Recomendando clásicos V: Pepita Jiménez – Juan Valera

A veces pensamos que si queremos leer novelas que nos entretengan tenemos que huir de todo aquel libro que nos recuerde, tan siquiera vagamente, a nuestro periodo escolar. Y sin embargo creo que a tal etapa le debemos los amantes de la buena lectura el serlo.

La que os traigo hoy no es una de esas lecturas obligadas en nuestra época lectiva, creo que antes se leería a Clarín, o a Perez Galdós. Miau fué mi libro impuesto, y con todos mis respetos a su maestría, a mí el cesante Villaamil y su nieto Luisito, que hablaba con Dios de sus problemas me parecían infumables, tal vez porque por edad me importaba un comino conocer la sociedad de finales del XIX. A partir del Renacimiento la Historia e historia no me llamaban nada la atención. Y particularmente en literatura el Realismo me parecía, a mí que andaba soñando con unicornios – o gatos tristes y azules – eso, demasiado realista, valga al redundancia.

Craso error. Hoy creo que me gustaría releer a Galdós, y recrear también en mi imaginación esa España ingeniosa que nos dejó anécdotas tan hilarantes como ésta:

Isabel II

Cuando se armó la de Dios para derrocar a Isabel II, con aquel famoso grito del General Serrano : “¡Abajo Isabelona fondona y golfona!” – pobre mujer, de verdad, y la de juego que daba. Hay mil anécdotas referidas a ella. Que se lo digan a Valle Inclán que originó algunas – hubo que buscar un rey nuevo para que no se desmandaran los carlistas, que no caían nada bien. Uno de los candidatos fue Espartero. Sí, ese que tenía un caballo con unos atributos remarcables. Pero el hombre andaba ya mayor y decidieron que querían uno que les aguantara un poco más. Así es que descartados varios, quedaron el italiano Amadeo de Saboya y el prusiano Leopoldo Hohenzollern Sigmaringen. Al final ganó el italiano, no sé bien si porque al prusiano dicen que le faltaban unos cuantos hervores o porque a ver cómo pronunciaban nuestros compatriotas el nombrecito… y con esa particular guasa que nos suele caracterizar, durante el proceso de elección se le acabó conociendo como “Leopoldo Oleole Simeligen”

Pero en fin, hoy la cosa no va de Galdós. Va de Don Juan Valera. ¿Le conocemos un poquito? Pues en vez de contároslo yo, dejo que lo haga Aloha Criticón que lo hace muy bien. Si no queréis pinchar, aunque deberíais, que saber nunca sobra, ya os digo yo que fue un escritor, político y diplomático español de finales del XIX con unas cuantas obras en su haber.

De la que hoy vamos a habar es de Pepita Jiménez. Así se titula. ¿Os pensáis que El Pájaro Espino de Colleen Mccullough tan famoso inventó algo con eso de chica que se enamora de un cura? Pues va a ser que no. Valera ya enamoró a su Pepita del seminarista Luis de Vargas aquí, en Andalucía. Solo que acaba mejor, ya que los españoles somos más de “mástica” que de mística (lo decía un viejo conocido cuyo nombre no recuerdo), y hay final feliz.

Antes de seguir ¡que lo tenéis gratis en Amazon en formato digital! Ni Kindle Unlimited ni nada. Gratis. Aquí os dejo en enlace de descarga: Pepita Jiménez. Si no tenéis lector para Kindle, visitad en el Menú del Redondal en la sección Noticias, Links útiles, cómo hacer para leerlo. Va venga, ya os lo he enlazado. Todo sea para facilitaros una buena lectura.

Hoy la sinopsis nos la va a dar la wiki:

El joven seminarista don Luis de Vargas regresa a su pueblo natal para unas breves vacaciones allí antes de pronunciar sus votos. Se encuentra con que su padre, Don Pedro, se dispone a contraer nupcias con la joven Pepita Jiménez de veinte años y viuda de un octogenario. Los contactos entre el futuro sacerdote y la joven viuda son novedosos para el joven ya que ha pasado su adolescencia recluido en el seminario, y poco a poco siente flaquear su vocación. El seminarista acompaña a Pepita en sus paseos por el campo, asiste a reuniones en su casa y, sin darse cuenta, cede poco a poco a una pasión que él considera pecaminosa, pero que se hace más fuerte que su vocación y que su amor por su padre, en el que ve secretamente un rival. Todo esto empieza a ser sospechado por el Deán al que el seminarista escribe sus cartas contándole sus incidencias. Luis se quiere marchar, pero Pepita, que le ama y que ha hecho todo lo posible para enamorarle, se finge enferma y le convence de que reconozca su amor y se lo comunique a su padre. Así lo hace, pero en lugar de hallar la oposición en su padre, este le dice que lo comprende y que a escondidas había estado haciendo todo lo posible para que las cosas llegasen a su solución natural.

