«Somos una rebelión» (Reseña de Uilmel-Trece Tronos de Jessica Galera)

Cuando Pilar propone, Diana responde. Y es que Pilar se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en una persona muy importante para mí: su risa y su llanto son también los míos. Y este Redondal, que es su casa, es uno de los rincones más maravillosos que conozco para abrir mi corazón de par en par. No sé si será una sorpresa para la autora del libro, a la que yo suelo llamar con cariño hermana del caos, pero como buena familia redondalera, ahí va nuestra contribución a tu magia literaria…

UILMEL (TRECE TRONOS-EL FIN DE LA DINASTÍA 2)

*Puede contener spoilers.

Título: Uilmel (Saga Trece Tronos-El Fin de la Dinastía 2)

Autora: Jessica Galera Andreu

Género: Fantasía

Número de páginas: 738 en formato tapa blanda

Edición: Independently Published (Autopublicación)

Dónde comprarlo: www.amazon.es

Web de la autora: https://jessi-ga.wixsite.com/fantepika

Algo huele a podrido en… ¿Átraro? Ni siquiera parafraseando a Shakespeare puedo ensalzar la huella que deja esta novela en la piel del lector. Un ambiente oscuro, tétrico y una carga de sentimientos tal, que se te retuercen las entrañas más de una vez. Las páginas pasan raudas, pues es imposible dejar de leer hasta el final y eso que la historia es muy extensa, pero merece la pena cada rincón que se esconde entre sus palabras. De lectura ágil, prosa pulcra, lenguaje directo y oscuramente bello, diálogos muy reales y grandes dosis de magia. Fantasía oscura, épica, urbana, romántica y juvenil; un mundo mágico donde uno desea perderse, a veces en Luzaria y otras en Noctia. Un postre exquisito para una saga que te hace temblar de principio a fin. No podrás creer lo que Jessica ha preparado para esta última parte que zanja la historia entre Resryon y Adrien. Una maldita locura.

Uilmel es la séptima novela publicada de la saga Trece Tronos, acotada bajo el subtítulo de El Fin de la Dinastía, de la que también forma parte la anterior novela, Arkanai. Esta nueva aventura nos cuenta el final de la historia entre Resryon y Adrien, un matiz que había quedado inconcluso ya en las primeras cuatro novelas de la saga principal y que nos había dejado con ganas de más. También nos relata, como el título de esta saga secundaria indica, el futuro de la dinastía Vakko, colocando a cada uno de sus protagonistas en el lugar que el destino ha otorgado.

¿Por qué son tan adictivas estas novelas? Yo lo achaco a la fórmula magistral de Jessica, que mezcla una buena narrativa, bella y pulcra, con grandes dosis de misterio, giros inesperados y pasión, mucha pasión. Porque no todo en esta vida lo mueve el amor, o por lo menos lo hacen otro tipo de sentimientos derivados de él o por su ausencia. La traición, el desamor, las frustraciones, la venganza…; son pequeños puñados de veneno que arraigan en nuestra alma y se van comiendo la esperanza. Quizás por ello, las grandes batallas del corazón dirimen el fin de las treguas que nos hayamos dado. Somos una rebelión, a veces contra nosotros mismos.

Si ya el fin de Arkanai anunciaba tormenta, Uilmel no puede comenzar sin una buena tempestad. Adrien ha muerto y, aunque su condición de Milenario le permite volver del Inframundo, Resryon deberá ir a buscarlo gracias al uilmel que los une. Sin embargo, las cosas se torcerán y no irá solo, llevándose con él al futuro de Ántico, su sobrina Alea. Lo que allí se encontrará dista mucho de lo que la imaginación ha podido crear para aquel lugar de pesadilla: monstruos infernales entre páramos aterradores y personas queridas. ¿Cuántos de los suyos no han sido malditos por la dinastía Vakko? El infierno está lleno de aquellos que reclaman libertad para un descanso eterno y Resryon deberá enfrentarse a diferentes peligros para salvarlos a todos, hasta perder la esperanza de salir de allí con vida. Res es un personaje cuasi divino, enfrentado a mil batallas, roto en mil pedazos, pero con una fortaleza extrema que se transmite en cada una de sus acciones, incluso de sus palabras. Sabio y valiente, tierno, profundo, todos queremos a uno como él en nuestras vidas, lo necesitamos. Un merecido emperador para un trono que nunca llegará a ser suyo, último resquicio de una dinastía marcada por la tragedia, un vestigio de lo que antaño se conoció como gloria y que hoy es solo un recuerdo del pasado.

Adrien deberá seguir el camino que la Vara de Paxia le señalará para salir del Inframundo, sin embargo, no piensa hacerlo sin Res y deberá tomar la decisión más dura de su vida, aquella por la que la memoria no permite siquiera llorar ni mantener el recuerdo de todo cuanto se ha vivido, para que duela menos. Adrien es la representación de la inocencia y la ternura, ahogado en mil inseguridades que nos vuelven humanos con solo ponernos en su piel. Aprender a ser valiente y enfrentarse al mundo entero por unos sentimientos que nadie comprende. La luz del Milenario solo podía ser albergada por un alma noble como la del dryadalis.

Anven se convertirá en la pieza fundamental de la batalla, que los elfos han desatado contra Átraro. Liderando a las legiones ánticas, la no-muerta se alzará como reina de Necron y habrá de luchar contra los sentimientos que se han despertado entre ella y Elain, convirtiéndose en un dolor tan profundo que desgarra esa vida que ya no le pertenece. Siempre he tenido sentimientos encontrados con este personaje. Anven es la amiga guerrera, valiente, pero que duda en sus sentimientos hasta el punto de poner a sus seres queridos en jaque. Sin embargo, su enfrentamiento con la muerte la cambiará por completo, ya no habrá espacio para dudar, y la fortaleza en la que se escuda se derrumbará para siempre transformándose en un poder más oscuro y profundo. Líneas que el kráatico de sus tatuajes le susurrarán en un idioma desconocido y ella habrá de descifrar poco a poco, como el que se encuentra con una nueva identidad dibujada en un mapa.

June será dotada con los poderes de la Primigenia, por haber acabado con Zessa Velzur, y su esencia se perderá en la linde entre la más absoluta oscuridad vampírica y los rescoldos de su vida élfica. Su magia descomunal hará tambalear al mundo y se alzará como reina de Kaulas, derrotando a enemigo tras enemigo, hasta la batalla final. Desde el principio, mi amor por la mandarina ha sido leal, pero en esta novela nos pondrá a prueba sacando su lado más oscuro y cruel, dañando, destrozando, vengándose. June nos recuerda en lo que los sentimientos negativos pueden convertirnos si no aceptamos todo aquello que nos ocurre y lo dejamos atrás.

Elain sucumbirá ante el poder de la Primigenia, que lo arrastrará en una marea imparable de asesinatos y vejaciones. Destruirá su mundo y lo volverá en contra de todo lo que ha luchado a lo largo de su vida, incluso de aquellos que más ama. Todo lo asolará la magia oscura de la vampira, en un acto egoísta que nos indica que toda relación forzada solo deja un reguero de cenizas tras de sí. El amor no se obliga, es como el respeto, se gana. Elain siempre fue fiel, el eterno amigo que toda persona querría tener a su lado, sin embargo, en esta historia sus lealtades cambiarán de bando y le demostrarán que la verdadera amistad resiste a tu lado en los peores momentos.

