BAJO EL CIELO DE BERLIN – CARMEN SERENO

El calor insano que está apretando en este Junio madrileño invita a perderse por latitudes más frescas. Y como entre bichos pandémicos y carteras achuchadas no podemos permitirnos tomar aviones, trenes o barcos, siempre nos queda el recurso de los libros que nos hacen viajar tan lejos como el autor, en connivencia con el lector, quiera llevarnos. Y encima decidimos si queremos un viaje de aventura, romántico, fantástico… todo un chollo vamos.

Yo he elegido perderme con Carmen Sereno como guía, por Berlín y asomos de Estambul. Ya viajamos con ella, si recordáis, por Estocolmo y Wellington.

Lo que nos propone la autora en esta ocasión es conocer ese Berlín vivido por un alemán de ascendencia turca, Kriminalinspektor de la BKA, Jamal Birkan, y una enfermera alemana con cara de ángel, Nina Haas. Además, están muy buenos. Como siempre con Carmen. No os digo más que como aliciente, Herr Birkan es exactamente Can Yaman. Y mira que yo quería imaginarme a mi Serkan Cayoglu, pero ella no me deja. Su descripción del personaje lo hace imposible, y ves al actor turco como Jamal Birkan sin poder conceder otra licencia a tu imaginación. Pero oigan, si todas las obligaciones imaginativas son así, que me obliguen mucho que me dejo. Ay Allah Allah, qué calor.

Con un hilo argumental lamentablemente muy actual, pues gira en torno a la investigación de una serie de asesinatos racistas de ciudadanos de origen turco afincados en Alemania por parte de neonazis, recorreremos Kreuzberg, Charlottenburg, parte del antiguo Muro, Alexanderplatz, y otros lugares emblemáticos de Berlín. Todo ello mientras vivimos el incipiente romance entre el policía y la enfermera, que si bien es parte fundamental de la trama, no lo es todo, pues conocer la problemática social que plantea la autora y llegar a incriminar a los asesinos, que se conocen desde casi el principio, pero son difíciles de incriminar y cazar, es la trama en si misma.

Estamos ante una mezcla sorprendente de novela negra y romántica, pues tiene todos los ingredientes de crítica social, estructura policial y criminal bien estamentada e historia de amor que posibilita su inclusión en ambos géneros sin ningún género de dudas. Un libro que no decepcionaría a los detractores del romance. Os lo aseguro.

Lo dije y lo repito: la señora Sereno no me decepciona. Entretiene, pues aunque se mete en ciertos berenjenales que podrían hacer demasiado densa su novela, no es el caso, ya que aunque trata ciertos temas someramente se nota la labor de investigación y quedan reflejados en su justo punto. De hacerlo más en profundidad sería otro género. Apuesta segura en mis lecturas. Leedla. Si os place claro.

«¿Cómo puede volar un ángel cuando tiene las alas rotas?» Berlín, año 2015. El inspector Jamal Birkan se enfrenta al caso que cambiará su vida. Durante la investigación de unos asesinatos a ciudadanos turcos en la capital alemana, conoce por casualidad a Nina, una bella enfermera de rasgos angelicales por la que se siente poderosamente atraído. Sin embargo, la joven está relacionada con el caso, y Jamal deberá luchar con todas sus fuerzas contra esa atracción prohibida. ¿Serán capaces Nina y Jamal de mantener las distancias o se lanzarán al abismo sin mirar atrás? Un thriller romántico con sabor a Turquía de la autora ganadora del Premio Chic

Sinopsis. Bajo El Cielo de Berlín. Carmen Sereno
  • Editorial ‏ : ‎ Chic; N.º 1 edición (26 mayo 2021)
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 496 páginas
  • ISBN-10 ‏ : ‎ 8417972501
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 978-8417972509
  • Peso del producto ‏ : ‎ 550 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15 x 3 x 23 cm
  • Version Papel https://amzn.to/3xsynUx
  • ASIN ‏ : ‎ B0953CSK27
  • Editorial ‏ : ‎ Chic Editorial; N.º 1 edición (26 mayo 2021)
  • Idioma ‏ : ‎ Español
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  • Texto a voz ‏ : ‎ Activado
  • Lector de pantalla ‏ : ‎ Compatibles
  • Tipografía mejorada ‏ : ‎ Activado
  • Word Wise ‏ : ‎ No activado
  • Longitud de impresión ‏ : ‎ 438 páginas
  • Version ebook https://amzn.to/3vqRCfC

GENTE DE SIGNOS – INÉS GONZALEZ

Haced una pausa en la lectura de novelas de ritmo frenético. Dejad en paz al asesino y a su implacable perseguidor, al mago y a los monstruos con los que combate; regresad de esos mundos ignotos… que los amantes se amen sin el voyeur que los contempla allende las páginas… Y leed. Sólo por el placer de paladear las palabras, las frases, los párrafos, las páginas… por apreciar cuando un texto tiene la métrica exacta, la simétrica belleza de un cuadro o la melódica cadencia de una sinfonía…

Eso nos da Inés Gonzalez en su Gente de signos, la armonía del lenguaje en 84 páginas con relatos cortos de toda índole, en los que lo que menos importa es lo que cuenta sino cómo lo cuenta.

Leer este librito participante en el Pla 2021 ha sido para mi como saborear una copa de vino Gran Reserva entre crianzas y reservas (que están bien, pero un lujo al año no hace daño)

Es Leer Por Amor al Arte.

Los signos son consustanciales a la humanidad. Los personajes de este libro son víctimas, obsesos o partícipes de ese universo. Caen en la trampa de las palabras, los números, las imágenes, las notas musicales u otras señales. Se reconocerán en estos relatos los escritores, los que imaginan, los que se hacen preguntas y los que gustan de sumergirse en las ficciones un poco extrañas. Este libro obtuvo mención honorífica única en la Bienal Ramos Sucre del año 2011.

Gente de Signos

LO QUE VIENE: TRIO DE ASAS

Antiguamente se diría Ases, pero a ver si me va a pillar la Montero en un renuncio, se chiva al Coletas y mi centrista convencida alma acaba perdida en el Valle de los Caídos por designio de la ministra, ministro o ministre. Y va a ser que no, que los dos ángeles de entrada en la basílica con los dos espadones me daban un yuyu considerable. Siempre los pasaba corriendo y sin mirar, no fueran a cobrar vida como en las Leyendas de Bécquer… Si hay que decir asas pues se dice.

Siempre me quedaría recurrir a la jovencita pelirroja, pero la he escuchado hablar a la muchacha, y aunque la oratoria hubiera podido venirle de cuna se ve que se ha saltado una generación. Será que el material de la nueva chaqueta paterna perjudicó la trasmisión genética. Quien quiera entender que entienda que diría Lope.

En fin, vamos al lío. Una escritora de fantasía cuyo libro tengo pendiente para cuando me de la cabeza (Alia Salazar. El Ocaso del Sol) me comentó que en mi estado actual era mejor retomar lecturas de mi época infantil o juvenil. Un buen consejo que iba a seguir. Pero al reanudar mi cibervida social aprendí que tres de mis escritoras favoritas, que me han hecho pasar ratos increíbles leyéndolas, habían publicado. Consciente de que son apuestas seguras, serán mis próximas lecturas.

Podría haberlos leído y hecho directamente las reseñas. Pero decidí que igual queréis compartir conmigo el tiempo de lectura y me atrevo a recomendarlas a ciegas, porque se que no me/nos va/n a defraudar. Así confío en ellas.

Jessica Galera concluye la Saga Trece Tronos con Uilmel. Un lujazo reencontrarnos con Adrien, Res, June, Eugene, y tantos otros:

“El tatuaje élfico es una marca destinada a que los amantes que se la trazan se reencuentren en otra vida, una y otra vez. Pero entre los trazos de su tinta se ocultan ancestrales secretos, ecos de leyendas olvidadas por el paso implacable del tiempo.

Y el Uilmel es, precisamente, la única esperanza para Adrien y Resryon. Elegir el paso adecuado, sin embargo, en mitad de la tensión existente se convierte en todo un desafío en el que cualquier mínimo error puede desencadenar el conflicto.

Oscuras fuerzas reclaman su lugar en el Imperio de la Noche y también en las tierras de la luz. Las piezas se preparan para la batalla más antigua del mundo, llegada desde la última puerta.

¿Será el amor suficiente para detenerla? ¿Lo será para afrontarla?

“Esta es la historia de un dios oscuro que se enamoró de la luz”.

Jessica Galera. Uilmel

Disponible en Amazon

Ana Lena Rivera vuelve con Gracia Sansebastián, la detective que nos atrapó en las dos entregas anteriores, con Los muertos no saben nadar.

“La tercera novela de la autora de Lo que callan los muertos, ambientada entre Oviedo y Gijón. Una nueva investigación de Gracia San Sebastián, que ahora colabora con la policía.

En pleno mes de diciembre, en la playa de San Lorenzo de Gijón un niño encuentra el brazo amputado de un hombre en el agujero del muro donde guarda sus tesoros. El brazo pertenece a Alfredo Santamaría, que estaba siendo investigado en la comisaría central de Oviedo por una presunta estafa piramidal. El jefe de la Policía del Principado asigna el caso al comisario Rafael Miralles. Gracia San Sebastián, investigadora de fraudes contratada por la policía para indagar en las finanzas de la víctima, tiene que desentrañar un complejo entramado de blanqueo de dinero en el que interviene un poderoso grupo de mafiosos rumanos sin escrúpulos. En su vida personal, la relación con Rodrigo sigue viento en popa para disgusto de su exmarido, Jorge, que viene de visita desde Estados Unidos para gestionar un ambicioso proyecto empresarial.”

Ana Lena Rivera. Los muertos no saben nadar

Disponible en Amazon y Maeva Noir

El 26 de Mayo podremos viajar a Berlín con Carmen Sereno. Con ella fuimos a Estocolmo y a Nueva Zelanda. De la mano de la Editorial Chic/Principal de libros podremos vivir una historia de amor con mucho sabor a delicias turcas. No os puedo avanzar mucho más, pero si deciros que leer a Carmen no es solo leer romántica. Berlín bien vale sus páginas.

Disponible 26 de Mayo 2021

Y eso, que a la próxima, reseñitas y tal. Pero fiaros de mi que estas “asas” gustan seguro

encontré un tesoro: COLECCIONES DE OBRAS MAESTRAS POR MENOS DE 1 EURO en amazon

Buena noticia empezar el año. Seguro que muchos de vosotros ya lo sabíais pero resulta que yo me lo acabo de encontrar y ardo en deseos de compartirlo porque me parece increíble: He encontrado colecciones de obras maestras por menos de un euro en amazon. Formato Kindle claro.

Me ha dado la british vein y me he autoregalado una de Oscar Wilde. Y ganitas de Dickens y Balzac.

Eso si, no se muy bien cómo está la edición, ya os contaré. Os dejo enlaces por aquí para ahorraros el curro de buscar. Y si, confieso que si pilláis alguna por aquí igual le caen al blog mediocéntimos (céntimos enteros no creo dado que la cosa no llega a un euro en ningún caso, pero quién sabe, tacita a tacita igual me ayuda a pillar un hosting para esta casa redondalera).

De Nada. Que los disfrutéis con salud.

Y edito para aconsejaros encarecidamente que leáis los comentarios a esta entrada, que por lo visto no es oro todo lo que reluce

>> Colección integral de Jane Austen: Emma, Lady Susan, Mansfield Park, Orgullo y Prejuicio, Persuasión, Sentido y Sensibilidad, La abadía de Northanger Versión Kindle

>> Colección integral de Charles Dickens: Cuento de Navidad, David Copperfield, Grandes Esperanzas, Historias de Fantasmas, Oliver Twist, Historia en dos ciudades, El grillo del hogar Versión Kindle

>> Colección integral de Edgar Allan Poe: Cuentos y Poemas Versión Kindle (Esta cuesta 1,99 aviso)

>> Colección integral de Fiódor Dostoyevski Versión Kindle

>> Colección integral de León Tolstoi: Guerra y Paz, Ana Karenina, La muerte de Iván Ilich, Resurrección Versión Kindle

>> Obras de Honoré de Balzac: Biblioteca de Grandes Escritores Versión Kindle

>> Colección integral de Oscar Wilde Versión Kindle

Hay muchísimas más, como Shakespeare, Zola, Virginia Wolf, Stendhal… pero ya os dejo que las descubráis

FELIZ AÑO Y PRIMER AÑO

Mañana hace un año que Mico, como apoyo moral, y yo, empezábamos a dar nuestros primeros pasos Desde El Redondal, tras aquella fantástica iniciativa de Ana Kayena en Twitter, #Quierosertuautorinvisible. Recibir en mi casa el primer libro de Ana Lena Rivera a cambio de comentarlo en redes, y las palabras de Ana fueron el detonante para retomar un poco más en serio, si es que ésto tiene algo de serio, la forma de compartir las lecturas que me gustan en un blog.

Se me abrió un mundo. Presentaciones de libros, la blogosfera, interactuar con autores de tú a tú… verter mi pasión en una afición que me llena y me gusta compartir a mi manera, por si unas palabras en el ciberespacio ayudan a alguien a pasar momentos con ese placer indescriptible que es la lectura, mientras llenan los más difíciles de mi vida dándome una razón para volver a mirar el mundo con ilusión… Quería en suma, contar a la gente que incluso en los tiempos más aciagos, perderse en páginas que narran historias, que se convierten en un avión, barco o tren que te desplaza a lugares ignotos, que te cambian la piel de ciudadana media del siglo XXI por la de un pirata, un vampiro, un bárbaro, una guerrera o una indefensa damisela decimonónica, un presidente de República Bananera, una reina, una campesina, una asesina, una sufragista… y todo ello sin moverse del sitio cuando las circunstancias no te lo permiten, es un privilegio para el ser humano.

Item más, o sea, además dicho de manera redicha, valga la redundancia, he hecho amigos y conocidos con derecho a aprecio – a roce no, que, amén de no tener el ese pa muchos farolillos, estoy en esa etapa de mi vida en que me gratifica más llenar lo que se posa en la almohada que lo que se posa en el resto del colchón, que también, pero eso está bien servido gracias – Creo que enemigos no, o al menos mi cerebro no los ha registrado, con lo que me amparo en la felicidad de la inconsciencia.

Un inciso: Odio, absolutamente odio, toda palabra que para designar a los genitales femeninos contenga la letra ch. Ya veis. Maniática que es una.

Aunque… realmente si hubiera hablado podría haberlos hecho. Porque a fuer de sincera, no entiendo mucho el mundo del bloguerío. Veréis, es que a mi, eso de dar me gusta como un bot para conseguir interacciones, como que no va conmigo. Si tenéis un “me gusta” mío o un comentario, tened por seguro que lo he leído, me ha gustado, y si he comentado, algo me ha movido a hacerlo. Son de verdad. Al principio quise seguir la tendencia, pero en un tiempecito decidí que para ese viaje no necesitaba alforjas, que pesaban mucho y que prefería pocos y bien avenidos, calidad a cantidad.

Porque el objetivo de la muchedad es que te regalen libros a cambio de críticas. Y si algo he aprendido es que quiero seguir siendo libre, opinando sin condiciones. Podéis darme, pero no lo hagáis esperando recibir. Si algo no me gusta, no va a estar aquí, por mucho que sea caballo regalado. Le voy a mirar el diente. Quien quiera entender que entienda. Eso sí, cuando doy, doy desde las tripas, y es de verdad, como la española cuando besa, que ya no tengo edad para besar por frivolidad.

Otro inciso para decir que amo de verdad la riqueza del refranero español. Creo que este año le voy a dedicar una sección, que bien lo vale

También advierto que algo va a cambiar. Hasta ahora solo traía lo que me gustaba. Este año me planteo cambiar eso. Si no me gusta, os lo voy a contar, y os voy a decir por qué. Después vosotros decidís porque, salvo casos flagrantes de ineptitud, para gustos los colores.

Y hasta aquí hemos llegado. Esta Yo sin máscaras y en crudo quiere daros las gracias. Os nombraría uno por uno pero mi consabido despiste hará que me deje a alguien y, con lo sensibles que estáis cualquiera se arriesga, que si algo no soporto son los ofendiditos. Superior a mis fuerzas, a las pocas que me quedan oigan. Pero sabéis quienes sois. Se os quiere, de aquella eremita manera.

