DEBATE: LECTURA A PRIMERA VISTA

De alguna manera incomprensible nos hemos plantado a finales de noviembre, en pleno Black Friday, periodo prenavideño y, en definitiva, en plena vorágine consumista. Y ya que hay que consumir… pues consumamos libros, ¿no?

Y es que últimamente mi lista de pendientes no deja de crecer. Tengo la sensación de ser como aquel emisario de las películas que se presenta ante el rey con un voluminoso rollo de pergamino que, al ser desenrollado, recorre todo el salón del trono. Y una, que es indecisa y lo quiere leer, ver y hacerlo todo al mismo tiempo, no consigue decidir qué libro elegir para acompañarla los próximos días. Así que he traído mis dudas a los integrantes de El Redondal para que me iluminen son su sabiduría y me cuenten cómo se las arreglan ellos para elegir.

¿Tu lista de qué? ¿de lecturas? No, no, yo no la he visto…

Así que, empecemos por el principio. Contadnos, ¿qué es lo primero en lo que os fijáis a la hora de elegir un libro?

Rubén: En mi caso es un poco un conjunto de cosas que podríamos definir como las sensaciones que me da el libro. Está claro que lo primero que entra por los ojos son la portada, el título y el nombre del autor. Después me leo la sinopsis y con esas cuatro cosas, más otros detalles, me hago una idea de qué me voy a encontrar y las sensaciones que me transmite.

La Eremita: Os vais a reír, pero…. Esa intuición que me falla en muchos aspectos de la vida me funciona maravillosamente a la hora de elegir un libro. Algo indefinible me llama y aún hoy no sé lo que es. Si no hay uno que destaque y algo en mí que me diga ¡quiero leer ese!, pues entonces empiezo por pensar en el género que me apetece leer, veo portada que pueda esclarecerme un poco el subgénero o que me atraiga, sinopsis, precio…

Diana: La portada y el título es lo que primero me entra por los ojos y lo que atrapa mi atención desde el primer momento. Cierto es que si la sinopsis no me convence, la portada se queda en un simple vestido bonito. La sinopsis serían unos ojos relucientes y atractivos, sin los que cualquier carcasa no tendría sentido.

Jessica: Coincido con Diana, en lo que primero me fijo es en la portada. Es el primer impacto visual y si, generalmente, no me llama la atención es difícil que indague sobre algo más. Si la portada capta mi atención, me voy a por la sinopsis y por último, vistazo rápido sobre la cantidad de diálogos que hay en el interior (me gusta que sean muchos; los diálogos hacen la narración más dinámica y me trasladan la sensación de estar ahí, escuchando, sin que nadie me lo cuente).

¿Qué tipo de portada os llama la atención? ¿Habéis descartado libros por su portada? Y si es así, ¿qué les faltaba o sobraba?

Jessica: Me llaman la atención los libros con portadas llamativas, con ilustraciones o imágenes atrayentes o vistosas, de esas que te hacen evocar grandes historias o, cuanto menos, captan tu atención. Lo mismo con los títulos que se salen un poco de la norma, que implican un juego de palabras o que responden a algo llamativo.

Diana: Depende del género literario espero encontrar cierto tipo de portadas, pero en general me atraen las oscuras o las muy mágicas. Puede ser que haya descartado alguno por su portada, aunque para mí crea un tándem con el título. Cuando están en sintonía todo fluye y la lectura apetece. Si la portada y el título no tienen nada que ver me produce una incongruencia y pierdo el interés. Me gustan las portadas que dan pistas sobre la historia y que te desafían a leerla.

La Eremita: Uhm… entra o no entra por los ojos. Colores y diseño atractivos hacen que vaya directa a ellos. Fuego con espadas y flores, imágenes originales o impactantes hacen que vaya de cabeza a ver qué es. Incluso una portada monocolor con sólo el título me atrae como la luz a una polilla. No me llaman aquellas excesivamente gore, excesivamente infantiles, excesivamente adolescentes o portadas de andar por casa.

Rubén: Coincido con La Eremita, a mí me echan para atrás esas portadas genéricas, con ilustraciones reusadas de bancos de imágenes gratuitos que puedes encontrar en muchos blogs o RRSS. Le dan apariencia al libro de falta de personalidad, de ser uno más de un montón, o de falta de ambición del autor. En mi opinión, la portada perfecta es aquella que un lector cualquiera, al acabar de leerlo, la vea y la relacione de forma inequívoca con lo que acaba de leer.

He descartado el oráculo, el tarot y el péndulo para acudir a los sabios de El Redondal y lo primero que me dicen es que me fije en la cara del libro. La verdad es que esperaba algo más profundo al acudir aquí. Pues nada, si esas tenemos fijémonos ahora en lo segundo que miramos todos, en su culo (no me seáis mal pensados, que tenéis la mente muy sucia…) y no estoy hablando de la anatomía del autor sino de la contraportada dónde encontraremos la sinopsis.

No lo niegues, ¡has pensado en esos culos!

¿Os ayudan las sinopsis a elegir el libro? ¿Qué esperáis encontrar en ellas?

Diana: Para mí las sinopsis son vitales. Siempre las leo porque te dan una idea de lo que te espera al leer y me ayuda a decidirme. A veces las portadas no hacen justicia a las historias y merecen ese último pequeño empujón de éxtasis hacia sus mundos internos. Deben revelar lo justo para captar el interés del lector, destacando todo aquello que los amantes de ese tipo de literatura en concreto puedan llegar a disfrutar más. Es una pequeña campaña de marketing, vendiendo la mejor historia jamás contada.

