«Si está, si comentamos, en general nos ha gustado. A nosotros, que no aspiramos a sentar cátedra de ningún modo, pues para gustos, los colores.»

— Desde el Redondal

Rincón de lectura con una vela encendida junto a una rosa roja seca, libros antiguos y perlas, en una atmósfera cálida y tenue

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Reseñas recientes

Libro con cubierta oscura junto a una vela y una rosa seca, atmósfera íntima de lectura

Las lágrimas del caimán

Susana Hernández
★★★★☆
Libro abierto con un paisaje de ensueño brotando de sus páginas, con árboles, farola y figuras diminutas

Cruces de Estambul

Raquel G. Osende
★★★★☆
Camino rural que serpentea entre colinas verdes bajo un cielo parcialmente nublado, paisaje sereno

Lágrimas de Oro

J.L. Gil Soto
★★★★★
Bosque azulado de ensueño con setas luminosas y mariposas brillantes flotando sobre corteza musgosa

Aguas Oscuras

Rain Oxford
★★★★☆
Cuadernos con bolígrafo y una pequeña planta junto a una taza sobre un platillo, luz suave de ventana

Las herederas de la Singer

Ana Lena Rivera
★★★★☆

Lo que nos ha encantado

Gato atigrado junto a un jarrón rústico con girasoles amarillos junto a una ventana soleada

La última paloma

Men Marías

Domestic noir ambientado en la costa gaditana. Una historia de secretos y redención.

Gato gris descansando en el alféizar junto a un jarrón texturizado de girasoles, ambiente hogareño

Lordemano

José Zoilo Hernández

Novela histórica que nos transporta a la Hispania visigoda con una prosa cuidada y vibrante.

En nuestro punto de mira

Ilustración plana de una persona tecleando en una máquina de escribir con una bombilla de idea y una estantería al lado

El chico de las bobinas

Pere Cervantes
Próximamente
Muro encalado junto a un campo de hierba, con postes eléctricos y edificios lejanos bajo cielo azul

La hija de las mareas

Pilar Sánchez Vicente
Próximamente
Chimenea rústica de ladrillo con un pequeño fuego encendido, varios recipientes sobre la repisa, luz cálida

Donde haya tinieblas

Manuel Ríos Sanmartín
Próximamente
Cuadernos con bolígrafo y planta junto a una taza, luz matinal difusa

La ilustrísima

Marta Prieto
Próximamente
Bosque azul de ensueño con setas brillantes y mariposas flotando

Saga Trece Tronos VI

Jessica Galera
Próximamente

Los secretos de traducir una vida entre idiomas

Traducir una novela no consiste en sustituir palabras de una lengua por palabras de otra. El trabajo empieza mucho antes, cuando el traductor escucha el ritmo de una voz, identifica sus silencios y comprende qué emociones se esconden detrás de una frase aparentemente sencilla. Cada decisión puede cambiar el humor de una escena, la personalidad de un personaje o la relación del lector con la historia.

Para conocer mejor ese proceso, conversamos con Laura Valdés, traductora literaria especializada en narrativa contemporánea, novela negra y ficción histórica. A lo largo de su carrera ha trasladado al español obras escritas en inglés, francés e italiano, además de colaborar con editoriales independientes y grandes sellos.

Esta charla forma parte del espíritu de Desde el Redondal, un espacio dedicado a compartir lecturas, autores y conversaciones sobre los libros que dejan huella. Laura habla aquí de sus métodos, sus dudas, sus hallazgos y de ese momento especial en que una obra extranjera empieza a sonar como si hubiera nacido en nuestro idioma.

Traducir es leer con varias capas

¿Cuándo comienza realmente una traducción literaria?

Comienza en la primera lectura, aunque todavía no escriba una sola palabra. En esa fase intento dejarme llevar por la novela como cualquier lectora: quiero saber qué ocurre, quién miente, qué desea cada personaje y qué atmósfera propone el autor. Si empiezo a resolver problemas demasiado pronto, corro el riesgo de leer el texto como un mecanismo y no como una obra viva.

