Tres Centímetros

TRES CENTÍMETROS

A mi tío Vicen, que en paz descanse.

Gracias por enseñarme que los ángeles no tienen por qué tener alas ni ser perfectos.

Los ángeles solo aman…

Tres centímetros. Nunca un número había marcado tanto su vida. Había nacido un tres, del tercer mes, de un año acabado en tres. Esa misma cifra había pasado fugaz entre sus manos en varias ocasiones como si el destino lo hubiera marcado con un número en lugar de un nombre.

Se frotó las manos para entrar en calor, aunque la lluvia seguía calándole hasta los huesos. Miró hacia abajo y contempló sus pies desnudos bajo el aguacero. ¿En qué momento había perdido los zapatos? Iba a enfermar. Se rio.

La barba de varios días se había convertido en un confortable abrigo para las bajas temperaturas y el revuelto cabello también, aunque el peso del agua lo hubiera pegado a su rostro y gotas desperdigadas le resbalaran por la piel.

Lloraba, pero las lágrimas se confundían con la lluvia y dotaban a sus ojos claros de un brillo sobrenatural. Nunca le había gustado expresar demasiado sus emociones, como si pudieran herir esa secreta fragilidad interior, que intentaba disimular para el resto del mundo. Una coraza para que nadie lo viera jamás dudar, vulnerable, expuesto. Sin embargo, ahora que esos tres centímetros marcaban a fuego su vida, no le quedaba más opción que reírse de todas sus costumbres, porque ocultarse a uno mismo no dejaba de ser un ritual. Abrirse no era sencillo cuando se había pasado la vida huyendo de todo lo que dolía, ajeno a las entrañas que devoraban a los demás en silencio. Nunca se preguntaba si los demás sufrían, a pesar de que él mismo escondía sus emociones hasta un punto enfermizo. Y ahora todo se desbordaba como el caudal de un río seco anegado por el torrente. ¿Y ahora qué?

La noche había caído hacía un par de horas, pero ni siquiera se había fijado en ello. Su reflejo en un escaparte de juguetes le recordó la hora que era. No se inmutó. Nadie lo esperaba allí fuera, ni dentro de ningún hogar. Se había encargado bien de que sus relaciones fueran cortas y superficiales, sin llegar a la raíz donde se forjan las amistades y el amor. No tenía a nadie ni ningún hombro sobre el que llorar.

La Navidad estaba a la vuelta de la esquina y las tiendas resplandecían de luces y música. Se preguntó por qué no lucían tan atrayentes el resto del año. Quizás había alguna magia extraña que impelía a los comercios a derrochar fantasía solo en aquella época, dejando para otros momentos la monotonía y el gris deslucido del pavimento.

Lo odiaba todo. Odiaba las luces, las canciones navideñas, las risas… Y había descubierto que la felicidad le causaba pavor. Siempre huyendo de todo lo que merecía la pena, como si esa vieja y aprendida carrera de fondo fuera una meta alternativa que solo él conocía. Porque en realidad, nunca había querido ser feliz, le aterraba serlo y despertar una mañana y darse cuenta de que lo había perdido todo.

La traidora memoria le recordó el único tesoro que guardaba muy adentro, lo único que había conseguido penetrar en el muro infranqueable de su coraza y latía al son de su guerrero corazón. La imagen de sus padres decorando un viejo y destartalado abeto, sus sonrisas, los dulces, los villancicos, los abrazos, los besos… sus recuerdos siempre se interrumpían en la parte dolorosa, eran el límite para no escarbar más adentro de donde puede que no existiera forma de regresar. Como si el dique de contención se rompiera y todo lo que él creía ser fuera arrastrado por una marea negra y espesa.

Gritó, pero el ímpetu de la música navideña era tan potente que nadie lo escuchó. La risa de los niños era un poder superior que enmascaraba toda tristeza. Se dio media vuelta, intentando alejarse de aquella parte recargada de la ciudad, necesitaba escapar y recuperar el anhelado silencio. Echó a correr y topó de bruces con una mujer.

La joven rubia posó su mirada de asombro en su rostro mientras lo cubría con su propio paraguas, después observó sus pies desnudos y comprendió que algo no estaba bien en él. Sin embargo, no le preguntó nada. Cogió su mano y él la miró sorprendido a su vez. La desconocida la colocó en el mango del paraguas, regalándoselo. Le guiñó un ojo, se echó la capucha del abrigo sobre la cabeza y desapareció corriendo bajo la lluvia.