La Eremita: Sí, sí y sí ¿Cómo no hacerlo? Sería como comprar un tarro de mermelada sin saber de qué sabor es y luego resulta que es de ciruela que la detesto con todas mis ganas. Vamos, que es imprescindible. Nunca leo un libro sin leer la sinopsis. Y descarto por sinopsis. Que me indiquen qué voy a leer. Si con pinceladas es suficiente, ok, sin embargo, prefiero que me den pistas del/de los hechos más relevantes. Ojo, solo pistas.

Rubén: Las sinopsis son muy importantes, por supuesto, y casi siempre son el factor decisivo. Los que escribimos sabemos que escribir la sinopsis de un libro es una de las partes más complicadas y delicadas de todo el proceso. Demasiada información, y estaremos echando por tierra parte de nuestro trabajo. Demasiado poca, y puede que el que la lea la encuentre insípida y no le llame la atención. Yo creo que hay que dar unas pinceladas, pero con brocha gorda. Es preferible destripar algún detalle menor de la historia a perder la atención de un posible lector.

Jessica: El primer reclamo para mí es la portada, pero es solo una forma para llegar a lo verdaderamente importante y lo que decidirá, con toda probabilidad, si leo el libro o no: la sinopsis.  Para mi la sinopsis perfecta es aquella que no es excesivamente larga pero te deja con la miel en los labios, que te hable de qué vas a encontrar en el libro sin chafarte su lectura y que te dejen intrigados y con ganas de saber más.  

Bueno ya tenemos dos grandes puntos en lo que creo que coincidimos la mayoría de los lectores. Pero, yendo a un tercer factor, ¿el nombre del autor os condiciona la próxima lectura?

Diana: Si ya he leído al autor antes y me ha convencido, es posible que vuelva a repetir sin pensar demasiado. Si recomiendan mucho a un autor famoso puede llamarme la atención también, para comprobar si efectivamente tienen razón o es solo una moda. Al final, aprendemos de lo que leemos. En lo que respecta a los autopublicados suelo leer más los libros de personas conocidas o por recomendación, aunque me atrevo con desconocidos sin problema si la historia me llama. Leemos por placer, el nombre del autor no debería condicionarnos a la hora de disfrutar de una buena historia.

La Eremita: Sí, claro que me condiciona, sobre todo para saber qué no leer. Obviamente he intentado leer previamente algo que posiblemente no haya podido tolerar. Añado más: adoro a Stephen King y en estos momentos cualquier libro escrito por él no lo leería por circunstancias personales. Condicionadísima. Si desconozco al autor no es impedimento para que lo lea, no descarto por desconocimiento. Suelo buscar alguna reseñita de colegas blogueros para ver por dónde soplan los vientos. Si encuentro y hay opiniones variadas, leo. Si todas son negativas, descarto. Si no hay, leo. Positivas leo obviamente.

Jessica: Para mí es irrelevante el nombre del autor@. Si un libro me llama, se vendrá a casa lo haya escrito quien lo hay escrito, ya sea un best-seller súper famoso o un autopublicado con su primera novela. De hecho, la mayoría de libros que tengo en casa, entraron en ella sin saber quién los había escrito. Es algo que ni siquiera miro durante la compra. 

Sí es cierto que hay libros que te llegan desde la fama o el conocimiento del autor si ya los has leído previamente y puede avalar su lectura, pero si no me resulta llamativo el argumento es difícil que lo lea por más que pueda “adorar” a ese escritor o escritora. 

Rubén: Tengo a unos pocos autores en un altar y sé que me puedo fiar de su calidad, aunque eso no quiere decir que me interese todo lo que publican. En el caso de los autopublicados, representan el 75 % de mis lecturas anuales, los trato como a cualquier otro autor. Si no los conozco, su libro me tiene que haber llamado la atención de alguna manera o tengo que haber visto previamente cómo escriben. Me puedo equivocar, por supuesto, y encontrarme con que no me gusta su estilo o que no tiene la calidad mínima. En el peor de los casos cierro el libro y tan amigos.

Se nos han quedado muchas cosas en el tintero, como el precio y como afecta este en la compra de los libros, pero eso tendrá que quedar para otro debate.

Contadnos ¿cómo vais a elegir vuestra próxima lectura? ¿Seguís algún extraño ritual que no hemos mencionado? ¿Lo hacéis a través de las runas, lanzáis una moneda al aire o a través de un servicio de book box?

Debate: Los límites del escritor: ¿don innato, voluntad o perseverancia?

Pues otro mes que ha pasado y aquí me tenéis de nuevo poniendo orden en esta panda de… maravillosas y locas, muy locas personas, que no cambiaría por nada del mundo. Creía que al llegar al tercer debate la cosa iba a fluir más y sería más fácil, pues os diré que NO ha sido así. Menos mal que me autobauticé como Ordenadora del caos de El Redondal, así que voy a intentar hacer un poco de magia para darle algo de sentido a todo el copy-paste del chat en el que hemos organizado el debate y la charla escritoril.