Eugenne se moverá entre dos aguas, despreciando al vampiro que ha convivido con él en los últimos tiempos y abogando por el elfo que pugna por volver a la superficie. Arrastrado por June en sus miserias o, quizás, despertando gracias a ellas. Una pieza clave en este embrollo mortal donde su amor hacia Jillianor puede contener el fin de una batalla. Los vampiros siempre han sido mi pasión y verlo despojado de esa condición me produce sentimientos enfrentados, no obstante, Eugenne tiene algo especial, como que va a lo suyo, no se mueve por amistades sino por intereses. Es un superviviente en un mundo donde nadie ha pensado lo suficiente en él y en esta novela borda su papel hasta el final, guardando terribles e inquietantes secretos.

Ladasdir y Tazzry seguirán enfrentadas, buscando la manera de conseguir el trono de la nación elfa en Íonthass, pero sus poderes solo asolarán un mundo mortal ya devastado con anterioridad. ¿Hasta dónde estarán dispuestas a luchar para conseguirlo? La muerte no parece ser ningún límite para ellas.

Un dios oscuro que se enamoró de la luz, así reza la leyenda que yace grabada en las mentes más ancianas de los elfos, hijos de aquellos semidioses que la divinidad envió para encontrar al dios traidor, que había dado la espalda a sus hermanas.

Pero, ¿quién es realmente ese dios oscuro traidor? Los elfos hablan de un uilmel, del único verdadero, que lo marca a él y a su luz, una conexión que ha de haber sobrevivido a los avatares del tiempo y que dará inicio a una guerra ancestral entre las divinidades oscuras y aquel que les dio la espalda.

Amor, respeto, lealtad, hermandad y amistad. Desamor, traición, venganza, rencor. Aquello que más amamos es lo que más puede dañarnos y nos adentramos una y otra vez en esa cruel batalla por la felicidad. El sacrificio del amor solo puede conducirnos a la sinceridad del corazón, abrirnos en canal y despojarnos de todo lo que llevamos dentro, ser libres y olvidarnos de los mil secretos que apuñalan nuestras entrañas, confinándonos a la más amarga de todas las soledades. Luchar por lo que crees, por aquello que amas, sin fisuras, sin dudas y recibir a cambio todo lo que uno merece. ¿Puede haber batalla más dura que la que se libra en nuestro interior? Ningún uilmel élfico trazado en la piel de dos amantes, ningún tatuaje, ningún lazo…, puede ser más inquebrantable que el amor. Nada lo es.

Tres Centímetros

TRES CENTÍMETROS

A mi tío Vicen, que en paz descanse.

Gracias por enseñarme que los ángeles no tienen por qué tener alas ni ser perfectos.

Los ángeles solo aman…

Tres centímetros. Nunca un número había marcado tanto su vida. Había nacido un tres, del tercer mes, de un año acabado en tres. Esa misma cifra había pasado fugaz entre sus manos en varias ocasiones como si el destino lo hubiera marcado con un número en lugar de un nombre.

Se frotó las manos para entrar en calor, aunque la lluvia seguía calándole hasta los huesos. Miró hacia abajo y contempló sus pies desnudos bajo el aguacero. ¿En qué momento había perdido los zapatos? Iba a enfermar. Se rio.

La barba de varios días se había convertido en un confortable abrigo para las bajas temperaturas y el revuelto cabello también, aunque el peso del agua lo hubiera pegado a su rostro y gotas desperdigadas le resbalaran por la piel.

Lloraba, pero las lágrimas se confundían con la lluvia y dotaban a sus ojos claros de un brillo sobrenatural. Nunca le había gustado expresar demasiado sus emociones, como si pudieran herir esa secreta fragilidad interior, que intentaba disimular para el resto del mundo. Una coraza para que nadie lo viera jamás dudar, vulnerable, expuesto. Sin embargo, ahora que esos tres centímetros marcaban a fuego su vida, no le quedaba más opción que reírse de todas sus costumbres, porque ocultarse a uno mismo no dejaba de ser un ritual. Abrirse no era sencillo cuando se había pasado la vida huyendo de todo lo que dolía, ajeno a las entrañas que devoraban a los demás en silencio. Nunca se preguntaba si los demás sufrían, a pesar de que él mismo escondía sus emociones hasta un punto enfermizo. Y ahora todo se desbordaba como el caudal de un río seco anegado por el torrente. ¿Y ahora qué?

La noche había caído hacía un par de horas, pero ni siquiera se había fijado en ello. Su reflejo en un escaparte de juguetes le recordó la hora que era. No se inmutó. Nadie lo esperaba allí fuera, ni dentro de ningún hogar. Se había encargado bien de que sus relaciones fueran cortas y superficiales, sin llegar a la raíz donde se forjan las amistades y el amor. No tenía a nadie ni ningún hombro sobre el que llorar.

La Navidad estaba a la vuelta de la esquina y las tiendas resplandecían de luces y música. Se preguntó por qué no lucían tan atrayentes el resto del año. Quizás había alguna magia extraña que impelía a los comercios a derrochar fantasía solo en aquella época, dejando para otros momentos la monotonía y el gris deslucido del pavimento.

Lo odiaba todo. Odiaba las luces, las canciones navideñas, las risas… Y había descubierto que la felicidad le causaba pavor. Siempre huyendo de todo lo que merecía la pena, como si esa vieja y aprendida carrera de fondo fuera una meta alternativa que solo él conocía. Porque en realidad, nunca había querido ser feliz, le aterraba serlo y despertar una mañana y darse cuenta de que lo había perdido todo.

La traidora memoria le recordó el único tesoro que guardaba muy adentro, lo único que había conseguido penetrar en el muro infranqueable de su coraza y latía al son de su guerrero corazón. La imagen de sus padres decorando un viejo y destartalado abeto, sus sonrisas, los dulces, los villancicos, los abrazos, los besos… sus recuerdos siempre se interrumpían en la parte dolorosa, eran el límite para no escarbar más adentro de donde puede que no existiera forma de regresar. Como si el dique de contención se rompiera y todo lo que él creía ser fuera arrastrado por una marea negra y espesa.

Gritó, pero el ímpetu de la música navideña era tan potente que nadie lo escuchó. La risa de los niños era un poder superior que enmascaraba toda tristeza. Se dio media vuelta, intentando alejarse de aquella parte recargada de la ciudad, necesitaba escapar y recuperar el anhelado silencio. Echó a correr y topó de bruces con una mujer.

La joven rubia posó su mirada de asombro en su rostro mientras lo cubría con su propio paraguas, después observó sus pies desnudos y comprendió que algo no estaba bien en él. Sin embargo, no le preguntó nada. Cogió su mano y él la miró sorprendido a su vez. La desconocida la colocó en el mango del paraguas, regalándoselo. Le guiñó un ojo, se echó la capucha del abrigo sobre la cabeza y desapareció corriendo bajo la lluvia.

Vincent se quedó muy quieto, temblando. Después de todas aquellas horas desafiando al destino y a la muerte, una sola persona había conseguido que volviera a sentir frío y miedo, fragilidad. Era un tirano de los sentimientos y aquel paraguas había sido el arma definitiva para arrancarle el corazón sangrante.

Caminó, ahora sin mojarse el torso, con el lindo paraguas rosa creando coloridas formas sobre su cabello húmedo. Había dejado de importarle lo que pensaran de él. Tres centímetros, eso era todo lo que importaba ahora.

Consiguió escapar de la calle principal y las farolas titilaron para que supiera que lo habían visto. Todo estaba plagado de mensajes divinos a los que nunca prestaba atención. Todas las almas elegían a sus padres al nacer y él siempre lo había tenido claro. Se había enfrentado a todos por ellos y había escogido a aquella pareja no por casualidad, eran increíbles. Aunque los había perdido con suma facilidad. La vida le había enseñado aquella primera lección dolorosa: todo lo bueno es efímero.