Vincent se quedó muy quieto, temblando. Después de todas aquellas horas desafiando al destino y a la muerte, una sola persona había conseguido que volviera a sentir frío y miedo, fragilidad. Era un tirano de los sentimientos y aquel paraguas había sido el arma definitiva para arrancarle el corazón sangrante.

Caminó, ahora sin mojarse el torso, con el lindo paraguas rosa creando coloridas formas sobre su cabello húmedo. Había dejado de importarle lo que pensaran de él. Tres centímetros, eso era todo lo que importaba ahora.

Consiguió escapar de la calle principal y las farolas titilaron para que supiera que lo habían visto. Todo estaba plagado de mensajes divinos a los que nunca prestaba atención. Todas las almas elegían a sus padres al nacer y él siempre lo había tenido claro. Se había enfrentado a todos por ellos y había escogido a aquella pareja no por casualidad, eran increíbles. Aunque los había perdido con suma facilidad. La vida le había enseñado aquella primera lección dolorosa: todo lo bueno es efímero.

Era curioso como los demás no podían recordar la razón por la que eligieron sus cuerpos, ignorando las razones que los habían llevado a soñar con vivir. Porque esto era a lo que aspiraban todas las cúspides celestiales y los coros de ángeles, a poder llegar a sentirse vivos.

Él recordaba cada palmo de su existencia y los motivos que lo habían llevado a querer gastar su única vida en la Tierra. Sin embargo, la realidad era muy distinta a lo soñado. Sentir era tan maravilloso como cruel y doloroso.

Lentamente, había deseado no haber nacido, haber podido retractarse de su deseo y seguir siendo un ángel cualquiera. La vida era para una clase de valientes a los que no podría nunca más que elogiar. Todo le había salido al revés y se había vuelto introvertido y oscuro, banal y oculto para el mundo con el que un día se había atrevido a soñar.

Un gato negro se paró enfrente y Vincent dio un respingo al escuchar una voz muy poco felina.

—Tienes que volver.

—¡De ningún modo! —exclamó el hombre malhumorado.

—No has aprovechado tu vida como prometiste.

—¿Por qué no? ¿De qué hablas?

—Miedo. Te has vuelto un cobarde que vive escudado en el miedo a sentir nada.

—Conozco mayores traiciones al Cielo.

—No hay mayor traición que mentirse a uno mismo.

—Yo…

—Lo quisiste todo y comprendiste que la vida dolía, muchos aprenden la lección como tú, pero no creas que todos son tan necios como para no valorar el regalo que se les ha dado. Has fracasado, Astart.

—¡No me llames así!

—El hijo pródigo vuelve a casa —canturreó el gato alejándose de él en otra dirección.

Vincent maldijo en silencio. Toda la eternidad esperando y después de todo el sufrimiento, su futuro lo decidirían tres centímetros. Los mismos que iban creciendo en el interior de su pulmón izquierdo, bajo el corazón, como si la vida y la muerte se engendraran siempre en lo profundo e interior del ser humano. Como si en las entrañas estuviera el origen y el fin de la vida y a él le tocara aquella clase de suerte siniestra.

Se volteó rápidamente y localizó al gato escabulléndose calle abajo, plegó el paraguas y apuntó en su dirección. Una ráfaga de luz cruzó la distancia que los separaba y alcanzó al felino justo en la cola. Maulló contrariado y salió huyendo echando humo. Pero, ¿era el paraguas un arma divina?

Lo observó con detenimiento y recordó quién se lo había regalado. Levantó la vista al frente, sobrecogido por un presentimiento siniestro y ahí la encontró.

La joven rubia ladeó la cabeza para inspeccionarlo, luego una sonrisa afloró a sus labios. No se había fijado la primera vez, pero tenía una expresión rígida en su rostro, imposible de modificar. Era una de ellos, una elfa. A diferencia de los ángeles, los elfos no tenían que reencarnarse para sentir como humanos, eran almas errantes atraídas por la luz. Los Ancestros contaban que aquellos míticos seres solo se presentaban en vísperas de la Navidad. Que llegaban a la Tierra para traer luz en mitad del invierno, guiar a los extraviados y luchar contra la oscuridad. Era hermosa. La forma nunca había sido un obstáculo para las misiones del Cielo y él parecía un caso perdido.

—¿Qué queréis de mí? —bramó Vincent consternado. Era consciente de que su tiempo se acababa.

—¿Recuerdas por qué quisiste vivir? —demandó la elfa que ahora sujetaba un báculo dorado sobre sus manos.

—Sí, claro. Quería, quería sentir.