Esta vez hablaremos de escritores, de libros y de qué mínimos deberían tener estas obras para que cuando caigan en nuestras manos como lectores no nos sintamos estafados. Nos vamos a centrar sobre todo en los autopublicados porque es el terreno que pisamos cada día y conocemos en profundidad. Pero, por desgracia, este tema no afecta únicamente a los autopublicados, que es lo que la mayoría podríamos pensar. Algunas editoriales tradicionales, de autoediciones o de coediciones, tampoco cumplen estos mínimos. Es de suponer que creen que el lector no es importante y reducen sus costes, sacrificando la corrección y revisión de los manuscritos. ¿De verdad piensan que los lectores somos tontos? En fin, que paren el carrusel que servidora se baja. No sé si os pasa también a vosotros, pero yo cada día entiendo menos al mundo.

Empecemos por el principio. Para vosotros, ¿quién es un escritor? ¿El que escribe o el que pública?

Diana: Ser escritor es una profesión y hay que aprender a serlo. La ejecución requiere un aprendizaje previo, una práctica. La experiencia se gana con el tiempo, pero hay que estar abierto a mejorar. No todos los que escriben son escritores, pero merecen la misma oportunidad. No tienes que publicar para ser escritor, pero es una condición importante para visibilizarte en el mundo literario. Para mí la prueba de fuego empieza cuando publicas, antes es difícil que tú mismo sepas si estás al nivel.

Rubén: Yo aquí veo las dos posturas. Al final creo que puedes ser escritor sin publicar y puedes publicar sin llegar a ser escritor. Al final todo depende del compromiso que tengas con esta profesión. Discrepo de lo que ha dicho Diana en que no creo que publicar sea la única manera de saber tu nivel. Reconozco que no es fácil, pero puedes hacer autocrítica leyendo a otra gente e investigando un poco y buscar consejo y feedback para saber cuándo tu obra está madura como para poder publicarla. Por poner un ejemplo, Sanderson comenzó a publicar cuando llevaba escritas siete u ocho novelas, porque consideraba que no eran suficientemente buenas. Y Sanderson escribe como los ángeles, en eso estamos todos de acuerdo xD. Si yo hubiese publicado la primera versión de La primavera ausente, que lo acabé allá por 2015 o así, el libro sería mucho peor.

¿Son escritores los Youtubers que sacan un libro? Para mí no lo son porque les falta el compromiso mínimo con la profesión y el libro se convierte en un mero producto de marketing. ¿Es escritor el que escribe un libro sin molestarse ni siquiera en saber cuál es la forma correcta de puntuar y representar un diálogo? Probablemente sí, pero sin duda es uno pésimo.  

Jessica: ¿Se puede considerar a toda aquella persona que publique un libro como un escritor? Buf, complicado. Tal vez se pueda considerar un mal escritor si la historia no es buena (algo muy subjetivo) o si está plagada de faltas, carente de una buena estructura en la redacción y en definitiva, no es un buen texto desde parámetros objetivos. Ahora, si consideramos como escritor todo el que escribe, pues independientemente de si publica o no, lo sería.

La Eremita: Escritor es el que escribe. De hecho, me remito El Péndulo de Foucault de Umberto Ecco aunque no pueda hacer spoilers, aquello que resultó ser la nota que encontraron…. quien sepa de lo que hablo tiene la respuesta. Yo puedo publicar mañana una reseña y no soy escritora, pero publico. La escritura es creación, sí, pero bien escrita, valga la redundancia, que mi sobrino en la ESO también escribe redacciones. Recordad que hace un tiempo publiqué la Biblioteca de los Horrores donde os contaba justo eso, lo horrores con los que me habia cruzado en mi afán de leer.

Nuebo acecino en serie suerto. ¡Cuidado!
Mata lentamente haciéndote sangrar por los ojos.

Entonces, como lectores, ¿qué mínimos esperáis encontrar en un libro para considerarlo como tal?

Diana: Como autora siento empatía por otros, me pongo en su situación y puedo entender algunos fallos. Creo que la calidad se mide un poco en todo, cuando fallan la corrección, el estilo, el mensaje… no te apetece seguir leyendo. Cuando las obras no hay por donde cogerlas me parecen más un timo que un esfuerzo verdadero por mejorar. Me gusta que la historia esté bien hilada y sea original, después me fijo en la ortografía y el estilo. Obviamente, todo debería tener un sentido.

Rubén: Mis mínimos:

Más allá de que la historia me guste, que es subjetivo, espero que al menos parezca que se ha intentado corregir. Soy comprensivo con que haya faltas, más en un autopublicado que en un libro de editorial, pero espero ver un esfuerzo por parte del autor por corregir su libro. Si no tengo la impresión de que me está respetando como lector cierro el libro, por muy buena que sea la historia.

Otro mínimo:

Entiendo que el estilo se pule con el tiempo y escribiendo. Los primeros libros tienen un estilo poco maduro que se suele percibir enseguida. No hay problema; todos debemos empezar por algún sitio. Pero si el estilo parece el de un niño de 10 años, si no hay nada que brille en él, nada que se pueda salvar, otra vez lo mismo. Next.

La Eremita: Yo soy exigente: si quieres ser escritor has de saber escribir, lo que implica redactar correctamente y tener una ortografía impoluta. Puedo admitir algunos fallitos que intuya que son fallos de edición, pero no más allá. Para mi un escritor tiene que pasar la prueba del vello, que no es fácil. Cuando alguien escribe que se le pone el bello de punta ya la hemos fastidiado. Puedo empatizar con cierta inmadurez narrativa, pero recalco el “cierta”. De hecho, me agrada cuando noto evolución en la segunda obra de un autor. Me fascina.