Era curioso como los demás no podían recordar la razón por la que eligieron sus cuerpos, ignorando las razones que los habían llevado a soñar con vivir. Porque esto era a lo que aspiraban todas las cúspides celestiales y los coros de ángeles, a poder llegar a sentirse vivos.

Él recordaba cada palmo de su existencia y los motivos que lo habían llevado a querer gastar su única vida en la Tierra. Sin embargo, la realidad era muy distinta a lo soñado. Sentir era tan maravilloso como cruel y doloroso.

Lentamente, había deseado no haber nacido, haber podido retractarse de su deseo y seguir siendo un ángel cualquiera. La vida era para una clase de valientes a los que no podría nunca más que elogiar. Todo le había salido al revés y se había vuelto introvertido y oscuro, banal y oculto para el mundo con el que un día se había atrevido a soñar.

Un gato negro se paró enfrente y Vincent dio un respingo al escuchar una voz muy poco felina.

—Tienes que volver.

—¡De ningún modo! —exclamó el hombre malhumorado.

—No has aprovechado tu vida como prometiste.

—¿Por qué no? ¿De qué hablas?

—Miedo. Te has vuelto un cobarde que vive escudado en el miedo a sentir nada.

—Conozco mayores traiciones al Cielo.

—No hay mayor traición que mentirse a uno mismo.

—Yo…

—Lo quisiste todo y comprendiste que la vida dolía, muchos aprenden la lección como tú, pero no creas que todos son tan necios como para no valorar el regalo que se les ha dado. Has fracasado, Astart.

—¡No me llames así!

—El hijo pródigo vuelve a casa —canturreó el gato alejándose de él en otra dirección.

Vincent maldijo en silencio. Toda la eternidad esperando y después de todo el sufrimiento, su futuro lo decidirían tres centímetros. Los mismos que iban creciendo en el interior de su pulmón izquierdo, bajo el corazón, como si la vida y la muerte se engendraran siempre en lo profundo e interior del ser humano. Como si en las entrañas estuviera el origen y el fin de la vida y a él le tocara aquella clase de suerte siniestra.

Se volteó rápidamente y localizó al gato escabulléndose calle abajo, plegó el paraguas y apuntó en su dirección. Una ráfaga de luz cruzó la distancia que los separaba y alcanzó al felino justo en la cola. Maulló contrariado y salió huyendo echando humo. Pero, ¿era el paraguas un arma divina?

Lo observó con detenimiento y recordó quién se lo había regalado. Levantó la vista al frente, sobrecogido por un presentimiento siniestro y ahí la encontró.

La joven rubia ladeó la cabeza para inspeccionarlo, luego una sonrisa afloró a sus labios. No se había fijado la primera vez, pero tenía una expresión rígida en su rostro, imposible de modificar. Era una de ellos, una elfa. A diferencia de los ángeles, los elfos no tenían que reencarnarse para sentir como humanos, eran almas errantes atraídas por la luz. Los Ancestros contaban que aquellos míticos seres solo se presentaban en vísperas de la Navidad. Que llegaban a la Tierra para traer luz en mitad del invierno, guiar a los extraviados y luchar contra la oscuridad. Era hermosa. La forma nunca había sido un obstáculo para las misiones del Cielo y él parecía un caso perdido.

—¿Qué queréis de mí? —bramó Vincent consternado. Era consciente de que su tiempo se acababa.

—¿Recuerdas por qué quisiste vivir? —demandó la elfa que ahora sujetaba un báculo dorado sobre sus manos.

—Sí, claro. Quería, quería sentir.

—¿Y qué más?

—Y ser amado. —La contundencia de sus propias palabras le heló la sangre. Después de sus padres, ¿lo había amado alguien más? La coraza se le cayó a los pies y gimió herido. Había fracasado en su cometido terrenal y ahora ya era demasiado tiempo para volver atrás. Tantos años perdidos fingiendo que era feliz, tantas horas desperdiciadas pensando que vivir solo consistía en respirar.

Se miró los mismos pies desnudos y manchados de barro. La lluvia había amainado y se sintió perdido sin la cortina de agua, ahora sus lágrimas dibujarían surcos sobre su piel, como viejos tatuajes visibles para todos.

Tres centímetros…

—No todo está perdido, Vincent.

—¿Por qué estás aquí?

—Para que cumplas tus sueños.

—No era esta la vida que yo quería.

—La vida es neutra, nosotros le damos valor. Perder a los que amas duele, pero mucho peor es no haberlos tenido jamás. Amar es un avenida de dos sentidos, amas y te aman, incluso cuando ya no están. ¿Por qué escondes el dolor?

Vincent sintió sus mejillas húmedas y tembló. Siempre se había sentido seguro de sí mismo, fuerte, capaz de afrontar cualquier cosa y ahora se hallaba frente a una elfa de la Navidad, abriéndole su corazón a una extraña.

—¿Podré recuperar el tiempo perdido?

—Oh, Vincent, tú sabes que el tiempo solo discurre en una dirección. Lo pasado, pasado está. Solo importa lo que sientes ahora, eso es lo que te da valor. Solo importa este momento, este instante. ¿Sientes cómo te desborda la emoción?

El hombre se colocó la mano sobre el pecho y sintió el corazón latirle con fuerza, era un dragón que llameaba en sus entrañas, esas que ya estaban dañadas de tanto aguantar la marea. El amor era un sentimiento tan fuerte que lo creaba y destruía todo a su paso, un huracán.

Se quedó plantado con la palma de la mano regocijándose del alborotado interior. Amar dolía y era tan agradable como volar. Un solo minuto de una vida plena no podía compararse a toda una vida vacía.

La elfa alargó la mano y Vincent la tomó lentamente. El báculo dorado se agitó y el hombre volvió a volar por el cielo, el viento secando sus cabellos, la etérea sensación de ingravidez, la luna coronando el firmamento y la falsa convicción de que todo había sido un sueño.

Un golpe contra el suelo le recordó quién era. ¿Cómo había llegado allí? Se sentía sucio y destemplado. Tiritando de frío se levantó aturdido y se llevó la mano al pecho, el corazón le latía muy deprisa y le gustaba aquella sensación. Un recuerdo surgió en su mente y lo estrujó para darse el valor que le faltaba a veces, era un guerrero, iba a luchar hasta el final. El tres siempre había sido su número de la suerte…

Imagen de Susan Cipriano en Pixabay

©Diana Buitrago

A sangre y fuego

A SANGRE Y FUEGO

Empieza la semana con más oscuridad de la acostumbrada y no me refiero a los nubarrones de tormenta o a la niebla que azota las noches leridanas. Puede que fuera la migraña, la apatía o el sinsabor de encender el televisor y tener la desgracia de ver las noticias. Últimamente, manda la oscuridad.

Rebeca, que se ha convertido en mi musa pro-entradas-Redondal, me ha inspirado tocándome ese tema sensible que los escritores siempre guardamos como oro: los sentimientos.

Siempre he defendido que escribimos así como somos, que mostramos en nuestras historias más de lo que nos gustaría, que contamos nuestros sentimientos y nos abrimos en canal, aunque antepongamos la máscara de la metáfora. Desahogarse con la palabra, rezándole al dios secreto de lo oculto, para mostrar la sinrazón de nuestras vidas, ahogadas en tinta y papel.

Los lectores tenemos la responsabilidad de buscar al autor y rebuscar en sus entrañas, destripar cada palmo de letras para descubrir sus tesoros, acompañarlos en sus pesadillas y demonizar sus terrores.