La obra es en realidad una novela psicológica en que abunda una suave ironía. Encubre una novela de tesis en que defiende la primacía de lo natural y lo vital sobre lo artificial y lo afectado.

Vamos, a una andaluza de pro le va a quitar Dios a su hombre… hasta ahí podíamos llegar, que una es virtuosa pero no tonta. Y así transcurre la novela, entre cartas, idas y venidas, comeduras de tarro importantes por aquello del pecado y la virtud, calentones o tensión sexual no resuelta a raudales, costumbrismo de la sociedad de un pueblo del XIX con sus viejas del visillo, dimes y diretes, y una bonita historia de amor digna de cualquier novela romántica, pero considerada obra clásica por los puristas que jamás lo admitirían en una de las actuales… y lo entiendo, porque tiene más, mucho más, amén de ese placer indescriptible que produce leer a un maestro de la prosa como valor añadido.

Y encima gratis. No os la perdáis, de verdad. No tiene absolutamente nada de aburrida por mucho repeluco que la palabra “clásico” pueda produciros a algunos de antemano.

Por último me gustaría destacar lo que le leído al buscar la versión digital en amazon, pues me ha encantado y voy a estar atenta:

Esta edición digital en formato forma parte de un proyecto puesto en marcha por la Biblioteca Nacional de España junto con Red.es encaminado a enriquecer la oferta de servicios de la Biblioteca Digital Hispánica y fomentar su acceso y utilización.

En el proceso de digitalización de documentos los impresos son en primer lugar digitalizados en forma de imagen, posteriormente el texto es extraído de manera automatizada gracias a la tecnología de reconocimiento óptico de caracteres (OCR).

El texto así obtenido ha sido aquí revisado, corregido y convertido a libro electrónico o publicación electrónica, formato abierto y estándar de libros digitales. Se intenta respetar en la mayor medida posible el texto original (por ejemplo, en cuanto a ortografía) pero pueden realizarse modificaciones con vistas a una mejor legibilidad y adaptación al nuevo formato.

Si encuentra errores o anomalías estaremos muy agradecidos si nos lo hacen saber a través del correo bibliotecadigital@bne.es

Las obras aquí convertidas se encuentran en dominio público y la utilización de estos textos es libre y gratuita.

  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 507 KB
  • Longitud de impresión: 179
  • Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite
  • Editor: Biblioteca Nacional de España (14 de diciembre de 2018)
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español

Recomendando Clásicos IV: Las 1001 Noches

Tengo tanto, tanto calor, que no paro de sentirme en el desierto. Aunque es curioso; cuando estuve en el Sahara no recuerdo que me sobrara para nada un jersey negro jaspeado sobre camiseta y vaqueros… he estado en Moscú a 20 grados bajo cero y sin embargo el frío más intenso que recuerdo haber pasado en mi vida fué en una jaima en pleno desierto tunecino por la noche… por mucho cántico para niños que nos enseñaran los beduinos alrededor de una hoguera… Alah Akhbar, Sidi Mansour, Ia baba… Por cierto, no es práctico arroparse con mantas en tal situación. Es muy poético, pero de las hogueras saltan chispas, y chispas y mantas… total que quieres dormir al raso pero te vas a la jaima por peligro de combustión…

Tampoco es muy lírico viajar en 4 x 4 entre las dunas llevando un corderito vivo monísimo cuando te dicen que, como vas a adentrarte hasta donde no llega la civilización, será tu cena… En fin, perdonadme que divague, solo son recuerdos de Al-Sahra (El Desierto. Sí, esa es su traducción. Literalmente)

Aún así, uno no debería morirse sin adentrarse en esa inmensidad de arena que aterra tanto como fascina, sin sentir en el cuerpo la sensación de dejarse caer rodando desde lo alto de una duna y acabar rebozado cual croqueta en arena finísima con matices de colores alucinantes… Vale, que divago aún más.