Pongo un ejemplo con lo escritores aquí presentes, para los que me seguís ya sabéis que nunca digo algo por decir, que cuando lo digo es porque realmente creo en ello. La narrativa de Diana ha sido madura desde siempre. En cambio, en Jessica, que ya va bien desde principios, llega a cotas increíbles en obras siguientes. Por eso soy fan. Rubén ya presentó una narrativa madura en la Primavera, pero en la Corona era impecable, con una evolución más que notable. Para mí el primer mandamiento de la ley del escritor es: antes de escribir, lee por favor. Lee mucho. Y luego ya escribes si quieres.

Jessica: Más o menos estoy de acuerdo con lo dicho por mis compañeros, pero también me puede la empatía con el escritor. Lo que solicito, como lectora, por encima de cualquier otra circunstancia, es que la historia me atrape y me enamore. Me he dado cuenta de que soy capaz de obviar cosas gordas en la redacción de una novela, pero hay un límite y si llega un punto en el que piensas que no hay derecho y que algunos, deberían pulir antes de lanzarse. Aprendemos escribiendo, está claro, pero hay unos mínimos.

Es cierto que los errores de un autopublicado, quizás, se perdonan un poco más que el de libros editorializados. Es algo lógico porque los segundos pasan, o deberían pasar por unos filtros que lo primeros no lo hacen. Cada uno tiene un umbral de tolerancia diferente, pero todos coincidimos en que hay unos mínimos, que no pueden ser vulnerados. No hay nada peor que abrir un libro y sentirte engañado.

Lo siento, pero alguien te lo tiene que decir: nunca serás un unicornio

          

Personalmente creo que los escritores nacen con una sensibilidad especial para unir letras y hacernos disfrutar con sus creaciones al resto de los mortales. Pero es una predisposición innata hasta cierto punto, para que esta habilidad brille en todo su esplendor, y nos atrapen en sus historias, deberán sacrificarse, crecer, mejorar y evolucionar. Vamos, como todo en la vida, ya sabéis eso de “a dios rogando y con el mazo dando”.

¿Opináis que basta con tener un sueño para poder cumplirlo? ¿Querer ser escritor, te convierte en ello?

Jessica: No, no basta. Tener un sueño puede ponerte en el camino, pero el equipaje y los recursos para empezar a andarlo son cosa de cada uno. A medida que avanzas aprendes, y ese equipaje se hace más rico, aunque no más pesado. Pero si tú único fin es llegar y te da igual cómo o de qué manera, probablemente acabes dándote cuenta de que te faltaban muchas cosas. Querer es poder, pero no por arte de magia, sino de trabajo (mucho), de constancia, de esfuerzo y de un continuo aprendizaje.

Diana: Si nos pasamos la vida soñando con cosas imposibles, nos frustraremos y no avanzaremos porque la magia, aunque no os lo creáis, no existe XD. Por eso, lo ideal es tener sueños alcanzables o posibles y luego trabajarlos como todo en esta vida. Hay que marcarse objetivos porque es la única forma de avanzar y aprender, pero hay muchísimo trabajo detrás y es la única forma real de alcanzar tus sueños. Perseverancia, paciencia y constancia. Querer es poder, siempre que te impliques con el alma y desees mejorar continuamente.

La Eremita: Entiendo lo de querer cumplir los sueños, pero soy firmemente partidaria de aquello de que mi libertad empieza donde acaba la de otro. No quiero leer diarios personales ni redacciones infantiles cuando tomo un libro: quiero perderme en la historia sin distracciones innecesarias. Una mala redacción o una falta son distracciones que me enfadan más allá del límite tolerable.

Rubén: En esto estoy con La Eremita. Lo de cumplir un sueño y escribir está muy bien, tienes derecho. Lo que no tienes derecho es a pretender cobrar y engañar a un lector si no das el nivel para publicar y no te tomas en serio tu “profesión”.

Para aquellos que no estéis metidos en este mundo o no conviváis con escritores quería mostraros esta parcela que no se ve. La cantidad de horas que dedican a escribir, reescribir, revisar, corregir, maquetar y mover las RRSS, es ingente. Sin olvidar que la mayoría también tienen trabajos “mundanos” para poder subsistir. Y familias a las que dedicar parte de su tiempo, claro. A veces nos creemos que escribir un buen libro no es para tanto, pero os aseguro que todas esas horas son horas sin salir de casa, sin quedar con nadie, sin descansar, sin vacaciones y una larga lista de sacrificios que estos chicos hacen para perseguir su sueño y ofrecernos a los demás historias en las que sumergirnos y soñar.

Contadnos, como autores, ¿qué supone querer sacar vuestros proyectos adelante?

Jessica: Estar aquí es un ejercicio de amor a la literatura, siempre lo digo: horas y más horas que le rascas a un tiempo que no tienes. Llega un punto en el que escribes de cualquiera manera, con ruido, con interrupciones, con sueño, enferma. ¡Da igual! Y a eso hay que sumarle las horas de corrección (a las que somos desastrosas se nos nota menos, pero juro que las hay). Luego alguno cuestiona que seas capaz de escribir una novela en X tiempo, pero no piensan en que las horas que ellos pasan haciendo el gamba en redes, de vacaciones, de cenas o de lo que sea, tú te las pasas escribiendo y corrigiendo. Maquetar y todo lo que hay que preparar para la publicación es agotador. He llorado mucho (literalmente) publicando novelas.