Imagen de Anja en Pixabay

Autobiografías, el placer de contarlo tú mismo

Las autobiografías son narraciones de las vidas de personas contadas por ellas mismas. ¿Cuántos de nosotros no hemos soñado alguna vez con contar las peripecias de nuestras vidas? Siempre hay algo que merece la pena compartir, un episodio sombrío o el más espectacular jamás escrito. Nos creemos seres únicos y, en realidad, lo somos. Vivimos en paralelo, los unos junto a los otros, pero la forma de sentir esa realidad cambia de persona a persona y de ahí nuestro espíritu biógrafo.

Tampoco vamos a olvidar que contar algunas experiencias puede ser alentador para los que estén pasando por un momento similar, que nos pueden hacer reflexionar sobre temas que jamás hemos vivido o que, simplemente, fomentan nuestra conciencia social. No vivimos aislados en planetas, aunque nos guste alardear de que cada casa es un mundo por explorar. Nos parecemos, soñamos lo mismo, y también sufrimos igual.

La biografía es esa parte de la literatura que nos muestra que somos de carne y hueso, que por dentro nos corre la misma sangre que da poder al sentimiento. Viejas argollas de metal nos atan a las mismas disyuntivas, nos hacemos las mismas preguntas, buscamos la felicidad.

El “Diario de Ana Frank” marcó a todos aquellos que habían sufrido como ella, compartieron sus amarguras en plena Segunda Guerra Mundial y nos rebanó el corazón, sangrante de tantas batallas absurdas.

Infinidad de personajes famosos, políticos, actores, cantantes, deportistas… todos tienen su parcela personal donde contar cómo llegaron a la fama y los ardides vividos para conseguirlo. Nos podemos sentir identificados en algún momento con su relato o dejarnos llevar por la fantasía de una vida que supera la ficción. Tal vez nos suban el ánimo y nos recuerden que cualquiera puede conseguir sus sueños, luchando, con perseverancia y ahínco. Sentir que podemos lograrlo es una de las bazas de este tipo de lecturas.

Libros de autoayuda y superación personal

Recuerdo el libro “El Secreto” de Rhonda Byrne o “El poder está dentro de ti” L. Hay, de una época en mi vida en que me buscaba y no encontraba por ninguna parte. Son narrativas amenas, reflexivas, que intentan sacar una parte positiva de todas las cosas e intentar mejorar la vida del lector. Reconozco que cuando los lees te sientes bien. Puede que no te resuelvan la vida y que al finalizar la narración no haya ocurrido nada especial a tu alrededor. Seguirás teniendo los mismos problemas y el mundo girará en esa misma dirección desquiciante que nos aterra, pero sin duda, el poder de estos libros se basa en remover nuestras entrañas y sacar la basura fuera. Barrer todo lo que no interesa y centrarnos en ese presente olvidado del que nadie habla. Una aventura hacia ese desconocido interior al que nunca escuchamos como es debido. ¿Rendirse? ¡Atrévete a leer!

Libros espirituales

No están muy lejos de la autoayuda y a veces se confunden. A mí me gusta diferenciarlos haciendo hincapié en el papel que las diferentes religiones y filosofías han tenido sobre la historia de la humanidad. Siempre me han fascinado otras culturas y por ende, todas esas religiones desconocidas a las que millones de personas rinden culto a diario. Panteones repletos de dioses o uno solo, infunden sentimientos tan contradictorios como el amor y el miedo. La Biblia, El Corán, La Torá, el Budismo, Tao, I Ching… y muchos libros que hablan sobre ello en sus historias. Aquí incluyo porque siempre me hizo gracia, a “Y Dios vuelve en una Harley” de Joan Brady y “El Alquimista” de Paulo Coelho.

Imagen de Pete Linforth en Pixabay

Cuentos de Navidad

Sí, es extraño que haya metido este tipo de cuentos, pero son entrañables y me remueven por dentro. ¡Y no solo en Navidad!

Lo sabéis, pero no queréis reconocerlo. Están ahí, aguardando todo el año a que abráis las puertas a sus mundos de magia y nieve. Más allá de la religión y la pura tradición, los cuentos navideños son pura fantasía, a medias entre el drama, la familia y el amor. Desde “Un cuento de Navidad” de C. Dickens y “El cascanueces” de Hoffman hasta el cuento navideño de nuestra compañera Jessica Galera Andreu “Diana, a la luz de un candil”.

Los cuentos proporcionan esa pizca de luz en un mundo de tinieblas, al calor del hogar, bajo un manto de fría realidad. ¿No es la época de los milagros? Desde luego, nos hace falta a todos uno, quizás podríamos escribir nuestro propio cuento navideño. Uno donde todo termina bien y 2020 ha sido solo un sueño…

Poesía

¡Ah, nada como el sentimiento vivo de la lírica para atrincherar el corazón! ¿Nunca os habéis quedado temblando ante unos bellos versos? La poesía tiene la capacidad de desmontar un corazón en apenas segundos, un arma afilada y convulsa que nos escupe al nivel del betún y nos arrasa por dentro como una hoguera. Sentir es como engañar al alma para que tiemble y deje su pedestal eterno; de las brasas de ese rastro luminoso nacen los versos.

Homero, Shakespeare, Baudelaire, E. Dickinson, Machado, Neruda, Calderón de la Barca… En todas las épocas y continentes ha habido personas dedicadas al antiguo oficio de crear poesía. Elegante manera de exaltar las más bellas pasiones, pero también las más temibles y oscuras. Los versos jamás dejan indiferentes.

Novela Romántica

Megan Maxwell, Elísabet Benavent, Nora Roberts, Abril Camino, Jane Austen, Emily Brönte…; hay un largo rastro de novelas antiguas y modernas donde el sentimiento aflora como parte natural de la vida. Se ríe y se llora, se ama y se odia. El amor hace de la vida un lugar más agradable y nos morimos por el placer de ser amados, nos sumergimos en la piel de los amantes y vivimos sus desgracias, apartamos la razón a un lado y nos dejamos llevar por el corazón. Aquel que no siente es que está muerto.

Imagen de Devanath en Pixabay

Fluir con los sentimientos

Si algo he aprendido en mi corta vida de escritora es que hay que dejarse llevar por los personajes y sus historias. Cuando se ama, se ama; cuando se llora, se llora. Las relaciones piden a gritos conflictos y soluciones, trampas mortales y limbos donde adentrarse en mil placeres diferentes. Para crear un sentimiento hay que vivirlo.

Quizás no nos da la vida para procurarnos ese episodio narrado, pero como buenos actores que somos, debemos meternos en la piel de nuestros personajes muy a menudo. Cuando escribimos somos nosotros mismos y mil vidas más. Contagiamos las palabras de crítica y rencor, de añoranza, pasión y deseo. Volcamos lo que el mundo nos da y lo reconvertimos en pedazos de historias de pseudo-realidad porque, más allá del relato, hay mucho del escritor que lo cuenta.

Para conocer en profundidad a los autores, solo hay que leerlos. Nuestros libros son rutas de paso para todo lo que sentimos, desde ideas políticas, nuestra forma de encarar relaciones románticas, nuestros deseos futuros… Todo está escrito y disgregado en pequeños tesoros escondidos, que el buen lector sabrá reunir e interpretar rebuscando en nuestras almas.