Y es que cuando mi mente vuelve a tales recuerdos, al desierto, a los zocos laberínticos, a los corrillos de mujeres veladas sentadas en un patio en Khan-Al-Khaliili, a la fiesta de todos los sentidos en un atardecer en ramadán, cuando la vida vuelve y el cuerpo y el alma abandonan por unas horas el ayuno, pienso inevitablemente en las 1001 Noches.

Todos, y digo TODOS vosotros conocéis gran parte de esta obra maestra de la literatura que el diplomático y orientalista Galland (1646-1715) dio a conocer a Occidente recopilando cuentos árabes, comenzando por los encontrados en un manuscrito sirio, y los transmitidos oralmente por un maronita en Alepo.

Lo afirmo tan convencida porque quién no recuerda a Scherezade, contando cada noche un cuento al rey persa Schahriar, su esposo, que dejaba inconcluso al amanecer para no perder la cabeza de un alfanjazo, dado que el hombre había decidido que ponerse el turbante llevando una bonita cornamenta no era cómodo, y para no correr riesgos se casaba con una por la mañana, y cuando ya había satisfecho sus necesidades varoniles, cabeza de la chica fuera y a otra cosa, mariposa (se ve que ni de los eunucos se fiaba, aunque ya se sabe, hay una leyenda urbana que escuché en Topkapi que dice que la lengua de éstos era prodigiosa).

Y así pasaron 1001 noches noches con sus 1001 cuentos, que comienzan con la historia de Schahriar y Scherezade y terminan con la misma, con ambos ya padres de dos hijos y la reina Scherezade indultada del castigo, para alivio de las mozas del lugar.

Y si no habéis oído esta historia, aunque sea por el Señor Walt Disney o porque a todos nos lo han contado nuestros papis antes de dormir, seguro sabéis de los viajes de Simbad, de Ali Baba y los 40 ladrones, de Aladino… Pues sí. Son cuentos de las 1001 noches ¿A que flipa?

Y a pesar de que lo conozcáis, yo os invito a leerlo en la fuente original (bueno, más o menos, la original de verdad probablemente solo la tenga aquel maronita de Alepo). Porque es una delicia – árabe. no turca, que si a un turco le relacionas con un árabe igual no terminas muy bien – . Te traslada a las noches del desierto, te hace encontrarte con los malvados djinns que hoy conocemos como genios, y con criaturas míticas; corres aventuras, escuchas música con la imaginación mientras lees, tu olfato se llena con aromas de mil especias que hacen que sueñes con bazares lejanos.. Te sientes a veces un Sultán como Schahriar escuchando a su esposa, o una pequeña Doniazada, hermana de Scherezade, escuchándola desgranar maravillada leyendas, tradiciones, fantasías…. Como si fuera no ya un libro de viajes a lugares exóticos, sino una alfombra mágica que hace que tu imaginación vuele allá donde la narradora quiera llevarte.

¿Sabíais que Calleja incluye algunos de estos cuentos en su obra? Sí sí, los Cuentos de Calleja, de donde sale eso de Tienes más cuento que Calleja que te decían tus abuelos. ¿Sabías que Blasco Ibáñez, el de La Barraca, publicó una traducción del libro? ¿Que Rimski Korsakov musicó a Scherezade?

Os recomiendo encarecidamente leerlo, por mucho que conozcáis gran parte del contenido, porque es una experiencia para los sentidos.

Tenéis una versión baratita en ebook en Amazon Las Mil y Una Noches

Y aquí La Eremita se sienta en la posición del loto sobre una alfombra plata y añil, pronuncia con fuerza en voz alta ¡Shazam! y alza el vuelo hacia la luna roja que ilumina un palmeral allende las dunas.

Recomendando Clásicos II: Annabel lee – edgar allan poe

Me gustaría celebrar con vosotros el traslado exitoso del blog de alguna manera. Dado que no puedo enviaros un buen riberita – una copita de buen vino de la Ribera del Duero -, se me ha ocurrido que sí puedo compartir con vosotros belleza en palabras y música. Eso se traduce en un poema y canciones.