—¿Y qué más?

—Y ser amado. —La contundencia de sus propias palabras le heló la sangre. Después de sus padres, ¿lo había amado alguien más? La coraza se le cayó a los pies y gimió herido. Había fracasado en su cometido terrenal y ahora ya era demasiado tiempo para volver atrás. Tantos años perdidos fingiendo que era feliz, tantas horas desperdiciadas pensando que vivir solo consistía en respirar.

Se miró los mismos pies desnudos y manchados de barro. La lluvia había amainado y se sintió perdido sin la cortina de agua, ahora sus lágrimas dibujarían surcos sobre su piel, como viejos tatuajes visibles para todos.

Tres centímetros…

—No todo está perdido, Vincent.

—¿Por qué estás aquí?

—Para que cumplas tus sueños.

—No era esta la vida que yo quería.

—La vida es neutra, nosotros le damos valor. Perder a los que amas duele, pero mucho peor es no haberlos tenido jamás. Amar es un avenida de dos sentidos, amas y te aman, incluso cuando ya no están. ¿Por qué escondes el dolor?

Vincent sintió sus mejillas húmedas y tembló. Siempre se había sentido seguro de sí mismo, fuerte, capaz de afrontar cualquier cosa y ahora se hallaba frente a una elfa de la Navidad, abriéndole su corazón a una extraña.

—¿Podré recuperar el tiempo perdido?

—Oh, Vincent, tú sabes que el tiempo solo discurre en una dirección. Lo pasado, pasado está. Solo importa lo que sientes ahora, eso es lo que te da valor. Solo importa este momento, este instante. ¿Sientes cómo te desborda la emoción?

El hombre se colocó la mano sobre el pecho y sintió el corazón latirle con fuerza, era un dragón que llameaba en sus entrañas, esas que ya estaban dañadas de tanto aguantar la marea. El amor era un sentimiento tan fuerte que lo creaba y destruía todo a su paso, un huracán.

Se quedó plantado con la palma de la mano regocijándose del alborotado interior. Amar dolía y era tan agradable como volar. Un solo minuto de una vida plena no podía compararse a toda una vida vacía.

La elfa alargó la mano y Vincent la tomó lentamente. El báculo dorado se agitó y el hombre volvió a volar por el cielo, el viento secando sus cabellos, la etérea sensación de ingravidez, la luna coronando el firmamento y la falsa convicción de que todo había sido un sueño.

Un golpe contra el suelo le recordó quién era. ¿Cómo había llegado allí? Se sentía sucio y destemplado. Tiritando de frío se levantó aturdido y se llevó la mano al pecho, el corazón le latía muy deprisa y le gustaba aquella sensación. Un recuerdo surgió en su mente y lo estrujó para darse el valor que le faltaba a veces, era un guerrero, iba a luchar hasta el final. El tres siempre había sido su número de la suerte…

Imagen de Susan Cipriano en Pixabay

©Diana Buitrago

Saga Divano, la tentación celestial de Jessica Galera Andreu

Cuando entré en redes sociales como escritora todo era un caos y no me conocía ni el tato (más o menos como ahora jajaja), pero no tenía ni idea de por dónde empezar a promocionar o qué leer y solo los dioses saben cómo me quedaba pasmada frente a la pantalla del pc suplicando por una señal celestial que nunca llegaba. Poco después conocí a Jess y todo cambió; sus ángeles me estaban esperando.

Nos os voy a aburrir con mi relación de amistad con esta increíble mujer porque todo lo que hemos vivido en estos dos años queda en la más estricta intimidad (da para otro libro), pero lo que sí os digo fue que le dio una oportunidad a mi primera novela y yo decidí hacer lo mismo con una de las suyas; no sabía dónde me estaba metiendo.

Me decanté por la saga Divano porque había ángeles y una no es de piedra. En un mundo de terribles sufrimientos, la esperanza de seres celestiales es como una estela de rocío. No me defraudó. Me enamoré de su ambientación urbana mezclada con épica en algunas partes y fantasía juvenil desbordante. Haciendo hincapié en esa parte de la vida en que nos creemos dioses indestructibles, cuando somos más tercos e inocentes, cuando el amor aún no nos ha destrozado el corazón mil veces y lo daríamos todo mil veces más.

La saga comienza con una pérdida, la muerte del novio de Tayra y ella se hunde en una espiral de abandono y lucha por volver a la superficie de su propia vida. No lo tendrá fácil, la vida nunca lo es, pero descubrirá poco a poco lo fuerte que puede llegar a ser, el destino que planta a sus peones para que hagan su magia y las estrictas normas que rigen el cielo, tan implacable y cruel como la espada más llameante de todas.