A modo personal, debo añadir que cuando decidí escribir “Por tu sangre”, mi primera novela autopublicada, me hallaba en un momento personal terrible. La fibromialgia se había apoderado de mi cuerpo y tenía el control sobre mi vida. Estaba hundida y escribir me sacó del agujero recordándome que tan solo yo tenía el dominio sobre mis actos. Escribí sobre vampiros por la fuerza y melancolía del personaje. Una dicotomía que entendía muy bien, porque yo misma sufría en mi piel la debilidad y me azotaba el recuerdo de una vida mejor. Los vampiros me salvaron de la depresión y pude volcar en ellos muchas de mis inquietudes y anhelos. Cada personaje que creamos lleva un poco de nosotros mismos porque le hemos dado vida con nuestra esencia vital, somos un poco vampiros todos convirtiendo seres cualesquiera en inmortales

Un placer, como siempre, desahogarme con el lector, camarada de mis emboscadas, amigo estelar.

Susurros de medianoche

«Después de discursos tales,

llenos de frases sinceras;

se fueron las calaveras,

a sus urnas sepulcrales»

Calaverita literaria

Arturo Espinoza

ALL HALLOWS EVE

El otoño llega con su imperecedera máscara marchita y los paisajes se cubren de dorados y grises. Un cambio de hora a destiempo, lluvia centrifugando las calles y el calor que se escapa de la tierra en suspiros de agonía. ¿Os suena?

Sofá, mantita, un libro entre las manos y… ¡un zombi en la ventana! Podría ser el inicio de una novela de terror, aunque en estos tiempos inciertos todo sea posible ya. Sin embargo, los susurros de medianoche siguen invadiendo las calles de una de las noches más famosas del año. Una fiesta que nos llega desde la cultura anglosajona y cada vez se celebra con más ímpetu. Este 2020, en cambio, parece que la vivimos todos los días y que de festejar nada de nada. Así que quedémonos con el arte literario y honremos a la muerte de la mejor manera posible: leyendo terror.

Sin duda, la llegada del frío no deja indiferente, pero Halloween tampoco. A estas alturas no necesitáis que os explique de qué se trata. Una fiesta pagana derivada del antiguo Samhain celta. Su último día del año, la fiesta de la cosecha donde se despedían del dios Lugh, dios del sol. En esa noche tan especial creían que los espíritus de los muertos regresaban para visitar a los vivos y por ello les colmaban de dulces fuera de sus casas a modo de ofrenda. También se dejaban velas encendidas para ayudar a esas almas perdidas a encontrar el camino hacia la luz de Lugh. Sin embargo, también tenía su parte oscura. Temiendo que los vivos pudieran ser poseídos, se vestían de negro para evitar ser foco de atención. El «truco o trato» derivado de una vieja tradición cristiana del día de los difuntos en la que se mendigaba pasteles, casa por casa. O la calabaza, el farol con el que Jack vagaba, según la tradición irlandesa, tras haber engañado al diablo y haber pecado demasiadas veces como para ir al cielo.

La parte oscura siempre es la más fascinante, ¿por qué será? Tal vez, porque en ese lado de la verdad es donde se esconden los misterios, los secretos, los mitos. Fundir una fiesta dedicada al sol, a la vida, a lo nuevo que está por venir; con la oscuridad de la muerte y sus terribles secretos. El velo de lo invisible en su recorrido inverso, provocando que el antagonismo del universo se asome al espejo y devuelva una terrible mirada.

Desafiar a la muerte disfrazando a los más inocentes, aquellos que apenas comienzan su largo camino en la vida, con el aspecto de abominables monstruos y seres espectrales. Desterrar el dolor y la perdida y rendirle culto mostrando su más oscuro rostro.

3D Animation Production Company

LITERATURA OSCURA

Y una vez más, la literatura no ha estado exenta de mostrarnos a todas estas temibles criaturas. Desde Moby Dick hasta Frankenstein, Drácula y el Hombre Lobo, fantasmas, zombis, brujas…

El Minotauro, la Hidra, el can Cerbero, Gorgona… los griegos y otras civilizaciones antiguas ya contaban con su propia cantera de monstruos terroríficos, que no dudaron en transmitir a generaciones futuras. Rudimentarias sombras de lo que hoy conocemos, transformadas por la modernidad.

Frankenstein de Mary Shelley. Novela gótica que nos habla de la muerte y de la vida, de los humanos que creyéndose dioses creen que pueden desafiar a la muerte y jugar con ella. El moderno Prometeo, que en lugar de robar el fuego a los dioses, esta vez se atreve con la propia vida sin miedo a un castigo divino. (Pienso en él cada vez que me tienen que dar puntos…).

Drácula de Bram Stoker. De cuando Transilvania aún pertenecía a Hungría y su sagrada tierra era necesaria para trasladar al conde Drácula allá donde fuera. Su historia hizo famosos a los vampiros y contribuyó a que estos olvidados seres volviesen de entre las brumas de los tiempos para quedarse. Mordeduras, a veces letales, que pretenden succionar la esencia vital contenida en la sangre. También llamados no-muertos, por lo que no podían faltar en una noche de Halloween. (Ya lo dije en la anterior entrada, me fascinan).

La marca de la bestia de Rudyard Kipling. Un sacrilegio con una estatua sagrada hindú termina con un mordisco en el pecho por parte de un misterioso leproso, llamado Hombre de Plata. La herida provoca una paulatina transformación en hombre lobo como fruto de una maldición. También llamados licántropos. (Eso de los mordiscos contagiosos no apetece mucho en estos momentos…).

El fantasma de Canterville de Óscar Wilde, sir Simon de Canterville habita como fantasma en el castillo donde asesinó a su esposa. La familia americana que se establece en su antiguo hogar no temen al misterioso ente, se ríen de él e incluso le ayudan a buscar la paz. También llamados espíritus, almas perdidas. (Probablemente los que den más miedo en víspera de Todos los santos).

Las brujas de Salem de Arthur Miller, habla sobre este pueblo estadounidense y de la cacería de brujas que se produjo en él con paralelismos con la que hubo siglos atrás en la vieja Europa. También llamadas hechiceras, magas. (La parte de la magia siempre me ha encantado, yo soy de bruja con escoba, caldero y sombrero picudo).

Autores como Lovecraft, E. A. Poe, M. Shelley, Stephen King, W. Irving… perfectos para una noche de brujas.

Todas las culturas han creado sus monstruos y los han soltado para aterrarnos, aunque una noche al año la barrera del miedo se rompa y nos camuflemos bajo la mismísima piel del diablo. En la literatura universal podemos celebrar Halloween todas las noches, encerrarnos en nuestro dormitorio bajo la atenta luz de una vela y devorar libros terroríficos, metamorfoseándonos en criaturas imposibles y desafiar al miedo una vez más.

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BAJO LA PIEL DEL DIABLO

La pérdida y el recuerdo que persiguen al Día de Todos Los Santos se celebra con el desafío a la muerte y la diversión de una noche única. Como si pudiéramos olvidar por un instante que todo se termina y festejar por que todo empiece de nuevo. Amar la vida a través de sus terrores y conocer nuestra parte más oscura. Desterrar nuestros temores y formar parte de ellos, pues no hay mayor miedo que desconocer nuestra propia oscuridad.

¿Cuánto tiempo nos queda? ¿A cuántos hemos dejado marchar ya? La muerte es una parte de la vida, desconocida, intimidante y dolorosa; por ello la mayoría de los monstruos están relacionados con ella. Ya sea porque la provoquen o porque surgen de sus entrañas. Es un miedo enraizado en muchas culturas y el imaginario colectivo le ha dado muchas formas. Luchar contra nuestros demonios particulares, contra lo invisible… y sobrevivir a ello. Un disfraz, una máscara, y en lugar de vestirnos de superhéroes, atacar desde dentro, desde la mismísima oscuridad.

Adéntrate en lo desconocido; lee novela de terror, fantasía oscura, thriller psicológico… porque los peores monstruos surgen de la imaginación y nos devoran de dentro hacia fuera, aunque existan en la vida horrores que superen a las temibles pesadillas.