No os perdáis, que seguiré por aquí dando lo que pueda y más. A veces, hasta un poco de ingenio que sale de vez en cuando de la reserva de un agotado depósito. Y agarraos, que pueden venir curvas redondaleras… y quien avisa no es traidor, que como buena soy muy buena, pero como mala, soy mejor (ay, benditos dichos)

Cedo la micro-palabra (micro de micrófono no de palabra pequeña, que si algo tienen mis compañeros de aventuras, es que son grandes) a aquellos de mis cuatro colegas que quieran tomarla. Y haced una entrada, que igual que no respeto las interacciones “ir por que vengan”, me importan un comino los tiempos interposts. He dicho.

Ah, y feliz 2021

Una auténtica navidad – Angela bennet

Mirad chicos, no soy buena reseñando romántica, asumiendo que se me de bien hacerlo con algún otro género… pero tenía que traeros esta novelita por varias razones:

1.- Porque ha sido capaz de enternecer mi corazón de Grinch.

2.- Porque está muy, pero que muy bien escrita.

3.- Porque es como ver una teleserie navideña de Hallmark, de esas que no eliges, pero cuando te encuentras con ellas en la pantalla por casualidad sigues viéndola porque, en tiempos de cinismo y maldad es como salir al balcón y respirar un poco de aire limpio tras estar mucho tiempo en una habitación cargada. Te devuelve al corazón ingenuo de la infancia, a cuando creías en el género humano.

4.- Porque pasa en uno de esos pueblos yanquis entre montañas que parecen vivir en una eterna navidad, donde, aunque sea en los libros, no se ha olvidado el espíritu de comunidad.

5.- Porque la historia de amor es bonita sin excesos, lógica y creíble. Y no es tóxica (¡oh, milagroooo navideño!)

6.- Porque hay una niña encantadora nada repelente.

7.- Porque tiene magia navideña de la que puedes creerte.

8.- Porque hay una casa victoriana que se cae a trozos pero ah… promete y a mi me encantan las novelas que hablan de construir o reparar algo bonito.

9.- Porque a este guiso literario no le falta ni le sobra azúcar. Está en su punto.

Y qué demonios, porque es Navidad y me ha gustado. Gracias Kate, Lucy, Chris, y a ti Angela por crearlos.

Lamento la imagen chapucera, pero se adecua al estado que me ha provocado la novela. No me regañes mucho Rebeca, no quería darte trabajo de más.

Kate y su hija Lucy acaban de llegar a Telluride, un pueblo situado en las montañas de Colorado, en busca de un nuevo comienzo.

Chris, bombero de profesión, vive centrado en su trabajo y volcado en su pueblo. Arrastra un pasado doloroso y no busca tener una relación.

Sus caminos se cruzan, lo que surge entre ambos es inesperado y cambiará sus vidas.

Un pueblo encantador, un entorno idílico y una casa que supondrá un gran reto.

¿Conseguirán Kate y Chris superar sus miedos? ¿Podrán Kate y Lucy tener al fin una auténtica Navidad?

Sinopsis de Amazon

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Tres Centímetros

TRES CENTÍMETROS

A mi tío Vicen, que en paz descanse.

Gracias por enseñarme que los ángeles no tienen por qué tener alas ni ser perfectos.

Los ángeles solo aman…

Tres centímetros. Nunca un número había marcado tanto su vida. Había nacido un tres, del tercer mes, de un año acabado en tres. Esa misma cifra había pasado fugaz entre sus manos en varias ocasiones como si el destino lo hubiera marcado con un número en lugar de un nombre.

Se frotó las manos para entrar en calor, aunque la lluvia seguía calándole hasta los huesos. Miró hacia abajo y contempló sus pies desnudos bajo el aguacero. ¿En qué momento había perdido los zapatos? Iba a enfermar. Se rio.

La barba de varios días se había convertido en un confortable abrigo para las bajas temperaturas y el revuelto cabello también, aunque el peso del agua lo hubiera pegado a su rostro y gotas desperdigadas le resbalaran por la piel.

Lloraba, pero las lágrimas se confundían con la lluvia y dotaban a sus ojos claros de un brillo sobrenatural. Nunca le había gustado expresar demasiado sus emociones, como si pudieran herir esa secreta fragilidad interior, que intentaba disimular para el resto del mundo. Una coraza para que nadie lo viera jamás dudar, vulnerable, expuesto. Sin embargo, ahora que esos tres centímetros marcaban a fuego su vida, no le quedaba más opción que reírse de todas sus costumbres, porque ocultarse a uno mismo no dejaba de ser un ritual. Abrirse no era sencillo cuando se había pasado la vida huyendo de todo lo que dolía, ajeno a las entrañas que devoraban a los demás en silencio. Nunca se preguntaba si los demás sufrían, a pesar de que él mismo escondía sus emociones hasta un punto enfermizo. Y ahora todo se desbordaba como el caudal de un río seco anegado por el torrente. ¿Y ahora qué?

La noche había caído hacía un par de horas, pero ni siquiera se había fijado en ello. Su reflejo en un escaparte de juguetes le recordó la hora que era. No se inmutó. Nadie lo esperaba allí fuera, ni dentro de ningún hogar. Se había encargado bien de que sus relaciones fueran cortas y superficiales, sin llegar a la raíz donde se forjan las amistades y el amor. No tenía a nadie ni ningún hombro sobre el que llorar.

La Navidad estaba a la vuelta de la esquina y las tiendas resplandecían de luces y música. Se preguntó por qué no lucían tan atrayentes el resto del año. Quizás había alguna magia extraña que impelía a los comercios a derrochar fantasía solo en aquella época, dejando para otros momentos la monotonía y el gris deslucido del pavimento.

Lo odiaba todo. Odiaba las luces, las canciones navideñas, las risas… Y había descubierto que la felicidad le causaba pavor. Siempre huyendo de todo lo que merecía la pena, como si esa vieja y aprendida carrera de fondo fuera una meta alternativa que solo él conocía. Porque en realidad, nunca había querido ser feliz, le aterraba serlo y despertar una mañana y darse cuenta de que lo había perdido todo.

La traidora memoria le recordó el único tesoro que guardaba muy adentro, lo único que había conseguido penetrar en el muro infranqueable de su coraza y latía al son de su guerrero corazón. La imagen de sus padres decorando un viejo y destartalado abeto, sus sonrisas, los dulces, los villancicos, los abrazos, los besos… sus recuerdos siempre se interrumpían en la parte dolorosa, eran el límite para no escarbar más adentro de donde puede que no existiera forma de regresar. Como si el dique de contención se rompiera y todo lo que él creía ser fuera arrastrado por una marea negra y espesa.

Gritó, pero el ímpetu de la música navideña era tan potente que nadie lo escuchó. La risa de los niños era un poder superior que enmascaraba toda tristeza. Se dio media vuelta, intentando alejarse de aquella parte recargada de la ciudad, necesitaba escapar y recuperar el anhelado silencio. Echó a correr y topó de bruces con una mujer.

La joven rubia posó su mirada de asombro en su rostro mientras lo cubría con su propio paraguas, después observó sus pies desnudos y comprendió que algo no estaba bien en él. Sin embargo, no le preguntó nada. Cogió su mano y él la miró sorprendido a su vez. La desconocida la colocó en el mango del paraguas, regalándoselo. Le guiñó un ojo, se echó la capucha del abrigo sobre la cabeza y desapareció corriendo bajo la lluvia.

Vincent se quedó muy quieto, temblando. Después de todas aquellas horas desafiando al destino y a la muerte, una sola persona había conseguido que volviera a sentir frío y miedo, fragilidad. Era un tirano de los sentimientos y aquel paraguas había sido el arma definitiva para arrancarle el corazón sangrante.

Caminó, ahora sin mojarse el torso, con el lindo paraguas rosa creando coloridas formas sobre su cabello húmedo. Había dejado de importarle lo que pensaran de él. Tres centímetros, eso era todo lo que importaba ahora.

Consiguió escapar de la calle principal y las farolas titilaron para que supiera que lo habían visto. Todo estaba plagado de mensajes divinos a los que nunca prestaba atención. Todas las almas elegían a sus padres al nacer y él siempre lo había tenido claro. Se había enfrentado a todos por ellos y había escogido a aquella pareja no por casualidad, eran increíbles. Aunque los había perdido con suma facilidad. La vida le había enseñado aquella primera lección dolorosa: todo lo bueno es efímero.

Era curioso como los demás no podían recordar la razón por la que eligieron sus cuerpos, ignorando las razones que los habían llevado a soñar con vivir. Porque esto era a lo que aspiraban todas las cúspides celestiales y los coros de ángeles, a poder llegar a sentirse vivos.

Él recordaba cada palmo de su existencia y los motivos que lo habían llevado a querer gastar su única vida en la Tierra. Sin embargo, la realidad era muy distinta a lo soñado. Sentir era tan maravilloso como cruel y doloroso.

Lentamente, había deseado no haber nacido, haber podido retractarse de su deseo y seguir siendo un ángel cualquiera. La vida era para una clase de valientes a los que no podría nunca más que elogiar. Todo le había salido al revés y se había vuelto introvertido y oscuro, banal y oculto para el mundo con el que un día se había atrevido a soñar.

Un gato negro se paró enfrente y Vincent dio un respingo al escuchar una voz muy poco felina.

—Tienes que volver.

—¡De ningún modo! —exclamó el hombre malhumorado.

—No has aprovechado tu vida como prometiste.

—¿Por qué no? ¿De qué hablas?

—Miedo. Te has vuelto un cobarde que vive escudado en el miedo a sentir nada.

—Conozco mayores traiciones al Cielo.

—No hay mayor traición que mentirse a uno mismo.

—Yo…

—Lo quisiste todo y comprendiste que la vida dolía, muchos aprenden la lección como tú, pero no creas que todos son tan necios como para no valorar el regalo que se les ha dado. Has fracasado, Astart.

—¡No me llames así!

—El hijo pródigo vuelve a casa —canturreó el gato alejándose de él en otra dirección.

Vincent maldijo en silencio. Toda la eternidad esperando y después de todo el sufrimiento, su futuro lo decidirían tres centímetros. Los mismos que iban creciendo en el interior de su pulmón izquierdo, bajo el corazón, como si la vida y la muerte se engendraran siempre en lo profundo e interior del ser humano. Como si en las entrañas estuviera el origen y el fin de la vida y a él le tocara aquella clase de suerte siniestra.

Se volteó rápidamente y localizó al gato escabulléndose calle abajo, plegó el paraguas y apuntó en su dirección. Una ráfaga de luz cruzó la distancia que los separaba y alcanzó al felino justo en la cola. Maulló contrariado y salió huyendo echando humo. Pero, ¿era el paraguas un arma divina?

Lo observó con detenimiento y recordó quién se lo había regalado. Levantó la vista al frente, sobrecogido por un presentimiento siniestro y ahí la encontró.

La joven rubia ladeó la cabeza para inspeccionarlo, luego una sonrisa afloró a sus labios. No se había fijado la primera vez, pero tenía una expresión rígida en su rostro, imposible de modificar. Era una de ellos, una elfa. A diferencia de los ángeles, los elfos no tenían que reencarnarse para sentir como humanos, eran almas errantes atraídas por la luz. Los Ancestros contaban que aquellos míticos seres solo se presentaban en vísperas de la Navidad. Que llegaban a la Tierra para traer luz en mitad del invierno, guiar a los extraviados y luchar contra la oscuridad. Era hermosa. La forma nunca había sido un obstáculo para las misiones del Cielo y él parecía un caso perdido.

—¿Qué queréis de mí? —bramó Vincent consternado. Era consciente de que su tiempo se acababa.

—¿Recuerdas por qué quisiste vivir? —demandó la elfa que ahora sujetaba un báculo dorado sobre sus manos.

—Sí, claro. Quería, quería sentir.

—¿Y qué más?

—Y ser amado. —La contundencia de sus propias palabras le heló la sangre. Después de sus padres, ¿lo había amado alguien más? La coraza se le cayó a los pies y gimió herido. Había fracasado en su cometido terrenal y ahora ya era demasiado tiempo para volver atrás. Tantos años perdidos fingiendo que era feliz, tantas horas desperdiciadas pensando que vivir solo consistía en respirar.

Se miró los mismos pies desnudos y manchados de barro. La lluvia había amainado y se sintió perdido sin la cortina de agua, ahora sus lágrimas dibujarían surcos sobre su piel, como viejos tatuajes visibles para todos.

Tres centímetros…

—No todo está perdido, Vincent.

—¿Por qué estás aquí?

—Para que cumplas tus sueños.

—No era esta la vida que yo quería.

—La vida es neutra, nosotros le damos valor. Perder a los que amas duele, pero mucho peor es no haberlos tenido jamás. Amar es un avenida de dos sentidos, amas y te aman, incluso cuando ya no están. ¿Por qué escondes el dolor?

Vincent sintió sus mejillas húmedas y tembló. Siempre se había sentido seguro de sí mismo, fuerte, capaz de afrontar cualquier cosa y ahora se hallaba frente a una elfa de la Navidad, abriéndole su corazón a una extraña.

—¿Podré recuperar el tiempo perdido?

—Oh, Vincent, tú sabes que el tiempo solo discurre en una dirección. Lo pasado, pasado está. Solo importa lo que sientes ahora, eso es lo que te da valor. Solo importa este momento, este instante. ¿Sientes cómo te desborda la emoción?

El hombre se colocó la mano sobre el pecho y sintió el corazón latirle con fuerza, era un dragón que llameaba en sus entrañas, esas que ya estaban dañadas de tanto aguantar la marea. El amor era un sentimiento tan fuerte que lo creaba y destruía todo a su paso, un huracán.

Se quedó plantado con la palma de la mano regocijándose del alborotado interior. Amar dolía y era tan agradable como volar. Un solo minuto de una vida plena no podía compararse a toda una vida vacía.

La elfa alargó la mano y Vincent la tomó lentamente. El báculo dorado se agitó y el hombre volvió a volar por el cielo, el viento secando sus cabellos, la etérea sensación de ingravidez, la luna coronando el firmamento y la falsa convicción de que todo había sido un sueño.

Un golpe contra el suelo le recordó quién era. ¿Cómo había llegado allí? Se sentía sucio y destemplado. Tiritando de frío se levantó aturdido y se llevó la mano al pecho, el corazón le latía muy deprisa y le gustaba aquella sensación. Un recuerdo surgió en su mente y lo estrujó para darse el valor que le faltaba a veces, era un guerrero, iba a luchar hasta el final. El tres siempre había sido su número de la suerte…

Imagen de Susan Cipriano en Pixabay

©Diana Buitrago

A sangre y fuego

A SANGRE Y FUEGO

Empieza la semana con más oscuridad de la acostumbrada y no me refiero a los nubarrones de tormenta o a la niebla que azota las noches leridanas. Puede que fuera la migraña, la apatía o el sinsabor de encender el televisor y tener la desgracia de ver las noticias. Últimamente, manda la oscuridad.

Rebeca, que se ha convertido en mi musa pro-entradas-Redondal, me ha inspirado tocándome ese tema sensible que los escritores siempre guardamos como oro: los sentimientos.

Siempre he defendido que escribimos así como somos, que mostramos en nuestras historias más de lo que nos gustaría, que contamos nuestros sentimientos y nos abrimos en canal, aunque antepongamos la máscara de la metáfora. Desahogarse con la palabra, rezándole al dios secreto de lo oculto, para mostrar la sinrazón de nuestras vidas, ahogadas en tinta y papel.

Los lectores tenemos la responsabilidad de buscar al autor y rebuscar en sus entrañas, destripar cada palmo de letras para descubrir sus tesoros, acompañarlos en sus pesadillas y demonizar sus terrores.

Imagen de Anja en Pixabay

Autobiografías, el placer de contarlo tú mismo

Las autobiografías son narraciones de las vidas de personas contadas por ellas mismas. ¿Cuántos de nosotros no hemos soñado alguna vez con contar las peripecias de nuestras vidas? Siempre hay algo que merece la pena compartir, un episodio sombrío o el más espectacular jamás escrito. Nos creemos seres únicos y, en realidad, lo somos. Vivimos en paralelo, los unos junto a los otros, pero la forma de sentir esa realidad cambia de persona a persona y de ahí nuestro espíritu biógrafo.