Diana: Lo peor para mí es cuando ya he terminado y me enfrento a esa tormenta que he creado casi sin respirar. La corrección, en todos los sentidos, y retocar mil veces lo que no acaba de cuadrar. Maquetar también es un horror. Y no se acaba ahí, porque también corrijo después de la publicación. Es lo mínimo que podemos hacer por los lectores.

Rubén: No hay mucho más que añadir a lo que ya han dicho Jess y Diana. Yo, por mi parte, me he llegado a pasar dos años reescribiendo y corrigiendo una novela xD, debido a mi afán de perfeccionismo y mi miedo a publicar por primera vez. Y con las dos, tras publicarlas, me he pasado casi tres meses sin escribir nada más, tan solo releyéndolas para seguir corrigiendo los fallos o las cosas que no me acababan de convencer. No es necesario llegar a tanto, pero creo que hay que tratar a cada novela como si fuera la última o la única que vas a escribir.

Y hasta aquí el debate de este mes. Como resumen podríamos decir que un escritor se construye a sí mismo a base de horas y horas de trabajo. También subrayar lo importante que es leer mucho antes de publicar, ser autocrítico y respetar a todos aquellos que te leerán en algún momento de su vida.

Y ahora contadnos vuestra opinión sobre el debate de hoy. ¿Tenéis alguna opinión diferente o creéis que nos hemos dejado algo en el tintero?

¿Debate? Juvenil Vs. Adulta

¿Ya ha pasado un mes desde el último debate? Eso parece, el tiempo no espera por nadie así que va tocando subirse al atril, encender los micrófonos y comenzar a defender nuestras posturas en el segundo debate escritoril-iterario del Redondal. En esta ocasión hablaremos de las etiquetas —las literarias, no las que cuelgan de las prendas del Bershka— centrándonos en aquella que cataloga a una obra como juvenil o adulta. Nos ponemos el casco, por si llueven piedras metafóricas, y bajamos al barro, pues.

Ya estamos con la etiquetitas… y luego ni caso a las de la comida y la ropa.

Antes de comenzar quiero contaros que los componentes del Redondal odiamos las “etiquetas” ya que creemos que no es más que una limitación y en muchos casos desembocan en prejuicios. Y nos negamos a meternos en los corsés que ha creado la sociedad para tratarnos como estereotipos y no como personas individuales y completas. Dicho esto, hay que aclarar que esta semana a pesar de tener una ideas similares sí que hemos conseguido una mayor diferencia entre las perspectivas de cada uno.

Desde vuestro punto de vista: ¿qué diferencia hay entre juvenil y adulta?

Jessica: Para mí, la “etiqueta” (cosa que odio, por cierto), la marca la edad de los protagonistas. Única diferencia para novelas adultas y novelas juveniles. Obviamente esto conlleva comportamientos, caracteres y formas de afrontar las cosas distintas a la edad adulta. Nada más. Para mí en una novela juvenil hay personajes adultos, pero estos no son los protagonistas.

Diana: La edad de los personajes, porque en juvenil creen que todo es posible, a medio camino entre la ilusión infantil y la rebeldía de enfrentarse a lo nuevo. En adulta los personajes han vivido lo suficiente, tienen experiencia como para no cometer ciertos errores, para explorar menos y no sentirse dioses de su pequeño mundo (normalmente XD).

La Eremita discrepa de las chicas respecto a que esté definida únicamente por la edad de los personajes. Nos pone un gran ejemplo, IT de Stephen King la protagonizan niños y no es infantil ni juvenil; nadie osaría calificarla así.

Rubén: Para mí es un poco de todo. Para empezar la etiqueta de juvenil para su obra la suele adoptar el propio autor para seleccionar el público a la que va dirigida, normalmente edades de 16 a 30 años, a brocha gorda. Evidentemente, siempre se trata de obras protagonizadas por adolescentes o adultos muy jóvenes. Y los temas pueden ser tan complejos como los de la literatura más adulta, pero creo que la forma de tratarlos no es igual. Esa para mí es la principal diferencia. No sé si es profundidad, verosimilitud, atmósfera o qué, pero hay una diferencia ahí en el cómo, no en el qué.

La Eremita dice entre dientes que Rubén le ha plagiado la respuesta y que justo ella iba a decir lo mismo. Nos cuenta una teoría científica sobre la creencia que tiene de que cuando era niña le clonaron una pequeña parte del cerebro y que se la insertaron a Rubén…

De esto a una teoría conspiranoica no hay ni medio paso

Desde luego por aquí la imaginación no nos falta, y aunque yo soy más de ciencia, centrémonos, que hemos venido a hablar de literatura.

Entonces, ¿qué marca la etiqueta de juvenil? ¿La edad a quien va dirigida la historia? ¿La edad de los personajes? ¿La trama?