Fuentes:

www.wikipedia.com

www.ngenespanol.com

www.sobrehistoria.com

www.libroos.co

La vida ausente

«Cuando el vampiro entró en el bar, yo llevaba años esperándole»

Muerto hasta el anochecer

Charlaine Harris

Ahora que entra el otoño y se caen las hojas, que los días se acortan y el frío nos recuerda la crueldad de la vida, es cuando recuerdo que Halloween está a la vuelta de la esquina y que a modo de avatar cibernético, tengo que decantarme por un personaje de ficción terrorífica. Así que me coloco la capa de murciélago, los colmillos de plástico, la sangre falsa y me pinto una mordedura en el cuello para que todos sepan del porqué de tan oscuro y conocido disfraz. No hace falta que me presente porque todo el mundo conoce al vampiro, adorados y odiados a partes iguales, su presencia no puede desligarse de esa noche de mágica fantasía ni de la literatura. Nos guste o no, los no-muertos han venido para quedarse y saborear las mieles del éxito.

Cuando decidí enfrentarme a esta nueva entrada, estaba hechizada por la creación de mi tercer libro de la saga Canción de Vampiro y me pregunté por qué estas criaturas eran tan atrayentes. ¿Qué posee el vampiro que nos produce tanta curiosidad?

No nos engañemos, nos gusta la oscuridad. Este personaje clásico se ha convertido en un icono de las historias más oscuras y perversas, y se encuentra ya en todo tipo de géneros literarios, no solo en fantasía clásica. Por lo que su expansión y colonización de la literaria ha sido un abordaje de éxito rotundo.

Un ser a medias entre la vida y la muerte, con poderes sobrenaturales, capaz de absorber la esencia vital de las personas a través de su sangre y con todo un abanico de capacidades mágicas inquietantes. Romántico o sangriento, sensual o terrorífico, más terrenal o puramente demoníaco, melancólico o letal. O quizás todo a la vez, porque no olvidemos que las criaturas de la noche tienen esa polaridad extraña que los hace balancearse entre el bien y el mal, son héroes y villanos, matan y devuelven la vida… y eso da mucho juego en el arte de la creación.

Creando al personaje

Pero, ¿cómo se ha introducido este fenómeno vampírico en la literatura? Su transformación en el tiempo ha sido inevitable, pues los vampiros permanecen en nuestros mitos y leyendas y evolucionan con nosotros. Primero como un personaje diabólico y misterioso, para ir humanizándose lentamente, hasta ser perseguido por un ejército de adolescentes (y no tan jóvenes) e incluso, erotizar cada uno de sus movimientos creando nuevo público. Ya hablaban de seres que se alimentaban de sangre en los comienzos bíblicos y algunos atribuyen a Lilith, la primera esposa de Adán según los hebreos, este macabro cometido. En las antiguas mitologías de todo el mundo hay dioses o seres del inframundo capaces de saciar su sed con la sangre humana. En época medieval, el este de Europa se vio invadido por un ejército de vampiros al que todos recurrían cuando no tenían explicación para muertes repentinas, enfermedades o incluso plagas. Hoy en día no deja de ser una leyenda enraizada en el folclore más tradicional como las brujas o los hombres-lobo. Superados los miedos de antaño, nuestra sociedad ensalza la figura de estas criaturas de la noche dotándolos de misticismo, seducción y magia, en un ideal casi romántico y bello, desdibujando las terroríficas historias que se contaban sobre ellos. La literatura lo deja claro: desde Drácula de Bram Stoker, pasando por Entrevista con el Vampiro de Anne Rice, deteniéndonos en los vampiros modernos de Crepúsculo de Stephenie Meyer o los eróticos de Sokkie Stackhouse (True Blood) de Charlaine Harris. Lazos de sangre de Amanda Hocking, La casa de la noche de P.C.Cast/Kirsten Cast, las Crónicas Vampíricas de L.J. Smith, la saga Medianoche de Claudia Gray, Blood Magic de Tessa Gratton, La Sociedad de la Sangre de Susan Hubbard… y un largo etcétera. Sin olvidarnos de todos los libros que hablan de los orígenes de los vampiros remontándose a Vlad Dracul (Vlad Tepes) y los confines de la Historia, como Vlad de C.C. Humphreys.

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La llamada del vampiro

Pero, ¿qué es lo que atrae realmente de estos seres?

Como humanos tenemos el tiempo justo para vivir, dejar descendencia o amar. Tememos decir adiós para siempre. La idea de la inmortalidad es un dulce pecado al que muchos desearían aferrarse para no morir jamás. Combatir la enfermedad o la vejez a cambio de beber la sangre de otros, una especie de pacto con el diablo que proporcionaría eternas noches y ningún día soleado. Renunciar a la luz en pos de la oscuridad, renunciar a la vida por una muerte eterna, un limbo terrenal en el que drenar la esencia vital hasta convertirla en una sed incontenible, una adicción más poderosa que regirse por una sola ley: la inconsistencia humana.

Odiamos ser fugaces, frugales, banales. Queremos permanecer en el tiempo, que nos recuerden, que nos teman si hace falta, pero que no se extinga la obra de nuestra vida por la que tanto hemos luchado. Por ello renunciaríamos a todo por un poco de inmortalidad. Que no nos recuerden como una sombra, sino convertirnos en ella y pervivir por los siglos de los siglos.

Lejos de este ideal romántico sobre una criatura perniciosa para la raza humana, existen infinidad de leyendas que ya hablaban sobre ellos hace varios siglos. Nada nuevo que no sepáis ya, demonios que causaban enfermedades y que volvían de la muerte matando a sus vecinos para sembrar el terror. Os puedo asegurar que en mis viajes por Rumanía, cada vez que observaba un banco de niebla acercarse sobre los maizales se me ponía un nudo en la garganta. Y es que hay paisajes que evocan esa aura oscura que representa al vampiro, también me sucedió con las gárgolas de algunos edificios de Budapest. La oscuridad, el mal retorciéndose en todas sus formas y de repente, una figura humana. Una criatura tan parecida a nosotros que puede llegar a tener sentimientos humanos. ¿Una ilusión? ¿No utiliza el cazador cualquier recurso para atraer a su presa?

No olvidemos que no se refleja en los espejos, por lo que carece de alma y que en lo único en lo que nos parecemos es en su misión terrenal: sobrevivir al paso del tiempo.

¿Por qué escribir sobre ellos?

Cuando decidí escribir sobre vampiros me encontraba en una encrucijada en mi vida nada fácil de solucionar. Soñaba con vampiros de noche y lo escribía al despertar. Estos seres terroríficos personificaban la enfermedad que se estaba comiendo mi vida y que no me dejaba avanzar. Para mí siempre fueron seres místicos y fuertes, lobos con piel de cordero capaces de todo por seguir en este mundo. Sin embargo, habían sido humanos alguna vez y comprendí que la nostalgia debía rodear sus figuras con un halo de misterio y dolor insoportables. ¿Os imagináis sobrevivir a todos los vuestros? Yo no. Por muchos sentimientos que te arranque esa no-muerte, algo debe quedar ahí, aunque sea en el recuerdo, que te convierta en un ser desdichado. En resumen, melancolía y poder.

No sé si existen o no, no me toca a mí descifrar ese enigma, pero su leyenda ha trascendido hasta nosotros con la certeza de la inmortalidad. Nosotros caeremos o venceremos, pero los vampiros seguirán pasando de generación en generación, oscuros, únicos, temidos, eternos

Preparad los ajos, el crucifijo y la estaca, que si el viento va a favor llegaré a vuestras moradas de madrugada. Me he permitido unos versos:

Toda oscuridad es ausencia,

de vida con la que soñar;

a cada paso la muerte acecha,

como si fuéramos su rival...