Género de fantasía, dedicado al romance paranormal, juvenil.

Es una lectura fresca y dinámica, con descripciones escogidas con muy buen gusto que te harán trasladarte al caótico mundo interno de Tayra. Escrito en primera persona, no podrás dejar de sentir toda esa maraña de emociones que sorprenden a la protagonista.

LETARGO (Libro 1)

Portada de Alexia Jorques

Creo que me gusta el personaje de Tayra porque la entiendo. Cuando pierdes a alguien muy importante y sabes que aún no le tocaba marcharse parece que el mundo pierde sentido. Nada te reconforta, te enfadas con la vida, con todo el mundo. No quieres escuchar a nadie y nada te importa.

Que existan mundos paralelos no es una idea tan descabellada. Yo misma he pensado a veces en ello y en la reencarnación. Encontrarte a alguien a quien no conoces, pero a la vez, sientes que sí. O en la posibilidad de que todo lo que te sale al revés en esta vida, en otro mundo te salga genial. Como si las oportunidades nunca se acabaran.

Las almas perdidas que vagan entre mundos buscando paz y luz. Y luego están los ángeles (Diorah, Asalian y Deos), esos seres alados que gobiernan nuestros destinos. Tan lejanos, tan distantes y a la vez tan parecidos.

Jessica nos descubre diferentes tipos de ángeles, a errantes y caídos. La lucha del Cielo que se deja sentir en la Tierra. La autora crea mundos mágicos sorprendentes con los que verdaderamente te echas a soñar. El amor prohibido e imposible de evitar. Cómo nos empeñamos en reconducir nuestro camino y el destino se dedica en volvernos a juntar. Eso es lo que le ocurre a Tayra. Destinada a amar, a sufrir y a olvidar, en un círculo que parece no tener fin. Porque los ángeles te cambian la vida y no solo porque rigen tu destino, también porque su intervención divina te hace recapacitar sobre cómo llevas tu vida.

En resumen: Pon un ángel divano en tu vida, o si eso, que venga él…

Si no te he convencido ya o te queda alguna duda, debes saber que Letargo me sorprendió gratamente, no solo por todo lo que he dicho anteriormente, sino por todo lo que no he dicho para no incluir spoilers. Los escenarios, los personajes, los giros en la trama, el ritmo trepidante… ¿Te laterá el corazón a mil? Seguro que sí 🙂

QUID PRO QUO (Libro 2)

Portada de Alexia Jorques

Es la trepidante historia de una lucha, pugnando por un alma, la de Tayra.

Con esta novela, la encantadora Jessica nos sumerge en el entramado de los mundos paralelos donde todo es confuso y caótico. Sin embargo, algo queda claro: que todo lo que haces en este mundo, repercute en otro de alguna manera. Que cuando sientes; sientes. Que cuando amas; amas. Y no importa lo lejos que vayas, o las fronteras dimensionales que puedas traspasar porque no es algo de lo que te puedas zafar con facilidad.

Encontrarse con su otra «yo» en otros mundos, la sumirá en una confusión brutal, una maraña de sentimientos inquietantes entre los dos hombres que ama. Tan difícil separarlos, como inalcanzable es que todo vuelva a ser como antes.

Los enemigos estarán cada vez más cerca, retándola a sobrevivir. El círculo se estrecha y cuando parece que ya nada tiene solución, las despedidas dejarán su mundo patas arriba de nuevo.

Lectura entretenida, pasional y autorreflexiva que nos hace pensar en las consecuencias de nuestra vida y lo que hacemos por ella. Donde existen muchos caminos a tomar, aunque acabemos volviendo al mismo punto de partida. El valor, la determinación y el amor serán las claves para salir de todas las penas que, en este caso, el Cielo nos depare…

Como curiosidad os comento que Jessica cree que esta es la novela más difícil de la saga, quizás por el enfoque entre mundos y las reflexiones con las que nos invita a pensar en lo que nos rodea. A mí me fascinó precisamente por ello, por esa capacidad para salir de las meras palabras y golpearte directamente en el corazón. ¿Cuántas veces hemos pensado en lo que hay después de la muerte, en la posibilidad de la existencia de mundos paralelos, en enmendar esos caminos escogidos sin pensar…? Madurar implica enfrentarte al destino y conquistarlo, aunque a veces parezca que te ha vencido, adentrarte como un caballo de Troya en la raíz de todos los problemas y doblegarlos desde dentro. La protagonista caerá del todo para volver a levantar la cabeza, seguro que muchos os sentiréis identificados.