Diana: En cierto sentido, también lo marca la intención de la novela. En una infantil no puedes explicar la historia de la misma forma. Quizás en juvenil lo marca el aire rebelde y pasional, de que todo es posible. Y la adulta es más dura y real, cuando ya estamos más acostumbrados a sufrir y resistir en esta vida

Rubén: Quizá en la adulta haya más desencanto, Diana. Pero bueno, hay novelas adultas muy buen rolleras. Es decir, que no es solo eso, pero algo de eso hay. Pero insisto, no es tanto lo que pasa: cosas duras, muertes, tragedias, apocalipsis varios, sino la forma de contarlo la que las diferencia, en mi opinión. Creo que es un error etiquetarse a uno mismo y lo que escribe. Evidentemente escribes fantasía, sobre personajes de cierta edad, y sobre unos temas determinados, los que a mí me inquietan, pero yo dejaría que lo catalogasen los lectores. Para mí es cerrarse puertas.

Etiquetar algo ajeno es complicado, pero autoetiquetarse uno mismo aún es más difícil ya que al final todo es tan subjetivos como seres humanos hay en el mundo, y lo que a uno le parece blanco, el otro lo ve negro y muchos otros se quedan en el gris. Quizás como autor definas tu obra en unos términos que muchos autores redefinan luego a su manera. Todos coinciden que en ocasiones una etiqueta o una portada algo más “infantil” pueden crear prejuicios y hacerte descartar historias que si les dieses la oportunidad te harían borrar todos los prejuicios de un plumazo.

Todos: Hay que desterrar los prejuicios de la literatura

Yo iría aún más lejos: hay que luchar contra los prejuicios, así en general no solo en la literatura. Nos perdemos historias, personas y experiencias maravillosas por esas ideas preconcebidas y lo peor de todo es que la mayoría ni siquiera son nuestras, sino introyectos de la sociedad.

¿Condicionáis vuestra lectura al hecho de que sea juvenil o adulta?

La Eremita: Solo condiciono mis lecturas a que me llame el argumento, no sus etiquetas. Lo siento, es que no tengo ni idea, yo leo de todo y si me parece muy “juvenil” abandono. Y la razón es que a veces es como si leyera lo que dicen las conversaciones adolescentes de una sobrina que no están en mi longitud de onda. Si lo están, me importa un bledo la edad. No lo puedo decir más técnico, no me sale, lo siento. Pero también abandono literatura adulta por parecerme demasiado simple.

Jessica: Yo solo condiciono mi lectura a que me llame la historia

¿Un adulto puede leer novelas juveniles y un joven novelas de adultos?

Jessica: Por supuesto, ambos pueden leer tipos de novela no “tipificados” para ellos por su edad.

Diana: es que el público es muy complejo porque cada uno lee lo que quiere. A mí me encanta leer juvenil y adulta a veces XD y tengo mis años.

¡Ay Dios mío! cierro esta cadeneta y subo de lvl

Entonces, ¿estamos todos de acuerdo en que los temas a tratar en juvenil y adulta pueden ser los mismos o hay algunos adonde una u otra no llegan?

Jessica: yo sí, creo que los temas son los mismos (o pueden serlo, vaya).

Diana: yo creo que se pueden tratar todos los temas por igual.

Rubén: Yo pienso que sí, los temas pueden ser los mismos y más en los últimos años que la literatura juvenil de fantasía se ha vuelto más oscura. Ojo, más oscura no necesariamente quiere decir más seria o adulta.

Por último, autores ¿cómo enfocáis este tema?

Diana: Me gusta escribir fantasía juvenil por la ambientación irreal y las emociones desbordantes de los personajes. Cuando eres joven sientes que puedes con todo, los miedos aún no se han alojado en tu interior y eres capaz de cualquier cosa, el corazón aún no se ha roto en mil pedazos y la rebeldía se impone como un idioma natural ante las amenazas del mundo. Esto se pierde con la edad. Quizás por eso me he autocatalogado como escritora de literatura juvenil, por los personajes que componen mis obras y por la intención de transmitir esos valores que vamos olvidando mientras la madurez nos impone responsabilidades y la experiencia coarta nuestra libertad. Me pongo en su piel e intento sentirme como una adolescente, porque a fin de cuentas, todos hemos sido más jóvenes e inexpertos, rebeldes, inconformistas, pasionales y libres. Leer juvenil es volver a la edad de las emociones a flor de piel, las dudas, el inicio del conocimiento de uno mismo y la lucha entre el instinto y las normas sociales.

Jessica: Personalmente considero que lo único que delimita lo que es novela juvenil de la que no es juvenil es, tan solo, la edad de los personajes. Disfruto creando personajes adolescente o jóvenes porque puede ser alguien que aún no esté desengañado, que se crea en posibilidad de ‘comerse el mundo’, que aún tiene que aprender a caerse y es bonito vivir todo ese proceso con él o con ella. Y así es como me gustan los personajes: humanos, con mil defectos, con ideales que la trama premiará o abofeteará; pasionales, emocionales, que te permiten pausar la acción más trepidante y darle parcela al sentimiento, a las emociones, a reír, a llorar.

Rubén: No me gustan las etiquetas, aunque entiendo la necesidad de usarlas. En mis obras hay elementos que podríamos catalogar como típicos de la literatura juvenil: edad de los protagonistas, su visión del mundo, una pizca de salseo adolescente, pero no creo que pueda englobarla dentro de esa etiqueta. Pero. En mi caso, me cuesta decidir si lo que escribo es fantasía épica, oscura a grimdark. Atiendo poco a ese tipo de cosas y procuro escribir sobre aquello que siento, me obsesiona o me surge. Ya vendrán luego los lectores a decidir qué están leyendo.