Después hago una segunda lectura mucho más analítica. Marco repeticiones, cambios de registro, referencias culturales, juegos de palabras, términos ambiguos y pasajes en los que la sintaxis tiene una función expresiva. También presto atención a lo que no se explica. Un narrador puede parecer frío por las palabras que utiliza, pero también por las palabras que evita.

¿Qué diferencia la traducción literaria de otros tipos de traducción?

En una traducción técnica, la precisión suele estar vinculada a la estabilidad del término. En literatura, la precisión incluye el efecto. Una frase puede ser correcta desde el punto de vista gramatical y, sin embargo, traicionar el miedo, la ironía o la sensualidad del original. El traductor debe buscar una solución que conserve significado, intención, música y contexto, aunque no siempre pueda reproducir cada elemento al mismo tiempo.

Por eso traducir es una forma de lectura profunda. Hay que comprender la arquitectura completa de la novela para elegir una palabra en una página concreta. Una imagen que parece casual puede adquirir sentido cien páginas después. El traductor trabaja con una memoria amplia y con la obligación de mantener coherencia en nombres, voces, tiempos verbales, términos recurrentes y relaciones entre personajes.

La voz del autor y la huella del traductor

¿Debe una traducción sonar extranjera?

Depende del libro. Hay novelas cuya extrañeza forma parte de su identidad y conviene conservar cierta distancia. En otras, una traducción demasiado literal crea una prosa rígida que el lector nunca aceptaría como literatura. Mi objetivo no es borrar el origen de la obra, sino permitir que ese origen se perciba sin convertir cada página en un obstáculo.

La naturalidad tampoco significa domesticarlo todo. Si un personaje procede de una cultura concreta, no puedo hacerlo hablar como alguien de Madrid o de Buenos Aires solo porque así resulte más cómodo. Hay expresiones, referencias y formas de cortesía que deben mantener su color local. El equilibrio está en distinguir qué debe desconcertar de manera fértil y qué solo parece extraño porque se ha traducido mal.

¿Dónde termina la voz del autor y empieza la del traductor?

Nunca hay una frontera completamente limpia. El autor construyó la voz original y el traductor crea una voz equivalente en otra lengua. Esa equivalencia no es una copia exacta, porque los idiomas tienen ritmos, asociaciones y posibilidades diferentes. Al traducir, inevitablemente tomo decisiones estilísticas, pero deben estar al servicio del texto, no de mi gusto personal.

La tentación más peligrosa es embellecer. A veces una frase extranjera parece pobre porque se apoya en una sencillez deliberada. Si la vuelvo más elegante, la estoy modificando. También puede ocurrir lo contrario: una prosa compleja necesita conservar su densidad, aunque el resultado exija una lectura más atenta. Ser fiel no es escribir bonito; es respetar la experiencia que la obra quiere producir.

El ritmo, la ironía y lo que no cabe en un diccionario

¿Cuál es el problema más difícil de trasladar entre idiomas?

La ironía suele estar entre los mayores desafíos. Una frase irónica depende del tono, del contexto y de la relación entre quien habla y quien escucha. Si traduzco solo el contenido literal, puedo eliminar la intención. En esos casos leo la escena completa, busco indicios en los gestos y en las reacciones, y pruebo varias soluciones hasta encontrar una que provoque una ambigüedad parecida.

El humor presenta una dificultad similar. Un juego de palabras puede basarse en sonidos que no existen en español o en una asociación cultural imposible de trasladar. A veces encuentro un equivalente funcional; otras, debo cambiar la estructura del chiste para conservar su efecto. Si la pérdida es inevitable, prefiero que desaparezca una coincidencia verbal antes que el sentido cómico de la escena.

El ritmo también se traduce. Una frase corta puede acelerar una persecución, mientras que una oración extensa puede imitar el cansancio, la confusión o el pensamiento obsesivo de un personaje. Por eso no conviene dividir automáticamente las frases largas ni adornar las breves. La puntuación, la repetición y la respiración del texto son herramientas narrativas.