Tampoco vamos a olvidar que contar algunas experiencias puede ser alentador para los que estén pasando por un momento similar, que nos pueden hacer reflexionar sobre temas que jamás hemos vivido o que, simplemente, fomentan nuestra conciencia social. No vivimos aislados en planetas, aunque nos guste alardear de que cada casa es un mundo por explorar. Nos parecemos, soñamos lo mismo, y también sufrimos igual.

La biografía es esa parte de la literatura que nos muestra que somos de carne y hueso, que por dentro nos corre la misma sangre que da poder al sentimiento. Viejas argollas de metal nos atan a las mismas disyuntivas, nos hacemos las mismas preguntas, buscamos la felicidad.

El “Diario de Ana Frank” marcó a todos aquellos que habían sufrido como ella, compartieron sus amarguras en plena Segunda Guerra Mundial y nos rebanó el corazón, sangrante de tantas batallas absurdas.

Infinidad de personajes famosos, políticos, actores, cantantes, deportistas… todos tienen su parcela personal donde contar cómo llegaron a la fama y los ardides vividos para conseguirlo. Nos podemos sentir identificados en algún momento con su relato o dejarnos llevar por la fantasía de una vida que supera la ficción. Tal vez nos suban el ánimo y nos recuerden que cualquiera puede conseguir sus sueños, luchando, con perseverancia y ahínco. Sentir que podemos lograrlo es una de las bazas de este tipo de lecturas.

Libros de autoayuda y superación personal

Recuerdo el libro “El Secreto” de Rhonda Byrne o “El poder está dentro de ti” L. Hay, de una época en mi vida en que me buscaba y no encontraba por ninguna parte. Son narrativas amenas, reflexivas, que intentan sacar una parte positiva de todas las cosas e intentar mejorar la vida del lector. Reconozco que cuando los lees te sientes bien. Puede que no te resuelvan la vida y que al finalizar la narración no haya ocurrido nada especial a tu alrededor. Seguirás teniendo los mismos problemas y el mundo girará en esa misma dirección desquiciante que nos aterra, pero sin duda, el poder de estos libros se basa en remover nuestras entrañas y sacar la basura fuera. Barrer todo lo que no interesa y centrarnos en ese presente olvidado del que nadie habla. Una aventura hacia ese desconocido interior al que nunca escuchamos como es debido. ¿Rendirse? ¡Atrévete a leer!

Libros espirituales

No están muy lejos de la autoayuda y a veces se confunden. A mí me gusta diferenciarlos haciendo hincapié en el papel que las diferentes religiones y filosofías han tenido sobre la historia de la humanidad. Siempre me han fascinado otras culturas y por ende, todas esas religiones desconocidas a las que millones de personas rinden culto a diario. Panteones repletos de dioses o uno solo, infunden sentimientos tan contradictorios como el amor y el miedo. La Biblia, El Corán, La Torá, el Budismo, Tao, I Ching… y muchos libros que hablan sobre ello en sus historias. Aquí incluyo porque siempre me hizo gracia, a “Y Dios vuelve en una Harley” de Joan Brady y “El Alquimista” de Paulo Coelho.

Imagen de Pete Linforth en Pixabay

Cuentos de Navidad

Sí, es extraño que haya metido este tipo de cuentos, pero son entrañables y me remueven por dentro. ¡Y no solo en Navidad!

Lo sabéis, pero no queréis reconocerlo. Están ahí, aguardando todo el año a que abráis las puertas a sus mundos de magia y nieve. Más allá de la religión y la pura tradición, los cuentos navideños son pura fantasía, a medias entre el drama, la familia y el amor. Desde “Un cuento de Navidad” de C. Dickens y “El cascanueces” de Hoffman hasta el cuento navideño de nuestra compañera Jessica Galera Andreu “Diana, a la luz de un candil”.

Los cuentos proporcionan esa pizca de luz en un mundo de tinieblas, al calor del hogar, bajo un manto de fría realidad. ¿No es la época de los milagros? Desde luego, nos hace falta a todos uno, quizás podríamos escribir nuestro propio cuento navideño. Uno donde todo termina bien y 2020 ha sido solo un sueño…

Poesía

¡Ah, nada como el sentimiento vivo de la lírica para atrincherar el corazón! ¿Nunca os habéis quedado temblando ante unos bellos versos? La poesía tiene la capacidad de desmontar un corazón en apenas segundos, un arma afilada y convulsa que nos escupe al nivel del betún y nos arrasa por dentro como una hoguera. Sentir es como engañar al alma para que tiemble y deje su pedestal eterno; de las brasas de ese rastro luminoso nacen los versos.

Homero, Shakespeare, Baudelaire, E. Dickinson, Machado, Neruda, Calderón de la Barca… En todas las épocas y continentes ha habido personas dedicadas al antiguo oficio de crear poesía. Elegante manera de exaltar las más bellas pasiones, pero también las más temibles y oscuras. Los versos jamás dejan indiferentes.

Novela Romántica

Megan Maxwell, Elísabet Benavent, Nora Roberts, Abril Camino, Jane Austen, Emily Brönte…; hay un largo rastro de novelas antiguas y modernas donde el sentimiento aflora como parte natural de la vida. Se ríe y se llora, se ama y se odia. El amor hace de la vida un lugar más agradable y nos morimos por el placer de ser amados, nos sumergimos en la piel de los amantes y vivimos sus desgracias, apartamos la razón a un lado y nos dejamos llevar por el corazón. Aquel que no siente es que está muerto.

Imagen de Devanath en Pixabay

Fluir con los sentimientos

Si algo he aprendido en mi corta vida de escritora es que hay que dejarse llevar por los personajes y sus historias. Cuando se ama, se ama; cuando se llora, se llora. Las relaciones piden a gritos conflictos y soluciones, trampas mortales y limbos donde adentrarse en mil placeres diferentes. Para crear un sentimiento hay que vivirlo.

Quizás no nos da la vida para procurarnos ese episodio narrado, pero como buenos actores que somos, debemos meternos en la piel de nuestros personajes muy a menudo. Cuando escribimos somos nosotros mismos y mil vidas más. Contagiamos las palabras de crítica y rencor, de añoranza, pasión y deseo. Volcamos lo que el mundo nos da y lo reconvertimos en pedazos de historias de pseudo-realidad porque, más allá del relato, hay mucho del escritor que lo cuenta.

Para conocer en profundidad a los autores, solo hay que leerlos. Nuestros libros son rutas de paso para todo lo que sentimos, desde ideas políticas, nuestra forma de encarar relaciones románticas, nuestros deseos futuros… Todo está escrito y disgregado en pequeños tesoros escondidos, que el buen lector sabrá reunir e interpretar rebuscando en nuestras almas.

A modo personal, debo añadir que cuando decidí escribir “Por tu sangre”, mi primera novela autopublicada, me hallaba en un momento personal terrible. La fibromialgia se había apoderado de mi cuerpo y tenía el control sobre mi vida. Estaba hundida y escribir me sacó del agujero recordándome que tan solo yo tenía el dominio sobre mis actos. Escribí sobre vampiros por la fuerza y melancolía del personaje. Una dicotomía que entendía muy bien, porque yo misma sufría en mi piel la debilidad y me azotaba el recuerdo de una vida mejor. Los vampiros me salvaron de la depresión y pude volcar en ellos muchas de mis inquietudes y anhelos. Cada personaje que creamos lleva un poco de nosotros mismos porque le hemos dado vida con nuestra esencia vital, somos un poco vampiros todos convirtiendo seres cualesquiera en inmortales

Un placer, como siempre, desahogarme con el lector, camarada de mis emboscadas, amigo estelar.

Y un día como hoy

Hola Redondaleros. Una entrada un poquito especial. Un día como hoy, hace muchos muchos años en un pueblo junto al m… ah no esperad, esa era la de Poe. Repito. Hace muchos muchos años en un “poblachón manchego” lleno de gatos, que hoy es la capital del Reino, nacía mi señor padre.

Algunos, bueno muchos, años después, éste creo que sí cerquita del mar, nacía alguien a quien considero ya un buen amigo, nuestro colaborador y gran escritor de Fantasía Rubén H. Ernand.

Y a mi no me queda otra que aprovechar la magia de este rincón para desearles a ambos con todas mis ganas muchísimas felicidades. Espero que estéis en mi vida muchos 14 de Noviembres más, porque me siento privilegiada de teneros en ella.

Sólo (acentuado a propósito) puedo regalaros mi cariño. No es gran cosa, pero es lo que tengo. Cuando me toque la lotería de Navidad ya si eso hablamos.

Bueno qué demonios, a Rubén le regalo una rareza bonita. Que nunca dejes de imaginar mundos.

Muchas Felicidades.

El Visitante – Jon Vendon

Hace pocos días, me contactó via Twitter un autor novel que amablemente, me solicitaba que leyera, si me era posible el primer capítulo de su novela, recientemente autopublicada. Es algo que me pasa con relativa frecuencia, y todavía me extraña y me halaga, pues este Redondal es chiquitillo y no nos engañemos, nos leéis cuatro gatos. O eso quiero pensar para no sufrir de pánico escénico y quedarme sin palabras, o decirlas tartamudeando..

E..e..e.el..ca..ca..caso (venga no, Eremita, que te leen cuatro gatos) El caso es que me entró bien, que una es muy suya pa‘ lo suyo y cuando vienen en plan de oyess tia que me leash, que soy lo mash y eshcribo de pm, pues a mí mayormente no me da la gana aunque el susodicho se llame Miguel de Cervantes y me esté perdiendo El Quijote. Me pareció muy cortés, y yo, firme seguidora de Lady Mary Wortley Montagu, decidí echar un vistazo.

Se llama Jon Vendon, su libro es El Visitante, y me tuvo desde que leí el argumento. Diferente, intrigante, y de mi estilo. Decidí traéroslo. Y allá vamos.

Realmente no es mucho lo que he podido averiguar sobre él. En su perfil de redes dice ser de Barcelona, y rezando a San Google he sabido un poquito más a través de una entrevista publicada en el blog Tablón Cultural:

Es biólogo y escribía relatos antes de decidirse a autopublicar su opera prima, que es la que nos ocupa. La única foto es la de su perfil de redes.

Un tipo misterioso sin dudas. Algún día intentaremos que nos conceda una entrevista para saber un poco más… O no, y dejamos intacta esa variante literaria de escribir con pseudónimo, como Georges Sand o Fernán Caballero.

Doscientas ochenta y tres páginas divididas en nueve capítulos, que comienzan con una cita del Nuevo Testamento:

«Y estando Él sentado en el monte de los Olivos, se le acercaron los discípulos en privado, diciendo: Dinos, ¿cuándo sucederá esto, y cuál será la señal de tu venida y de la consumación de este siglo? Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo el Padre. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.» Mateo 24:3.

Vendon, Jon. El Visitante (Spanish Edition) (p. 6). Edición de Kindle.

Ahí es nada. ¿Os imagináis que vuelve para mediar en el conflicto árabe-israelí y apoyar a un Papa modernista que curiosamente se llama Jorge y es chileno? ¿os suena? Pues ahí va la sinopsis:

Un hombre impide que un terrorista se inmole en una sinagoga de Jerusalén. Sin documentación, ni indicios que permitan conocer su procedencia, la identificación del sujeto que ha evitado el atentado se convierte en un rompecabezas para el Mossad, la agencia de inteligencia israelí. A falta de nombre, los dos agentes encargados del interrogatorio lo apodan «el visitante». Un joven ha grabado con todo detalle lo sucedido junto a la sinagoga, y el video, subido a las redes sociales, se hace viral, lo que provoca que el hombre retenido por el servicio de inteligencia israelí se convierta en un héroe, por cuya liberación se convocan manifestaciones a través de internet. Durante la protesta ante el Parlamento de Israel en Jerusalén, el ejército abre fuego contra los manifestantes, causando la muerte de decenas de personas, lo que desencadena una crisis internacional que pone contra las cuerdas al Gobierno de Israel. El Papa viaja a Jerusalén de incógnito con la única finalidad de entrevistarse con el héroe anónimo, quien finalmente es puesto en libertad. Tras su liberación se producen una serie de extraños sucesos. Mientras, los agentes encargados del caso no cesan de investigar sobre el individuo, que se ha convertido en una incógnita perturbadora para todos aquellos que han tratado con él.

Vendon, Jon. El Visitante (Spanish Edition) (p. 2). Edición de Kindle.

Sabéis de mi curiosa manía de fusionar escritores para daros una idea de lo que vais a leer en base a obras conocidas. Pues bien, Jon Vendon en El Visitante es, salvando las distancias, una combinación entre John Le Carré con su Chica del Tambor y JJ Benitez con su Caballo de Troya (el primero, que tiene tantos que perdí la cuenta, creo haber leído cuatro o cinco). Y el resultado me ha encantado.

Me fascina el Mossad. Me muero por ir a Jerusalem. De un tiempo a esta parte me ha dado por escuchar Getsemaní en las tres versiones conocidas, la de Ian Gillan, la de Ted Neeley y la de Camilo Sesto, a cual mejor. No podía no gustarme. Vendon nos introduce en el Mossad, aunque muy por encima, y nos lleva por las calles de Jerusalem de una forma tan creíble que, sabiendo de su misterioso perfil, me he llegado a plantear si no es un agente retirado. Pero no, encontré la entrevista y supe que era un biólogo. Lástima. Hubiera puesto una pizca de pimienta más a la obra.

El libro es ágil. Mantiene la intriga en cada secuencia de tal forma que es imposible dejarlo sin querer saber más. Es impredecible dentro de lo predecible. Sé que es difícil semejante contradicción, pero es así. Sabes quién es el personaje misterioso, imaginas fácilmente lo que va a ocurrir, y sin embargo, el poder de Jon es que quieres leerlo.

En el transcurso llegamos también al Vaticano. Como con el Mossad e Israel, no profundiza en exceso, y sin embargo da detalles suficientes para sostener la trama.

Si no conoce personalmente aquello de lo que escribe, no me cabe duda de que se ha documentado concienzudamente. Invito al autor a matizar más los claroscuros, por ahora más claros que oscuros, en futuras novelas, que espero y deseo haya, pues tal vez lo ha reflejado muy someramente. Porque se intuye que puede.

Algo parecido me pasa con los personajes. Son adorables. Todos. Y puede que en un espía o un yihadista desee un poco menos de adorabilidad. Y a pesar de todo, esa misma adorabilidad junto con la espiritualidad – por supuesto – del personaje en torno al cual gira todo, deja muy buen sabor de boca, sin perder un ápice de acción y misterio. Si no existe el género Thriller-feelgood, Jon Vendon acaba de inventarlo. Ya. Suena raro. Tendréis que leerlo para creerlo.

Su estilo narrativo, si bien no es incorrecto, necesita madurar aún un poquito. Tiene muchísimas partes impecables y otras verdecitas, excesivamente coloquiales, pero para ser su primera novela, lo damos por bueno, puesto que no impide una lectura correcta. Una amiga me ha señalado que es posible que tenga giros de catalanoparlante en castellano que a mí puedan resultarme chocantes.

En resumen, una novela entretenida que sin duda os hará pasar buenos ratos. Y Jon Vendon promete. Le seguiré con interés. Y por supuesto le animo a continuar. Hay más que madera de escritor: hay un bosque entero.

Os dejo el link. Gratuito con Kindle Unlimited: El Visitante

  • Tamaño del archivo : 3160 KB
  • Longitud de impresión : 283 páginas
  • Word Wise : No activado
  • Lector de pantalla : Compatibles
  • Texto a voz : Activado
  • Idioma: : Español
  • ASIN : B086GWNZJZ
  • Versión impresa: Peso del producto : 467 g
  • Tapa blanda : 265 páginas
  • ISBN-13 : 979-8637813797
  • Dimensiones del producto : 15.24 x 1.52 x 22.86 cm
  • Editorial : Independently published (27 marzo 2020)
  • Idioma: : Español
  • ASIN : B088T1CP19

Debate: Los límites del escritor: ¿don innato, voluntad o perseverancia?

Pues otro mes que ha pasado y aquí me tenéis de nuevo poniendo orden en esta panda de… maravillosas y locas, muy locas personas, que no cambiaría por nada del mundo. Creía que al llegar al tercer debate la cosa iba a fluir más y sería más fácil, pues os diré que NO ha sido así. Menos mal que me autobauticé como Ordenadora del caos de El Redondal, así que voy a intentar hacer un poco de magia para darle algo de sentido a todo el copy-paste del chat en el que hemos organizado el debate y la charla escritoril.