Hoy no os voy a hablar de un buen libro para que lo consigáis y lo leáis, no. Os invito a quedaros un ratito conmigo en este rincón para leer y escuchar un bello poema que se ha hecho canción. Me consta que la poesía es difícil, pero he escogido uno que es una historia narrada en sí mismo. Y encima tiene una versión bellísima en español cantada por el gran Santiago Auserón, aquel integrante de un grupo famosísimo en tiempos de la histórica Movida Madrileña, Radio Futura.

Hago un inciso para aconsejar a esas nuevas generaciones, tan amantes del reggaeton y esa música electrónica que no permite ni oirte a ti mismo, que busquen a Radio Futura en Youtube y escuchen un poquito (imagino que recomendar los poemas de Miguel Hernández cantados por Serrat puede ser un poco demasiado, pero Auserón versionando un poema de Poe es apto para casi todos los gustos y públicos).

Annabel Lee es el último poema compuesto por el romántico Edgar Allan Poe en el año de su muerte, 1849.

Sí, gente, sí. Poe escribió poemas además de relatos góticos escalofriantes. Aunque Annabel Lee, ya lo veréis, tiene mucho de gótico, romántico y aterrador: su temática es la muerte muy joven de una mujer hermosa de la que el narrador está enamorado hasta más allá de su muerte, tanto que causa la envidia de los ángeles, pero “ni los Ángeles del Cielo ni los demonios del Mar, separarán jamás mi alma del alma de Annabel Lee“. Ahí queda eso.

Antes de entrar en materia me gustaría copiaros unas anécdotas que he leído en la wiki; las desconocía por completo (dos de ellas) y me han resultado la mar de curiosas:

  • La banda estadounidense Alesana sacó un álbum completo de once canciones respecto al tema del poema de Poe.
  • La banda española Radio Futura publicó en 1987 la canción «Annabel Lee» en su disco La canción de Juan Perro, en la que se reproduce el poema.
  • El poema sirvió de inspiración para la novela “La Bella Anabel Lee”, del escritor japonés Kenzaburō Ōe, ganador del Nobel de Literatura. En la novela, la protagonista femenina Sakura recita el poema de Poe cuando tenía 13 años para una película, además de esconder otro oscuro secreto que la ata aún más al personaje de Annabel Lee.
  • La saga Cazadores de Sombras: Renacimiento (Cassandra Clare) sienta sus bases en este poema de Edgar Allan Poe. En esta nueva saga, Annabel era un antiguo amor de un poderoso brujo de Los Ángeles. Ella es una pariente lejana de la familia Blackthorne y al ser resucitada, se convierte en una de las principales antagonistas de la saga.
  • “Annabel Lee” fue una gran inspiración para el escritor ruso Vladimir Nabokov, especialmente en su novela Lolita (1955), en la que el narrador, de niño, queda enamorado de la enferma en etapa terminal Annabel Leigh en un «principado junto al mar». Originalmente, Nabokov llamó a su novela El reino junto al mar.

Vamos a ello. Voy a dejaros el poema en inglés recitado por un actor al que conoceréis por la serie de TV Mentes criminales, Matthew Gray Gubler, y la canción de Radio Futura. Pongámonos cómodos y disfrutemos juntos, como si estuviéramos sentados en la arena de una playa, ante una hoguera, contando historias góticas en un anochecer tormentoso.

Annabel Lee recitado por Matthew Gray Gubler
Annabel Lee. Radio Futura

(Y ahora esta propinita para los amantes de los versos. Nada que ver con Poe. De hecho merecería una entrada aparte, pero no me atrevo mucho con la Poesía. Ésto combinado sí que es belleza superlativa. Lo adoro)

La Boca. Miguel Hernández cantado por Serrat

Gracias por mudaros conmigo. Y a los nuevos bienvenidos, si es que os perdéis por El Redondal