Saga Divano, la tentación celestial de Jessica Galera Andreu

Cuando entré en redes sociales como escritora todo era un caos y no me conocía ni el tato (más o menos como ahora jajaja), pero no tenía ni idea de por dónde empezar a promocionar o qué leer y solo los dioses saben cómo me quedaba pasmada frente a la pantalla del pc suplicando por una señal celestial que nunca llegaba. Poco después conocí a Jess y todo cambió; sus ángeles me estaban esperando.

Nos os voy a aburrir con mi relación de amistad con esta increíble mujer porque todo lo que hemos vivido en estos dos años queda en la más estricta intimidad (da para otro libro), pero lo que sí os digo fue que le dio una oportunidad a mi primera novela y yo decidí hacer lo mismo con una de las suyas; no sabía dónde me estaba metiendo.

Me decanté por la saga Divano porque había ángeles y una no es de piedra. En un mundo de terribles sufrimientos, la esperanza de seres celestiales es como una estela de rocío. No me defraudó. Me enamoré de su ambientación urbana mezclada con épica en algunas partes y fantasía juvenil desbordante. Haciendo hincapié en esa parte de la vida en que nos creemos dioses indestructibles, cuando somos más tercos e inocentes, cuando el amor aún no nos ha destrozado el corazón mil veces y lo daríamos todo mil veces más.

La saga comienza con una pérdida, la muerte del novio de Tayra y ella se hunde en una espiral de abandono y lucha por volver a la superficie de su propia vida. No lo tendrá fácil, la vida nunca lo es, pero descubrirá poco a poco lo fuerte que puede llegar a ser, el destino que planta a sus peones para que hagan su magia y las estrictas normas que rigen el cielo, tan implacable y cruel como la espada más llameante de todas.

Género de fantasía, dedicado al romance paranormal, juvenil.

Es una lectura fresca y dinámica, con descripciones escogidas con muy buen gusto que te harán trasladarte al caótico mundo interno de Tayra. Escrito en primera persona, no podrás dejar de sentir toda esa maraña de emociones que sorprenden a la protagonista.

LETARGO (Libro 1)

Portada de Alexia Jorques

Creo que me gusta el personaje de Tayra porque la entiendo. Cuando pierdes a alguien muy importante y sabes que aún no le tocaba marcharse parece que el mundo pierde sentido. Nada te reconforta, te enfadas con la vida, con todo el mundo. No quieres escuchar a nadie y nada te importa.

Que existan mundos paralelos no es una idea tan descabellada. Yo misma he pensado a veces en ello y en la reencarnación. Encontrarte a alguien a quien no conoces, pero a la vez, sientes que sí. O en la posibilidad de que todo lo que te sale al revés en esta vida, en otro mundo te salga genial. Como si las oportunidades nunca se acabaran.

Las almas perdidas que vagan entre mundos buscando paz y luz. Y luego están los ángeles (Diorah, Asalian y Deos), esos seres alados que gobiernan nuestros destinos. Tan lejanos, tan distantes y a la vez tan parecidos.

Jessica nos descubre diferentes tipos de ángeles, a errantes y caídos. La lucha del Cielo que se deja sentir en la Tierra. La autora crea mundos mágicos sorprendentes con los que verdaderamente te echas a soñar. El amor prohibido e imposible de evitar. Cómo nos empeñamos en reconducir nuestro camino y el destino se dedica en volvernos a juntar. Eso es lo que le ocurre a Tayra. Destinada a amar, a sufrir y a olvidar, en un círculo que parece no tener fin. Porque los ángeles te cambian la vida y no solo porque rigen tu destino, también porque su intervención divina te hace recapacitar sobre cómo llevas tu vida.

En resumen: Pon un ángel divano en tu vida, o si eso, que venga él…

Si no te he convencido ya o te queda alguna duda, debes saber que Letargo me sorprendió gratamente, no solo por todo lo que he dicho anteriormente, sino por todo lo que no he dicho para no incluir spoilers. Los escenarios, los personajes, los giros en la trama, el ritmo trepidante… ¿Te laterá el corazón a mil? Seguro que sí 🙂

QUID PRO QUO (Libro 2)

Portada de Alexia Jorques

Es la trepidante historia de una lucha, pugnando por un alma, la de Tayra.

Con esta novela, la encantadora Jessica nos sumerge en el entramado de los mundos paralelos donde todo es confuso y caótico. Sin embargo, algo queda claro: que todo lo que haces en este mundo, repercute en otro de alguna manera. Que cuando sientes; sientes. Que cuando amas; amas. Y no importa lo lejos que vayas, o las fronteras dimensionales que puedas traspasar porque no es algo de lo que te puedas zafar con facilidad.

Encontrarse con su otra «yo» en otros mundos, la sumirá en una confusión brutal, una maraña de sentimientos inquietantes entre los dos hombres que ama. Tan difícil separarlos, como inalcanzable es que todo vuelva a ser como antes.

Los enemigos estarán cada vez más cerca, retándola a sobrevivir. El círculo se estrecha y cuando parece que ya nada tiene solución, las despedidas dejarán su mundo patas arriba de nuevo.

Lectura entretenida, pasional y autorreflexiva que nos hace pensar en las consecuencias de nuestra vida y lo que hacemos por ella. Donde existen muchos caminos a tomar, aunque acabemos volviendo al mismo punto de partida. El valor, la determinación y el amor serán las claves para salir de todas las penas que, en este caso, el Cielo nos depare…

Como curiosidad os comento que Jessica cree que esta es la novela más difícil de la saga, quizás por el enfoque entre mundos y las reflexiones con las que nos invita a pensar en lo que nos rodea. A mí me fascinó precisamente por ello, por esa capacidad para salir de las meras palabras y golpearte directamente en el corazón. ¿Cuántas veces hemos pensado en lo que hay después de la muerte, en la posibilidad de la existencia de mundos paralelos, en enmendar esos caminos escogidos sin pensar…? Madurar implica enfrentarte al destino y conquistarlo, aunque a veces parezca que te ha vencido, adentrarte como un caballo de Troya en la raíz de todos los problemas y doblegarlos desde dentro. La protagonista caerá del todo para volver a levantar la cabeza, seguro que muchos os sentiréis identificados.

LAS FORJAS DEL AVERNO (Libro 3)

Portada de Alexia Jorques

En este tercer libro la ambientación urbana da paso a la épica más cruel y aterradora, comprobando que la imaginación de la autora es increíble y su pluma buenísima.

Es una de esas historias con misterio donde te sumerges y aguantas la respiración hasta el final. Tayra siente que lo ha hecho todo mal y que ha arrastrado con ella a todos los que la quieren. Ángeles caídos ocupan su cuerpo, pero ella solo piensa en hacer lo correcto mientras el olvido es una especial condena a la que no quiere sucumbir. Luchará para mantener la cárcel de su cuerpo con vida, pero necesitará la ansiada libertad para no volverse loca. Fracasada su misión y convertida en una errante más, su nueva vida se convertirá en una pesadilla. Un lugar donde solo impera la ley del más fuerte y se sentirá sola y desamparada bajo la sombra de la única suerte que le queda.