Esta vez hablaremos de escritores, de libros y de qué mínimos deberían tener estas obras para que cuando caigan en nuestras manos como lectores no nos sintamos estafados. Nos vamos a centrar sobre todo en los autopublicados porque es el terreno que pisamos cada día y conocemos en profundidad. Pero, por desgracia, este tema no afecta únicamente a los autopublicados, que es lo que la mayoría podríamos pensar. Algunas editoriales tradicionales, de autoediciones o de coediciones, tampoco cumplen estos mínimos. Es de suponer que creen que el lector no es importante y reducen sus costes, sacrificando la corrección y revisión de los manuscritos. ¿De verdad piensan que los lectores somos tontos? En fin, que paren el carrusel que servidora se baja. No sé si os pasa también a vosotros, pero yo cada día entiendo menos al mundo.

Empecemos por el principio. Para vosotros, ¿quién es un escritor? ¿El que escribe o el que pública?

Diana: Ser escritor es una profesión y hay que aprender a serlo. La ejecución requiere un aprendizaje previo, una práctica. La experiencia se gana con el tiempo, pero hay que estar abierto a mejorar. No todos los que escriben son escritores, pero merecen la misma oportunidad. No tienes que publicar para ser escritor, pero es una condición importante para visibilizarte en el mundo literario. Para mí la prueba de fuego empieza cuando publicas, antes es difícil que tú mismo sepas si estás al nivel.

Rubén: Yo aquí veo las dos posturas. Al final creo que puedes ser escritor sin publicar y puedes publicar sin llegar a ser escritor. Al final todo depende del compromiso que tengas con esta profesión. Discrepo de lo que ha dicho Diana en que no creo que publicar sea la única manera de saber tu nivel. Reconozco que no es fácil, pero puedes hacer autocrítica leyendo a otra gente e investigando un poco y buscar consejo y feedback para saber cuándo tu obra está madura como para poder publicarla. Por poner un ejemplo, Sanderson comenzó a publicar cuando llevaba escritas siete u ocho novelas, porque consideraba que no eran suficientemente buenas. Y Sanderson escribe como los ángeles, en eso estamos todos de acuerdo xD. Si yo hubiese publicado la primera versión de La primavera ausente, que lo acabé allá por 2015 o así, el libro sería mucho peor.

¿Son escritores los Youtubers que sacan un libro? Para mí no lo son porque les falta el compromiso mínimo con la profesión y el libro se convierte en un mero producto de marketing. ¿Es escritor el que escribe un libro sin molestarse ni siquiera en saber cuál es la forma correcta de puntuar y representar un diálogo? Probablemente sí, pero sin duda es uno pésimo.  

Jessica: ¿Se puede considerar a toda aquella persona que publique un libro como un escritor? Buf, complicado. Tal vez se pueda considerar un mal escritor si la historia no es buena (algo muy subjetivo) o si está plagada de faltas, carente de una buena estructura en la redacción y en definitiva, no es un buen texto desde parámetros objetivos. Ahora, si consideramos como escritor todo el que escribe, pues independientemente de si publica o no, lo sería.

La Eremita: Escritor es el que escribe. De hecho, me remito El Péndulo de Foucault de Umberto Ecco aunque no pueda hacer spoilers, aquello que resultó ser la nota que encontraron…. quien sepa de lo que hablo tiene la respuesta. Yo puedo publicar mañana una reseña y no soy escritora, pero publico. La escritura es creación, sí, pero bien escrita, valga la redundancia, que mi sobrino en la ESO también escribe redacciones. Recordad que hace un tiempo publiqué la Biblioteca de los Horrores donde os contaba justo eso, lo horrores con los que me habia cruzado en mi afán de leer.

Nuebo acecino en serie suerto. ¡Cuidado!
Mata lentamente haciéndote sangrar por los ojos.

Entonces, como lectores, ¿qué mínimos esperáis encontrar en un libro para considerarlo como tal?

Diana: Como autora siento empatía por otros, me pongo en su situación y puedo entender algunos fallos. Creo que la calidad se mide un poco en todo, cuando fallan la corrección, el estilo, el mensaje… no te apetece seguir leyendo. Cuando las obras no hay por donde cogerlas me parecen más un timo que un esfuerzo verdadero por mejorar. Me gusta que la historia esté bien hilada y sea original, después me fijo en la ortografía y el estilo. Obviamente, todo debería tener un sentido.

Rubén: Mis mínimos:

Más allá de que la historia me guste, que es subjetivo, espero que al menos parezca que se ha intentado corregir. Soy comprensivo con que haya faltas, más en un autopublicado que en un libro de editorial, pero espero ver un esfuerzo por parte del autor por corregir su libro. Si no tengo la impresión de que me está respetando como lector cierro el libro, por muy buena que sea la historia.

Otro mínimo:

Entiendo que el estilo se pule con el tiempo y escribiendo. Los primeros libros tienen un estilo poco maduro que se suele percibir enseguida. No hay problema; todos debemos empezar por algún sitio. Pero si el estilo parece el de un niño de 10 años, si no hay nada que brille en él, nada que se pueda salvar, otra vez lo mismo. Next.

La Eremita: Yo soy exigente: si quieres ser escritor has de saber escribir, lo que implica redactar correctamente y tener una ortografía impoluta. Puedo admitir algunos fallitos que intuya que son fallos de edición, pero no más allá. Para mi un escritor tiene que pasar la prueba del vello, que no es fácil. Cuando alguien escribe que se le pone el bello de punta ya la hemos fastidiado. Puedo empatizar con cierta inmadurez narrativa, pero recalco el “cierta”. De hecho, me agrada cuando noto evolución en la segunda obra de un autor. Me fascina.

Pongo un ejemplo con lo escritores aquí presentes, para los que me seguís ya sabéis que nunca digo algo por decir, que cuando lo digo es porque realmente creo en ello. La narrativa de Diana ha sido madura desde siempre. En cambio, en Jessica, que ya va bien desde principios, llega a cotas increíbles en obras siguientes. Por eso soy fan. Rubén ya presentó una narrativa madura en la Primavera, pero en la Corona era impecable, con una evolución más que notable. Para mí el primer mandamiento de la ley del escritor es: antes de escribir, lee por favor. Lee mucho. Y luego ya escribes si quieres.

Jessica: Más o menos estoy de acuerdo con lo dicho por mis compañeros, pero también me puede la empatía con el escritor. Lo que solicito, como lectora, por encima de cualquier otra circunstancia, es que la historia me atrape y me enamore. Me he dado cuenta de que soy capaz de obviar cosas gordas en la redacción de una novela, pero hay un límite y si llega un punto en el que piensas que no hay derecho y que algunos, deberían pulir antes de lanzarse. Aprendemos escribiendo, está claro, pero hay unos mínimos.

Es cierto que los errores de un autopublicado, quizás, se perdonan un poco más que el de libros editorializados. Es algo lógico porque los segundos pasan, o deberían pasar por unos filtros que lo primeros no lo hacen. Cada uno tiene un umbral de tolerancia diferente, pero todos coincidimos en que hay unos mínimos, que no pueden ser vulnerados. No hay nada peor que abrir un libro y sentirte engañado.

Lo siento, pero alguien te lo tiene que decir: nunca serás un unicornio

          

Personalmente creo que los escritores nacen con una sensibilidad especial para unir letras y hacernos disfrutar con sus creaciones al resto de los mortales. Pero es una predisposición innata hasta cierto punto, para que esta habilidad brille en todo su esplendor, y nos atrapen en sus historias, deberán sacrificarse, crecer, mejorar y evolucionar. Vamos, como todo en la vida, ya sabéis eso de “a dios rogando y con el mazo dando”.

¿Opináis que basta con tener un sueño para poder cumplirlo? ¿Querer ser escritor, te convierte en ello?

Jessica: No, no basta. Tener un sueño puede ponerte en el camino, pero el equipaje y los recursos para empezar a andarlo son cosa de cada uno. A medida que avanzas aprendes, y ese equipaje se hace más rico, aunque no más pesado. Pero si tú único fin es llegar y te da igual cómo o de qué manera, probablemente acabes dándote cuenta de que te faltaban muchas cosas. Querer es poder, pero no por arte de magia, sino de trabajo (mucho), de constancia, de esfuerzo y de un continuo aprendizaje.

Diana: Si nos pasamos la vida soñando con cosas imposibles, nos frustraremos y no avanzaremos porque la magia, aunque no os lo creáis, no existe XD. Por eso, lo ideal es tener sueños alcanzables o posibles y luego trabajarlos como todo en esta vida. Hay que marcarse objetivos porque es la única forma de avanzar y aprender, pero hay muchísimo trabajo detrás y es la única forma real de alcanzar tus sueños. Perseverancia, paciencia y constancia. Querer es poder, siempre que te impliques con el alma y desees mejorar continuamente.

La Eremita: Entiendo lo de querer cumplir los sueños, pero soy firmemente partidaria de aquello de que mi libertad empieza donde acaba la de otro. No quiero leer diarios personales ni redacciones infantiles cuando tomo un libro: quiero perderme en la historia sin distracciones innecesarias. Una mala redacción o una falta son distracciones que me enfadan más allá del límite tolerable.

Rubén: En esto estoy con La Eremita. Lo de cumplir un sueño y escribir está muy bien, tienes derecho. Lo que no tienes derecho es a pretender cobrar y engañar a un lector si no das el nivel para publicar y no te tomas en serio tu “profesión”.

Para aquellos que no estéis metidos en este mundo o no conviváis con escritores quería mostraros esta parcela que no se ve. La cantidad de horas que dedican a escribir, reescribir, revisar, corregir, maquetar y mover las RRSS, es ingente. Sin olvidar que la mayoría también tienen trabajos “mundanos” para poder subsistir. Y familias a las que dedicar parte de su tiempo, claro. A veces nos creemos que escribir un buen libro no es para tanto, pero os aseguro que todas esas horas son horas sin salir de casa, sin quedar con nadie, sin descansar, sin vacaciones y una larga lista de sacrificios que estos chicos hacen para perseguir su sueño y ofrecernos a los demás historias en las que sumergirnos y soñar.

Contadnos, como autores, ¿qué supone querer sacar vuestros proyectos adelante?

Jessica: Estar aquí es un ejercicio de amor a la literatura, siempre lo digo: horas y más horas que le rascas a un tiempo que no tienes. Llega un punto en el que escribes de cualquiera manera, con ruido, con interrupciones, con sueño, enferma. ¡Da igual! Y a eso hay que sumarle las horas de corrección (a las que somos desastrosas se nos nota menos, pero juro que las hay). Luego alguno cuestiona que seas capaz de escribir una novela en X tiempo, pero no piensan en que las horas que ellos pasan haciendo el gamba en redes, de vacaciones, de cenas o de lo que sea, tú te las pasas escribiendo y corrigiendo. Maquetar y todo lo que hay que preparar para la publicación es agotador. He llorado mucho (literalmente) publicando novelas.

Diana: Lo peor para mí es cuando ya he terminado y me enfrento a esa tormenta que he creado casi sin respirar. La corrección, en todos los sentidos, y retocar mil veces lo que no acaba de cuadrar. Maquetar también es un horror. Y no se acaba ahí, porque también corrijo después de la publicación. Es lo mínimo que podemos hacer por los lectores.

Rubén: No hay mucho más que añadir a lo que ya han dicho Jess y Diana. Yo, por mi parte, me he llegado a pasar dos años reescribiendo y corrigiendo una novela xD, debido a mi afán de perfeccionismo y mi miedo a publicar por primera vez. Y con las dos, tras publicarlas, me he pasado casi tres meses sin escribir nada más, tan solo releyéndolas para seguir corrigiendo los fallos o las cosas que no me acababan de convencer. No es necesario llegar a tanto, pero creo que hay que tratar a cada novela como si fuera la última o la única que vas a escribir.

Y hasta aquí el debate de este mes. Como resumen podríamos decir que un escritor se construye a sí mismo a base de horas y horas de trabajo. También subrayar lo importante que es leer mucho antes de publicar, ser autocrítico y respetar a todos aquellos que te leerán en algún momento de su vida.

Y ahora contadnos vuestra opinión sobre el debate de hoy. ¿Tenéis alguna opinión diferente o creéis que nos hemos dejado algo en el tintero?

¡Don Juan, Don Juan, yo lo imploro, tráeme un puré de calabaza!

Me van a disculpar Lady Dark Diana y Lady Dirty Jess, así como Lord y Lady Bloody Rubeca*, pero llega el turno de la señora Doña María del Pilar de Querencia y Luis y olé, españoleando en vuestro Halloween que es mi Todos los Santos. Bueno vale, la Toussaint y Sahmain también, pero eso hacéis como que no lo leéis. Es mi respuesta a los Susurros de Dark Diana y a los adoradores de las sajonadas. Que vamos a ver, almas de cántaro ¡tanto jalogüin tanto jalogüin! Tanto “truco o trato” con voz de flautín y vestidos de mamarracho para que os den una bola de palomitas peguntosas, o unos cuantos caramelos…

¡Caramelos! Si es que hoy los tiempos no son como antaño. Antes, que te diera caramelos un extraño sí que daba miedo… ¿no os lo decía mamá, que no comierais nada que os ofrecieran en la calle? Si es que me dan ganas de tener unos cuantos rellenos de cicuta, que sabe a almendras y no debe de notarse, para cuando los mamarrachos llamen a mi puerta…

Vamos, molestar al vecindario para pedir caramelos… que me dan ganas de salir cual Gorgona furiosa a ver quién asusta a quién. Eso sí que es un disfraz. Caramelos… de leche les daba yo pero en plural. ¡Truco! ¡Elijo truco, que vais a saber lo que es un truco!

Mirad, jovenzuelos, me vais a comparar a mí unos caramelitos sobaos con los dulces de Todos los Santos de toda la vida de Dios:

Sí, son huesos de santo y buñuelos rellenos de crema, nata, chocolate, trufa, y esos de cabello de ángel y batata que nadie quiere nunca pero que hay que poner, porque así lo manda la tradición. Ja. Caramelitos. Venga ya.

Encima de casa en casa, que decoran con telarañas como si no hubieran quitado el polvo en veinte años y que se pegan a todo. ¿Eso da miedo? Eso lo que da es un asquete que te pasas… Con lo bien que se estaba en el sofá viendo ese Don Juan Tenorio que siempre daban esa noche en lo que era Televisión Española.

¡Cómo! ¿Que no conocéis a Don Juan Tenorio de Don José Zorrilla?. El de Johnny Depp no, que os veo venir. Digo el de Zorrilla.

Igual no sabéis por qué al ligón de turno, a ese que va cada día con una le dicen que es un Don Juan. Pues para eso estoy yo aquí con todo este paripé, para contaros de qué va así como quien no quiere la cosa. Bueno no, mentira, siií quiero cosas. Me mandáis un ciberbuñuelo en los comentarios por lo que os guste. Y si no os gusta un hueso de santo (os confieso que no puedo con ellos pero no se lo digáis a nadie, que no queda bien cuando estoy aquí españoleando tanto).

Veréis, hay algunos personajes más, pero nos vamos a centrar en los principales o la entrada nos dura hasta el próximo Jalogüin y no quiero, Si estamos aquí en tan largo plazo igual cambio de idea y el año que viene, en Halloween, os hablo de Sleepy Hollow. Y os pido caramelos vestida de Drusilla la de Spike (si no sabéis quiénes son no me hablo con vosotros). Vamos al lío.

El caso es que la cosa – cosa que es una obra de teatro escrita por José Zorrilla durante el Romanticismo español, o sea, siglo XIX, el de Bécquer y Espronceda con sus cañones por banda – empieza hablando de una apuesta que un tal Don Luis Mejía y otro tal Don Juan Tenorio – que son algo así como pijos sevillanos metrosexuales del XVIII – hicieron el año anterior en una taberna.

Básicamente se apostaron su reputación a ver quién era más capullo, hideputa que dirían antes, de los dos. Al cabo del año se encuentran en el bareto y se cuentan las cabronad… estooo… sus oscuras hazañas:

JUAN: La apuesta fue…

LUIS: Porque un día
dije que en España entera
no habría nadie que hiciera
lo que hiciera Luis Mejía.

JUAN: Y siendo contradictorio
al vuestro mi parecer,
yo os dije: Nadie ha de hacer
lo que hará don Juan Tenorio.
¿No es así?

LUIS: Sin duda alguna:
y vinimos a apostar
quién de ambos sabría obrar
peor, con mejor fortuna,
en el término de un año;
juntándonos aquí hoy
a probarlo

JUAN: Y aquí estoy.