Rimas y Leyendas – Gustavo Adolfo Bécquer

Menuda recomendación chocante para Cazamundos, os estaréis diciendo. Esta tiene un mal de Domingo o algo así…
Pues no, queridos míos, sigo en mi sano juicio si es que alguna vez estuve de tal guisa. No mas loca que de costumbre vaya. Tengo absoluta y justificada razón para traer a Bécquer a una sección de fantasía.
El poeta sevillano no solo hacía que las oscuras golondrinas volvieran a colgar los nidos en el balcón; también sabía ponernos la piel de gallina y los pelos como escarpias, vaya si sabía. Si los americanos tienen a Poe, nosotros tenemos a Don Gustavo Adolfo y sus Leyendas.
Os aseguro que he tenido auténticas pesadillas con esqueletos de Templarios y la  cinta azul ensangrentada sobre una mesilla de noche al despertar una mañana. Seguro que sabéis de qué hablo… Efectivamente, del Monte de las Ánimas. Si no lo sabéis ya estáis tardando en leerlo. Os garantizo escalofríos, desvelos y pesadillas. Escritores de terror hay muchos. Como Bécquer pocos, que este hombre igual te derrite el corazón con una Rima que te espeluzna el alma con una Leyenda.
Vamos a aprovechar para hablar un poquito de la corta vida del susodicho y del movimiento literario al que pertenece ¿si?  No os aburro mucho, un par de parrafitos de nada. Porque seguro que no sabíais que este sevillano que nació en 1836 pintaba de fruta madre.
Y es que nuestro muchacho era hijo de unos nobles holandeses pintores, con pocos posibles pero mucho arte, aunque le dejaron huérfano muy pronto y vivía con sus tíos. Quiso ser marinero pero cambió de idea y empezó a interesarse junto con su hermano por el arte y la literatura. Creció y se puso a trabajar, pero unos dibujos basados en las obras de Shakespeare le costaron un despido. Que le pilló el jefe dibujando vaya. Asi es que se fué para Madrid a ganarse la vida malamente, como todo artista, escribiendo. Se casa, se divorcia, se le muere el hermano y él, de salud débil y deprimido como todo buen romántico, muere poco después a los 24 años.
Porque los románticos eran así, intensos, trágicos y emotivos, enamorados del amor, bellos por dentro y sutiles cual plumas (¡¡¡y qué plumas!!!), verdaderos Drama Queens de la época. Y aunque ellos no fueran muy afortunados (Imposible. Romanticismo y felicidad no efímera son antagónicos), que nos quiten a nosotros lo bailao, pues la vida sería menos bella sin Bécquer, Lord Byron, Mary Shelley o Baudelaire, no me lo discutáis.
Estas son las Leyendas, muchas basadas en la tradición popular. Sin ellas no sabríais que la Tierra fue un error creado por unos niños traviesos que se colaron en el laboratorio de Brahma, ni de la mano muerta que tiene vida propia que a todos aterroriza, ni de corzas blancas que se transforman en bellas mujeres:
  • Maese Pérez el Organista
  • Los Ojos Verdes
  • La ajorca de oro
  • El Cristo de la Calavera
  • La Rosa de Pasión
  • El Monte de las Ánimas
  • El beso
  • El Miserere
  • El caudillo de las manos rojas
  • La cruz del diablo
  • Creed en Dios
  • El rayo de Luna
  • El gnomo
  • La Cueva de la Mora
  • La promesa
  • La corza blanca
  • La Creación
  • ¡Es raro!
  • El aderezo de las esmeraldas
  • La venta de los gatos
  • El rey Alberto
  • La vuelta del combate
  • Las hojas secas
  • Memorias de un pavo
  • La mujer de piedra (inacabada)
  • Amores prohibidos
  • Tres fechas
  • La arquitectura árabe de Toledo
Yo lo único que se es que cuando oigo sonar el órgano de una Iglesia vacía me aseguro de que quien lo toca sea de carne y hueso, o soy precavida en acercarme a bellas estatuas no sea que cobren vida y me aticen un guantazo que acabe con la mía si soy irrespetuosa.
Y eso, se lo debo a Don Gustavo Adolfo Bécquer y sus Leyendas.
  • Tapa blanda: 496 páginas
  • Editor: PENGUIN CLASICOS; Edición: 001 (19 de mayo de 2016)
  • Colección: Penguin Clásicos
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8491050337
  • ISBN-13: 978-8491050339
 
  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 1007 KB
  • Longitud de impresión: 508
  • Editor: PENGUIN CLÁSICOS (19 de mayo de 2016)
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B01DQ120YI
 

Recomendando Clásicos I: La Montaña Mágica – Thomas Mann

En souvenir d´une mauvaise ligne de fièvre.