Y ahora visitantes del Redondal, contarnos para vosotros ¿qué marca la etiqueta de juvenil? ¿La edad a quien va dirigida la historia? ¿La edad de los personajes? ¿La trama?

Por último, recordad las grandes historias, al igual que las personas, no entienden de edades y perduran en el alma de aquellos que las leyeron y las amaron. El cerrar la última página de un libro no supone ponerle un punto y final, sino que lo leído y aprendido conviva para siempre con nosotros.

¿Debate? Sagas vs. Autoconclusivos

La semana pasada navegando por el ciberespacio nos encontramos con un mensaje sobre Sagas vs. Autoconclusivos. Nos cortocircuitó el cerebro, no podemos negarlo. Vemos a menudo en los comentarios que dejáis en los blogs que muchos de vosotros, lectores, rehuís las sagas, aunque os atraiga el argumento, y lo único que os tira para atrás a la hora de iniciar esa lectura es, precisamente, que se trate de varios libros.

Soy una ardilla, no me pidáis que sepa de ortografía…

Así que esa fue la chispa que dio lugar a esta entrada. Intentábamos generar una especie de debate entre nosotros. pero nos ha resultado imposible, ya que la balanza del Redondal se decanta por aceptar las historias, cualquiera que sea su extensión. Somos devoradores de libros, sobre todo de esos que calan y te marcan. Y lo bueno no tiene que ser siempre breve para seguir siendo bueno.

Hicimos unas rondas de preguntas rápidas para conocer las posiciones de cada uno en este asunto. Y como no también tener la visión de los autores desde su parcela de creadores de mundos. Aquí en esta casa los tres que tenemos no se caracterizan precisamente por escribir una historia en un solo libro y ya, no… Aquí son de ocupar kilómetros de estantería con muchos, que el que menos nos promete cuatro.

Como lectores, ¿libros autoconclusivos o sagas?

  • Jessica: La verdad es que leo pocos libros autoconclusivos y suele darse cuando no tengo clara una próxima lectura, aunque también es cierto que encuentras auténticas joyas y tesoros entre estos. Libros que te marcan y que te demuestran que a veces menos es más. Me encantan las sagas porque me aseguran horas y más horas en compañía de esos personajes de los que me enamoro. Terminar un libro que me fascina con la sensación de que esto no acaba aquí, sino que volveré a reunirme con esos personajes mágicos, es una gozada, un sentimiento muy diferente -aunque igualmente maravilloso aun siendo agridulce- a ese otro que te embarga cuando cierras la última página de un libro y sabes que con él se acaban muchas cosas.
  • Diana: Como lectora y devoradora de libros de fantasía, acepto cualquier extensión. Entiendo que cada autor otorga a su historia el tiempo que cree conveniente y debo adaptarme a esa criatura naciente que cae en mis manos (o ante mis ojos) con el mismo respeto que si fuera una persona.
  • La Eremita: A mí me gustan las sagas. Me gusta pensar que cuando una historia me agrada me va a durar tiempo, que voy a vivir cómo crecen los personajes,
  • Rubén: Me es indiferente. Lo que necesite la historia que el autor ha escrito. Las sagas me gustan porque te permiten acompañar durante más tiempo a unos personajes con los que, si el autor ha hecho bien su trabajo, te encariñas y de los que quieres saber siempre un poco más. Pero es cierto que a veces necesitas leer historias más cortas y, quizá, ligeras.

Entonces ¿para vosotros no tienen ningún pero las sagas? ¿No habéis dejado ninguna a medias? ¿Cuándo hacéis pop con una saga hay stop o no paráis hasta devorarla por completo?

  • La Eremita: A mí me impacientan las inacabadas, cuando hay un parón porque aún no se ha publicado es un anticlimax, y si pasa tiempo, luego tengo que refrescar. Yo no he abandonado sagas propiamente dichas. Si he abandonado libros a la primera, da igual en saga o no, porque no conectaba con él. Si leo el primero probablemente leeré todo.
  • Diana: Yo intercalo lecturas, no suelo leer una saga completa, aunque este publicada.
  • Rubén: Para mí la parte negativa es, como no, el factor tiempo. A ciertas edades es muy difícil sacar tiempo para leer sagas enormes. Ese, por ejemplo, es el motivo por el que no haya terminado de leer Malaz o haya empezado a leer El archivo de las Tormentas; son sagas kilométricas y muy complejas que requieren tiempo y mucha atención. En ese aspecto, los autoconclusivos se agradecen. Por eso, ya no suelo leer los diferentes volúmenes de una saga de corrido, sino que los intercalo con otras lecturas generalmente menos complejas o extensas para desestresar un poco a mi pobre cerebro. Así que no, las sagas no son para mí como las Pringles. Las primeras las puedo dejar para otro momento, las segundas no paro hasta terminar la última.
  • Jessica: Sí he dejado alguna saga, porque a veces las historias se eternizan. Pienso que un autor debe saber cuándo poner punto y final a una saga, porque si no lo que saciaba acaba por empachar. Creo firmemente que cada historia reclama una extensión distinta y propia, y que son los personajes y la propia trama quienes piden más o dicen “hasta aquí”.