Copa (jarra de vino) va, copa viene, van fardando de que no hay una que no se hayan tir… digo que haya caído ni pelea que no hayan ganado matando a todo lo que se menea sin cortarse un pelo

«Aquí está don Juan Tenorio,
y no hay hombre para él .
Desde la princesa altiva
a la que pesca en ruin barca,
no hay hembra a quien no suscriba;
y a cualquier empresa abarca,
si en oro o valor estriba.
Búsquenle los reñidores;
cérquenle los jugadores;
quien se precie que le ataje,
a ver si hay quien le aventaje
en juego, en lid o en amores.»
Esto escribí; y en medio año
que mi presencia gozó
Nápoles, no hay lance extraño,
no hay escándalo ni engaño
en que no me hallara yo.
Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.
Ni reconocí sagrado,
ni hubo ocasión ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar.
A quien quise provoqué,
con quien quiso me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté.

Total, que comprueban que en número de muertos y conquistas, gana de largo Don Juan. Pero no les basta con tanta tropelía, qué va. Don Luis reta a Don Juan a conquistar a una novicia inconquistable (ya os podéis imaginar que es Doña Inés). Acepta, pero añade que además va a conquistar a Ana de Pantoja, la prometida de Don Luis, y entre “Venga ya fantasma, tú de qué vas” pero a lo dieciochesco, y “¿que no? sujétame el cubata” pero a lo dieciochesco también, cierran la apuesta, que pa chulo Don Juan:

JUAN: Desde una princesa real
a la hija de un pescador,
¡oh!, ha recorrido mi amor
toda la escala social.
¿Tenéis algo que tachar?

LUIS: Sólo una os falta en justicia.

JUAN: ¿Me la podéis señalar?

LUIS: Sí, por cierto: una novicia
que esté para profesar.

JUAN: ¡Bah! Pues yo os complaceré
doblemente, porque os digo
que a la novicia uniré
la dama de algún amigo
que para casarse esté.

LUIS: ¡Pardiez, que sois atrevido!

JUAN: Yo os lo apuesto si queréis.

LUIS: Digo que acepto el partido.
Para darlo por perdido,
¿queréis veinte días?

JUAN: Seis.

LUIS: ¡Por Dios, que sois hombre extraño!
¿cuántos días empleáis
en cada mujer que amáis?

JUAN: Partid los días del año
entre las que ahí encontráis.
Uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas
y una hora para olvidarlas.
Pero, la verdad a hablaros,
pedir más no se me antoja,
porque, pues vais a casaros,
mañana pienso quitaros
a doña Ana de Pantoja.

Pero resulta que dos pares de oídos escuchaban la conversación de Luis y Juan: Don Gonzalo, el padre de Doña Inés, y Don Diego, el propio padre de Don Juan. Y claro, al escucharles se cabrean bastante y recriminan a Don Juan. Don Gonzalo, el Comendador, le espeta a Don Juan que había acordado con Don Diego que se casara con su hija Inés que está en un convento, pero vamos, que ahora ni de broma la toca, y Don Diego llama de todo a su hijo y anula el compromiso.

Don Juan viene a contestar que a él no le metan en sus marrones que el vive muy bien haciendo lo que le place, y que ya veremos si toca o no toca… Y vaya si la toca. Primero se liga a doña Ana Pantoja y después va al convento en el que está Doña Inés y la rapta. Por supuesto, la seduce. Peeeero…. ah, se enamora también. Y esta escena, la famosa escena del sofá, de la declaración de amor, seguro que os suena a todos, en su versión buena o en otra que habla de morcilla (madre mía). Que os lo cuenten Paco Rabal y Concha Velasco (no son los mejores Don Juan Y Doña Inés pero no he encontrado otros)

Don Gonzalo les encuentra y se pelean. Don Juan le mata y para que no le pillen tiene que huir a Italia.

Al cabo de cinco años vuelve a Sevilla. Por alguna razón visita el cementerio y se entera que que la pobre Inés murió de amor tras su abandono. Allí están las tumbas de casi todos, vamos, de TODOS los personajes importantes menos la suya: El Comendador padre de Doña Inés, Don Diego el padre de Don Juan, Don Luis Mejía y Doña Inés. No queda títere con cabeza. Es de noche. Tras una charla con el escultor de las estatuas de las tumbas, que le pone al dia de lo que ocurrió en Sevilla con sus allegados mientras no estaba, se queda solo. Y las estatuas de las tumbas empiezan a moverse….(y os lo juro, en esta escena es cuando yo empezaba a acojo.. digo acongojarme pero de verdad)

Sí, sí; ¡sus bustos oscilan,
su vago contorno medra…!
Pero don Juan no se arredra
¡alzaos, fantasmas vanos,
y os volveré con mis manos
a vuestros lechos de piedra!
No, no me causan pavor
vuestros semblantes esquivos;
jamás, ni muertos ni vivos,
humillaréis mi valor.
Yo soy vuestro matador
como al mundo es bien notorio;
si en vuestro alcázar mortuorio
me aprestáis venganza fiera,
daos prisa; aquí os espera
otra vez don Juan Tenorio.

Parece que sigue todo bravucón ¿verdad? Pues no. Llega Avellaneda, su ayudante, y le encuentra con el semblante demudado y tembloroso, pero lo cierto es que vuelve a sacar esa chulería que le caracteriza al ver que Avellaneda se ríe un poco de él, y se atreve a invitar a cenar a los muertos para intentar demostrar que no tiene miedo. Hasta al Comendador, que os juro que en todos los Don Juanes que he visto siempre da mucho miedo. La escena es digna de un maestro del terror. Y a Don Juan también, aunque lo niegue:

CAPITÁN CENTELLAS Don Juan,
dejad tranquilos yacer
a los que con Dios están.

JUAN: ¡Hola! ¿Parece que vos
sois ahora el que teméis,
y mala cara ponéis
a los muertos? Mas, ¡por Dios
que ya que de mí os burlasteis
cuando me visteis así,
en lo que penda de mí
os mostraré cuánto errasteis!
Por mí, pues, no ha de quedar
y a poder ser, estad ciertos
que cenaréis con los muertos,
y os los voy a convidar.

AVELLANEDA:  Dejaos de esas quimeras.

JUAN: ¿Duda en mi valor ponerme,
cuando hombre soy para
hacerme
platos de sus calaveras?
Yo, a nada tengo pavor.

(Dirigiéndose a la estatua de DON GONZALO, que es la que tiene más cerca.)

Tú eres el más ofendido;
mas si quieres, te convido
a cenar comendador.
Que no lo puedas hacer
creo, y es lo que me pesa;
mas, por mi parte, en la mesa
te haré un cubierto poner.
Y a fe que favor me harás,
pues podré saber de ti
si hay más mundo que el de
aquí,
Y otra vida, en que jamás,
a decir verdad, creí.

CAPITÁN CENTELLAS: Don Juan, eso no es valor;
locura, delirio es.

JUAN: Como lo juzguéis mejor:
yo cumplo así. Vamos, pues.
Lo dicho, comendador.

Para no alargarlo más, aunque confío en que leáis o veáis la obra si tenéis ocasión: El Comendador aparece, claro, y se quiere llevar a Don Juan al Infierno. La escena es de verdad terrorífica. Pero aparece Doña Inés, que también ha hecho una apuesta con su padre: Don Juan la llora y entiende que la ama de verdad a pesar de haberla abandonado. Por ella recapacita y se arrepiente de sus pecados. Dios le perdona, así es que irá al cielo.

Hala, podéis llamarme de todo por haberme metido con Halloween, pero yo os contestaré finalizando como empieza el tenorio, declamando a voz en cuello:

¡Cuál gritan esos malditos!
Pero, ¡mal rayo me parta
si en concluyendo la carta
no pagan caros sus gritos!

¡Mi señor Don Juan Tenorio!

Si no os gusta este jolgorio

que aquí montan en Octubre

Usad como disuasorio

de tan nefasta costumbre

Una espada para hacer

un puré de calabaza!

¡Don Juan, Don Juan, yo lo imploro

de tu hidalga condición

acaba con el follón

o te quitarán la plaza!

(Iba a firmar como la Eremita Zorrilla pero mejor no. Queda un poco raro ¿no? Pero vamos, que es una coplilla de las mías tuneando un poco a Doña Inés)

Y ahora dejadme que os diga que todo es un postureo para contaros el Tenorio, que Halloween me hace mucha gracia, porque tan español como el Tenorio es, como dice mi cuñada Yaque, que es cubana, apuntarse a todas las fiestas. Hasta a Halloween.

Venga. Que no paséis mucho miedo. O sí si es lo que os gusta

*Es que en El Redondal somos así de glamourosos, que si Hollywood tiene Brangelina (Brad y Angelina) nosotros tenemos Rubeca (Rubén y Rebeca)

Susurros de medianoche

«Después de discursos tales,

llenos de frases sinceras;

se fueron las calaveras,

a sus urnas sepulcrales»

Calaverita literaria

Arturo Espinoza

ALL HALLOWS EVE

El otoño llega con su imperecedera máscara marchita y los paisajes se cubren de dorados y grises. Un cambio de hora a destiempo, lluvia centrifugando las calles y el calor que se escapa de la tierra en suspiros de agonía. ¿Os suena?

Sofá, mantita, un libro entre las manos y… ¡un zombi en la ventana! Podría ser el inicio de una novela de terror, aunque en estos tiempos inciertos todo sea posible ya. Sin embargo, los susurros de medianoche siguen invadiendo las calles de una de las noches más famosas del año. Una fiesta que nos llega desde la cultura anglosajona y cada vez se celebra con más ímpetu. Este 2020, en cambio, parece que la vivimos todos los días y que de festejar nada de nada. Así que quedémonos con el arte literario y honremos a la muerte de la mejor manera posible: leyendo terror.

Sin duda, la llegada del frío no deja indiferente, pero Halloween tampoco. A estas alturas no necesitáis que os explique de qué se trata. Una fiesta pagana derivada del antiguo Samhain celta. Su último día del año, la fiesta de la cosecha donde se despedían del dios Lugh, dios del sol. En esa noche tan especial creían que los espíritus de los muertos regresaban para visitar a los vivos y por ello les colmaban de dulces fuera de sus casas a modo de ofrenda. También se dejaban velas encendidas para ayudar a esas almas perdidas a encontrar el camino hacia la luz de Lugh. Sin embargo, también tenía su parte oscura. Temiendo que los vivos pudieran ser poseídos, se vestían de negro para evitar ser foco de atención. El «truco o trato» derivado de una vieja tradición cristiana del día de los difuntos en la que se mendigaba pasteles, casa por casa. O la calabaza, el farol con el que Jack vagaba, según la tradición irlandesa, tras haber engañado al diablo y haber pecado demasiadas veces como para ir al cielo.

La parte oscura siempre es la más fascinante, ¿por qué será? Tal vez, porque en ese lado de la verdad es donde se esconden los misterios, los secretos, los mitos. Fundir una fiesta dedicada al sol, a la vida, a lo nuevo que está por venir; con la oscuridad de la muerte y sus terribles secretos. El velo de lo invisible en su recorrido inverso, provocando que el antagonismo del universo se asome al espejo y devuelva una terrible mirada.

Desafiar a la muerte disfrazando a los más inocentes, aquellos que apenas comienzan su largo camino en la vida, con el aspecto de abominables monstruos y seres espectrales. Desterrar el dolor y la perdida y rendirle culto mostrando su más oscuro rostro.

3D Animation Production Company

LITERATURA OSCURA

Y una vez más, la literatura no ha estado exenta de mostrarnos a todas estas temibles criaturas. Desde Moby Dick hasta Frankenstein, Drácula y el Hombre Lobo, fantasmas, zombis, brujas…

El Minotauro, la Hidra, el can Cerbero, Gorgona… los griegos y otras civilizaciones antiguas ya contaban con su propia cantera de monstruos terroríficos, que no dudaron en transmitir a generaciones futuras. Rudimentarias sombras de lo que hoy conocemos, transformadas por la modernidad.

Frankenstein de Mary Shelley. Novela gótica que nos habla de la muerte y de la vida, de los humanos que creyéndose dioses creen que pueden desafiar a la muerte y jugar con ella. El moderno Prometeo, que en lugar de robar el fuego a los dioses, esta vez se atreve con la propia vida sin miedo a un castigo divino. (Pienso en él cada vez que me tienen que dar puntos…).

Drácula de Bram Stoker. De cuando Transilvania aún pertenecía a Hungría y su sagrada tierra era necesaria para trasladar al conde Drácula allá donde fuera. Su historia hizo famosos a los vampiros y contribuyó a que estos olvidados seres volviesen de entre las brumas de los tiempos para quedarse. Mordeduras, a veces letales, que pretenden succionar la esencia vital contenida en la sangre. También llamados no-muertos, por lo que no podían faltar en una noche de Halloween. (Ya lo dije en la anterior entrada, me fascinan).

La marca de la bestia de Rudyard Kipling. Un sacrilegio con una estatua sagrada hindú termina con un mordisco en el pecho por parte de un misterioso leproso, llamado Hombre de Plata. La herida provoca una paulatina transformación en hombre lobo como fruto de una maldición. También llamados licántropos. (Eso de los mordiscos contagiosos no apetece mucho en estos momentos…).

El fantasma de Canterville de Óscar Wilde, sir Simon de Canterville habita como fantasma en el castillo donde asesinó a su esposa. La familia americana que se establece en su antiguo hogar no temen al misterioso ente, se ríen de él e incluso le ayudan a buscar la paz. También llamados espíritus, almas perdidas. (Probablemente los que den más miedo en víspera de Todos los santos).

Las brujas de Salem de Arthur Miller, habla sobre este pueblo estadounidense y de la cacería de brujas que se produjo en él con paralelismos con la que hubo siglos atrás en la vieja Europa. También llamadas hechiceras, magas. (La parte de la magia siempre me ha encantado, yo soy de bruja con escoba, caldero y sombrero picudo).

Autores como Lovecraft, E. A. Poe, M. Shelley, Stephen King, W. Irving… perfectos para una noche de brujas.

Todas las culturas han creado sus monstruos y los han soltado para aterrarnos, aunque una noche al año la barrera del miedo se rompa y nos camuflemos bajo la mismísima piel del diablo. En la literatura universal podemos celebrar Halloween todas las noches, encerrarnos en nuestro dormitorio bajo la atenta luz de una vela y devorar libros terroríficos, metamorfoseándonos en criaturas imposibles y desafiar al miedo una vez más.

makunin en Pixabay

BAJO LA PIEL DEL DIABLO

La pérdida y el recuerdo que persiguen al Día de Todos Los Santos se celebra con el desafío a la muerte y la diversión de una noche única. Como si pudiéramos olvidar por un instante que todo se termina y festejar por que todo empiece de nuevo. Amar la vida a través de sus terrores y conocer nuestra parte más oscura. Desterrar nuestros temores y formar parte de ellos, pues no hay mayor miedo que desconocer nuestra propia oscuridad.

¿Cuánto tiempo nos queda? ¿A cuántos hemos dejado marchar ya? La muerte es una parte de la vida, desconocida, intimidante y dolorosa; por ello la mayoría de los monstruos están relacionados con ella. Ya sea porque la provoquen o porque surgen de sus entrañas. Es un miedo enraizado en muchas culturas y el imaginario colectivo le ha dado muchas formas. Luchar contra nuestros demonios particulares, contra lo invisible… y sobrevivir a ello. Un disfraz, una máscara, y en lugar de vestirnos de superhéroes, atacar desde dentro, desde la mismísima oscuridad.

Adéntrate en lo desconocido; lee novela de terror, fantasía oscura, thriller psicológico… porque los peores monstruos surgen de la imaginación y nos devoran de dentro hacia fuera, aunque existan en la vida horrores que superen a las temibles pesadillas.

Fuentes:

www.wikipedia.com

www.ngenespanol.com

www.sobrehistoria.com

www.libroos.co

El Nombre de Dios – José Zoilo Hernández

¿Quién podrá, pues, narrar tan grandes peligros? ¿Quién podrá enumerar desastres tan lamentables? Pues aunque todos sus miembros se convirtiesen en lengua, no podría de ninguna manera la naturaleza humana referir la ruina de Hispania ni tantos ni tan grandes males como esta soportó.