Buen día gente. O debería decir Guten tag
Acabo de plantearme un reto, un más difícil todavía: intentar explicaros este pedazo de obra maestra donde las haya, coloquialmente.
No es moco de pavo creedme, pues a La Montaña Mágica se le puede denominar muchas cosas, mas ningún sinónimo de “llana” o “coloquial” se le aplica. Pero yo, que como os he dicho en muchas ocasiones soy más chula que un ocho, voy a cometer tal sacrilegio sin culpa. Que no sigan los puristas (esos de los eventos consuetudinarios)
La razón es simple: es uno de esos libros que me llevaría a una isla desierta, pues cada vez que lo leo descubro cosas nuevas. Casi mil páginas, dependiendo de la edición, de narrativa, filosofía, política europea pre-guerra mundial… ahí es nada.
Debo avisaros que no es para lectores desacostumbrados, sino para aquellos que, habituados a devorar con ansia de gourmands todo escrito que cae en sus manos, los ojos ya acostumbrados a textos densos sin apenas pausas, la mente ya ducha en navegar por mares de prosas inacabables, deciden arriesgarse a ser gourmets. Y claro, no todos los paladares están hechos a ello.
Vaya por Dios, me ha salido un estilo un tanto settembrino, ya sabréis lo que quiero decir si me seguís leyendo. Os lo cuento en palabras simples: es un tocho. He dicho. Pero un tocho que atrapa, hace pensar, enamora, emociona y enseña historia desde el punto de vista de quien la vive. Vale la pena llevarlo en el metro o en el bus aunque el bolso pese un 🐣(si, es un huevo con pollito) en los traslados. Y os acompañará cientos de kilómetros de transporte urbano e interurbano, muchas noches de lamparita y pre-siestas tranquilas, porque no se lee en dos días. Hay que paladearlo. Hay que entenderlo. Es alemán, con lo que no digo nada y lo digo todo.
Vamos a conocer un poquito a Herr Thomas Mann, pues aunque no acostumbro a poner biografías de los autores en mis recomendaciones, en este caso es importante para situarnos en el contexto sociocultural de la novela (¡toma palabros! si hasta voy a parecer seria y todo).
Esto nos cuenta Biografías y vidas sobre él:
“(Lübeck, 1875 – Kilchberg, 1955) Escritor alemán, premio Nobel en 1929. Criado en Lübeck en el seno de una familia patricia, a la muerte de su padre en 1893 siguió a su madre a Munich, donde trabajó como aprendiz en una compañía de seguros. Más tarde, aprovechando en parte las relaciones de su hermano Heinrich, colaboró con varias revistas, entre ellas Simplizissimus. De 1895 a 1897 estuvo en Italia, acompañando a su hermano.”
Se dice que entre 1900 y 1903 mantuvo un bromance con el violinista y pintor Paul Ehrenberg, cosa que menciono porque pienso que la bisexualidad de Mann está notablemente presente en las relaciones masculinas de casi todas sus obras, aunque se casó con Katia Pringsheim en 1905.
Y fué precisamente una visita al Sanatorio Wald de Davos en 1912, donde se encontraba ingresada su esposa aquejada de una afección pulmonar, la que inició La Montaña Mágica. No se publicó hasta 1924, once años de novela que atravesó en su proceso de escritura la primera Guerra Mundial (1914-1918) y parte del periodo de la República de Weimar (1919-1932)
Podéis continuar leyendo la biografía de Mann en el enlace o en la wiki, pues lo que a nosotros nos interesa es hasta ese momento y para qué complicarlo más de lo necesario, que ya vamos densitos.
En el argumento, Hans Castorp, un joven de una familia pequeñoburguesa de Hamburgo, viaja a Berghof, un sanatorio de afecciones respiratorias (tuberculosis vaya, para que nos entendamos) en los Alpes suizos, a fin de pasar unos días con su primo allí ingresado.
Berghof es un micromundo dentro del mundo, con sus costumbres y su pequeña sociedad estamental.
Mientras se adapta al ambiente de balneario europeo burgués y decadente, con la muerte acechando cada alma que allí se encuentra, va conociendo a los personajes que trazan la novela, dividida en siete capítulos o etapas de su estancia, pues lo que iba a ser una visita de tres semanas se convierte en un ingreso de siete años, que acaba con el estallido de la Primera Guerra Mundial.
Vamos con esos increíbles e icónicos personajes principales de Mann. No se nota nada que estoy enamorada de todos y cada uno de ellos, y de las conversaciones sobre lo divino y lo humano que mantienen ¿verdad?. Añado una frase representativa de cada uno, así podréis decir que lo habeis leido sin mentir en exceso, amen de valer la pena:
Hans Castorp, un joven burgués idealista en torno al cual Mann desarrolla la línea narrativa como presencia constante, un poco nuestros oídos y ojos en la novela para conocer e interactuar con los demás, aunque con caracter y líneas argumentales propias, como su enamoramiento de Madame Chauchat. El eterno discípulo. Y muy muy alemán. Frase (excelso conjunto de frases):