Y ahora vuestra opinión como autores ¿qué os hace decantaros por escribir sagas o autoconclusivos?

  • Rubén: Prefiero las posibilidades y la profundidad que brinda una saga a un único volumen. Eso te permite crear historias más complejas, explorar mucho más el “lore” del mundo, desarrollar más los arcos de los personajes y su evolución y crear más subtramas para los secundarios. Tienes más espacio y más posibilidades. Pero se tiene que hacer bien para no rellenar páginas con información y párrafos que no aporten nada. La ventaja de los autoconclusivos es que te permiten cerrar historias con más rapidez y centrarte en otros proyectos. Y también es cierto que puedes escribir autoconclusivos desarrollados en un mismo mundo e incluso con unos mismos personajes, lo cual me parece algo muy interesante y que probablemente exploraré en el futuro. Y por encima de mis preferencias personales, incluso, está lo que necesite la historia. Si necesita ser más extensa, o más corta, yo procuro darle esa extensión sin cuestionarme demasiado los pros y los contras. La historia manda.
  • Diana: He de reconocer que mi vena poética (y muchas horas resumiendo tochos para la Uned) me hace escribir novela corta, yendo siempre al grano y pasando por alto obviedades que mi atascado cerebro ha dejado de procesar por ser mero adorno. No suelo enrollarme mucho y eso es algo que intento mejorar en los últimos tiempos. Sin embargo, debo mencionar a Jessica Galera y la frase que siempre me repite cuando le hablo del tamaño de mis novelas: «Cada obra tiene su extensión», suele decirme para que se me grabe en este coco loco que tengo por cabeza (otro día os hablo de lo que le digo yo…). Y tiene razón. No es mejor una saga por ser más larga o una autoconclusiva por lo contrario. La buena historia nace y se concibe en su tiempo justo de desarrollo, es un ente propio que no entiende de convencionalismos ni modas.
  • Jessica: Como escritora, intento ofrecer lo que me gusta recibir como lectora en todos los sentidos. También pienso que un autor debe saber cuándo poner punto y final a una saga, que no puedes eternizarlas porque al final, lo que saciaba acaba por empachar. Creo firmemente que cada historia reclama una extensión distinta y propia, y que son los personajes y la propia trama quienes piden más o dicen “hasta aquí”.

Total, que como estábamos todos de acuerdo ni debate ni nada… Y nos quedamos con las ganas de que alguien anti-sagas nos contara las razones por las que dejar pasar las sagas.

¡Iluminadnos, oh ilustres, lectores! ¡Sacadnos de este bucle eterno de “sagas sí” contándonos por qué “sagas no”! O uníos a nosotros. ¿Qué nos contáis? ¿Sois #Equipodamesagas (suena como sugus ¿no? Igual podemos hacer un día un debate sobre sugus de piña sí o no…) o #Equiposagasbromeasoqué?

Desde el Redondal, entre bambalinas.

Seguro que tenéis tanta curiosidad, como yo, en ver a estos artistas por dentro. No, tranquilos, que no voy a rajarlos para enseñaros sus entrañas. Mmmm, espera, ahora que lo pienso eso subiría muchísimo la audiencia. No… no…, ¡es una locura! Voy a dejar el suelo perdido de sangre… Bueno, quizás si antes lo plastifico como hacia Dexter… Ufff, nah, mejor lo dejo para otro día que solo de pensarlo ya me he cansado.

Bueno, que me lio, lo que os quería contar es cómo surgió toda esta idea de compartir espacio.

Un día, de pronto, apareció Pilar diciendo que el Redondal se le había quedado grande desde que se le habían independizado los gatetes, que podríamos venir a verla más a menudo y contarle nuestras mierdas, digo las cosas que nos gustan y nos interesan. Parecía triste, pero ya os digo que ni triste ni leches. Todo había sido una treta para liarnos.

La primera en decir que sí fue Jessica; esta mujer se apunta a un bombardeo. Rubén, que pasaba por allí, dijo que casualmente el tenía un par de bombas. A la que me despisté, Diana ya estaba subida en el tanque. Yo dije que si estábamos todos locos, que ni de coña me subía yo ahí, con esa panda… Nah, en realidad fue lo que pensé y no dije, porque a la que me di cuenta, Pilar ya me había arrastrado a su lado.

Si no habéis visto esta película, Mad Max, os la recomiendo muy mucho

Ayer nos reunimos en nuestro cuartel secreto (bueno, vale en un chat…) y trazamos nuestro plan maestro esbozando nuestra hoja de ruta:

Cada uno de los artistas invitados hará una entrada mensual. ¿De qué? Yo qué sé, ¡son artistas! Dependerá de cómo se hayan levantado ese día o de lo que los haya inspirado: ya sean personas, series, películas o algún videojuego, que me consta que también juegan. Y Pilar hará lo que le dé la gana y cuando le dé la gana. Amos a lo que nos tiene acostumbrados y que tan bien se le da. Y quizás alguna cosa más, pero no voy a desvelártelo todo, porque… ¿qué sería de la vida sin un poco de emoción?

Pero, amigo, ya te adelanto que el Redondal está tan vivo como todos nosotros y que en cualquier momento nos iluminaremos con alguna gran idea y lo cambiamos todo de arriba a abajo. Vete tú a saber…

Espero que disfrutéis de este ciberespacio, al menos tanto como nosotros creándolo.