Encontrarse con las dos almas que ocupan su corazón será la lucha más dura que tendrá que llevar a cabo. Incluso en la aventura de encontrar las Forjas y conseguir un alma nueva, su misión será aclarar sus sentimientos y atreverse a amar sin contemplaciones. Pero las dudas la asaltarán tantas veces que habrá de tomar una decisión a ciegas. Lo justo, lo correcto, en contra del egoísmo del amor y el deseo. Porque en la batalla del amor solo hay vencidos y muchas posibilidades de error…

Fantástica novela de ritmo frenético y arrollador. Una montaña rusa de sentimientos que no culminarán hasta la última página.

VANGELIS (Libro 4)

Portada de Alexia Jorques

Cuarta entrega de esta trepidante historia cargada de aventuras, misterios y amor. Lo más destacable para mí es el mensaje de esperanza que marca toda la novela, porque la redención es posible, porque no todo está perdido.

Aquellos errantes que creían haber caído en el olvido, resurgen con fuerza, llevando con ellos la llave de un final muy poco claro. Tayra seguirá sufriendo en su vida las consecuencias de ese amor celestial que lo arrastra todo. Un vínculo tan profundo que zarandeará sus vidas con fuerza. Cada vez hay más implicados en esta lucha ancestral que quiere traer el infierno a la tierra. Todo salpicado de destrucción y terror. Mark será su gran apoyo, un destino reservado únicamente para ella, y con él recuperará la fe. Una lucha irrefrenable entre ángeles, caídos, demonios y vangelis, donde solo puede ganar un bando, aunque pierdan todos por el camino. Mucho amor, implacable y un sacrificio final, doloroso y terrible como la sangre que se necesita para trazar un vínculo entre dos almas. Una vez más, espectacular.

LUCEM (Libro 5)

Portada de Alexia Jorques

¿Os ha subido la tensión alguna vez leyendo un libro? ¿No? Pues entonces no habéis caído aún en las redes de la saga Divano. Este libro, último de la saga, me ha hecho llorar, sufrir y reconciliarme con el Cielo en un vaivén de emociones irrepetibles.

Lloré con los primeros capítulos porque me recordaron la fragilidad humana y lo terrible que es decir adiós para siempre. Nadie debería pasar por eso y, sin embargo, lo hacemos constantemente. ¿Nunca os preguntáis a dónde van las personas que ya no están? Esta saga me ha hecho recordar que, en realidad, no sabemos nada.

Tayra sufrirá de nuevo, muchos años después, las arremetidas del corazón y sucumbirá ante su última aventura. Todo por Deos, por encontrarlo de nuevo, un sacrificio más en una lucha perdida. Él siempre será un ángel de la guerra, un divano, y su destino estará siempre ligado a la Ancestral. Tayra buscará un hueco de nuevo junto a él, y sacrificará uno de sus más preciados tesoros, se condenaría sin dudarlo, para salvarlo a él y a su causa: la vida y la libertad.

Pero esta vez será la definitiva, no habrá marcha atrás. La espada de los dioses volverá a brillar en los cielos contra caídos y demonios, y las ánimas acatarán la voluntad de una sola voz.

Final inesperado, teñido de nostalgia y de un amor inmortal que sobrepasa cualquier barrera. Porque el límite entre la salvación y la condena eterna es tan fino que solo puede superarse con la voluntad inquebrantable del amor…

Fin de la saga y agujero en mi corazón.

La página en negro

Nueva por estos lares, pasito a pasito, sin prisa, sin hacer ruido.

Cuando me ofrecieron participar en semejante locura no me lo pensé dos veces, ni siquiera le eché una apuesta a mis neuronas por si alguna había entendido dónde nos metíamos. A veces pensar cuesta demasiado, cuando en lo único en lo que piensas es en expresar. Nadie te salva de la incomprensión, igual que es imposible entender a todo el mundo. Escribir es una extraña mezcla entre soltar entrañas y retener pinceladas de vidas soñadas. Entregamos nuestro corazón en cada palabra y las malas lenguas dicen que nuestras heridas rezuman tinta, una densa capa de alquitrán con la que sepultar lo que verdaderamente somos.

En una sociedad que corre como el viento, la palabra es la traidora por excelencia y su sombra se alarga más allá de cualquier historia. Nos mentimos a nosotros mismos si creemos que ya lo hemos leído todo, siempre hay algo por contar y la mayoría de las veces se esconde entre líneas. La caza de un tesoro a medio descifrar entre páginas y páginas de una historia escondida. ¿Quién te inspiró? ¿Quién te hizo llorar? Los escritores guardamos con recelo esa parcela íntima y, sin embargo, la regurgitamos en cada historia creyendo que aquel que confiesa sus pesadillas lo apartarán de ellas para siempre. Somos ilusos, por si no lo habíais notado aún. Pero por encima de todo, somos soñadores, criaturas mitad humanas mitad magas, convirtiendo cada historia en pura fantasía. Hechizos, sortilegios y conjuros que atraviesan el papel o la pantalla y te calan el alma, porque si te gusta un libro no es por casualidad, estás hechizado por su magia y ahora solo te queda rendirle culto y esperar como un enamorado más a que se termine de escribir la saga…

Imagen de PIRO4D en Pixabay

Prosa poética o la forma de versificar la vida.

Todo en derredor es un oscuro vacío que tiembla y sangra. Te miro y me miras, aunque sé que tus ojos no me ven desde hace semanas. Postrado en esa cama que solo reconoce el dolor y la fragilidad del cuerpo, apenas pareces un niño encaramado a la ventana. ¿Por qué no saltas? Hay un millón de razones por las que lanzarse al abismo de esta caída sin fin, de abandonarte a la derrota y dejar que la luna pernocte por siempre en tu regazo, de lamerte las heridas ahí abajo.

Y, sin embargo, aguardas con el silencio blandiendo su legado, un eco lejano que solo escucha sus propios pasos. Un solo motivo para quedarte a mi lado. Lo exhalas por la boca en un grito de enfado. El demonio solo calcina cuando le das la espalda y chillas, de ti solo cenizas, sembrando con tu cuerpo un campo de infinita soledad.

Dame la mano. Un puente que cruza de brazo a brazo, una alianza muda de cada gesto, de cada beso robado, de todos esos momentos que la vida ha sepultado. Fuimos héroes en el pasado, porque siempre luchamos por los sueños y nadie aún nos ha derrotado. Somos la gloria desdibujada en el espejo, esa imagen retorcida que solo muestra la oscuridad. Ningún cristal te abrirá en canal y mostrará tus entrañas, si acaso las venas desmenuzadas como carmesíes lianas al viento, tras un remoto lamento que nadie escuchará. Somos el equipo perfecto, el dolor y las ganas de llorar, pero mira por encima del hombro y descubre quién llega por detrás. Nadie sale indemne de la vida y tú como cualquier otro… volverás a soñar.

Negra como la sepultura, como las horas muertas esperando a tu vera; como el oscuro vacío que se abre en tu boca, cuando tus labios temblorosos pronuncian esa palabra rota. Negra como los cuervos que graznan en mi ventana, como esa luna de plata que llora estrellas de madrugada. Negra como el eclipse que nos devuelve la noche profana. Negra como el alma justo antes de estallar en llamas. Negra como la esperanza huyendo asustada. Negra solo negra, ruin y torpe es mi alma.

Negra como el azabache de tu pelo, como esas pupilas que me escrutan, conquistando todo mi cuerpo. Negra como el mar cuando el sol se ha extinguido, como esa carencia de color que baña el cielo dormido, como esa puerta entreabierta donde aguarda lo desconocido. Negra la noche de donde venimos, y negra la muerte a la que desafiamos al dormirnos. Negra la pesadilla que acecha, negra la pena temblando entre tus dedos. Negra como el ébano de tu piel donde solo brillan estrellas. Negra solo negra, brillante oscuridad sin mácula.

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La vida nació de la negra oscuridad…