LAS FORJAS DEL AVERNO (Libro 3)

Portada de Alexia Jorques

En este tercer libro la ambientación urbana da paso a la épica más cruel y aterradora, comprobando que la imaginación de la autora es increíble y su pluma buenísima.

Es una de esas historias con misterio donde te sumerges y aguantas la respiración hasta el final. Tayra siente que lo ha hecho todo mal y que ha arrastrado con ella a todos los que la quieren. Ángeles caídos ocupan su cuerpo, pero ella solo piensa en hacer lo correcto mientras el olvido es una especial condena a la que no quiere sucumbir. Luchará para mantener la cárcel de su cuerpo con vida, pero necesitará la ansiada libertad para no volverse loca. Fracasada su misión y convertida en una errante más, su nueva vida se convertirá en una pesadilla. Un lugar donde solo impera la ley del más fuerte y se sentirá sola y desamparada bajo la sombra de la única suerte que le queda.

Encontrarse con las dos almas que ocupan su corazón será la lucha más dura que tendrá que llevar a cabo. Incluso en la aventura de encontrar las Forjas y conseguir un alma nueva, su misión será aclarar sus sentimientos y atreverse a amar sin contemplaciones. Pero las dudas la asaltarán tantas veces que habrá de tomar una decisión a ciegas. Lo justo, lo correcto, en contra del egoísmo del amor y el deseo. Porque en la batalla del amor solo hay vencidos y muchas posibilidades de error…

Fantástica novela de ritmo frenético y arrollador. Una montaña rusa de sentimientos que no culminarán hasta la última página.

VANGELIS (Libro 4)

Portada de Alexia Jorques

Cuarta entrega de esta trepidante historia cargada de aventuras, misterios y amor. Lo más destacable para mí es el mensaje de esperanza que marca toda la novela, porque la redención es posible, porque no todo está perdido.

Aquellos errantes que creían haber caído en el olvido, resurgen con fuerza, llevando con ellos la llave de un final muy poco claro. Tayra seguirá sufriendo en su vida las consecuencias de ese amor celestial que lo arrastra todo. Un vínculo tan profundo que zarandeará sus vidas con fuerza. Cada vez hay más implicados en esta lucha ancestral que quiere traer el infierno a la tierra. Todo salpicado de destrucción y terror. Mark será su gran apoyo, un destino reservado únicamente para ella, y con él recuperará la fe. Una lucha irrefrenable entre ángeles, caídos, demonios y vangelis, donde solo puede ganar un bando, aunque pierdan todos por el camino. Mucho amor, implacable y un sacrificio final, doloroso y terrible como la sangre que se necesita para trazar un vínculo entre dos almas. Una vez más, espectacular.

LUCEM (Libro 5)

Portada de Alexia Jorques

¿Os ha subido la tensión alguna vez leyendo un libro? ¿No? Pues entonces no habéis caído aún en las redes de la saga Divano. Este libro, último de la saga, me ha hecho llorar, sufrir y reconciliarme con el Cielo en un vaivén de emociones irrepetibles.

Lloré con los primeros capítulos porque me recordaron la fragilidad humana y lo terrible que es decir adiós para siempre. Nadie debería pasar por eso y, sin embargo, lo hacemos constantemente. ¿Nunca os preguntáis a dónde van las personas que ya no están? Esta saga me ha hecho recordar que, en realidad, no sabemos nada.

Tayra sufrirá de nuevo, muchos años después, las arremetidas del corazón y sucumbirá ante su última aventura. Todo por Deos, por encontrarlo de nuevo, un sacrificio más en una lucha perdida. Él siempre será un ángel de la guerra, un divano, y su destino estará siempre ligado a la Ancestral. Tayra buscará un hueco de nuevo junto a él, y sacrificará uno de sus más preciados tesoros, se condenaría sin dudarlo, para salvarlo a él y a su causa: la vida y la libertad.

Pero esta vez será la definitiva, no habrá marcha atrás. La espada de los dioses volverá a brillar en los cielos contra caídos y demonios, y las ánimas acatarán la voluntad de una sola voz.

Final inesperado, teñido de nostalgia y de un amor inmortal que sobrepasa cualquier barrera. Porque el límite entre la salvación y la condena eterna es tan fino que solo puede superarse con la voluntad inquebrantable del amor…

Fin de la saga y agujero en mi corazón.