Oh, el amor, ¿sabes…? El cuerpo, el amor, la muerte, esas tres cosas no hacen más que una. Pues el cuerpo es la enfermedad y la voluptuosidad, y es el que hace la muerte; sí, son carnales ambos, el amor y la muerte, ¡y ése es su terror y su enorme sortilegio! Pero la muerte, ¿ comprendes?, es, por una parte, una cosa de mala fama, impúdica, que hace enrojecer de vergüenza; y por otra parte es una potencia muy solemne y majestuosa (mucho más alta que la vida risueña que gana dinero y se llena la panza; mucho más venerable que el progreso que fanfarronea por los tiempos) porque es la historia y la nobleza, la piedad y lo eterno, lo sagrado, que hace que nos quitemos el sombrero y marchemos sobre la punta de los pies… De la misma manera, el cuerpo también, y el amor del cuerpo, son un asunto indecente y desagradable, y el cuerpo enrojece y palidece en la superficie por espasmo y vergüenza de sí mismo. ¡Pero también es una gran gloria adorable, imagen milagrosa de la vida orgánica, santa maravilla de la forma y la belleza, y el amor por él, por el cuerpo humano, es también un interés extremadamente humanitario y una potencia más educadora que toda la pedagogía del mundo…! ¡Oh, encantadora belleza orgánica que no se compone ni de pintura al óleo, ni de piedra, sino de materia viva y corruptible, llena del secreto febril de la vida y de la podredumbre! ¡Mira la simetría maravillosa del edificio humano, los hombros y las caderas y los senos floridos a ambos lados del pecho, y las costillas alineadas por parejas y el ombligo en el centro, en la blandura del vientre, y el sexo oscuro entre los muslos! Mira los omóplatos cómo se mueven bajo la piel sedosa de la espalda, y la columna vertebral que desciende hacia la doble lujuria fresca de las nalgas, y las grandes ramas de los vasos y de los nervios que pasan del tronco a las extremidades por las axilas, y cómo la estructura de los brazos corresponde a la de las piernas.
¡Oh, las dulces regiones de la juntura interior del codo y del tobillo, con su abundancia de delicadezas orgánicas bajo sus almohadillas de carne! ¡Qué fiesta más inmensa al acariciar esos lugares deliciosos del cuerpo humano!
¡Fiesta para morir luego sin un solo lamento! ¡Sí, Dios mío, déjame sentir el olor de la piel de tu rótula, bajo la cual la ingeniosa cápsula articular segrega su aceite resbaladizo! ¡Déjame tocar devotamente con mi boca la «Arteria femoralis» que late en el fondo del muslo y que se divide, más abajo, en las dos arterias de la tibia! ¡Déjame sentir la exhalación de tus poros y palpar tu vello, imagen humana de agua y de albúmina, destinada a la anatomía de la tumba, y déjame morir con mis labios pegados a los tuyos!