Crónica Mozárabe 754


El Nombre de Dios

Si alguien puede, es José Zoilo Hernández. Ya nos contó lo que ocurría en esa Hispania barbarizada tras la retirada de Roma de la Península Ibérica, a través de las vicisitudes de Attax, un alano aculturizado, en su fantástica trilogía Las Cenizas de Hispania.

Vuelve con El Nombre de Dios para narrarnos, mediante una didáctica y brillante ficción histórica, las postrimerías del reinado visigodo y la invasión musulmana. No lo hace con la aridez de un libro lleno de fechas y acontecimientos, difíciles de encajar y retener. Es con ese estilo tan suyo que convierte la Historia en una novela de aventuras y batallas, mientras el lector va haciéndose su composición de lugar sobre lo que ocurrió de forma fidedigna, casi sin darse cuenta, como un gato al que se da una comida deliciosa que lleva camuflada una pastillita.

José Zoilo Hernández

No es historiador. Es biólogo. Sabéis que me gusta fisgar las webs de los autores, y me he encontrado con este curioso texto del que os copio un extracto. Podéis leerlo completo en Letras con Historia .

¿Un biólogo escribiendo novela histórica?

Pues sí, soy biólogo, aunque me dedico profesionalmente a temas relacionados con el desarrollo rural y la agricultura. Pero, desde siempre, me ha apasionado todo lo que tuviera que ver con la historia. (…)


Durante algún tiempo, escribir fue solo un asunto personal, que compartía apenas con mi círculo más cercano. Hasta que, en verano de 2016, me decidí a dar un paso más: aprovechando la oportunidad que me ofrecía el tercer concurso de escritores Indie organizado por Amazon y El Mundo, presenté “El Alano: las cenizas de Hispania”, el primer volumen de mi trilogía sobre la Hispania tardorromana.

La acogida por parte de los lectores superó todas mis expectativas, y El Alano se convirtió en una de las novelas más populares del concurso, llegando a asentarse en el Top10 entre las más de dos mil obras presentadas, a pesar de que no la respaldé con promoción alguna, y que en ese momento mi presencia en redes era nula. Aquel fue mi primer paso, la autopublicación.

Pero las aventuras de Attax no acabaron ahí, ni mucho menos. Este mismo año, una editorial tan importante como Ediciones B, referente nacional e internacional en el ámbito de la novela histórica, decidió apostar fuerte por la trilogía: “Las cenizas de Hispania”. Las alegrías que me ha dado Attax no han cesado en ningún momento; así, en el mes de febrero de 2020, mi primera novela, El Alano, resultó galardonada con el primer Premio de Novela Histórica de Pozuelo de Alarcón y la Asociación Escritores con la Historia, como mejor debut del año 2019 en nuestro país.”

Creedme, lo que os cuento en esta sección no es más que una ínfima parte de lo que sucede. Son tan solo hechos históricos que la mayoría conocemos antes de abrir el libro, y alguna línea maestra de la ficción; no temáis a los spoilers pese a lo que pueda parecer, pues lo que aquí escribo no restará un ápice de interés a la novela. Solo quiero situaros con algo más que la sinopsis para despertar en vosotros un interés que de sobras merece.

Con una angustiada carta de Sinderedo, Obispo de Toletum, a su amigo Bonifacio, un sabio religioso, comienza esta fabulosa novela histórica.

Hermano, el instante que tan largamente hemos temido parece haber llegado. Esta misma mañana he recibido noticias del desembarco de una tropa bereber en las orillas de la Bética.

El Rey Roderico (Rodrigo), de vuelta de una de sus múltiples campañas contra los vascones, se apresta con sus huestes a hacer frente a la tropa de salvajes saqueadores llegados del sur. Lo que prevé como una invasión fácil de repeler no es visto como tal por Sinderedo, que conmina a su amigo Bonifacio a llevar a cabo la misión de entregar al rey una reliquia sagrada que le garantizará la victoria ante el Infiel: una trompa que Roderico personalmente debe hacer sonar en el combate.

Y así, con las peripecias de Bonifacio para encontrar a Roderico en el campo de la batalla que un poco más adelante identificaremos como la de Guadalete, comienza el Libro I, El Rey Maldito. En el camino, recluta a un joven pastor como asistente, Hermigio, un personaje puntal de la novela.

En aquella disputa trascendental para el reino, no solo habían competido por el trono la familia del difunto Witiza y Roderico. También Agila, dux de la Tarraconense y la Septimania, reclamó el trono para sí.

El Reino visigodo está dividido. Roderico ha llegado al poder con el apoyo del clero y el manejo de extorsiones y chantajes. Los herederos del difunto Witiza, Oppas y Sisberto, no ven su reinado con buenos ojos. Los nobles han de acudir al llamado de Roderico a la guerra… En el Noreste, Agila se ha proclamado Rey… Se vislumbra la desunión, la falta de previsión, la arrogancia de un pueblo conquistador asentado que se cree invencible…

Ademar, Comes o Señor de Astigi (Écija), un Noble guerrero visigodo de madre hispana, se despide de su esposa y su ciudad para acudir con sus tropas al requerimiento del Rey junto con sus leales Witerico y Alberico. Formarán parte de la poderosa caballería que les otorgaría una ventaja considerable en batalla.

Yussuf Ibn Tabbit se sentía incapaz de apartar la mirada de lo que acontecía en la playa. Allí, las mismas naves que habían servido para llevarlos a aquella tierra alejada de sus hogares ardían varadas sobre la arena blanca, consumiéndose poco a poco.

Tariq había demostrado con este gesto que su intención, más allá del saqueo, era la de hacerse con cuanto territorio fueran capaces de ocupar. Destruidas las naves, la única opción que les quedaba era la de avanzar, venciendo cualquier oposición que se encontraran. La suerte estaba echada.

Tariq Ibn Ziyab comanda las tropas bereberes. Han cruzado el estrecho y quemado naves con la intención de avanzar. Llega la hora del combate. Las fuerzas están igualadas, pero cuando Roderico ordena cargar a la caballería, muchos de los nobles godos desobedecen la orden y vuelven grupas. Oppas, familiar de Witiza y Obispo de Hispalis, ha conspirado con los invasores a fin de derrocar a Rodrigo y ocupar el trono. La suerte está echada. Ni la reliquia, que finalmente hace sonar Bonifacio impide una calamitosa derrota de Roderico y sus huestes.

Tras la victoria, el enemigo avanza hacia Astigi. La ciudad cae tras una enconada resistencia de Ademar y los suyos, que son hechos prisioneros junto con Bonifacio, Hermigio y la reliquia que portan.

Ragnarico, cruel visigodo partidario de Oppas y medio hermano de Ademar, ha unido su camino al de Tariq, confiado en la promesa de Oppas de darle Astigi, a la que cree tener derecho por herencia dado que su hermano es “mestizo”. Es sin dudas el gran villano de la novela.

El norteño Señor de Calagurris (No es Invernalia lectores, es Calahorra) Argimiro, aliado en principio del traidor Oppas, uno de los nobles que rehusó pelear a favor de Roderico llegado el momento, cambia de parecer y ayuda al rescate de los prisioneros del campamento musulmán. Juntos inician un periplo que les llevará a Toletum y Cesaraugusta.

Bonifacio, bajo tortura, ha confesado al Invasor la existencia de una reliquia que dará el mundo entero, el poder absoluto, a quien la posea, y quiere impedir a toda costa que caiga en manos indeseadas…

Con este caldo de cultivo se inicia un peregrinaje por la Península entre persecuciones, batallas y acogidas, mientras vamos conociendo a todos los personajes que formarán parte de esta trepidante aventura histórica, como la pelirroja Elvia, única superviviente de una aldea arrasada con sadismo por el infausto Ragnarico, a la que rescatan.

Sin tregua, llenos de sobresaltos, como si fuéramos uno de los aldeanos que seguimos a la comitiva de guerreros visigodos en busca de refugio, continuamos por las páginas amando, admirando y odiando a sus personajes mientras participamos de sus cuitas y alegrías y observamos de la mano maestra de Zoilo cómo cae una cultura.

Y comienza el Libro II, Más Allá de las Montañas, pues dejamos Hispania para atravesar los Pirineos y pasamos a vivir la acción en la Galia y hasta en Roma, donde la reliquia, deseada por todo aquel mandatario que conoce su poder, ha de ser puesta a salvo a cualquier coste.

En el transcurso, conocemos a los francos y sus disputas, a los lombardos, y asistimos a la caída definitiva del reino visigodo. Sabemos qué fué de una Roma que dominó el mundo y los inicios de lo que posteriormente será La Ciudad de El Vaticano.

Han pasado unos diez años desde el comienzo, y aunque conocemos el desenlace histórico de los hechos narrados, no así el ficticio, que nos mantiene en vilo hasta el final.

Voy a dejar una cita de la nota final del libro con las reflexiones del autor, que me parece muy aclaratoria no sólo de nuestra historia, sino de cualquier ficción histórica.

Como en la mayor parte de las novelas del género, en las páginas anteriores coexisten personajes reales con otros ficticios. Entre los primeros podemos mencionar a Roderico, el último rey visigodo, conocido como Rodrigo; también a quien lo derrotó en la batalla, Tariq Ibn Ziyab, y al superior de éste, el gobernador de Ifriquiya, Musa ibn Nusayr y su hijo Adb-al-Aziz. Asimismo son personajes reales el prelado Sinderedo, metropolitano de la Ciudad de Toledo en el momento de la llegada de los musulmanes y que, como en la novela, huyó de Hispania para refugiarse en la ciudad de Roma (…); otros reyes visigodos, como Agila o Ardo, y también Eudes (llamado igualmente Odón o Eudón), dux de Aquitania, y Gregorio, el segundo papa de ese nombre. En cuanto a los personajes ficticios, son mayoría en la novela. Ademar, Argimiro, Hermigio, Bonifacio, Elvia, Witerico, ragnarico o Yussuf Ibn Tabbit son solo los más relevantes.

Nota Histórica. El Nombre de Dios

Una vez más, Don José Zoilo Hernández, pese a mis difíciles circunstancias personales, ha conseguido tenerme pegada a su historia de la Historia. Seiscientas treinta y nueve páginas, notas, prólogo, mapa y glosario, qué detalle – aprended, autores de fantasía, y no miro a nadie, ejem – incluídos. Y no quitaría ni una sola.

Leer la descripción de una batalla del autor es entrar en ella. Creedme, las grandes gestas, esas que nos mantienen en vilo, haciéndonos querer guiar el brazo del guerrero junto con su espada para impulsarle y ayudarle en su victoria, no se dan solo en el género fantástico o en una gran producción cinematográfica. Ya me asombré en El Alano al leer la crudeza real de un combate, pero en mi opinión lo ha superado en El Nombre de Dios. De hecho, os copio mis reacciones durante la Lectura simultánea que hicimos en Twitter con Soy Yincanera:

No es la batalla de Morannon a las puertas de Mordor. Es la de Guadalete (?) en el 711. No huyen en la noche los hijos de Elrond de los orcos, sino los godos derrotados de los musulmanes y otros traidores godos

Enseguida les llegaron las voces de aquellos hombres llamando para localizarse unos a otros en la negrura, y por último comenzó un peculiar ulular que habría helado la sangre al mismísimo demonio. Los mauri y sus señores oscuros buscaban a los guerreros godos entre la maleza como si se tratara de una siniestra partida de caza.

Y es que podría estar leyendo ambos géneros y no habría gran diferencia. Así de impactantes son las abundantes “escenas de acción” de la novela. Te hacen retener el aliento en todo su desarrollo.

A veces, cuando leo Historia no se si estoy leyendo Fantasía. A veces, cuando leo Fantasía no se si estoy leyendo Historia.”

Hemos sido llamados para llevar a cabo una misión divina. Y somos la última esperanza de nuestro mundo; si fracasamos, la oscuridad se cernirá sin remedio sobre todo cuanto hemos conocido

Destacables también los personajes, en los que encontramos héroes de verdad, anónimos pero capaces de dar la vida por su tierra y sus gentes. Los adoraremos, tanto como odiaremos a los villanos, aunque, como de costumbre a José no le duelan prendas en rompernos el corazón.

Ademar, señor de Astigi, un godo mestizo con honor cuando otros perdieron un reino con deshonor. Rodrigo/Roderico ha desaparecido, tal vez ha muerto

Que aquellos bastardos supieran quién era el señor de Astigi, aquel que, vencido su rey, se atrevía a defender su tierra.

Por último, no os perdáis la Nota Histórica al final del libro. No tiene desperdicio. Si la novela es didáctica, las poquitas páginas de tal nota no le van a la zaga. Sabía de las versiones de la historia, pero no había leído sobre ello y me ha resultado especialmente aclaratorio.

En definitiva, voy a hacer lo que dicen que nunca se hace en una reseña (Ah, se siente, ya os insistía en que yo no reseñaba, muajajajaja, o sea, onomatopeya de risa siniestra), decir que ME HA ENCANTADO no, LO SIGUIENTE. Hacedme caso Redondaleros, que me vais a dar las gracias. Que no os tire “p´atrás” el grosor; no sobra una sola página.

Venga, cuidaos y seguid leyéndome porfa. Sé que soy vehemente, pero solo me emociono con lo que me gusta y eso quiero transmitiros, con mayor o menor fortuna pero con la mejor de las intenciones. Porque ya que me pongo a ello, me pongo con ganas, pues no es por no ir, pero ir pa ná es tontería, y voy bastantes más veces de las que vengo aquí a contároslo, porque puede que no considere que valga ni la pena ni vuestro tiempo que os lo cuente. Quien quiera entender, que entienda, que dice la Biblia. Ah, y no intentéis levantar un espadón como los del libro, que eso solo lo hacían los de antes. Ya no nos fabrican igual.

  • Título: El nombre de Dios
  • Autor (es): José Zoilo Hernández
  • Traductor:  
  • Sello: EDICIONES B
  • Precio sin IVA: 20.10 €
  • Precio con IVA: 20.90 €
  • Fecha publicación: 09/2020
  • Idioma: Español
  • Formato, páginas: Tapa dura con sobrecubierta, 640
  • Medidas: 166 X 236 mm
  • ISBN: 9788466668453
  • EAN: 9788466668453
  • Temáticas: Novela histórica
  • Colección: Histórica

Perdonen que no me lo calle

El pasado 25 de Septiembre falleció mi madre. Tenía alzheimer y llevaba unos 5 años cuidándola 24 horas al día 7 días a la semana con algún fin de semana libre. “Tienes que vivir” me decían. Siempre contesté: “Vivo”. Porque para mí la parte fundamental de la vida es el amor, y el amor es estar cuando te necesitan. Cuidé porque amaba, porque amo, porque la vida no es ver el Taj Majal o tomarse una caña con los amigos; eso solo es un cierto hedonismo que en algunos momentos deja de ser básico.

Ha sido duro, agotador, desesperante en muchos momentos. Para ambas. Ojalá no hubiera pasado, pero pasó, y repetiría cada minuto, hora, día, semana o año a su lado si me necesitara. Si no cuido a quien amo hasta donde me alcancen las fuerzas… ¿De verdad pensáis que hubiera vivido? ¿Habría vivido porque me pude pasear por la Gran Manzana o porque os dije que no podía ir a aquella cena y fiesta increíble que habíais montado, o a tal exposición? Eso no es Vida señores, es lo que nos han vendido los grandes almacenes o instituciones desubicadas que, las más de las veces, nos alejan de nuestra esencia. La vida se vive como viene, no se escapa de ella por estar más cómodos.

He viajado. Mucho. He salido. Mucho. He cuidado. Mucho. Y en los tres casos, he vivido. Mucho.

Debería callarme por no incomodar de más al personal. Pero no quiero. En el Redondal he dejado pedacitos de alma, y por esa razón también quiero contarlo cuando se me ha roto. Sanará, aunque quede cicatriz. Estoy en mi proceso de duelo, y por eso, dado que este blog se presupone literario o parecido, quiero compartir dos cosas: La bellísima Elegía de Miguel Hernández cantada por Serrat, y otra canción, en este caso de un poeta de Úbeda más famoso por cantante que por poeta, aunque es más poeta que cantante, Don Joaquín Sabina, que canta exactamente cómo me siento en estos momentos.

Va por tí y por mí mamá. Que duermas bien. Te amo hasta mi muerte. Ahora pasearé por La Gran Manzana cuando el COVID me deje, iré a cenas, bautizos, bodas y comuniones… pero no cambiaré un solo minuto en que dejé de hacerlo por pasarlo contigo.

