oklahoma de 1890 mientras B.Y. persigue a unos cuantos sapos alienígenas para zampárselos. Bon appétit, pequeño.