Luigi Settembrini, un erudito que ejerce de “mentor” de Castorp, representante de los valores de la burguesía de la siempre vieja Europa, vitalista, demócrata, humanista y proactivo. Su antagonista en la novela, Naphta, le define despectivamente como un Zivilisationsliterat (Literato de la civilización). Frase:

el mundo entrañaba la lucha entre dos principios, el poder y el derecho, la tiranía y la libertad, la superstición y el conocimiento, el principio de conservación y el principio de movimiento imparable: el progreso. Se podía definir al uno como el principio oriental; al otro como el principio europeo, pues Europa era la tierra de la rebeldía, la crítica y la actividad para transformar el mundo, mientras que el continente asiático encarnaba la inmovilidad y el reposo

 
Leo Naphta, antagonista ideológico de Settembrini, un judío convertido al catolicismo que ingresa en la orden jesuita. Extremista muy radical, con ideas un tanto medievales, filósofo y defensor del totalitarismo. Frase: 

El hombre es la medida de todas las cosas y su felicidad es el criterio de la verdad. Un conocimiento teórico que careciese de referencia práctica a la idea de felicidad del hombre estaría tan sumamente desprovisto de interés que no se le podría conceder el valor de ser verdadero y tendría que ser rechazado

 
Ambos, Settembrini y Naphta, se disputan la atención de Castorp en conversaciones y disertaciones que encarnan los valores, movimientos sociales, preocupaciones y costumbres de la Europa convulsa del momento, donde ya se intuye la escalada belicista que desembocaría en la Primera Guerra mundial, a la vez que los ideales heterogéneos de la República de Weimar. Disertan tambien sobre mente y espíritu. Conversaciones profundas, áridas a veces, pero didácticas y en mi opinión, perlas de sabiduría y filosofía absolutamente imprescindibles.
Un amigo me decía siempre que yo tenía trazas de Clawdia Chauchat (“Chaud chat” = gato cálido. Se cree que el apellido es un guiño a la “felinidad” del único personaje femenino relevante de la novela. Ya me gustaría. Creo que me miraba con ojos demasiado soñadores y literarios). Ella es el amor de Castorp, la esposa con rasgos asiáticos – ojos tártaros – de un alto funcionario ruso. Tiene en sus diálogos con Hans los pasajes más bonitos y a la vez mórbidos, que no morbosos, en cuanto a la descripción del amor. Frase (Ya traduje a Hans, me niego a traducir a Clawdia):

– Adieu, mon prince Carnaval! Vous aurez une mauvaise ligne de fièvre ce soir, je vous le prédis.
Al decir esto se levantó de la silla, se dirigió a la puerta, dudó un momento en el umbral, dio media vuelta, elevando uno de sus desnudos brazos con la mano en el pestillo y, por encima del hombro, dijo en voz baja:
– N’oubliez pas de me rendre mon crayon.

Ya al final aparece  Mynheer Peeperkorn, un hedonista de aspecto grotesco que cautiva a Castorp y aborrece a Settembrini. Frase:

Nuestros sentimientos son la fuerza viril que despierta a la vida. La vida duerme. Quiere ser despertada para desposarse en la embriaguez con el divino sentimiento. Porque el sentimiento, joven, es divino. El hombre es divino en la medida en que es capaz de sentir. Es el sentimiento de Dios. Dios le ha creado para sentir a través de él. El hombre no es más que el órgano mediante el cual Dios se desposa con la vida, despierta y embriagada

Joachim Ziemssen es el primo de Hans Castorp. Representa el sentido del deber y los valores militares. Abandona la Clínica para incorporarse al ejército, aunque regresa posteriormente. Destaca por la serenidad y aceptación de su destino.

La Vida y la Muerte en presencia constante y demoledora en todas sus páginas.

Hay muchos otros personajes secundarios, complementos fundamentales de esta obra maestra, profunda, rica y reflexiva que es La Montaña Mágica.
Podría escribir muchísimo más, pero no quiero que me odiéis así es que hasta aquí hemos llegado. Si os animáis a leerla, seguid el consejo de Rosa Montero: Sáltate páginas, en fin, sumérgete y disfruta. (Aunque si de verdad queréis disfrutar, yo no lo haría. Bajo mi puno de vista cada palabra es una joya)
Id con mascarilla que hay rebrotes, no me seáis inconscientes, a ver si vais a terminar en Berghof.
Versión Kindle: La Montaña Mágica
Versión tapa blanda : La Montaña Mágica
 
 
  • Tapa blanda: 1024 páginas
  • Editor: Edhasa (23 de abril de 2009)
  • Colección: Pocket
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8435018385
  • ISBN-13: 978-8435018388