Elegía a Ramón Sijé – Miguel Hernández cantado por Serrat
Así estoy yo sin tí – Sabina

La vida ausente

«Cuando el vampiro entró en el bar, yo llevaba años esperándole»

Muerto hasta el anochecer

Charlaine Harris

Ahora que entra el otoño y se caen las hojas, que los días se acortan y el frío nos recuerda la crueldad de la vida, es cuando recuerdo que Halloween está a la vuelta de la esquina y que a modo de avatar cibernético, tengo que decantarme por un personaje de ficción terrorífica. Así que me coloco la capa de murciélago, los colmillos de plástico, la sangre falsa y me pinto una mordedura en el cuello para que todos sepan del porqué de tan oscuro y conocido disfraz. No hace falta que me presente porque todo el mundo conoce al vampiro, adorados y odiados a partes iguales, su presencia no puede desligarse de esa noche de mágica fantasía ni de la literatura. Nos guste o no, los no-muertos han venido para quedarse y saborear las mieles del éxito.

Cuando decidí enfrentarme a esta nueva entrada, estaba hechizada por la creación de mi tercer libro de la saga Canción de Vampiro y me pregunté por qué estas criaturas eran tan atrayentes. ¿Qué posee el vampiro que nos produce tanta curiosidad?

No nos engañemos, nos gusta la oscuridad. Este personaje clásico se ha convertido en un icono de las historias más oscuras y perversas, y se encuentra ya en todo tipo de géneros literarios, no solo en fantasía clásica. Por lo que su expansión y colonización de la literaria ha sido un abordaje de éxito rotundo.

Un ser a medias entre la vida y la muerte, con poderes sobrenaturales, capaz de absorber la esencia vital de las personas a través de su sangre y con todo un abanico de capacidades mágicas inquietantes. Romántico o sangriento, sensual o terrorífico, más terrenal o puramente demoníaco, melancólico o letal. O quizás todo a la vez, porque no olvidemos que las criaturas de la noche tienen esa polaridad extraña que los hace balancearse entre el bien y el mal, son héroes y villanos, matan y devuelven la vida… y eso da mucho juego en el arte de la creación.

Creando al personaje

Pero, ¿cómo se ha introducido este fenómeno vampírico en la literatura? Su transformación en el tiempo ha sido inevitable, pues los vampiros permanecen en nuestros mitos y leyendas y evolucionan con nosotros. Primero como un personaje diabólico y misterioso, para ir humanizándose lentamente, hasta ser perseguido por un ejército de adolescentes (y no tan jóvenes) e incluso, erotizar cada uno de sus movimientos creando nuevo público. Ya hablaban de seres que se alimentaban de sangre en los comienzos bíblicos y algunos atribuyen a Lilith, la primera esposa de Adán según los hebreos, este macabro cometido. En las antiguas mitologías de todo el mundo hay dioses o seres del inframundo capaces de saciar su sed con la sangre humana. En época medieval, el este de Europa se vio invadido por un ejército de vampiros al que todos recurrían cuando no tenían explicación para muertes repentinas, enfermedades o incluso plagas. Hoy en día no deja de ser una leyenda enraizada en el folclore más tradicional como las brujas o los hombres-lobo. Superados los miedos de antaño, nuestra sociedad ensalza la figura de estas criaturas de la noche dotándolos de misticismo, seducción y magia, en un ideal casi romántico y bello, desdibujando las terroríficas historias que se contaban sobre ellos. La literatura lo deja claro: desde Drácula de Bram Stoker, pasando por Entrevista con el Vampiro de Anne Rice, deteniéndonos en los vampiros modernos de Crepúsculo de Stephenie Meyer o los eróticos de Sokkie Stackhouse (True Blood) de Charlaine Harris. Lazos de sangre de Amanda Hocking, La casa de la noche de P.C.Cast/Kirsten Cast, las Crónicas Vampíricas de L.J. Smith, la saga Medianoche de Claudia Gray, Blood Magic de Tessa Gratton, La Sociedad de la Sangre de Susan Hubbard… y un largo etcétera. Sin olvidarnos de todos los libros que hablan de los orígenes de los vampiros remontándose a Vlad Dracul (Vlad Tepes) y los confines de la Historia, como Vlad de C.C. Humphreys.

Imagen de ana carla en Pixabay

La llamada del vampiro

Pero, ¿qué es lo que atrae realmente de estos seres?

Como humanos tenemos el tiempo justo para vivir, dejar descendencia o amar. Tememos decir adiós para siempre. La idea de la inmortalidad es un dulce pecado al que muchos desearían aferrarse para no morir jamás. Combatir la enfermedad o la vejez a cambio de beber la sangre de otros, una especie de pacto con el diablo que proporcionaría eternas noches y ningún día soleado. Renunciar a la luz en pos de la oscuridad, renunciar a la vida por una muerte eterna, un limbo terrenal en el que drenar la esencia vital hasta convertirla en una sed incontenible, una adicción más poderosa que regirse por una sola ley: la inconsistencia humana.

Odiamos ser fugaces, frugales, banales. Queremos permanecer en el tiempo, que nos recuerden, que nos teman si hace falta, pero que no se extinga la obra de nuestra vida por la que tanto hemos luchado. Por ello renunciaríamos a todo por un poco de inmortalidad. Que no nos recuerden como una sombra, sino convertirnos en ella y pervivir por los siglos de los siglos.

Lejos de este ideal romántico sobre una criatura perniciosa para la raza humana, existen infinidad de leyendas que ya hablaban sobre ellos hace varios siglos. Nada nuevo que no sepáis ya, demonios que causaban enfermedades y que volvían de la muerte matando a sus vecinos para sembrar el terror. Os puedo asegurar que en mis viajes por Rumanía, cada vez que observaba un banco de niebla acercarse sobre los maizales se me ponía un nudo en la garganta. Y es que hay paisajes que evocan esa aura oscura que representa al vampiro, también me sucedió con las gárgolas de algunos edificios de Budapest. La oscuridad, el mal retorciéndose en todas sus formas y de repente, una figura humana. Una criatura tan parecida a nosotros que puede llegar a tener sentimientos humanos. ¿Una ilusión? ¿No utiliza el cazador cualquier recurso para atraer a su presa?

No olvidemos que no se refleja en los espejos, por lo que carece de alma y que en lo único en lo que nos parecemos es en su misión terrenal: sobrevivir al paso del tiempo.

¿Por qué escribir sobre ellos?

Cuando decidí escribir sobre vampiros me encontraba en una encrucijada en mi vida nada fácil de solucionar. Soñaba con vampiros de noche y lo escribía al despertar. Estos seres terroríficos personificaban la enfermedad que se estaba comiendo mi vida y que no me dejaba avanzar. Para mí siempre fueron seres místicos y fuertes, lobos con piel de cordero capaces de todo por seguir en este mundo. Sin embargo, habían sido humanos alguna vez y comprendí que la nostalgia debía rodear sus figuras con un halo de misterio y dolor insoportables. ¿Os imagináis sobrevivir a todos los vuestros? Yo no. Por muchos sentimientos que te arranque esa no-muerte, algo debe quedar ahí, aunque sea en el recuerdo, que te convierta en un ser desdichado. En resumen, melancolía y poder.

No sé si existen o no, no me toca a mí descifrar ese enigma, pero su leyenda ha trascendido hasta nosotros con la certeza de la inmortalidad. Nosotros caeremos o venceremos, pero los vampiros seguirán pasando de generación en generación, oscuros, únicos, temidos, eternos

Preparad los ajos, el crucifijo y la estaca, que si el viento va a favor llegaré a vuestras moradas de madrugada. Me he permitido unos versos:

Toda oscuridad es ausencia,

de vida con la que soñar;

a cada paso la muerte acecha,

como si fuéramos su rival...

VadeReto Septiembre 2020 en el blog de JascNet – Relato Desde El Redondal

Lo que no consiga JascNet, el Southern Kahitan, alias Ská, no lo consigue nadie. En su fantástico blog Acervo de letras nos propone su VadeReto 2020. Tres imágenes. Escribir un relato.

El Redondal tiene tres escritores profesionales. ¿Quién hace el relato? Pues la que no ha escrito uno en su vida. Bueno si, uno. Para regalo a una prima pequeñita hace algunos años. Nada ¿quién dijo pudor? Adelante con los faroles. Abro el word, y tecla a tecla sale una historia. No seáis muy duros por favor. Es la segunda vez en mi vida que lo hago. Y me gustaría animaros a intentarlo. Uníos al VadeReto. ha sido una experiencia interesante. Ahí vamos, y que sea lo que Dios quiera.

Y NANSY FUE UNA ESTADÍSTICA

—¡No llames a mis padres! —suplica la adolescente llorosa, en el pequeño consultorio de la sala de urgencias del Clínico, donde Nansy retira la vía por la que le ha sido suministrada la dosis de tiamina para paliar la intoxicación etílica— ¡Van a echarme de casa, no tengo dónde ir! ¡Te prometo que no lo haré más!

La mira con indiferencia. Tras el caos, el agotamiento y la impotencia provocados por la reciente pandemia, ya no le conmueven los pequeños dramas de la gente que se autolesiona de forma inconsciente en aras de una diversión mal entendida.

—Eres menor de edad. Es el procedimiento. Espera aquí —dijo tan solo, con expresión seca.

Mientras cierra la puerta escucha los improperios de la chica gritando a voz en cuello.

—¡Qué no los llames te digo! ¿Quién te has creído que eres, sudaca de mier…?

Haciendo caso omiso continua a la recepción.

—No hemos podido localizar a los padres —le comunica la celadora— ¿Ha venido con alguien? Si es así deja que se la lleven. Necesitamos el espacio. Total, va a volver, siempre vuelven. Ya nos encargaremos.

Va a la sala de espera arrastrando los pies. Echa un vistazo a la estancia, ocupada por una pareja de ancianos cariacontecidos, ella lánguida en una silla de ruedas y él con aspecto cansado, sosteniendo su mano; un hombre que se sujeta la muñeca con cara de dolor; y un muchacho con el pelo rapado, botas militares y una cazadora bomber estirado indolente en tres sillas de plástico gris.

Desde la irrupción del virus, la sala de Urgencias del Clínico está inusualmente vacía. El triaje divide a los posibles infectados de otras patologías, y sólo permiten acompañantes en caso estrictamente necesario. Lejos quedan los tiempos en que toda la parentela de una familia gitana acompañaba y esperaba a un enfermo hasta que se lo devolvían tras tratarlo.

—Familiar de Vanesa Moreno —dice con voz impersonal y hastiada. Suerte que su turno finaliza de inmediato.

El muchacho rapado se levanta de su improvisada litera y se acerca a Nansy. Le mira de arriba abajo impresionada por su imponente estatura, y por los trazos negros de un tatuaje que no llega a vislumbrar del todo, asomando por los puños de la cazadora.

—Puedes pasar a recogerla. Consulta 4.

No espera. El cansancio está haciendo mella en su cuerpo y a duras penas se sostiene en pie.

Antes de entrar al vestuario, hace un alto en la sala de pediatría. Le gusta sentarse unos minutos, al final de su turno, a contemplar el póster de un niño que mira a la luna con su osito de peluche. Le recuerda a su pequeño Renzo, que ahora tendrá cuatro años. Ella y su marido, Nelson, habían decidido, al año de ser padres por cuarta vez y verse en dificultades para sacar a su familia adelante, que su título de auxiliar de enfermería les sería de utilidad en España. Tal vez les alcanzaría para pagar la costosa operación de rodilla del mayor, la hipoteca, y aliviar su día a día. Casi lo habían logrado.

Imagen de Myriam Zilles en Pixabay.

Un año más y podría regresar a casa, dejar atrás el cuartucho alquilado en Lavapiés, la soledad infinita, la añoranza de su tierra y su familia, la alienación de la vida en la gran ciudad, cuando solo trabajas y duermes, pues el coste del ocio es menos cantidad para enviar a la familia. Había tenido algunos conocidos, pero su constante negativa a compartir una noche de copas, unos cafés o un picnic en algún parque, terminaron por espaciar las invitaciones hasta que dejaron de llegar.

Se pregunta si Renzo la reconocería, si miraría la luna pensando en mamá como ella lo hace mirando la luna de papel, sintiendo una congoja que se manifiesta físicamente como un pinchazo en el alma.

Sale del Clínico al cabo del rato. Andando hasta el Intercambiador de Moncloa por la calle solitaria, le parece oír unos pasos contundentes que se acercan a ella con velocidad. Acelera. Posiblemente son solo transeúntes con el mismo destino, pero una inquietud indefinida se apodera de ella.

Los pasos incrementan el ritmo a la vez que los suyos. El temor sube amargo desde la boca de su estómago a la garganta. Echa a correr, alcanzando los arcos frente al Ministerio del Aire. Los pasos corren tras ella. No quiere mirar atrás. Ya vislumbra el edificio acristalado del Intercambiador. Unos metros más…

Alcanza la puerta sin aliento. Escucha el bombeo rápido de su corazón, como un tambor cuyo sonido in crescendo retumba en sus oídos. Ya ve las escaleras mecánicas que llevan al vestíbulo, donde se concentrarán los más madrugadores que van a su trabajo. Solo un poco más…

Pone el pie en la escalera, el pánico y la adrenalina abandonando casi su cuerpo con un suspiro de alivio.

Imagen de Okan Caliskan en Pixabay.

Una mano en su hombro que la gira bruscamente, la coge por los brazos con fuerza, la zarandea y la empuja escaleras abajo. Mientras cae, piensa que esa cabeza rapada le resulta familiar. Escucha algo como «tú a mi novia no le buscas líos, india de los cojones». Pero no lo procesa. Apenas tiene tiempo de pensar en un niño con un oso mirando la luna por una ventana, antes que todo se vuelva negro.

La gente del vestíbulo corre al pie de la escalera. Un hombre, mientras se agacha a socorrer a la mujer tendida en un charco de sangre que brota de su cabeza,  ve pasar una pareja que mira con regocijo mientras él le dice a ella, que responde con esa risita tonta típica de adolescente enamorada «Una menos. A ver si se van todos a su país».

Allá en Perú, Renzo ha despertado llorando. Siente como frío en la sangre. Su padre entra en el cuarto y le toma en sus brazos. Le consuela y vuelve a dejarle en su camita. Abre un libro y comienza a leerle un cuento que habla de retornos esperados, de vidas de ensueño, de amores eternos.

Foto de Nitin Arya en Pexels.

En Madrid, “20minutos” informa que una mujer ha sufrido un aparatoso accidente en las instalaciones de la Red de Transporte Público. Al año se produce un porcentaje de accidentes similar a…

Todas las veces que nos dijimos adiós – G.G. Velasco

Nota: Tal vez la estética esté un poco rara. En esta reseña he intentado seguir las instrucciones de inclusión que nos trajo Lehna Valduciel para facilitar la lectura a personas invidentes, evitando utilizar el formato predeterminado para citas y entrecomillados, sin cursivas, enlaces a la vista y añadiendo descripción de imágenes. Si no lo he logrado del todo, irá mejor con la práctica, e incluso perfeccionaré la estética sin omitir la inclusión. Gracias por compartir conmigo este viaje para mejorar las cosas y seguir leyendo pese a que no quede muy <<bonito>>.


<<La novela que tenéis entre manos nace justo de ello: de un beso nunca dado, de una eternidad particularmente interminable y de un silencio demasiado prolongado.(…) este libro es el particular cyborg que yo mismo me he encargado de enviar al pasado para tratar de reencauzar desde la ficción un presente y una realidad en serio peligro de empantanamiento.

G. Velasco, G. . Todas las veces que nos dijimos adiós (Spanish Edition) (p. 6). Edición de Kindle.>>

Veamos, ¿qué os parece si le damos un poquito al romance? Espero que aquellos a los que no os llama demasiado este género no huyáis despavoridos ante mi recomendación. Si acaso fruncid un poquito el ceño preguntándoos por qué a esta Eremita le da de nuevo por proponer novelitas rosas, y luego asombraos cuando descubráis que no es así en absoluto. El autor de esta novela no es de esos que limitan su narrativa a aquello de chico con problemas conoce a chica con carencias o viceversa, se encuentran, se desencuentran drama mediante, y después son felices, comen perdices, y se convierten, por obra y gracia de su amor, en seres humanos objeto de culto y ejemplo para los libros de autoayuda y coaching emocional. O tal vez sí, al menos en parte de la trama, pero con más, con mucho más.