Elemento del original Riesgo habitual Decisión del traductor
Ironía Convertirla en una afirmación literal Reproducir el tono y la intención
Juego de palabras Perder el humor o el doble sentido Buscar un equivalente con efecto similar
Dialecto Uniformar todas las voces Sugerir diferencias sin caricaturizar
Referencia cultural Confundir o sobreexplicar al lector Mantenerla, adaptarla o contextualizarla
Ritmo narrativo Aplanar la tensión de la escena Respetar pausas, repeticiones y cadencia
Tratamientos y registros Hacer que todos hablen igual Ajustar formalidad, edad y relación

¿Hay palabras intraducibles?

Hay palabras que no tienen un equivalente perfecto, pero eso no significa que sean imposibles de traducir. Puedo necesitar una perífrasis, una nota, una elección más general o una compensación en otra parte del párrafo. La traducción funciona como un sistema: si no puedo conservar un matiz en el mismo lugar, intento recuperarlo en el conjunto.

También existen palabras aparentemente fáciles que esconden problemas. Un término como home no siempre es simplemente “casa”; puede aludir a pertenencia, infancia o refugio. “Mirar” y “observar” no producen el mismo efecto. “Señorita”, “chica” y “joven” sitúan a un personaje en contextos sociales diferentes. El diccionario ofrece opciones, pero la novela decide cuál respira mejor.

Investigar sin llenar la novela de notas

¿Cuánto tiempo dedica a investigar?

Depende del proyecto. Una novela histórica puede exigir meses de documentación sobre costumbres, instituciones, armas, transportes, enfermedades o formas de hablar. En una obra contemporánea también aparecen dificultades: marcas comerciales, canciones, programas de televisión, conflictos políticos y referencias que el lector del idioma original reconoce de inmediato.

Consulto diccionarios monolingües, corpus lingüísticos, periódicos de la época, manuales especializados y testimonios de hablantes. Si aparece una profesión que desconozco, intento comprender cómo trabaja esa persona, no solo aprender el vocabulario específico. Una palabra aislada puede estar bien traducida y, aun así, describir una acción imposible.

¿Qué hace cuando la investigación contradice una primera impresión?

La investigación debe corregir mis intuiciones. En una ocasión traduje una novela ambientada en un puerto y descubrí que una herramienta que yo había imaginado pequeña era, en realidad, una pieza enorme. Ese detalle cambiaba la escena porque afectaba a la manera en que los personajes podían moverla. El conocimiento del mundo narrado evita soluciones plausibles pero equivocadas.

Sin embargo, investigar no significa incluir toda la información encontrada. El traductor debe saber cuándo detenerse. Una nota a pie de página puede ser necesaria en una edición académica, pero resultar invasiva en una novela de suspense. El lector no necesita conocer mi proceso de búsqueda; necesita entrar en la historia sin perderse y sin recibir explicaciones que el original no ofrecía.

Detectar una mala traducción

¿Qué señales indican que una traducción no funciona?

La primera señal es que todas las voces suenan iguales. Un niño, una jueza, un detective cansado y una mujer anciana no deberían compartir la misma sintaxis ni el mismo repertorio de palabras. Otra señal es la repetición de estructuras que parecen calcadas del idioma de origen. El lector quizá no sepa explicar qué ocurre, pero percibe una prosa que no termina de asentarse.

También hay que desconfiar de los falsos amigos y de las expresiones traducidas palabra por palabra. En una novela negra, una frase hecha mal resuelta puede destruir el tono de una conversación. En la ficción histórica, un tratamiento inadecuado puede alterar las jerarquías. En la ciencia ficción, un término inventado necesita consistencia para que el mundo imaginario resulte creíble.