Diría que es apta para ser leída tanto por los seres con cromosoma X dominante como por los de cromosoma Y – Me váis a perdonar, pero qué difícil es escribir de forma políticamente correcta en cuanto a distinción de características atribuidas al género, acertadamente o no, se refiere. Sobre todo ahora que hay más acepciones que hetero y homo, así es que seguiré adjudicando tendencias por predominancia cromosómica. Quizá se acerque bastante a lo que quiero expresar; aunque ahora que lo pienso podría denominarlo venusianas y marcianas… puede que fuera más poético… pero qué demonios, X e Y es más adaptable, y encima nos han dicho siempre que son incógnitas a despejar. Lo elijo así.- Madre mía, me percato en el repaso de en qué charco me he metido para evitar decir que los machos hetero no leen romántica o eso dicen. Pero ahora voy y lo dejo, no vaya a menguar mi fama de pisacharcos.

Como es mi primer contacto con la obra de G.G. Velasco, he ido a fisgar su web (https://www.ggvelasco.com/sobre_mi/) para saber quién es. He encontrado a un escritor independiente, nacido en Galicia y licenciado en periodismo, viajero impenitente y gran amante del cine. Tiene un perrito adorable llamado Floyd como homenaje a Pink Floyd (os lo cuento ahora que no me está mirando Mico con esos ojos felinos que me piden que nunca hable de perros, pero es que a mí me pueden los animales, qué le voy a hacer)

Todas las veces que nos dijimos adiós es su séptimo libro publicado. Cuenta en su haber con otros títulos como Nadie vendrá a rescatarnos (https://amzn.to/2QyxDtt), finalista del Premio Literario Amazon 2019, y parece ser un explorador, no solo del mundo, sino de diversos aspectos de la psique humana que plasma en forma de novela, ya sea negra, misterio, thriller… o romántica como en el caso que nos ocupa.

<<A veces basta con cuatro horas de especial trascendencia y un puñado de canciones para definir el sentido de toda una vida…

Cuando Selene Ézaro y Elio Quirán se ven obligados a separarse tras haber disfrutado de varias semanas inolvidables juntos en la Florencia de 1998, ambos protagonizan una de esas horas clave, pero lo que ninguno de ellos imagina es que solo será la primera en que se digan adiós, pues el destino, cuyos planes parecen seguir una misteriosa agenda propia, aún les tiene reservadas algunas despedidas a contrarreloj más.

Todos esos momentos decisivos componen, a lo largo de cuatro décadas, cuatro estaciones, cuatro países y cuatro bandas sonoras distintas, una conmovedora historia de amor en tiempo real, con un trasfondo autobiográfico insólito en el género, destinada a encoger el corazón de quienes todavía creen en la excepcionalidad de ciertas emociones.

Sinopsis de la contraportada>>

Velasco comenta en redes sociales a sus lectores habituales que esta novela <<no tiene nada que ver con lo que esperabais de mí>> Y esto os lo cuento queridos míos, por si algunos ya le habíais leído, puesto que yo parto sin prejuicios al ser el primero de toda su obra para mí. Ya avanzo que no será el último.

Es un libro con banda sonora, que el autor ha incluido al principio de las cuatro etapas en las que transcurre la trama. En forma de lista de reproducción en Spotify, con código de barras, acompaña y complementa la lectura, ya que la música referenciada ayuda a contextualizar las escenas, a la evocación, y es una parte esencial en su desarrollo. Una novela en la que se invita al lector a usar un sentido más. Pink Floyd, Battiato, Garbage, Aerosmith… canciones que no resultarán desconocidas al lector de mi generación, excepción sea hecha de ciertas inclusiones culturales islandesas de las que Velasco es admirador, que yo particularmente desconocía y me agrada descubrir.

Inciso: ya sabéis que mi frase favorita durante el cálido, desértico, tórrido verano madrileño es <<El año que viene, en Abril emigro a Islandia hasta Noviembre>> Lo haré. Algún día.

Viene al caso, especialmente Battiato, pues a lo largo de la historia podremos afirmar casi con seguridad que Elio es para Selene, y Selene para Elio, el sol y la luna, sus propios Centros de gravedad permanentes (título de una de sus canciones más conocidas).

La primera etapa, narrada desde el punto de vista de Elio, transcurre en Florencia, donde los jóvenes protagonistas se conocen en una escuela de idiomas. Podríamos decir que trata de inseguridades y besos anhelados y no dados. Los protagonistas viven su primera veintena, descubriendo el mundo y descubriéndose, dudando si lo que sienten es producto de un amor de verano en un entorno libre, asumiendo que es más y cuestionándose si <<Marcelino>>, eufemismo que Selene usa para referirse al destino predeterminado, volverá a cruzar sus caminos.

La segunda etapa, diez años después, narrada desde el punto de vista de Selene, se da en un lugar y circunstancias que nosotros, lectores, no habríamos podido imaginar como relacionados con ella. Narra un reencuentro más amargo que dulce y la constatación de los sentimientos que nacieron en la lejana Florencia, una vez más irresolutos. Sin embargo deja en esta lectora una sensación como la que describe Elio en la primera parte… ¿es cierto o es la sublimación de un amor de verano por parte del protagonista masculino? :

<<El carrusel de emociones contradictorias que acababa de zarandearme era lo más parecido a una esquizofrenia que había vivido nunca: casi como un péndulo, mi mente había oscilado en un mismo minuto de estar segura de que Selene, en cierto grado, también me deseaba a derretirse como un reloj de Dalí ante la perspectiva de que lo anterior solo hubiera sido una bonita película que yo mismo, con mi característica inclinación a envolver la monotonía de un aura épica, como en las películas, había orquestado en mi cabeza para no tener que aceptar la cruda realidad.

G. Velasco, G. . Todas las veces que nos dijimos adiós (Spanish Edition) (p. 31). Edición de Kindle.>>

Otros diez años pasan hasta la tercera Etapa, con Elio narrando en primera persona desde Japón, su residencia tras años viajando por el mundo y recuperándose de la depresión en que le sumieron varias circunstancias confluyentes. Con una bellísima descripción de Japón y sus tradiciones, otro amor en escena y una Selene ausente pero siempre presente en Elio, <<Marcelino>>, ese caprichoso indicador de lo que debe ser, usa todos los recursos a su alcance, incluídos fenómenos naturales, para impedir con contundencia lo que no debe ser y dar lugar a la cuarta etapa. Debo decir que leer este capítulo ha sido vivir una mezcla de El camarote de los hermanos Marx y aquella comedia romántica de 1999 interpretada por Sandra Bullock y Ben Affleck, Fuerzas de la naturaleza. Tan delirante que pese a lo dramático de la situación, resulta realmente hilarante.

«And even though our love is doomed», decía su parte más lograda, «even though we´re all messed up. We´re still waiting for tomorrow. We are still aching for tomorrow…».

G. Velasco, G. . Todas las veces que nos dijimos adiós (Spanish Edition) (pp. 187-188). Edición de Kindle.

Garbage. Even though our love is doomed.

La cuarta parte va a transcurrir en México. Y digo bien cuando utilizo el futuro, pues es el año 2028. Durante la colorida festividad de Los Muertos.Un reencuentro. Al partir, un beso y una flor como en la canción de Nino Bravo. Un Siempre. Un Nunca. Un Hasta Siempre. Tal vez un hasta nunca… porque:

<<—Nadie que haya cumplido sus sueños se dedica a escribir. Tal y como yo lo veo, la literatura es precisamente una forma alternativa de cumplirlos. —O de verter sobre el papel la frustración de no haberlos cumplido. —Eso también, claro.

G. Velasco, G. . Todas las veces que nos dijimos adiós (Spanish Edition) (p. 226). Edición de Kindle.>>

He leído una fantástica y atípica novela ¿romántica? sobre un amor que es porque no fue. Dos personas cuyo <<centro de gravedad permanente>> vital es amar el enamoramiento de los veinte años; esos sentimientos y sensaciones sublimadas que uno no vuelve a vivir en los treinta, cuarenta, cincuenta… cuando la vida nos atempera, ni conserva cuando se consuma, enfrentado a la realidad y al peso de la cotidianeidad y la costumbre.

Si a ello le unimos el aderezo de verlo literariamente narrado en un libro, en vez de en la consulta de un psicólogo, tenemos, me vais a permitir que me repita, pero esta vez sin interrogantes: Una fantástica Novela Romántica. No al estilo de Danielle Steele, ni tan siquiera de las Brönte, sino del movimiento literario romántico que pondera el sentimiento sobre los que lo sienten.

¿Autobiográfica? Puede que tenga retazos, o alguna historia haya servido de inspiración al autor… (si llega a leer ésto quisiera ver una foto de su mano y muñeca; quien lea la novela entenderá)

Elio, Selene, la música y un amor florentino son sus personajes protagonistas. Hay otros, pero son mero atrezzo en la historia. Historia cuya calidad va in crescendo en cada capítulo hasta llegar a su gran final, en que el autor establece casi un diálogo revelador con el lector a través de sus personajes. Bueno, y está Rita. Todas tenemos o hemos tenido una Rita en nuestra vida, la mejor amiga a la que nunca le parecen bien nuestras parejas.

He disfrutado la historia. Quizá me haya impacientado en ocasiones con una narrativa descriptiva larga del entorno queriendo desenlaces, acción, ver qué pasa. Hasta que he parado y he visto que, como buena viajera/lectora, el proceso consiste en saborear el camino/el detalle hasta llegar al destino/la conclusión. La puesta en escena de Velasco, con sus descripciones de lugares y sensaciones, tiene tanta belleza como el argumento en si mismo. El mismo Elio lo dice en la cuarta parte:

<<—La acción, claro —rezongó entretanto—. Todos adoramos la acción cuando nos enfrentamos a una historia y pocas veces nos damos cuenta de que los disparos, las explosiones y todos esos trucos tan efectistas casi nunca son lo verdaderamente sustancioso.

G. Velasco, G. . Todas las veces que nos dijimos adiós (Spanish Edition) (p. 234). Edición de Kindle.>>

Sin duda, una buena novela. Va el link de descarga, como siempre: https://amzn.to/31EJwEo para la versión kindle y https://amzn.to/31EepZH para la versión en papel.

Id por la sombra. O no, paraguas que hay tormentas este finde.

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  • Tapa blanda : 294 páginas
  • ISBN-10 : 1651831122
  • ISBN-13 : 978-1651831120
  • Dimensiones del producto : 13.97 x 1.88 x 21.59 cm
  • Editorial : Independently published (12 agosto 2020)
  • Peso del producto : 449 g
  • Idioma: : Español

La página en negro

Nueva por estos lares, pasito a pasito, sin prisa, sin hacer ruido.

Cuando me ofrecieron participar en semejante locura no me lo pensé dos veces, ni siquiera le eché una apuesta a mis neuronas por si alguna había entendido dónde nos metíamos. A veces pensar cuesta demasiado, cuando en lo único en lo que piensas es en expresar. Nadie te salva de la incomprensión, igual que es imposible entender a todo el mundo. Escribir es una extraña mezcla entre soltar entrañas y retener pinceladas de vidas soñadas. Entregamos nuestro corazón en cada palabra y las malas lenguas dicen que nuestras heridas rezuman tinta, una densa capa de alquitrán con la que sepultar lo que verdaderamente somos.

En una sociedad que corre como el viento, la palabra es la traidora por excelencia y su sombra se alarga más allá de cualquier historia. Nos mentimos a nosotros mismos si creemos que ya lo hemos leído todo, siempre hay algo por contar y la mayoría de las veces se esconde entre líneas. La caza de un tesoro a medio descifrar entre páginas y páginas de una historia escondida. ¿Quién te inspiró? ¿Quién te hizo llorar? Los escritores guardamos con recelo esa parcela íntima y, sin embargo, la regurgitamos en cada historia creyendo que aquel que confiesa sus pesadillas lo apartarán de ellas para siempre. Somos ilusos, por si no lo habíais notado aún. Pero por encima de todo, somos soñadores, criaturas mitad humanas mitad magas, convirtiendo cada historia en pura fantasía. Hechizos, sortilegios y conjuros que atraviesan el papel o la pantalla y te calan el alma, porque si te gusta un libro no es por casualidad, estás hechizado por su magia y ahora solo te queda rendirle culto y esperar como un enamorado más a que se termine de escribir la saga…

Imagen de PIRO4D en Pixabay

Prosa poética o la forma de versificar la vida.

Todo en derredor es un oscuro vacío que tiembla y sangra. Te miro y me miras, aunque sé que tus ojos no me ven desde hace semanas. Postrado en esa cama que solo reconoce el dolor y la fragilidad del cuerpo, apenas pareces un niño encaramado a la ventana. ¿Por qué no saltas? Hay un millón de razones por las que lanzarse al abismo de esta caída sin fin, de abandonarte a la derrota y dejar que la luna pernocte por siempre en tu regazo, de lamerte las heridas ahí abajo.

Y, sin embargo, aguardas con el silencio blandiendo su legado, un eco lejano que solo escucha sus propios pasos. Un solo motivo para quedarte a mi lado. Lo exhalas por la boca en un grito de enfado. El demonio solo calcina cuando le das la espalda y chillas, de ti solo cenizas, sembrando con tu cuerpo un campo de infinita soledad.

Dame la mano. Un puente que cruza de brazo a brazo, una alianza muda de cada gesto, de cada beso robado, de todos esos momentos que la vida ha sepultado. Fuimos héroes en el pasado, porque siempre luchamos por los sueños y nadie aún nos ha derrotado. Somos la gloria desdibujada en el espejo, esa imagen retorcida que solo muestra la oscuridad. Ningún cristal te abrirá en canal y mostrará tus entrañas, si acaso las venas desmenuzadas como carmesíes lianas al viento, tras un remoto lamento que nadie escuchará. Somos el equipo perfecto, el dolor y las ganas de llorar, pero mira por encima del hombro y descubre quién llega por detrás. Nadie sale indemne de la vida y tú como cualquier otro… volverás a soñar.

Negra como la sepultura, como las horas muertas esperando a tu vera; como el oscuro vacío que se abre en tu boca, cuando tus labios temblorosos pronuncian esa palabra rota. Negra como los cuervos que graznan en mi ventana, como esa luna de plata que llora estrellas de madrugada. Negra como el eclipse que nos devuelve la noche profana. Negra como el alma justo antes de estallar en llamas. Negra como la esperanza huyendo asustada. Negra solo negra, ruin y torpe es mi alma.

Negra como el azabache de tu pelo, como esas pupilas que me escrutan, conquistando todo mi cuerpo. Negra como el mar cuando el sol se ha extinguido, como esa carencia de color que baña el cielo dormido, como esa puerta entreabierta donde aguarda lo desconocido. Negra la noche de donde venimos, y negra la muerte a la que desafiamos al dormirnos. Negra la pesadilla que acecha, negra la pena temblando entre tus dedos. Negra como el ébano de tu piel donde solo brillan estrellas. Negra solo negra, brillante oscuridad sin mácula.

Imagen de A Owen en Pixabay

La vida nació de la negra oscuridad…

Pequeños detalles logran grandes experiencias

Gracias, mil gracias por compartir estas cosas en las que no solemos caer. Iremos haciendo lo posible.

Viviendo Entre Dos Mundos

Un hombre en actitud pensativa sentado frente a un ordenador. A un lado tiene un cuaderno y un lápiz, una taza de café y un pastel de manzana. Imagen libre de derechos tomada de pxfuel


Dedicatoria

A todos los que añadís vuestro granito de arena para cambiar realidades y mejorar la experiencia eliminando barreras… Gracias totales, sois los mejores.


«La inclusión puede ser una criatura mitológica, fantástica o convertirse en realidad;
Todo depende de que cambies tu forma de pensar». Lehna Valduciel


Ni me conoces ni te conozco. Da igual. La experiencia que quiero compartir contigo es mera solidaridad entre colegas. Perdona, todavía no me presento. Mi nombre es Gonzalo; soy un lector empedernido que alguna vez soñó con tener un espacio literario donde compartir mi experiencia subliminal con las historias que me han llegado al corazón.

Lo logré, en efecto, tengo un blog literario; un rincón personal donde escribo reseñas, hago entrevistas, invito a retos literarios y escribo de vez en cuando, si la inspiración me llega de visita.

Ahora que ya me he presentado deja que…

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