La edición profesional es fundamental. Un traductor necesita correctores y editores que revisen el texto desde otras perspectivas. La corrección no consiste en homogeneizar la prosa, sino en detectar incoherencias, erratas y decisiones que merecen una segunda mirada. Una buena traducción suele ser el resultado de varias conversaciones silenciosas entre el original, el traductor y el equipo editorial.

¿El lector reconoce el trabajo del traductor?

Cada vez más. Durante mucho tiempo, el nombre del traductor aparecía relegado a lugares secundarios, aunque su trabajo fuera decisivo para que una novela llegara a otra comunidad lingüística. Ahora hay lectores que comparan versiones, siguen trayectorias profesionales y comprenden que una misma obra puede cambiar mucho según quién la traduzca.

La visibilidad también ayuda a hablar de las condiciones laborales. Traducir una novela requiere tiempo, concentración y responsabilidad, pero con frecuencia se espera que ese esfuerzo quede oculto. Reconocer al traductor en la cubierta, en las reseñas y en las conversaciones sobre el libro es reconocer una parte esencial de su recorrido editorial.

La responsabilidad de hacer llegar otras historias

¿Qué ha aprendido de las novelas que ha traducido?

He aprendido que ninguna lengua organiza la experiencia de la misma manera. Hay idiomas que permiten jugar con el género gramatical, otros que marcan con precisión la relación entre los interlocutores y otros que construyen una intimidad distinta mediante diminutivos o fórmulas de respeto. Cada encargo me obliga a cuestionar mis hábitos y a ampliar la forma en que entiendo una escena.

También he aprendido a convivir con la incertidumbre. No siempre existe una solución perfecta. A veces dos opciones son igualmente válidas y hay que elegir según el tono general, la tradición editorial o la coherencia del personaje. Esa duda no es un fracaso: forma parte de la honestidad del oficio. El problema aparece cuando se decide sin leer, sin investigar o sin escuchar el texto.

Las novelas de misterio hacen especialmente visible esta responsabilidad. Un detalle aparentemente mínimo puede funcionar como pista, y una elección imprecisa puede revelar antes de tiempo una información que el autor quería reservar. Quienes disfrutan del género pueden ampliar su recorrido con este análisis sobre el auge del thriller, donde la atmósfera y la tensión tienen un peso decisivo.

¿Qué consejo daría a quienes quieren dedicarse a traducir literatura?

Les diría que lean fuera de su zona de confort y que comparen traducciones. También que escriban mucho en su lengua materna, porque el traductor no trabaja solo con el idioma extranjero: trabaja con todos los recursos expresivos del idioma de llegada. Conviene leer poesía, prensa, teatro, novela popular y ensayo. Cada género ofrece una música distinta.

Y recomendaría cultivar la paciencia. Una frase difícil puede exigir horas de búsqueda y luego resolverse con una palabra muy sencilla. La satisfacción no siempre está en encontrar una solución brillante, sino en conseguir que el lector avance sin notar el esfuerzo que la sostiene.

Hábitos que fortalecen el oficio

  • Leer la obra completa antes de fijar criterios definitivos de estilo.
  • Crear un glosario con nombres, términos recurrentes, tratamientos y decisiones importantes.
  • Consultar fuentes fiables y especialistas cuando el contexto lo exija.
  • Leer el borrador en voz alta para detectar rigidez, repeticiones y cambios de ritmo.
  • Revisar la traducción después de dejarla reposar unos días.

La conversación con Laura Valdés deja una idea central: trasladar una novela a otra lengua es conservar una experiencia, no transportar un conjunto de palabras. El traductor escucha el pulso del original, negocia con sus límites y construye un puente que debe parecer firme, aunque esté hecho de decisiones invisibles.

La próxima vez que una historia nacida lejos nos conmueva en español, conviene detenerse un instante en esa labor. Leer una traducción también puede ser una forma de leer a quien la hizo: su sensibilidad, su rigor y su manera de permitir que dos idiomas compartan una misma emoción. Descubre nuevas conversaciones y reseñas literarias en Desde el Redondal, y participa con tus propias impresiones sobre los libros que cruzan fronteras.